domingo, 22 de agosto de 2010

María Novaro


“Soy una defensora absoluta de la diversidad del mundo”



Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán


Danzón: Julia busca enamoradísima a Carmelo en Veracruz, dejando atrás su trabajo de telefonista y a su hija adolescente. Una mañana soleada, con su vestido rojo, una cartera blanca, aretes enormes y una hermosa flor adornando su lacia cabellera negra, camina con serenidad y asombro por el puerto veracruzano frente a los barcos Lágrimas negras, Puras Ilusiones, Amor perdido, Me ves y sufres, entre otros. Julia busca allí, con todas sus fuerzas, a su amor de traje blanco y sombrero Panamá, frente al mar de la incertidumbre. Esa es la primera imagen que viene a mi mente cuando pienso en María Novaro (México D.F., 1951), la importante cineasta mexicana que vino al Perú para ser la presidenta del jurado del XIV Festival de Lima. Ella es la directora del entrañable largometraje Danzón (1991), así como de Lola (1989), El jardín del edén (1994), Sin dejar huella (2000) y Las buenas hierbas (2008). Además, ha rodado un gran número de cortometrajes, entre los que destacan Conmigo la pasarás muy bien (1982), Querida Carmen (1983), Una isla rodeada de agua (1984) y Azul celeste (1988). María Novaro -quien también ha sido actriz, fotógrafa, y es socióloga- es considerada la directora de cine más exitosa de México.

Bienvenida al Perú.
Muchas gracias.

Quería comenzar la entrevista comentándole esta anécdota que me gustó mucho: usted está filmando Danzón y llega la escena cuando Julia está caminando por el muelle buscando a Carmelo y usted quería que hubiera unos barcos con letras de boleros inscritas. Pero no era muy fácil conseguirlo y gracias a un miembro de su equipo de producción pudo conseguir filmar esa escena que usted quería. ¿Es tan importante el trabajo en equipo en una película?
Es muy importante, pero hay otra reflexión que me provoca ese hecho: pudimos filmar la escena con los nombres de los barcos que yo quería gracias a que tuve el contacto con el compañero de trabajo en los astilleros y a barcos que estaban fuera del agua, que estaban reparando -a los que pudimos cambiar el nombre y filmar-. En años recientes, pienso lo distinto que es eso ahora con los medios digitales. Si estuviera filmando Danzón ahora y quisiera cambiarle los nombres a los barcos, digitalmente lo podría hacer con cuantos barcos quisiera y no sería la aventura…

Que fue entonces.
…complicadísima que fue. Porque ahora es tan sencillo con los nuevos medios hacer una cosa así. Me da emoción pensar cómo ha evolucionado la tecnología del cine y todas las posibilidades que ahora se abren para lo que quiero seguir haciendo. Fue divertido hacerlo así, fue complicado y una gran aventura, pero qué emoción que ahora no necesito hacer eso y que hay otras maneras de crear las imágenes.


El cine digital

Ahora usted también filma en digital.
La película más reciente que hice, el largometraje Las buenas hierbas es alta definición y he hecho también ya tres cortos en alta definición. Estoy aprendiendo a construir mis imágenes de esta nueva manera.

¿Sobre todo por un tema de costos?
Se habla mucho de los costos, de que estas nuevas tecnologías reducen los costos. Pueden reducirlos o no. Puede haber películas caras en los nuevos medios. Por supuesto, uno las puede hacer más baratas y eso está muy bueno, pero es también una decisión estética, plástica. Las posibilidades estéticas, creativas, artísticas, de la imagen, abren unas posibilidades enormes. Yo estoy muy contenta de eso. En Las buenas hierbas, por ejemplo, pude hacer como pinceladas respecto a las plantas. Grababa yo las plantas tal cual, pero luego había algo más que se podía hacer, casi como pintura.

Las plantas de su casa.
Sí, las plantas de mi casa (utilizadas para el film). Me encantan esas posibilidades nuevas. Te voy a contar: el primer corto que hice que me empezó a ir bien, es un corto que hice en la escuela, se llamaba Una isla rodeada de agua. Es un cortito de media hora, lo compró el Museo de Arte Moderno de Nueva York…

Del año 84, ¿verdad?
En el 84, efectivamente. Poníamos una mica frente del lente y coloreaba a mano. Porque la historia ahí iba de una niña que tiene ojos azules y que en la costa todos en el pueblo dicen que, como tiene los ojos azules, ve las cosas cambiadas. Entonces, cada vez que se filmaba cómo ella veía el mar, cómo ella veía la montaña, lo pintábamos a mano, frente al lente. De ese 84 en que yo hacía eso, a lo que ahora puedes hacer en tecnología digital para modificar o colorear la imagen -o lo que quieras, lo que tu imaginación te dicte- es un viaje muy emocionante.

