viernes, 6 de octubre de 2017

Julio Granados




“Tengo un espíritu y un corazón que laten a cinco mil latidos por segundo”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán


Las dos primeras palabras que vienen a mi mente cuando escucho el nombre del artista peruano Julio Granados Relayze (Lima, 1969) son “talento puro”. Y en el más alto nivel. No cualquiera destaca en el diseño gráfico para libros, discos, poemarios y programas de televisión; así como en la ilustración de libros infantiles (para las editoriales Santillana, Alfaguara y McGraw-Hill), la música synthpop y logra que sus estampados sean vistos en el importantísimo Fashion Week de Nueva York. No cualquiera recibe premios por su trabajo en seis países (Estados Unidos, China, España, Brasil, República Dominicana y el Perú) de tres continentes. Además, un hermoso libro infantil del cual fue autor e ilustrador, “Ojuva, el murciélago blanco” (2004), fue reimpreso tres veces por la prestigiosa editorial Santillana.

Julio, que radica en Los Ángeles desde hace años, estuvo en Lima durante setiembre para presentar su magnífica exposición “Mi vida en tinta” en la galería de arte del hotel Sheraton. También vino para dar una conferencia y un taller en el 4to Congreso Internacional “Diseño, agente de cambio, diseño humano en busca de una mejor sociedad” que organizó la Universidad San Ignacio de Loyola.

En su trabajo como diseñador gráfico, Julio ha creado logotipos para los programas de televisión del periodista Beto Ortiz (“Enemigos íntimos”, “Beto a saber” y “Abre los ojos”), ha ilustrado la portada de su libro de crónicas “Nosotros matamos menos” (2014) y la portada de su novela “Maldita ternura” (2014). Del mismo modo, ilustró el disco “Ritmos oscuros” (1990) de la banda musical peruana Contrabando. También ha hecho logotipos para el emblemático noticiero “Buenos días, Perú”. Igualmente, ilustró y diseñó el libro-disco de décimas “Tiempo propio” (2015) de Zejo Cortez e ilustró su poemario “Todas las noches, otros diluvios” (2016). Asimismo, ilustró la portada del libro “Memoria de mi memoria” (2009) del legendario actor Edgard Guillén y ha diseñado los afiches de varios de sus unipersonales. Y también cabe destacar que ha realizado diseños para los renombrados grupos de teatro Cuatrotablas y Yuyachkani, la cantante Eva Ayllón, José Xtravaganza (bailarín de Madonna) y la banda de synthpop Anything Box.

Por cierto, las ilustraciones de Julio han aparecido en el libro “Art takes Times Square” (2012) y en “The Street Files 2011” editado por la Bienal del Museo del Barrio de Nueva York. Y forma parte del “Diccionario de Ilustradores Peruanos” y del “Diccionario de Ilustradores Iberoamericanos”. En su página web personal, se pueden ver muchos de los destacados trabajos gráficos del peruano. Y su fanpage de Facebook “Julio Granados ART” tiene ya 16 691 seguidores.

Desde el año 2012, Julio ha establecido el dúo Noche Futura con el creativo músico y poeta peruano José Carminis. Algunas de las estupendas canciones que podemos encontrar de ellos en YouTube son: “Árbol”, “Dulce Fantasía”, “Sé que tú” y “Medusa”. Hay que resaltar que el dueto no solamente se preocupa por el aspecto rítmico y melódico de sus temas sino que han creado toda una cuidada estética en sus videos.

Parece que Julio nunca descansa o que tiene varios clones, porque también se ha dado tiempo para llevar una carrera solista como cantante, con temas como “Extrañándote” (dedicado a su madre Ana), “Aunque tú no me quieras”, “Multiplícate por cero”, “Mi corazón”, “Pensamientos positivos” y ha realizado un excelente cover de “Ni tú ni nadie” del famoso grupo español Alaska y Dinarama. Todas estas canciones se encuentran en YouTube.

Dejemos que el mismo Julio (que ha realizado sus estudios profesionales en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en el Instituto de Arte y Diseño Toulouse Lautrec) nos cuente, en la siguiente entrevista, cómo fueron sus inicios en el mundo artístico, cómo lo marcaron los colores del Perú profundo en el que vivió durante sus primeros años, así como de su memorable encuentro con el premiado director de cine español Pedro Almodóvar, y sobre sus proyectos a futuro. Conozcamos a uno de los mejores y más versátiles artistas peruanos contemporáneos, quien todavía tiene mucho por ofrecer al mundo.


Manifiesto que admiro tu trabajo. Eres un artista. He entrevistado a Szyszlo, a Tokeshi, a Polanco, a Luz Letts…
¡Tokeshi!

…y me parece…
¡Polanco, también!

…que eres un artista de ese nivel, realmente.
Muchas gracias. Conozco a Tokeshi. Incluso, él escribió unas palabras de la apertura de mi exposición.

