lunes, 9 de enero de 2017

Magela Baudoin




“Yo quiero tener una fe enorme en el lector”

Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán

 
Inteligencia, sensibilidad y mucho talento para narrar historias: tres de las cualidades que reúne la periodista, catedrática y escritora boliviano-venezolana Magela Baudoin, quien ganó el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez 2015 por su estupendo libro de relatos La composición de la sal.

Además, en el año 2014 obtuvo el XVI Premio Nacional de Novela con El sonido de la H. Es autora del libro de entrevistas Mujeres de costado (2010) y fue finalista en el Primer Concurso Internacional de Cuento Breve Salón del Libro Hispanoamericano (Ciudad de México, 2008). Asimismo, ha sido fundadora y coordinadora del programa de Escritura Creativa de la Universidad Privada de Santa Cruz. También tiene una maestría en Comunicación Periodística, Institucional y Empresarial.

Los cuentos de Magela han aparecido en las antologías hispanoamericanas Voces con vida y Recuentos urbanos, ambas publicadas en México, así como en antologías bolivianas. Ella, de voz cálida y de una mirada que transmite mucha paz, es una admiradora de William Faulkner, Jorge Luis Borges, Virginia Woolf, Clarice Lispector y Ricardo Piglia.


En el siguiente diálogo literario (vino al Perú para la XXI Feria Internacional del Libro de Lima), Magela nos habla sobre su niñez, su manera de escribir, la presencia ascendente de la literatura boliviana en Latinoamérica y acerca de su propia obra narrativa. Especialmente, de los relatos de ese fabuloso libro que tantos elogios le ha merecido a nivel continental: La composición de la sal.

 
Muchísimas gracias por esta oportunidad, Magela. Espero que sea una conversación muy grata. Estoy seguro que va a ser así. Yo quería empezar esta entrevista con la dedicatoria que le hiciste a tu padre. Me llamó muchísimo la atención. ¿Qué pasó a los seis años en ti para que hagas esa dedicatoria tan específica? ¿Fueron tan importantes para ti?
Mi padre ha sido un padre muy presente en la niñez. Sobre todo en la niñez temprana, porque luego viajó y estuvo un tiempo lejos de casa. Pero en la niñez temprana fue un padre muy presente, muy juguetón, muy narrador, muy lúdico, realmente. Entonces, esta presencia determinante para mí ha sido, muchas veces, una curación de la vida. El volver allí, quedarme y detenerme allí ha sido realmente salvador, en muchos casos. Probablemente, además, mi aproximación definitiva a la literatura provenga de esa iniciación lúdica, del juego con los libros. Literalmente, jugábamos con los libros. Mis padres no eran muy pudientes. Su única posesión eran los libros. Estaban allí, apilados, y uno ponía los juguetes sobre los libros. Era algo tan familiar que estaban allí como objetos a la mano. Y los clásicos dichos por él, El rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda, eran todo un tema en la niñez. Y Sandokan... Toda esa presencia era un mundo protector. Ha sido definitiva en mi elección de vida. Cuando he estado lejos de la literatura -alguna vez he estado trabajando fuera de ella-, él siempre fue una presencia que me empujaba mucho para regresar a esa voz interior. De hecho, alguna vez me traía un libro y me decía: “Aquí está, para que te acuerdes de escribir”.


Recuerdo que en la (ceremonia) del Premio (Hispanoamericano) de Cuento Gabriel García Márquez, en Colombia, tú dijiste: “Para mis padres, que eran la magia y la ciencia”.
(Magela sonríe).

Me pareció muy bonita esa definición de tus padres.
Sí. Él es un hombre con un mundo interior enorme, en el que la magia habita. Ella es médico y es, probablemente, el sinónimo de la razón más pura. Entonces, esta combinación necesariamente iba a crear algo explosivo (sonríe).