Claro, pero tiene otra magia lo artesanal.
Qué afortunada soy que me tocó hacer lo artesanal, pero no lo extraño. Estoy mucho más contenta de las nuevas herramientas. Qué bueno que he transitado en todo eso. Aún a pesar de mi generación y (que) muchos de mis colegas son supernostálgicos del negativo. Yo para nada siento eso.

Son reacios inclusive algunos a filmar en digital.
Sí. Y despreciativos del digital. Yo, para nada. Me burlo mucho de ellos y les digo: “Claro, extrañas la ralladura en la proyección”. Yo no extraño nada de eso. Estoy absolutamente feliz en la tecnología actual. Qué bueno que viví la otra.

Están muchos en Cinema Paradiso, todavía.
Sí, je, je. Mis colegas de mi edad: la mayoría. Me deslindo.

Hay varios temas saltantes en su cinematografía. Sobre todo la soledad de la mujer mexicana contemporánea, pero me había fijado también que hay un tema de la búsqueda en varios de sus cortos y largometrajes: la niña que busca a la madre, la mujer que busca al hombre. ¿Por qué la búsqueda la llama tanto?
No tiene mucho misterio. No me daba cuenta, creo que era inconsciente, pero ahora que lo he visto y me lo han hecho ver, creo que reproduzco que vivo cada proyecto fílmico como una búsqueda. Es mi manera personal de decir: “Ahora voy a contar esto”. Es un viaje, es proponerme un montón de preguntas, decir: “Ahora voy a transitar en este ámbito”. Por lo tanto, siempre hay viaje, hay preguntas, hay una búsqueda de algo y una sensación de soledad. Aunque no soy una persona solitaria para nada. Se refleja esa soledad que tienes a la hora de que te planteas una búsqueda y un recorrido. El mismo que hice para hacer la película es el que está en pantalla. No tiene mayor ciencia que eso.

Es el precio de ser la capitana del barco.
Sí, ja, ja, ja… La capitana del barco, sí. Veo que ya viste la anécdota de que mi mamá me decía que marinero no podía ser (en un video de YouTube donde le rinden homenaje a Novaro en el Festival Internacional de Cine de Monterrey por su trayectoria fílmica).

Sí. Me encantó eso. Podía ser astronauta, pero marinero no.
Marinero no.

Y terminó siendo capitana del barco.
Así es, ja, ja, ja… Mi mamá era muy inteligente y me provocaba. Y decía: “Lo que quieras, menos marinero”. Y entonces: “Yo, marinero quiero”. Ja, ja, ja…

Su mamá era de una posición de avanzada para la época.
Era una mujer increíblemente inteligente y flexible. Y una mujer de la generación anterior a la mía todavía atrapada en una serie de limitaciones. Me transmitió la sensación de que yo me tenía que liberar de esas (limitaciones), porque la habían atrapado a ella. Fue una relación llena de carga motivacional o algo así, para mí. Porque, por ejemplo, ella fue mamá muy joven y cuando yo iba a ser mamá muy joven la reacción de ella fue como: “No hagas lo mismo”. Entonces, sí fui mamá muy joven, pero no dejé que eso me cerrara una carrera. Mi mamá, creo que todavía le tocó sentirse atrapada en una condición femenina. Y toda su inteligencia y vitalidad que siempre tuvo –una persona hermosísima- la sufrió un poco. Pero eso me lo heredó para que no permitiera que me pasara a mí. Veo claramente que las relaciones hombres-mujeres son otra cosa que las que me tocaron o le tocaron a ella. Y enhorabuena.

Y usted inclusive lo refleja mucho –la nueva condición femenina- en el año 2008, con Las buenas hierbas, donde pone a este personaje femenino disfrutando su sexualidad, el personaje principal de esta película, que es Dalia.
Sí. Ya absolutamente liberada de las cosas. En poco tiempo, en el curso de tres generaciones, nuestra situación ha cambiado drásticamente y es casi como lo que hablábamos de la tecnología del cine: qué suerte tengo que me ha tocado vivir un lapso de tiempo en que he visto que las cosas (mejoraron) -en ese sentido, no en todas. Como que el mundo no va para bien-, las relaciones hombre-mujer o la tecnología del cine. Ya que el mundo más bien parece que va para mal en otras cosas, por lo menos en eso nos va bien, je, je...