Y las voy a mencionar. ¡Qué mejor que unas palabras de un maestro como Eduardo Tokeshi acerca de tu trabajo, para empezar! (Leo): “En estos años, Julio Granados ha logrado una carrera sólida dentro de las gráficas y la ilustración. Sus imágenes, muchas veces irónicas, otras veces duras en el comentario social y otras tantas poéticas, increíblemente poéticas, con ese trazo que conserva desde hace años en un dibujo detallado, lleno de magia y sorpresa, son la característica de su obra. La gráfica de Granados apela a un espectador inteligente”. ¿Qué sientes cuando alguien tan reconocido y talentoso como tú, escribe cosas así?
La primera palabra que normalmente se podría cruzar en la mente de todos nosotros es “muy halagado”. Y de hecho que me siento muy halagado, pero más que halago me siento identificado. Porque todos nosotros estamos viviendo una lucha constante de sobrevivencia, en todos los niveles. Entonces, que una persona como Eduardo Tokeshi, a la cual yo también admiro mucho como artista, y a pesar que no somos amigos personales… Eso es lo más interesante, porque Eduardo y yo no somos amigos, realmente, solo nos conocemos por el círculo social y cuando yo era estudiante, él era profesor. Nunca fue profesor mío, pero era profesor de la Facultad de Artes. Que escriba esas palabras sobre mí me da una alegría enorme. Saber que todos estamos en un mismo camino y estamos enfocados, dirigidos hacia una luz. No sé de qué color -porque no quiero decir qué color exactamente, porque no importa-, pero estamos dirigidos a una luz. Y que él pueda ver y darse cuenta de mi camino es muy halagador. Demasiada fuerza ahí, identificación. Todos estamos en esto. No se puede explicar. No soy yo solo. Todos somos unas piecitas de un gran rompecabezas que nos vamos uniendo. Tú también eres parte de eso. Definitivamente, tú eres parte de eso.

Gracias. Hace diecisiete años que no venías al Perú.
Diecisiete años que no vengo.

Y vienes con…
Con más canas, ja, ja…

una exposición, con canas, ja, ja, con tu dúo Noche Futura…
Sí.

Siendo conferencista de este congreso internacional de diseño gráfico que organiza la Universidad San Ignacio de Loyola. Has venido totalmente recargado.
Sí, pero no necesitas ser conferencista ni tener un grupo de música ni dibujar bonito para estar recargado. La vida en sí es una gran batería y todo tipo de vida, de profesión y de vocación requiere tener una fuerza enorme. Tengas brazos o no. Veas o no veas. Uno siempre tiene que sacar fuerzas de donde haya para estar recargado. No creas que porque llego a este nivel, que me están invitando acá… Como le comentaba a un periodista que vino hace una hora: para mí es algo que no estoy acostumbrado, la verdad. No estoy acostumbrado a que me estén entrevistando referente a mi trabajo. Me parece maravilloso porque todos tenemos algo que decir. Yo tengo que decir muchas cosas. Por eso dibujo, porque tengo muchas cosas que decir. Pero no es lo más importante. Lo más importante es que uno siga adelante y si tienes algo que decir y sabes hacerlo a través de tus dibujos o tu escritura o tu cámara fotográfica, dilo. No nos convirtamos en seres inertes y sin luz. O seres que solamente buscan la fama por un like en el Facebook.

Tu caso es especial porque uno, por lo general, suele ser multifacético, pero no siempre destaca en todas las áreas. Tú eres multifacético y destacas en esas áreas que desarrollas. Ilustración: lo haces de manera fantástica. En el tipo de música que haces: electropop, synthpop: buenísimo.
Gracias.

¿Cómo logras compaginar un alto nivel en áreas distintas?
Te agradezco muchísimo lo que me acabas de decir. Otra vez es un gran halago. Yo siempre he pensado y he dicho, cuando hemos llegado a ese tema de las personas que somos multifacéticas o multidisciplinarias… Me encanta “multidisciplinarias”. ¿Sabes por qué? Porque realmente es una disciplina. El otro día, aquí, unas eminencias del diseño que han venido de diferentes países, extraordinaria gente -estoy aprendiendo muchísimo de ellos y espero que ellos de mí, también-, estaban comentando que algunas personas llegan con un duende y ese duende hace que tú puedas hacer cosas maravillosas, extraordinarias. Y hay personas que no llegan con el duende, pero con la disciplina y el trabajo y un poquito de talento pueden lograr cierto nivel. En mi caso, dibujo, canto, actúo, escribo. Estoy metido en estas disciplinas desde niño. Trabajo en esto desde niño. Para mí es algo natural. Yo, profesionalmente, empecé a dibujar para el Ministerio de Educación cuando tenía dieciséis años. Yo recién había salido del colegio. Estaba dibujando libros para niños desde los dieciséis y con tanta pasión que yo sabía que mi vocación tenía que desarrollarse en alguna de estas vertientes: las artes gráficas, el diseño gráfico, artes visuales, vestuarios, porque me encanta hacer vestuarios.

He visto unos vestuarios lindos, con motivos andinos, que modeló esta mujer hermosa: Kali Sánchez.
Exactamente.

¡Una maravilla!
Eso lo hice en Los Ángeles para Kali Sánchez, una chica hermosísima que representó al Perú. En la música también he hecho.

Los vestuarios de tus videos.
Claro, los vestuarios de mis videos.