Quería, ahora, citar una parte que me encantó de tu cuento Amor a primera vista, al final de la (página) 14 y principios de la 15, cuando dices: “Celia te tomó entonces de la mano y te hizo la única declaración que te habían hecho en la vida: ¿Qué tal si te mudas conmigo? No era una declaración de amor precisamente; no eras tú del tipo que quisiera casarse ni hacer planes; no era ella ni la sombra de una mujer ideal, pero no pudiste decir que no”. Este párrafo es una definición de muchas relaciones de pareja. A veces, uno ama, pero sabe que la otra persona quizá no es la ideal para uno. Igual, no le puedes decir que no y cedes. ¿Así ves tú el amor?
No sé si es una reflexión sobre cómo yo veo el amor. En realidad, jugaba con la idea de que uno, muchas veces, en la vida hace cosas que realmente no quiere hacer. Y que la vida te lleva a vivir de una determinada forma. Hay muchas razones para dejarse llevar. Entre ellas, la comodidad, la facilidad de que otro tome la decisión por ti y lleve las riendas de tu vida. Siempre pienso que uno debe vivir como cree, porque si no termina pensando cómo vive y eso es, a veces, peligroso. Este cuento ronda sobre eso: que todos terminamos haciendo, a veces, sin querer hacerlo.

Y este cuento, también, termina con un humor negro evidente, divertido, pero negro al fin, que es cuando Celia le pide al hombre -que nunca es mencionado su nombre, ignorándolo o invisibilizándolo- el departamento.
Claro.

Pero él se asusta y dice: “De repente, hubiera sido peor que me hubiera pedido matrimonio porque seguramente le hubiera dicho que sí”.
 ¡Ojalá que no me lo pida! Porque, tal vez, si se lo pide, hubiera dicho que sí.

Claro.
Ja, ja, ja…

Por eso decía que, en el fondo, es una especie de reflexión sobre el amor: no podemos evitar, a veces, (seguir) con esas parejas. Uno no puede decir que no por diferentes motivos: físico, amoroso, erótico. Hay parejas a las que no les podemos decir que no. Me encanta ese final del cuento.
Es verdad. A mí, también, me gusta mucho. ¡Tremendo! Me gusta porque naturaliza eso que todas las parejas tienen de trágico, con mucho humor. El humor es muy saludable para seguir viviendo.

Sí. Magela, en tus cuentos siempre terminas con la probabilidad de lo que ocurriría. Tus cuentos no son con un final concreto sino que dejas que el lector se proyecte y diga: ¿y qué va a pasar? ¿Pasará esto que pienso o pasará otra cosa? Siempre lo probable está al final de tus cuentos.
Sí. Es verdad. Es una buena lectura. Tal vez es que yo quiero tener una fe enorme en el lector. Tal vez porque proyecto el tipo de lector que yo soy y porque me gusta plantear una relación de comunicación con el lector. Que él vaya descubriendo, desplazándose. Quizá esa visión del lector que tiene Las meninas de Velásquez, que lo pone a actuar dentro del cuadro. Ese tipo de literatura me gusta.

Un lector -como dicen ahora- interactivo.
Sí, podría ser.

También me gustó mucho -por algo le da el nombre al libro- La composición de la sal. Sobre todo este final del viejo. (Es un cuento) que se lo dedicas también…
A mis padres.

A tus padres. De un viejito al que todo movía a llorar. No encontraba a su hijo por ninguna parte. “El agua todavía estaba tibia cuando comenzó a mecerlo el lejano ruido del mar en el espiral de una caracola”. Es muy poético. Uno siente que ha terminado el cuento una poeta.
Gracias por eso (sonríe). Sí, es realmente una evocación, algo germinal, que es la madre en este vientre, que está mencionado más arriba en el cuento. En realidad, él no espera encontrar al hijo. Lo que está necesitando, tal vez, sea a la madre.

Aparte que se llevaba bien con su pareja.
Sí, pero era algo mucho más esencial lo que estaba buscando. De hecho, él se disculpa antes de entrar al agua, cuando tiene que animarse a pensar lo que está pensando. Él quiere disculparse con su mujer, pero ella ya no está. Es como volver al origen de… Una forma de resurrección, tal vez. Pero me gustaba que fuera poético y es una muy buena lectura la que haces. La poesía permite que cada quien vea allí lo que quiere ver. En algún caso, podrá ser la muerte o, en otro caso, el renacimiento.

Tú has mencionado en varias entrevistas que lees mucha poesía. Me gustaría saber qué estás leyendo ahora último o, en todo caso, cuáles son tus referentes poéticos.
Ahorita estoy leyendo un libro preciosísimo, que es Diarios de Alejandra Pizarnik. Es realmente estremecedor en cuanto a su fibra poética, a su dolor tan esencial, tan inherente a su cuerpo, a su juventud, a su situación vital. Este dolor asociado a la poesía como un parto doloroso. Y es muy bello porque además de estar presente en ella como poeta, están presentes los poetas que ella ama. Por ejemplo, el “triste Vallejo” le dice, “el triste César”, o tantos otros. Sí, la poesía me parece que le da muchísima profundidad a la narrativa y te salva, de muchos modos, de la vida. Yo la leo para desatollarme del lenguaje que, a veces, es tan rústico y, también, para curarme en un día no tan bueno o para acompañarme. Es decir, siempre está ahí.