¿Qué siente usted de ser la directora de cine con más largometrajes en México? Es una precursora.
Sí. Es ambivalente, porque no tengo tantas películas. No he podido filmar tanto como hubiera querido. Finalmente voy a cumplir sesenta años y tengo cinco largometrajes, cortos y otras cosas. No es tanto como quisiera. No me quejo. Las nuevas generaciones están encaminadas para ya filmen mucho más frecuentemente. Desde luego, gracias a las nuevas tecnologías y a la nueva vida, que nos lo permite.

¿Hay otras Marías Novaro detrás de usted?
Sí, hay muchas. Salen muchas en cada película. De hecho, salen dos o tres diferentes en cada película, y me libero un poco de ellas, je, je. Porque todas mis películas tienen que ver conmigo. No tienen que ver conmigo porque me invento historias, pero el proceso de escritura sí es dejar salir algo muy personal y sincero disfrazado de un personaje. Van saliendo ahí muchas “yos”. Eso me alivia y libera de mis muchas voces internas. Y lo disfruto.

Qué bueno. Me llamaba la atención que de los largometrajes que usted había hecho, el que internacionalmente más recordación tiene es Danzón.
Danzón (asiente).

Justamente en Danzón usted no solamente fue directora y guionista sino también editora.
Sí.

En la película que usted se mete totalmente…
Totalmente. Sí.

…de lleno en la película es la que la gente recuerda más.
Sí. Y regresé a esa fórmula. Ahora con Las buenas hierbas también soy guionista, la edité y la produje. Respeto muchísimo el trabajo en equipo, respeto muchísimo a quienes gustan de dirigir cosas que escriben otros, pero yo prefiero hacer cosas muy sencillas, de poco presupuesto, no muy ambiciosas, más completas. Y disfruto mucho todas las etapas del proceso. Tengo la teoría de que en la escritura de cine -por lo menos para mí, creo que para muchos- hay tres escrituras: yo escribo cuando escribo –cuando se me ocurre, pienso, viajo, tomo apuntes, saco notas, hago fotos, videos y escribo-…

¿Se puede despertar en la noche y apuntar algo que…?
Sí, totalmente. Tengo ahí la libreta y apunto y escribo. Escribo la película que quiero hacer, pero me gusta que, al filmarla, vuelvo a escribir con bastante libertad. El guión está ahí, pero reescribo con bastante libertad. Ahora escribo con la cámara, con la luz, con lo que pensé en el momento, con lo que me regala la vida en el momento que estoy filmando, y cada vez me siento más a gusto de poder desechar del guión lo que no. Y hay una tercera posibilidad de escribir que también es muy disfrutable, que es cuando editas. Cuando edito va de nuevo, divido esto sí, esto no, de modo diferente, cambian cosas. Y sí, disfruto las tres escrituras del cine. No me gusta cedérselas a alguien, las quiero hacer yo.

¿Le parece que la etapa de la edición es la principal para el resultado final?
No es la principal, pero sí es definitiva. Cuando uno escribe, escribe cantidad de cosas. Todo depende del dinero que uno tenga, las condiciones en que filmas, en fin. Cuando filmas, yo me imagino que es como cuando los cirqueros van a hacer el salto mortal, quitan la red, se la juegan y saben que va el pellejo. Porque tiene el placer y el vértigo de que ahí capturas lo que vas a trabajar luego en la edición y es irrepetible. La vida no te da demasiadas oportunidades: se filma y ahí está. Tiene ese reto. Después, la edición es con lo filmado. No puedes editar con algo que no capturaste, que no tuviste la habilidad de haber capturado. Te puede dar: “¡Ay, cómo no filmé esto! ¡Ay, cómo no hice aquí un acercamiento! ¡Ay, cómo…!”. No tiene remedio: o lo tienes o no lo tienes. Pero le puedes dar muchas vueltas. En el caso de Las buenas hierbas tenía yo una edición, estábamos empezando a trabajar el sonido de postproducción y, de repente, la revelación de que estaba yo equivocada y esa no era la edición. Me regresé la película a mí misma -afortunadamente era yo productora- y dije: “Perdonen todos ustedes, pero va de nuevo”. Y la volví a editar. Era un poco escandaloso. ¡Y cómo lo disfruté y qué bien hice! La película no estaba terminada. Me tomé prácticamente otro año para editarla.