Diseñados por ti.
He hecho pintura, poesía. A mí me encanta la poesía y he ido desarrollando, trabajando ese talento, ese duende que no sé cómo se llama. Se supone que es un duende, según por ahí escuché. O, de repente, el duende es uno mismo. Tu pregunta inicial es: ¿cómo le hago? Es un trabajo, una disciplina. No es solamente el talento, hay que sacarse la mugre. Desde niño sabía lo que quería y tenía que luchar para hacerme respetar desde el colegio. No es fácil decir a tu familia que quieres estudiar arte y mucho menos en los ochentas. Era como decir “Papá, quiero ser travesti“, por ejemplo. Lo cual no tiene nada de malo sino que es sencillamente…

Que no puede vivir de eso.
¿Cómo vas a vivir de eso? Por eso, yo admiro muchísimo a todas las personas.

Yo me preguntaba si, de repente, algo de ese interés artístico nació en ti -lo leí en tu Facebook, me pareció una parte interesante de tu biografía- cuando tu abuela Blanca te había enseñado a preparar el pan, cuando eras niño, “en formas de aves con ojos de pasas”. Es decir, había un tema artístico en el alimento.
Definitivamente.

¿Ahí comenzó?
Nunca lo voy a olvidar. Al contrario, me encanta que me digas eso. Yo considero que mi primera profesora de diseño fue mi abuelita Blanca. Yo, de niño, viví con ella. Por cuestiones familiares me quedé con mi abuela. Vivíamos en el campo y ella era profesora de bordado. Ella estaba siempre bordando entre hilos maravillosos de colores estridentes. Íbamos a comprar a Huancayo, a Jauja, y ese cielo azul espectacular, esas montañas bellísimas, esa flor amarilla de retama, ese olor de la tierra, esa comida maravillosa: todo eso me marcó muchísimo. Mi abuela siempre me envolvió en todas sus actividades y una de ellas era hacer el pan. Cuando he regresado ahora de Estados Unidos, después de diecisiete años, mi papá me estaba esperando y nos fuimos de frente al Mantaro porque sabía que no tenía tiempo toda esta semana. Cuando llegamos, mis tías, todos, nos pusimos a hacer pan. Y puse esas fotografías en el Facebook que han gustado mucho. No pensé que iban a gustar tanto, realmente.

Además, pusiste una frase poética, muy bonita, que decía que justamente en el pueblo del Mantaro “corría y jugaba de niño a ser gorrión entre los árboles de guinda”.
Eso parece un…

Parte de un cuento…
Un cuento de Gabriel García Márquez.

Exacto. Todo viene de familia, en verdad. ¿Pero no había un familiar tuyo que haya estado ligado de manera profesional…?
No, ninguno. Mi mamá murió muy joven, a los veintiocho años, y yo tenía ocho, nueve años. Me cuentan que mi mamá cantaba, dibujaba, escribía. Que era la número uno haciéndose sus ropas con telas. Mis tías me dicen: “Eres igualito a tu mamá. Le has sacado cosas a tu mamá. Porque tu mamá agarraba una tela y la convertía en un vestido. Tu mamá maquillaba y se ponía los ojos de faraona. Era muy teatrera y le encantaba dibujar, cantar”. Entonces, yo digo: “Oye, ¡qué barbaridad! Sí hay genes que se pegan, pues”. Y mi abuelita… Creo que son mis dos grandes madrinas y musas genéticamente.

Era bien guapa tu mamá, en unas fotos que has puesto en tu Facebook.
Sí. Fíjate que mucha gente me dice lo de la belleza de mi mamá. Para todo el mundo, de hecho que toda mamá es bella. Pero mi mamá era muy bella de verdad. Mi mamá era bellísima, físicamente era muy bonita. Estábamos caminando por la calle y los hombres (silbaban) ¡fiu, fiu!, volteaban, así, a ese nivel. Era muy imponente.

Y tú como hijito los mandabas lejos.
Sí. Yo la agarraba fuerte del brazo. Yo me acuerdo que en un video puse unas imágenes de ella.

Sí he visto.
De imágenes antiguas, de la canción “Extrañándote” que escribí para ella. La puedes ver en YouTube. “Julio Granados-Extrañándote”: van a ver lo bella de mi mamá.

Claro. Julio, hay tantas cosas que podríamos hablar de tu trabajo. Me llamó la atención que Pedro Almodóvar tenía uno de tus posters: “I love New York”. Gracias a ese trabajo maravilloso que tienes, estás incluido en el “Diccionario de Ilustradores Peruanos” y en el “Diccionario de Ilustradores Iberoamericanos”, que incluye a ilustradores de veintidós países.
Eso es algo que me tomó por sorpresa hace unos años atrás. No me acuerdo cuántos, exactamente. Me llamaron y me pidieron…

En el año 2013.
¡Tú sabes más que yo! Ja, ja… ¿2013, no?

Sí.
Se comunicaron conmigo porque me estaban incluyendo en esos dos diccionarios y ahí, en ese momento, me sentí como Miguel Grau. Dije: “Miguel Grau está en estos libros y ahora voy a estar ahí”. Fue algo muy emocionante y me parece extraordinario que existan diccionarios donde haya constancia de personas que estamos trabajando. Pero vi la fecha y se equivocaron: pusieron que tengo cincuenta y tantos años y no es así.

Pero igual estás en el diccionario.
Igual.