Has probado distintos registros. Me parecía interesante eso. Has hecho un libro de entrevistas, una novela y ahora tienes un libro de cuentos. ¿Sueles escribir a la vez muchos géneros o te aíslas durante el tiempo que escribes novela…
No.

…y de ahí otro tiempo escribes (cuentos)?
Escribo distintos géneros a la vez. La novela no me es posible sostenerla sola. La novela tiene un ritmo, una cadencia lenta, para mí. Entonces, escribo novelas, me detengo y avanzo o me destranco a través de los cuentos. Para mí, los cuentos son así: una compañía. Estoy, ahora, leyendo un cuento que he seleccionado de Milo Manara -el gran historietista erótico o porno, como quieran llamarle, italiano- y ya estoy contaminada de esta manera de él de contar y de cómo sería un cuento editado por él. Al mismo tiempo, estoy construyendo otro cuento sobre una elefanta de ojos azules. Cosas así, que están poblando mi vida.

¿Es literatura para niños o solo son una alegoría, una metáfora, y son cuentos para adultos, pero con…
Mira, no sé.

…detalles infantiles?
Los cuentos están saliendo de otros temperamentos, de otro estado de ánimo. Se va a llamar (el libro) Mírame y no me toques y no son (cuentos) para niños, pero hay mucha infancia en ellos.

La diferencia es notoria. Con La composición de la sal uno se queda pensando una cosa medio científica, con Mírame y no me toques es una frase popular.
Así es.

Y, además, de advertencia. Va a ser algo totalmente distinto.
Sí, siempre es distinto. Estoy escribiendo desde otro lugar, me doy cuenta.

Quería mencionar lo que Giovanna Rivero -a la que también tuve la suerte de entrevistar- afirmó sobre La composición de la sal: “Podría decir que los cuentos de Magela Baudoin beben ávidamente de la vida -casi en el modus narrandi de Alice Munro-, pero prefiero subrayar justamente lo contrario: estos relatos, como la sal en los mares, le devuelven a la vida algo que la realidad tiene la manía de restarle. Enhorabuena”. ¿Sientes que estos relatos te devuelven algo?
Yo no sé cómo responder a eso. Yo, cuando escribo, dejo un poco el ajayu allí y después lo recupero, en otro momento. Pero algún vaciamiento, probablemente, ocurre cada vez que escribo. Y sí me interesa lo pequeño, lo sencillo de la vida, eso que va quedando casi sin importancia en una esquina. Me parece que en estos gestos es donde se juega la verdad de las cosas. Donde no hay imposturas, donde no hay representaciones.

La literatura siempre es una representación.
Sí, claro.

¿En qué estado se encuentra ahora el ajayu, el espíritu de la literatura boliviana para que estén, sobre todo las mujeres, las escritoras bolivianas, destacando? Ya el año pasado, tres de ustedes, Liliana Colanzi, tú y Giovanna Rivero han ganado premios. ¿Qué está pasando dentro de ustedes? Incluso, solo las mujeres, porque los hombres no están ganando premios en la literatura boliviana.
Pero hay buenos escritores bolivianos, en este momento. Hay un escritor que te va a interesar, que se llama Rodrigo Urquiola, bastante joven y que acaba de recibir un premio en México.

¡Qué bueno!
Yo creo que si algo une esto que está pasándole a algunas de las escritoras o a la literatura boliviana, es el enorme trabajo que ya lleva. Que me parece muy comprometido con la literatura y que, por tanto, tiene una profundidad muy palpable. Si tú te aproximas a la obra de Giovanna Rivero es rotunda, tiene unas raíces muy sólidas. O a la de Liliana Colanzi, que viene trabajando depuradamente todos estos años. No solo nosotras sino toda una generación que ha tomado en serio la literatura, aún y a pesar de las limitaciones naturales que hay en el país, en el ambiente literario. Bolivia tiene una literatura casi artesanal: pocas facultades, muy poca lectoría, muy pocas librerías. Y, a pesar de ello, hay una generación de gente que se ha tomado en serio y ha decidido remontar la mediterraneidad a fuerza de trabajo. Eso me parece bellísimo.