Pero valió la pena.
Valió la pena. Por lo menos en mis términos siento que llegué a una mejor película. Quizás eso también es de la experiencia que he tenido de películas que no terminé correctamente porque no tuve la capacidad o porque tuve demasiadas presiones. Pero en los dos casos el resultado fue -con un material malo, con lo que sí filmé- no haber llegado al mejor resultado posible. Jugar con las imágenes, contraponerlas, ver dónde está el corte, es bien bonito. A mí me encanta.

Es un ajedrez.
Es un ajedrez y es un disfrute. Porque por un lado está la narrativa, por supuesto, pero de otro, cortar con los movimientos, con un gesto. Cortas de un modo y observas una mirada, cortas de otro y tú más bien ves la plantita. Cortas de otro modo y te vas a una emoción, cortas de otro y te vas a un pensamiento. Es mágico. La edición es donde está la esencia del cine.

Se siente todopoderosa durante la edición.
Sí. Un poco, sí. Y hay otra cosa: las nuevas tecnologías. De repente decido: “Pero eso está muy rápido, lo voy a hacer más lento”. Y lo mismo que capturaste, ahora tienes la capacidad de, digitalmente, alentarlo. O alguna cosa hago rápida. Es el colmo de la felicidad, de la manipulación de la imagen. Ya puedo decir: “Esta jacarandá que está en flor está un poco pálida, vamos a pintarla de más morado”. O tanta cosa que se puede hacer. Es un placer. Una emoción muy grande.


Víctima del machismo

Y esta parte de su biografía de que cuando va a filmar su primera película el 89, Lola, ¿usted tuvo que pedir permiso al sindicato de cineastas de su país para filmarla?
Sí. Había que hacer las películas con el sindicato. Y de hecho no la hice con el sindicato a partir de la primera experiencia. Porque el sindicato todavía tenía cláusulas. A mí me iban a autorizar que siendo mujer dirigiera. Había que hacer la cláusula. Yo no podía llevar una fotógrafa, no podía llevar algunos colaboradores mujeres. Tenía que llevar gente del sindicato, que eran todos hombres. El clima mismo del sindicato era bastante machista todavía, sobre todo que eran hombres mayores. Por ejemplo, te hacían cosas –y yo ya lo había vivido- como trampas. Ponerte trampas con la cámara, a ver si sabías. Cosas así, un poco infantiles y absurdas. En esa época, en los ochentas, se empezó a crear la fórmula de filmar con cooperativas de cine. De pronto (fue) la solución que encontramos varios para no trabajar con el sistema anquilosado, envejecido, del sindicato de cine. Lo pagué muy caro con Danzón. Se enojaron porque era la segunda película que iba a hacer sin el sindicato, y al material filmado a lo largo de una semana que filmaba yo en el puerto de Veracruz, en el laboratorio -que estaba controlado por el sindicato- le metieron mangueras de arena en lugar de agua, y me estropearon el negativo de toda una semana de trabajo. Después de una asamblea en la que en el sindicato habían dicho que si se iba a permitir o no que María Novaro se burlara por segunda vez del sindicato. O sea: guerra, mafia. Eso era rudo. Era una cosa entre machista, sindicalista, no dejar a jóvenes con otros esquemas de trabajo. No sabes el dolor que fue entender que toda una semana de trabajo la arruinaban. Hasta me imaginaba a quien se atrevió a meterle arena a las mangueras en el laboratorio para rayar el negativo. Realmente muy duro.

¡Cuánta estupidez!
Sí. Entonces, cuando te dicen: “No, que el machismo…”. Se ha caminado mucho, pero lo odiaba, ja, ja, ja…

Qué duro.
Sí.

¿Cree que algo de lo que se grabó durante esa semana salió mejor de lo que…?
Una escena, que había quedado más bonita. Como teníamos seguro, el seguro entró, reemplazó. El seguro fue el que hizo la investigación y averiguó que habían puesto arena en las mangueras de revelado, y nos restituyó el 90% de lo que costaba la semana. Entonces, repetimos esa semana de trabajo. Hubo una escena que no volvió a quedar tan bien. En las demás, hubo una oportunidad para hacerlo mejor.