También me gustó mucho enterarme de que para tu taller “Ilustremos un cuento juntos”, que recién lo has dado el 19 de setiembre, ya se habían agotado los cupos en agosto.
Sí. ¡Eso fue extraordinario! Para mí es una gran responsabilidad. Yo soy una persona muy vehemente. Exageradamente vehemente. Yo creo que soy un chancho con espíritu de colibrí que se cree gato, ja, ja, ja... Porque, realmente, tengo un espíritu y un corazón que laten a cinco mil latidos por segundo. Y lo hablo por la pasión que tengo para dar lo mejor. Mi taller fue extraordinario y estaba enfermo, pero lo supe disimular porque quería que la gente se vaya con lo mejor. Se fueron contentos. Me han llamado de la universidad, les han preguntado (a los participantes del taller) y están muy contentos con lo que les di. Pero hoy, a las 4:30 p.m., es el día más grande, porque voy a estar frente a un escenario con 500 personas, que han pagado 200 soles cada uno. Tengo que, realmente, dar lo mejor. Estoy casi listo ya. Después de ti viene otra persona y luego me subo y me encierro para terminar mi presentación, porque a la una vienen a recogerme para la universidad.

Yo estoy seguro que va a ser un éxito porque eres puro talento.
Gracias.

También has publicado, aparte de los libros como ilustrador, un libro como autor-ilustrador: “Ojuva, el murciélago blanco”, que fue editado tres veces por la editorial Santillana.
Sí, eso fue...

¿Cómo así el título se te ocurrió?
Lo interesante de este título, que es muy tricky, como dirían los americanos… Tricky significa como medio dual, que no se sabe si es, medio raro. ¿Por qué? Porque “blanco” podría sonar muy racista, pero el libro es todo lo contrario.

Para mí suena llamativo “Ojuva”. Parece un nombre de dios nórdico o polinesio.
“Ojuva” me lo inventé. Es un murciélago albino. Él no sabía que era albino sino que nació blanco. Era albino porque no tenía color.

Los murciélagos son negros.
Exactamente. Él dijo: “¿Qué esto, pues? ¡Pero soy blanco!”. Y los ojos, cuando su mamá lo vio nacer, eran tan grandes, tan violetas y tan hermosos, que parecían uva. Entonces: “Ojuva”, ja, ja, ja... Es un libro para niños. Es un cuento para niños que escribí hace muchos años. Yo soy malísimo para las fechas, pero han sido hace muchos años: 2004, 2003. Salió publicado por Alfaguara-Santillana. La historia trata de un murciélago que vive con sus hermanos en el campo y viven libres. La hermana, una de ellas es actriz y cuenta historias en las noches de luna llena a los demás animalitos. Hasta que un día llega un ser extraño que ellos nunca habían visto: el hombre. Era un turista. Ellos lo miraban, decían: “¿Pero qué cosa es esto?”, escondidos desde un árbol. “¡Qué animal tan raro y qué feo que es!”. Ellos nos veían a nosotros feos, porque nosotros siempre decimos que los murciélagos son horrorosos.

Sí.
Todo esto es al revés. “¡Este ser qué feo! No tiene alas, no tiene cola, no tiene orejas. ¡Qué fea nariz!”. Entonces, él dice: “No tiene la suerte de ser tan bonito como los murciélagos”.

Le das la vuelta.
Es una visión al revés.

Claro.
Y este señor había venido con un gato que era su compañero de viajes y ahí comienzan las aventuras.

¿Es el gato del afiche de tu exposición?
No. Ese es otro gato. Ese es Peluso. Ese es un gato diseñador, que es un libro muy divertido que estoy escribiendo.

¿Es tu alter ego?
Yo creo que sí. Todo el mundo me dice que soy yo. Pero este gato Peluso es un gran diseñador de modas. También estoy metido en moda, pero este gato Peluso es un diseñador de modas que tiene una corbata de pescado y un mechón negro muy interesante. Tiene una personalidad muy peculiar. Son muchas historias que contar y lo de Ojuva fue muy bonito, salió reimpreso tres veces y después de diez años se terminaron los derechos de impresión. Así que si yo quiero lo puedo volver a imprimir. Pero Santillana lo reimprimió, lo editó.

Sería genial. Y ya que has mencionado lo de la moda: tus diseños también han estado en la ropa del diseñador Sergio Dávila, quien ha estado en el Fashion Week de Nueva York durante varias ediciones.
Sí, justamente ayer fue Sergio al Sheraton (a la inauguración de la exposición “Mi vida en tinta” de Julio). ¡Extraordinario! Yo estoy metido en el fashion con Sergio desde Nueva York. Yo he vivido en Nueva York muchos años y hemos participado juntos en el Fashion Week. Trabajé con él diseñando los estampados de sus colecciones y ahora tengo mi propia línea (me muestra el polo negro que lleva puesto, con un estampado de un imponente Sol incaico ubicado detrás de un cóndor dorado con las alas abiertas y en pleno vuelo), que hice con motivos peruanos para una feria que se llama Perú Village Festival en Los Ángeles, California. El fashion para mí viene con el software. Viene ahí.