Tú, en otro momento, has mencionado que siempre se habla acerca de (Leopoldo) Lugones y Rubén Darío, pero no se habla tanto de Ricardo Jaimes Freire.
Freire era el mejor poeta del modernismo. Borges lo ha dicho muchas veces: “el poeta del modernismo”. Pero era boliviano.

Sí. Y me parece injusto (que no lo valoren).
(Magela asiente con la cabeza) Así es.

¿Pensabas tú, cuando has empezado a escribir, que tu primer libro de cuentos y tu primera novela iban a ser premiados?
No, ni en el mejor de mis sueños, ja, ja, ja… Hay una alineación cósmica ahí que tendrá que ver con el azar, además de con el trabajo, que ha hecho que las cosas ocurran así.

¿Te dedicas a la literatura a tiempo completo, ahora?
Tiempo completo es un decir, porque doy clases y hago otra serie de cosas, pero sí trato de que ocupe la mayor parte de mi tiempo.

Hay escritores que escriben porque necesitan desahogarse. En tu caso, ¿es por un tema de creatividad o de desahogo?
En algún momento será de desahogo, en muchos momentos es de pulsión creativa. Es decir, por la necesidad de crear. El mejor momento será una búsqueda de alguna respuesta.

Esa anécdota que contaste, que tu abuela era una gran lectora, pero que no le gustaba García Márquez…
No le gustaba.

…porque decía malas palabras.
Ella era una mujer de una sensibilidad estética superior, una mujer que tenía una valoración por lo bello, enorme. La literatura clásica era lo que ella mayormente conocía.

¿Leías poesía con tu abuela?
Sí. Sobre todo la decía para mí. Tenía una memoria extraordinaria y podía decir versos de Bécquer, Campoamor, Rubén Darío, García Lorca, Mallarmé, de memoria. Era divina, fantástica. No le gustaba Neruda.

¿No le gustaba?
No. Creo que no le gustaba la forma en que Neruda era en la vida. Tenía la licencia de apreciar que era un gran poeta, pero no le gustaba. Y ella era chilena.


¿Tu abuela era chilena?
Era chilena.

Y tú naciste en Venezuela.
Sí (sonríe).

Y vives en Bolivia.
Sí (sigue sonriendo).


Eres totalmente sudamericana.
Totalmente, je, je…

Y tus padres son bolivianos.
Son bolivianos.

Pero Baudoin, si no me equivoco, es un apellido…
Francés.

Alberto Manguel decía que “los cuentos de Magela Baudoin son sin duda singulares, ofrecen meticulosas observaciones, comparten un acto secreto y aluden a algo siempre mayor que el argumento que proponen”. ¿El misterio debe ser siempre la propuesta mayor de la buena literatura?
Yo creo que sí. Está en todos los mensajes y lecturas cifradas que se desprenden de eso que ha escrito alguien y que, a veces, ese mismo alguien ni siquiera está consciente de haber escrito.

Tu faceta de periodista: sé que escribes en los medios de prensa bolivianos. ¿Todavía la puedes mantener con la misma potencia que la literatura?
En realidad, tiene ahorita menos intensidad mi faceta de periodista. No estoy escribiendo intensivamente desde el periodismo, aunque ahora, a mi vuelta, tengo en mente comenzar una crónica que me está persiguiendo hace mucho tiempo y que debo escribirla. Creo que este año el trabajo periodístico que voy a hacer es este, pero mis energías están concentradas en la narrativa.

Me llamó la atención tu cuento La chica. Con Eda, Blas, Duke y “la chica”. Depende de cada lector, pero me parece que es un cuento acerca de la locura y que necesitas, de repente, irte lejos de donde estás, de donde ha estado tu familia. En este caso, “la chica” estaba casada con Blas y tuvo que irse lejos y con un viejo del Amazonas para que le sacaran las larvas que tenía en el cerebro, en la cabeza, y recién pudiera estar tranquila. Entonces, yo lo interpreté como que uno necesita, para librarse de los demonios o fantasmas que pueda tener en su vida, irse muy lejos de donde está.
¡Qué lindo que lo leas así! En este cuento me parece que eso que llamamos “la razón” cambia de lugar y lo que podemos llamar “la verdad” cambia y se desplaza de lugar constantemente. Entonces, en algún momento pareciera que la razón y la verdad están del lado de Blas y sus amigos. Conforme el cuento se desarrolla, esa verdad se va moviendo de lugar hacia “la chica” y termina el cuento y aquello que parecía ser cierto no lo es. Me parece que así es un poco, también, la vida. Que nada es tan absolutamente determinado sino que hay mucho de relativo en todo. También me interesaba, en este cuento, mostrar el ámbito de los prejuicios, desde un lugar más sutil. “La chica” no les cae porque les sabe mal la manera en que ella “es” en el mundo. Les molesta. Entonces, cuando deja de ser un exotismo, se vuelve una incomodidad. Son bastante severos con ella, implacables. Pero, en realidad, ella está dando señales de algo que es real y que la aqueja: tiene larvas en la cabeza.