No tenía que ver con la escena del muelle y de Julia caminando…
No, no tenía. Era otra escena que había tenido una gracia particular, pero que me parece que no quedó tan bien. Más bien me permitió hacerlo mejor (el film), pasar una segunda vez.

¿Y qué espera de aquí en adelante hacer en su cinematografía?
Yo quiero aprovechar el trecho de vida que tengo por delante todavía para filmar como hice esta última película. Con un equipo más ligero, en términos de menos gente, equipo técnico más ligero –estas camaritas nuevas-, más libertades creativas. Y aprovechar al máximo las opciones que están ahora para hacer cine y que yo celebro enormemente. Felicito a los jóvenes que están empezando a hacer su carrera con estas nuevas tecnologías. Es una gran noticia para los latinoamericanos, para todos los creadores que tenemos que trabajar con presupuestos más reducidos. Es una enorme noticia que lo podamos hacer, que los presupuestos no tienen que ser tan altos. Y las libertades creativas y las posibilidades estéticas de estos nuevos formatos también son mejores. No me creo lo de que “pero el negativo…”. No, ja, ja.

Algunas personas dicen que su cinematografía es feminista. ¿Usted lo considera así?
No. Es que todo depende de cómo usemos las palabras. Por ejemplo, si creen que yo me planteo contar, dar un mensaje y proponer personajes ejemplares, emblemáticos y dar la lucha en el frente de no sé qué: nada que ver. No. Si de lo que hablan es que a mi cine se le nota que está hecho por una mujer: pues, qué bueno. Que se le note a mi cine que está hecho por una mujer me agradaría mucho. Qué buena falta hace que a nuestras películas se les note de quiénes vienen. Y que haya cine indígena en nuestros países, que haya cine de minorías y cine de mujeres, que haya cine mexicano y peruano y boliviano, y que se les note y dialoguemos. Y que haya cine de hombres y que haya todo. Qué bueno que se note. Ahora que le dieron el Oscar a Kathryn Bigelow: yo había seguido su carrera, he visto sus películas. Son películas que siempre me habían llamado la atención de que no se nota que las hizo una mujer. De guerra, de acción, de la fórmula hollywoodense total. Y es la primera mujer a la que le dan el Oscar, ¿será porque no se nota en sus películas que es una mujer?

Puede ser.
Da para pensar. Igual que tampoco premian el cine afroamericano. Es una cultura muy cerrada en sí misma. ¿No será que tenemos que aportar nuestras voces? Estaré muy feliz cuando se dé el Oscar a películas en las que se note que vienen de otra parte de nuestra diversidad. Lo que yo creo: no soy feminista en mi trabajo, como persona sí. En mi trabajo no pretendo que se note. Pero soy una defensora absoluta de la diversidad del mundo. Es lo más valioso que tenemos. Luchar por la diversidad del mundo, que todas nuestras maneras de ser, nuestras voces, caras, formas, hablas, estén, sí es para mí algo muy militante. Volver todo un McDonald’s no me atrae.

Ya muchas hamburguesas.
Ja, ja… Ni están buenas, ja, ja, ja...


Disfrutando del cine latinoamericano

Su labor como jurado en el Festival, ¿cómo va viendo estas películas que está evaluando?
No creas que voy a decirlo para quedar bien o que suene bien, pero realmente es un privilegio. Figúrate, velo desde mi punto de vista: me invitan a venir y conocer el Perú, que no conocía. Hace rato que soy aficionada a la comida peruana, pero en el extranjero, porque aquí no hubiera podido venir a comer. Me dicen que puedo venir y conocer el Perú, y yo feliz, por eso vengo. Me ponen de compañeras y compañero del jurado a gente entrañabilísima con la que la estoy pasando muy bien. Y me ofrecen un panorama de ver todos los días una cantidad de películas muy bien seleccionadas que me ponen al día de lo que se está haciendo en América Latina de cine. Porque en nuestros países no vemos nuestras películas. Hasta ahora, mis respetos: películas muy bien seleccionadas que es un disfrute ver y comentar. Lo difícil va a ser la premiación. Esto va a ser un trago amargo. Pero por haberla pasado muy bien, haber visto estas estupendas películas, que me hayan tratado de maravilla y hacer amistades preciosas, tendré que pagar el trago amargo de decir: “Le dimos a esta porque no le podíamos dar a todas”.

Muchísimas gracias por la entrevista y esperamos que siga disfrutando su estadía en Lima.
Lo estoy haciendo. Muchas gracias.

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