Te fuiste muy joven a Estados Unidos. Viviste en Nueva York, ahora estás radicando en Los Ángeles. ¿Tú crees que hubieras podido llegar hasta donde has llegado y recibir todos los premios que has recibido si te hubieras quedado en el Perú? ¿O crees que haberte ido a Estados Unidos ha sido una decisión estratégica adecuada, acertada?
Yo no quiero decir que tengas que salir para triunfar. No es necesario. Pero en mi caso sí pasó así. Porque si bien es cierto aquí ya me había hecho un nombre con mis cosas, parece que el tiempo y las cosas que he hecho afuera han rebotado de una forma mucho más receptiva, mucho más bulliciosa al Perú. Quizás si no hubiera vivido en el extranjero, no hubiera conocido tantas cosas, no hubiera tenido yo ese roce con tanta gente interesante. He conocido a mis ídolos. Cada uno tiene sus propios ídolos.

¿Cuáles son los tuyos?
Uno de ellos es Pedro Almodóvar, por ejemplo. Yo nunca pensé estrecharle la mano, conversar con él, que me besó acá (se toca la mejilla derecha), que me dio un beso por acá (señala cerca de su cuello), que le he regalado el cuadro. Eso fue interesante, porque yo fui a un evento en Nueva York, en Manhattan, donde presentó su película. ¿Cómo se llama esa película de la piel? (Se refiere a “La piel que habito”). Es una de sus últimas películas. Yo fui a la premiere, pero en Nueva York no es como acá, que es casi inaccesible, allá es más sencillo. Entonces, yo estaba sentado adelante y él estaba ahí, pues. Cuando acabó la película, yo lo único que esperaba era, así como tú me diste esto (un afiche envuelto de la exposición “Chávez 80” del pintor y escultor peruano Gerardo Chávez) y ya. Pero resulta que cuando acabó él hizo una conferencia de prensa y solamente respondía a lo que él quería. Entonces, yo con mi afiche le hice así (levanta el brazo derecho y agita el afiche), él me señaló, yo me paré y se lo di delante del público. Me abrazó, me saludó y le dije: “Pedro, yo admiro tu trabajo, te lo regalo con mucho cariño. Espero que te guste”. Yo me volteé, me estaba yendo y me dijo: “¿Pero por qué te vas? Lo quiero mostrar al público”. Agarró, lo sacó y abrió y todo el público: “¡Oh!”. Me dice: “Me encanta. Gracias”.

¿Te tomaste una foto con él?
Me tomé una foto con él y hay un video que han puesto en YouTube.

¡Qué bueno!
De Julio Granados y Pedro Almodóvar. Conversamos, después nos encontramos en el lobby otra vez. Me encantó la sencillez. Siempre habían dicho que era medio pedante, pero mentira. Sumamente amable, estábamos conversando.

Eso siempre dicen de la gente que es famosa.
Sí, la gente se inventa historias. Y estaba su secretaria, tenía el poster. Eso me gustó mucho: la secretaria lo sujetaba como un tesoro, así (aprieta el afiche contra su pecho con ambas manos). Estaba la secretaria ahí o su asistente en todo caso, empezamos a conversar con Pedro y “Ah, ¡qué bueno! ¿Vives por acá?”. Yo le digo: “Yo vivo en Nueva York”. Entonces, en un momento vino la prensa a tomarle fotos y cosas así. La chica, la asistente -eso es lo que más me encanta de ella-, me dice (Julio imita el acento español): “Le ha gustado tu poster, porque se lo está llevando a su estudio allá, en Barcelona y me ha pedido que lo cuide bien”.

¡Qué maravilla!
Eso es paja, porque su asistente misma, que venga… ¡Se lo llevó! Es algo maravilloso para mí. Yo sé que mucha gente: “¿Quién es Pedro Almodóvar?”. Whatever… A mí me encanta. Me encantan sus películas, su trabajo. ¡Es tan extraordinario! Otro fue Boy George, que también lo conocí, hablé con él muchas veces. Hay una lista de cuatro o cinco por ahí.

Julio, te agradezco muchísimo. Te felicito porque estás triunfando afuera.
Muchas gracias.

Y estoy seguro que vamos a seguir hablando de ti por muchos años.
Gracias por venir.

Vas a seguir viniendo a dar más conferencias y vas a dar conferencias en todos lados.
Voy a estar viniendo mucho más. Pienso venir a inicios del próximo año y voy a venir a quedarme un tiempito. Estoy oyendo ofertas de trabajos interesantes. De repente, veo para venir a trabajar un tiempo acá, para respirar un poquito y estar en mi tierra, con mis amigos de toda la vida. Muchas gracias por venir desde tan lejos. Ahorita llega otra persona (a entrevistarlo), pero qué bueno que ahora nos estamos viendo, porque nos conocemos por el Facebook. El Facebook me encanta, porque gracias al Facebook yo he conocido gente maravillosa.

Que Dios siga bendiciendo tu talento.
Gracias, Gianmarco.

martes, 8 de agosto de 2017

Hernán Lara Zavala




“Un escritor debe escribir sobre aquello que solo él puede decir”



Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán



Hernán Lara Zavala (México D.F., 1946) es un premiado narrador, ensayista, cronista de viajes, editor y catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el área de Letras Inglesas. Por su celebrada novela histórica Península, península (2008) recibió la Medalla Yucatán, el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, el Premio Real Academia Española, el Premio Universidad Nacional en el área de Creación Artística y la Medalla Justo Sierra Méndez.