Como siempre, las mujeres son las más críticas. Allí Eda era la que criticaba más. En frente de los hombres, de Blas, Duke, que eran más complacientes. En la vida real ocurre. (Eda dice) “Y esa chica tiene algo raro, no me gusta”.
Es un cuento difícil de definir, pero me gusta esta incomodidad que provoca, porque en ningún momento se para sobre un escenario muy sólido.

Me interesaba el hecho de que en varios cuentos haya un personaje que no tiene nombre, que es anónimo. ¿Te interesa plantear personajes anónimos en tus futuros libros?
Es posible. Los anónimos acá tienen una razón de ser. El chico que narra Amor a primera vista, en realidad, es una sombra a la luz de Celia. Ella lo ilumina todo y él está casi detrás de ella. Por eso no tiene nombre.

Finalmente, quería saber si, ahora que estás en Lima, habías podido leer algo de nuestra literatura peruana contemporánea y a los autores clásicos.
Claro. Estaba muy interesada en Juan Manuel Robles. Me interesa Carlos Arámbulo, es un gran talento. Lo escuché anteayer: varios cuentos que nos ha leído de su nuevo libro son una confirmación de su talento. Allí está Johann Page, también.

¿Y de los autores clásicos, hay alguno que te interese del Perú?
Claro. Siempre me he quedado interesada en las altas cuotas de poesía. (Perú es) un gran referente poético en América Latina.

Te escucho hablar y me entra la duda: ¿tienes alma de poeta o de narradora?
No, de narradora. Pero, para mí, el cuento y la poesía están muy hermanados. Ambos tienen un poder evocativo muy fuerte. Para mí, desarrollan el arte del decir sin decir.

Tu definición me hace acordar a un entrevistado poeta. Hasta el ritmo al explicarlo.
Sí, es posible. Hay allí alguna presencia poética, claro.

Magela, te quiero agradecer muchísimo la entrevista.
No, a ti. Ha sido lindísima.

Te deseo muchos más éxitos, nuevos libros, nuevos premios. No hay que ser genio ni adivino: te va a seguir yendo bien.
Muchas gracias por querer hablar conmigo, por haber leído tan atentamente el libro y por esta conversación tan cálida.

Gracias a ti.
(Ella sonríe).

domingo, 25 de diciembre de 2016

Alberto Gómez Font




“El español está en uno de sus mejores momentos”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán

Hace poco estuvo en Lima un personaje muy importante del ambiente cultural español: Alberto Gómez Font, filólogo, exdirector del Instituto Cervantes de Rabat (Marruecos), miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y coordinador general (hasta el año 2012) de la Fundación del Español Urgente.  Asimismo, es autor del Diccionario de español urgente (2000), Donde dice… debiera decir (2006) y Vademécum de español urgente (I y II, de 1992 y 1995); así como coautor del Manual de español urgente (2008), Enciclopedia del español en los Estados Unidos (2008), Libro de estilo Garrigues (2005), Normas de redacción del diario guatemalteco Prensa Libre (2007), y coautor y editor en el año 2004 del Manual de Estilo de la NAHJ (National Association of Hispanic Journalists).

Durante los días 18, 19 y 20 de noviembre se realizó, en nuestra capital, el IV Congreso Internacional de Correctores de Textos en Español La palabra en la era digital y Alberto Gómez Font presentó allí la ponencia ¿Se puede corregir lo correcto? Este evento fue organizado por la Asociación de Correctores de Textos del Perú (Ascot Perú) y auspiciado por el Ministerio de Cultura.