También ha publicado De Zitilchén (1981), El mismo cielo (1987, Premio Latinoamericano de Narrativa Colima), Las novelas en el Quijote (1989), Charras (1990), Contra el ángel (1991), Flor de nochebuena y otros cuentos (1992), Después del amor y otros cuentos (1994, Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares), Muñecas rotas (2002), Cuentos jóvenes (2004), El guante negro y otros cuentos (2010), Ah Kin Chi (2011) y La prisión del amor y otros ensayos narrativos (2014).

Lara Zavala fue un escritor invitado por la Feria Internacional del Libro de Lima en el año 2012 (esta entrevista corresponde a dicho año. Por diversos motivos, recién he podido publicarla este 2017). Además, fue becario del International Writing Program de la Universidad de Iowa en 1987, fue gerente editorial del Fondo de Cultura Económica, director general de publicaciones y fomento editorial de la UNAM y jurado de numerosos concursos literarios internacionales.

Amigo y gran conocedor de la obra del legendario escritor mexicano Carlos Fuentes (quien elogió la obra de Lara Zavala y escribió sobre ella), en la siguiente entrevista nos detalla cómo era, en lo personal y en lo intelectual, el autor de Cambio de piel (1967), La muerte de Artemio Cruz (1962) y La región más transparente (1958). También nos acerca a su propia y reconocida obra narrativa, así como a su labor como editor de destacados escritores hispanoamericanos.


Muchísimas gracias por la oportunidad.
No, al contrario. Gracias a ti.

Es un gusto conocerlo. Ya que usted ha venido a la Feria Internacional del Libro de Lima para dar una conferencia sobre Carlos Fuentes, ¿cuál es la importancia, la huella que ha dejado Carlos Fuentes en la literatura mexicana contemporánea?
Una huella muy profunda que se remonta a los grandes novelistas mexicanos del siglo XX que -decía yo en la charla- están signados por un fenómeno social que ocurrió en México, que fue la Revolución Mexicana. De alguna manera, la Revolución Mexicana le dio carácter a México en términos sociales y estéticos. En términos sociales, porque esa revolución fue la primera del siglo XX. Era una revolución no socialista, pero era progresista. Era una revolución que tenía como fundamento el lema de “sufragio efectivo, no reelección”. Era una revolución que se organizó en la dictadura de Porfirio Díaz. Pero eso cambió todo el panorama del país y, en particular, del arte. Porque a partir de esa revolución, en lugar de que México siguiera las tendencias que estaban en boga en ese momento en Europa, Argentina, España -que eran todos los movimientos vanguardistas-, en México se instauró esta idea de que la revolución merecía ser contada y, en cierto modo, cantada. De tal modo que surgen, cuando menos, dos movimientos importantísimos: uno es la novela de la Revolución Mexicana que se extiende a lo largo de todo el siglo. Empieza con Mariano Azuela, pero después sigue (José) Vasconcelos y Martín Luis Guzmán. Después Juan Rulfo…

Por cierto, Carlos Fuentes comparó su prosa con la de Martín Luis Guzmán.
Exactamente. Sí, gracias. En ese momento, Fuentes se da cuenta de que uno de los elementos importantes que él tenía que pasar en su estudio enorme sobre el ser y el pensar en el sentir del mexicano, y para entender el siglo XX, estaba inserta la revolución o el fenómeno de la revolución. Él tenía -y eso es muy importante-, por un lado, ese bagaje en la parte histórica, pero también era un hombre muy preparado en términos formales. Había leído literatura inglesa, literatura norteamericana, literatura francesa. Entonces, su indagación empieza tratando de entender el ser y el sentir del mexicano contemporáneo. Pero, por otro lado, ya adecuando una serie de técnicas narrativas -como las de James Joyce, las de John Dos Passos, las de Balzac, de algún modo-, su obra empieza a crecer en términos de experimento y en términos sociales. Él es el último eslabón de una enorme estirpe que estuvo a lo largo de todo el siglo XX, que él prolongó un poco, y siempre con ese interés y obsesión de indagar el sentir, pensar y las crisis sucesivas de México, en términos individuales y políticos.

¿Le parece a usted que Carlos Fuentes es el estudioso, a nivel social, más fuerte de la sociedad mexicana o está ahí Octavio Paz a la par, o hay otros ensayistas, novelistas?
México tuvo una característica, durante el siglo XX, muy curiosa: desde el principio, a lo mejor por la estructura que tenía el mismo PRI, había necesidad de jerarcas. Entonces, en la primera mitad del siglo XX el gran jerarca fue Vasconcelos. Después, a Vasconcelos le siguió Alfonso Reyes, que, por cierto, fue amigo de Carlos Fuentes. Su padre y el de Reyes eran amigos, eran diplomáticos ambos. Fuentes lo conoció desde que era niño. Octavio Paz es un líder intelectual. Son líderes intelectuales. Hombres que no se conforman con escribir una obra, tener una labor meramente estética sino que, al mismo tiempo, hay una constante reflexión.