Gómez Font también fue parte, en este congreso internacional, de la presentación especial del colectivo Palabras Mayores (que integran él y sus compatriotas Xosé Castro Roig y Antonio Martín Fernández, además del mexicano Jorge de Buen Unna). Este colectivo ha impartido cursos y conferencias sobre lengua española, corrección de textos y comunicación escrita en 22 países. Algunos de ellos son: Estados Unidos, Francia, Irlanda, Reino Unido, Bélgica, Luxemburgo, Marruecos, México, Canadá, Brasil, Argentina, Nicaragua, Colombia y Chile. Sus cuatro integrantes han publicado decenas de libros y artículos especializados. En 2015 publicaron su primer libro como colectivo: 199 recetas infalibles para expresarse bien.

Muchas gracias por esta oportunidad. Yo quería empezar preguntándole: con toda su experiencia como corrector, filólogo, ¿cuál es la situación actual del español, con todos estos cambios tecnológicos que estamos teniendo?
Hay algunas lenguas más habladas, como el chino cantonés y el hindi, que es la lengua más hablada de la India. Pero sí es la segunda más importante entre las lenguas de comunicación, después del inglés. Es una lengua hablada en 19 países, contando a Puerto Rico como país. Es una lengua que, también, tiene presencia en los Estados Unidos, en las islas Filipinas. Hay un país africano del que siempre se nos olvida el nombre cuando hablamos del mundo hispanohablante: Guinea Ecuatorial. Y, en Hispanoamérica, hay un país entre México y Guatemala que se llama Belice, donde aunque la lengua oficial es el inglés, también se habla español. Una lengua hablada en tantos países importantes en actividad cultural… Países ricos como México, Colombia, Perú, hacen que sea una lengua viva, en continua formación, evolución y muy actual. Constantemente está creándose y recreándose a sí misma, de forma que podemos hablar de un español estándar, tradicional y, al mismo tiempo, de un español en vanguardia, que podríamos llamar como el neo-español: el más nuevecito, el más de esta mañana, la última palabra que se inventó un político, un periodista y que le gustó a la gente y empezaron a repetirla. Es decir, yo creo que la situación actual de nuestra lengua es inmejorable. También tienen mucho que ver los medios de comunicación actuales, la sociedad a la que se le transmite todo. Las redes sociales. Es decir, hay tal cantidad, tal caudal de trasiego de información en español al mundo actual que el español está en uno de sus mejores momentos.

Como exdirector del Instituto Cervantes de Rabat, ¿cómo se veía al español en África, justamente, donde usted trabajaba?
Marruecos es un país que está al lado de España. Nada más que hay que cruzar 14 kilómetros de agua en el Estrecho de Gibraltar. Es decir, está ahí, pegadito, y durante cierta época de la historia del siglo XX, incluso, hubo una colonización de España de la parte norte de Marruecos. Por lo cual es una lengua que lleva ahí muchos años. También llegaron judíos sefardíes expulsados en el siglo XV de España y se instalaron en Marruecos. Es una lengua de un país vecino. Ven la televisión española, siguen la liga de fútbol española y aunque la lengua de comunicación más habitual en Marruecos, después del árabe, es el francés, también el español tiene mucha importancia. En el Instituto Cervantes de Rabat que yo dirigí había problemas de espacio, en algunas horas del día, porque no teníamos aulas suficientes para la cantidad de alumnos que estaban matriculados. Es una lengua que está de moda en todo el mundo y Marruecos es un país que, al estar tan cercano a España, tiene muchísimos estudiantes de español como segunda lengua y, al mismo tiempo, muchos estudiantes de lingüística, de filología hispánica, en las facultades de letras de las universidades.

¿Qué le parece el español que practicamos en el Perú y Colombia, que dicen que son los países con el español más bonito de Latinoamérica?
Dicen algunas personas que en Lima se habla una de las mejores variedades del español del mundo. Yo estoy en Lima con usted y no puedo atreverme a negar eso, pero tampoco me atrevería a negarlo si estuviéramos en Asunción y fuera usted un periodista paraguayo y me hubieran invitado a un congreso en Asunción en lugar de en Lima. Es decir, no se puede afirmar que en un sitio se hable mejor español que en otros, porque si uno dice eso, se está atreviendo a afirmar que en los otros hablan peor y que tiene uno el privilegio de hablar bien y los otros no lo tienen. El español se habla igual de bien en cualquiera de los puntos cardinales del mapa de los países que hablan español. Que a uno le guste más o menos es el afecto a un sitio u otro: es una cuestión de gustos. Una persona culta en cualquier país hispanohablante habla español igual de bien que en otro país.