Eran escritores comprometidos.
Exacto. Comprometidos más que políticamente: se convierten en guías sociales e intelectuales de México.

Eran tótems. Les preguntaban de todo.
Sí, exactamente. De todo. Es correctísimo lo que estás diciendo. A Paz todo el tiempo le preguntaban cosas. Cuando muere Paz, quien ocupa su lugar es Carlos Monsiváis. Pero Fuentes fue, en cierto modo, el primer discípulo de Paz. Que era mayor que Fuentes. Desgraciadamente, cuando vienen las posibilidades del Nobel, yo creo que vienen los celos naturales, profesionales y hay una ruptura. Cuando se da esa ruptura, Fuentes tuvo el tino de nunca comprometerse demasiado hacia el liderazgo de la cultura. Él era un hombre independiente con mucha influencia, en general. Porque escribía, prácticamente, en todos los periódicos, y era una hombre muy inquieto, pero nunca asumió ese papel de gran líder, de gran cacique intelectual, como sí fue Paz, (José) Vasconcelos, (Alfonso) Reyes, como fue después Monsiváis. Entonces, en esa ruptura, también, se establece una dicotomía, porque Octavio Paz se hace un poco más neoliberal. Aunque él tuvo intereses en la Guerra Civil Española, tenía ciertas tendencias de izquierda, pero cada vez se fue replegando. Un poco como le ha pasado a don Mario Vargas Llosa. Se ha ido replegando hacia el centro y un poquito hacia a la derecha.

Decepcionado, también, de la Revolución Cubana y todo lo que implicaba.
Sí. Todos ellos. También Fuentes estaba decepcionado de la Revolución Cubana. Todos ellos estuvieron muy pendientes…

El Caso Padilla…
Exactamente. Heberto Padilla.

…fue un detonador para eso.
Exactamente. Pero Carlos Fuentes, de algún modo, preservó una actitud de centroizquierda. Era un hombre progresista moderado: anti-Chávez, anti-Fidel, anti-Evo, anti-Unión Soviética y, también, anti-Estados Unidos. No se te olvide que una de sus grandes figuras en contra fue George Bush. Pero era un hombre más progresista, era un hombre de izquierda moderada. Esa es la diferencia que yo vería entre Octavio Paz y Carlos Fuentes. La región más transparente es del año 1958: a partir de ese momento que aparece en la escena literaria Carlos Fuentes, crece de una manera excepcional. Un escritor muy profesional, dedicado en cuerpo y alma a su oficio. Tuvo una pequeña debilidad: cuando en la época de (Luis) Echeverría lo nombró embajador en Francia, puesto por el cual él suspiraba porque era lo que hubiera sido la consagración de su padre, que era diplomático de carrera. Nunca tuvo ese puesto, entonces él, de alguna manera, dijo: “Si mi padre no pudo, yo seré”. Él, inmediatamente, se dio cuenta de que no era su papel. Cuando el expresidente (Gustavo) Díaz Ordaz entra de embajador en España, él renuncia, deja la embajada. Eso, más o menos, para tratar de decirte que sí fue un líder intelectual, pero no fue el líder intelectual oficioso, como podría ser el caso de las otras cuatro personas.

Recuerdo que cuando entrevisté a Elmer Mendoza, él me decía que Carlos Fuentes es de esos escritores que ya no hay. A pesar de estos otros cuatro casos.
Sí.

Uno puede hablar de economía y él habla con gente del Fondo Monetario Internacional como si fuera uno más.
Es cierto. Hablaba cuatro, cinco idiomas, conocía perfectamente el mundo, le daban un trato como de jerarca nacional. Sus conferencias muy bien pagadas, andaba bien vestido. Elegante, polémico, gran conferencista, y eso que dices tú: con una dimensión amplísima de la cultura. ¡Amplísima! Le gustaba el cine, la ópera, la literatura. Un hombre muy rico. Y la historia, también.

Porque ahora, a diferencia de estos escritores comprometidos de antes, a nivel latinoamericano no se ven. Ahora los escritores están muy encerrados en su mundo. “Soy escritor y vivo de la literatura y no me interesa el mundo”. Ha cambiado en algunos la visión.
Ha cambiado un poco el panorama, porque si tú te fijas en Europa, hay algunos casos. Digo casos antiguos, como el de Bertrand Russell o el de André Malraux, el de Jean-Paul Sartre, que eran los líderes a la vieja usanza. Y el líder -eso que decías tú- (era) no solo el líder comprometido sino un poco creador de tendencias, de propuestas. Jean-Paul Sartre volanteando en las calles de París, Bertrand Russell en el tribunal, André Malraux como secretario de educación pública, con (Charles) de Gaulle. Eran esos hombres, otra vez, como en el Renacimiento, llenos de conocimientos, de ambición de todo tipo. Pero me da la idea de que, por ejemplo, en Europa…

Eran hombres totales.
Exacto. Pero en Europa ya cada vez existe menos eso. Si tú te fijas, acaba de morir, por ejemplo, ayer (31 de julio de 2012), el escritor norteamericano Gore Vidal, un hombre sumamente crítico con respecto al sistema, pero que nunca aceptó un puesto administrativo, nunca aceptó un cargo de carácter diplomático. Y mira que hablaba muy bien italiano, hablaba muy bien francés. Como dice el dicho en nuestro idioma, en español: “Zapatero a tus zapatos”. Ahora, de todos modos, van a surgir y surgen intelectuales así como dices tú: los hombres completos. En el caso específico, por ejemplo, de Venezuela, ahora uno de los escritores muy cercano a Chávez es Luis Britto García, que cuando tú hablas con él es impresionante. Luis Britto García sabe de cine y de literatura, de sociología, es un hombre comprometido, escribe bien, muy buen conferencista, con una gran facilidad de palabra. Siempre habrá esos casos.