Usted, también, ha trabajado para EFE como asesor lingüístico. Siempre el periodismo y el buen manejo del idioma tienen una relación muy directa. ¿Cómo ha sido su relación con el periodismo durante todos estos años que ha trabajado en EFE?
La relación de un asesor lingüístico que trabaja para un medio de comunicación -como en mi caso-, para una agencia de prensa, es de colaborador. Es decir, la principal herramienta que tiene el periodista es la lengua. En este caso, la lengua española, y un asesor lingüístico, un revisor de textos, lo que hace es servir de apoyo al periodista para que su trabajo final quede más perfecto. Que no solo la información esté bien redactada y sea concisa sino que, además, esté escrita en buen español para difundirla por el mundo, dando ejemplo del buen uso de la lengua.

¿Nos podría contar un poquito acerca de su experiencia en Colombia? Usted que ha vivido ahí desde el año 58 al 66.
Mi experiencia vital en Colombia fue la infancia feliz de cualquier niño. Yo llegué a Colombia con tres años y me fui de Colombia con once. Es decir, pasé allí mi enseñanza primaria, justo en una zona de Colombia donde hablaban español muy bonito. Lógicamente, para mí, es el más bonito porque es de mi infancia.

En Pereira.
Sí. En el centro del país, donde se habla una variante que se llama paisa y, de vez en cuando, me doy un paseo por esas tierras y me gusta recuperar esa variedad del español. Presumen los bogotanos, como la gente de muchos otros sitios, de hablar el mejor español del mundo, pero esa es otra bobada. Igual de bien habla un bogotano que un tipo de Barranquilla.

Muchísimas gracias, señor.
De nada.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Mila Huby




“Siempre hay esta necesidad de seguir buscando, seguir experimentando”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán


La artista peruana Mila Huby (Lima, 1965) ha presentado, durante agosto y setiembre de este 2016, su exposición Cartografías del cuerpo y la memoria en el Centro Cultural Juan Parra del Riego, en Barranco. Sin duda, ha sido una de las muestras más interesantes y valiosas del año.

Huby es arquitecta, pintora, grabadora, fotógrafa, restauradora y catedrática. Licenciada en Pintura por la Pontificia Universidad Católica del Perú, ha realizado estudios complementarios en Barcelona, España. Además, ha expuesto sus obras en Estados Unidos, Brasil, Suiza, España y Ecuador. Desde 1993 ella cuenta con casi treinta exposiciones, entre individuales y colectivas, en su trayectoria profesional.

Dice la excelente artista nacional Luz Letts sobre el trabajo de Huby que “el viaje empieza cuando nacemos; sin vida no hay movimiento. El tiempo es relativo. Existir ya es nuestro camino. Entonces, lo que hace del viaje algo excepcional es esa intensidad que podemos experimentar. Lo importante es no temer, lo importante es estar presente y, en las obras que presenta Mila, la vida transpira”.

A su vez, Patricia Gómez Sánchez, la curadora de la muestra, señala que “Cartografías del cuerpo y la memoria es una exposición que nos invita a una travesía poética de la vida misma, con la fuerza y determinación de una artista madura y versátil, que sabe que tiene mucho que decir”.

Dialogamos en Barranco con esta artista visual -como ella misma se denomina en su página web oficial- gentil y reflexiva sobre sus principales motivaciones a la hora de crear sus poderosas y atractivas obras, así como, también, acerca de su siempre viajera biografía.


Muchísimas gracias, Mila, por esta oportunidad. Quería empezar la entrevista mencionando que todos tus trabajos que tenemos acá, tanto de fotografías intervenidas como de pinturas tienen que ver con constelaciones, viajes, ver el mundo desde lejos.
Exacto, desde lejos.

¿Cuánto tiempo te ha demorado elaborar estos trabajos? ¿Desde cuándo los vienes preparando?
Esta exposición ya la vengo trabajando desde el 2011, más o menos. Sobre todo la parte de las fotos. Y las pinturas comenzaron el 2015 y las he terminado ahora, en el 2016, a pesar de que es un proyecto que ya viene de antes. Otras pinturas, pero la misma idea del viaje, el mar visto desde el cielo, esta relación entre el cielo y el mar de los navegantes.

Tienes una fascinación por la mitología griega.
Sí, me encanta la mitología, los mapas, las cartografías sobre todo -que son de navegación- y los mapas estelares. Hay una cosa bien profunda que produce esta fascinación.

¿Esto viene porque tú has viajado mucho o es algo que te nace desde niña, por familia? ¿Por dónde viene este interés?
Sí hay una relación con este espíritu viajero, aventurero y siempre de búsqueda, de nunca conformarse con el hoy, con el ahora o con el territorio que tenemos aquí delante. Siempre una búsqueda de algo que está más allá, que muchas veces parece inalcanzable. De ahí un poco la idea esta de los mapas de las estrellas, de las cartografías, del mar visto desde el cielo. Como que es un viaje real, porque sí, soy una persona que se mueve mucho y, sobre todo, se ha movido mucho en mi vida de estudiante. Me fui del Perú, después volví, me volví a ir muchas veces.

¿Siempre por estudios?
No siempre por estudios. Por amores, también (sonríe).

Ibas atrás del amor.
Sí, siempre (sonríe). Comenzó siendo por estudios y la vida te va llevando por caminos que tú, a veces, ni te imaginas. De pronto, te das cuenta que ya estás muy lejos del principio y es como que ya nunca vas a regresar a ese origen. Y siempre hay esta necesidad de seguir buscando, seguir experimentando, conociendo. La idea de los mapas de las estrellas es como la máxima búsqueda, como algo más profundo, también.

Al ver tus cartografías, tus fotografías intervenidas, me preguntaba si tú querías explicarte el mundo a ti misma o se lo quieres explicar a los demás.
Parte de querer explicármelo a mí misma, primero. Me doy cuenta que, como artista, definitivamente, tengo la necesidad de comunicar y quiero comunicarlo y compartirlo. Esa es la esencia de todo artista: su necesidad por compartir lo que vive, lo que hace, lo que descubre. De ahí parte la motivación de hacer exposiciones, también. El artista, si no muestra su trabajo, hay una parte de frustración.

Además, veo que intentas ser una artista total, porque tienes pintura, fotografía, mitología, y va a haber una performance (en el Centro Cultural Juan Parra del Riego) con Mirella Carbone más tarde. Entonces, para ti el arte es un todo. No hay una separación de artes.
Sí, yo creo que, finalmente, es un poco así. Uno tiene, de repente, más habilidades o más tendencia a dedicarse a una especialidad, pero a la mayoría de los artistas nos gusta dibujar, pintar, hacer esculturas, tomar fotos, porque tiene mucho que ver con una sensibilidad, también: ser capaces de observar el mundo que nos rodea y reinterpretarlo.

¿Qué es lo que más has podido observar, Mila, a través de tus trabajos artísticos?
Yo creo que, primero, hay todo un tema con el paisaje marino y del desierto. Después, hay un tema con la mujer y con una parte estética. También con una búsqueda de yo misma como mujer. Las cosas van cambiando. Cuando yo era estudiante las cosas eran aún más difíciles que ahora para una mujer. Lo siguen siendo. Si tú haces un recuento de cuántas artistas mujeres famosas, realmente famosas hay en el mundo… Hablando del Perú, son poquísimas. Sin embargo, los hombres, normalmente, tienen más facilidad para enfrentarse a las exigencias de un mundo machista, valga la redundancia.

Es que en la escena artística peruana los hombres tienen la preponderancia.
Sí. En el mundo, en general. Pero si hablamos de Perú: muchísimo.

Quería terminar esta entrevista mencionando que me parece un lujo que Luz Letts haya escrito cosas tan bonitas sobre ti. Quería saber qué opinión tenías acerca de eso que te había escrito Luz y sobre Luz, también.
Para empezar, Luz es una persona que como artista admiro muchísimo. Es una de las artistas peruanas que, para mí, son de las mejores del arte actual y de mucho tiempo. Me encanta su trabajo. Ha sido un privilegio y un regalo que ella haya escrito sobre mi trabajo con tanto cariño y, además, dándome a entender que le gusta. Eso es, para mí, como tú dices, un privilegio y un regalo.

Y, también, has tenido a Rosamar Corcuera de modelo en una de tus fotografías (Rosa de Mar, 2011).
Eso no lo digas, por favor. Es secreto (sonríe).

Mila, muchísimas gracias por esta entrevista y te felicito.
Gracias.

Veo que eres talentosa y te felicito porque tienes una visión integral del arte.
Muchas gracias, Gianmarco, a ti.

Gracias.