Villoro, también.
¡Villoro! Villoro ahora, en cierto modo, es el que -yo le he puesto así- va a ser el sucesor de Monsiváis. Porque Villoro sí tiene el porte, la facilidad de palabra, la inquietud, la información, para empezar a formar opinión intelectual frente al gran grupo de mexicanos. Es una buena observación, así lo pensé. Con la muerte de Monsiváis, ahora le van a dar el turno a Juan Villoro.

Una buena predicción.
Sí (sonríe).

Y en su caso personal, ¿pudo desarrollar una amistad con Carlos Fuentes?
Afortunadamente, sí. Algo que no creas que era muy fácil. No era un hombre, qué te diré, de…

Parecía marcar distancia, desde la mirada.
Sí, exactamente. Era un hombre un poco reticente. Conocía muy bien su valor y no era, de ninguna manera, obsequioso. En ese caso, por ejemplo, Vargas Llosa es un poco más abierto. Pero una vez que podías entrar en él, había una fascinación que te hacía… Sobre todo en nosotros, los que ya somos grandes, pero éramos relativamente más jóvenes que él. Era como un hermano mayor. Él acaba de morir de 83 años. Yo, mi generación, Gonzalo Celorio, hemos sido sesentones. Yo ya tengo sesenta y seis años. Entonces, primero, nos imponía un gran respeto, si bien había una actitud hacia el maestro que era, pero sí, tuve la oportunidad de irlo conociendo poco a poco. Para poder conversar con él, dicen en México: teníamos que “echarle montón”. Teníamos que ser cuatro contra uno, porque él era como un gran espadachín que hablaba -como dices tú- de historia de México, literatura inglesa, ópera, literatura española y uno contra uno era muy difícil, pero cuatro contra uno, más o menos, le dábamos batalla, ja, ja...

Me gustó mucho leer que recibió un premio, el González Ruano, este artículo de Carlos Fuentes…
Sí.

…acerca de su novela Península, península. Que no solo es un elogio a su novela sino un elogio hacia usted, porque lo considera uno de los escritores mexicanos más cultos.
Sí, eso dijo, sí (sonríe).

Y, además, que tenía una prosa como la de Martín Luis Guzmán. ¿Cómo ha respaldado esta crítica a su carrera?
Eso es curioso. Te digo: él no era un hombre obsequioso, no era un hombre de falsos halagos ni mucho menos. Yo le di la novela -él, también, nos daba sus novelas a un grupo de amigos- y él la leyó por gusto. No me dijo nada. Un día que estábamos teniendo una comida me dijo: “Ya me voy porque tengo que escribir un artículo sobre Lara Zavala”. Así me dijo. ¡Imagínate! Yo me sentí realmente muy halagado. El hecho mismo de que me leyera, para mí era suficiente. Y, además, de que escribiera sobre mí… Ahora, ese artículo no incluye la gran novela hispanoamericana. Pero, te digo, eso fue de motu proprio. Después yo, por supuesto, le mandé una notita agradeciéndole muchísimo. Pero lo que más me gusta es el título: le puso El Yucatán de Lara Zavala. Que es un terreno, curiosamente, que él prácticamente no tocó, porque México es como ustedes (los peruanos). Es decir, nuestras unidades no son tan perfectamente establecidas. Nosotros fuimos ahora a Machu Picchu. De Machu Picchu a Lima hay una gran diferencia. Y cuando yo leo a Vargas Llosa sobre Piura, veo que, también, es otro mundo. Son mundos que, finalmente, se conectan. Pero ustedes o los bolivianos tienen algo, también, de la parte incaica. Toda la parte andina, de algún modo, está relacionada, incluso con su carácter. Pero Carlos no conocía bien eso, salvo, tal vez, ese primer cuento que fue muy sonado, que se llamó Chac Mool. Por lo demás, estuvo muy centrado en la Revolución Mexicana. Y la Revolución Mexicana se llevó a cabo, sobre todo, en el norte y centro del país. Las dos figuras: Villa y Zapata. A él le interesaba más, de algún modo, Villa, pero le interesaban también los presidentes: (Álvaro) Obregón, (Plutarco Elías) Calles. Entonces, yo creo que parte del gusto de él fue, precisamente, lo que se había descubierto como otro territorio.

Ahora que Carlos Fuentes ya no está entre nosotros y viéndolo desde un lado emotivo, lo mejor para él habrá sido reencontrarse con sus hijos.
Para él fue un severísimo golpe la muerte de sus hijos. De todos modos, como él comentaba, su voluntad férrea de ser escritor, a pesar de todo, lo mantuvo vivo y activo. Él comentó en una de las últimas entrevistas que su gusto por la escritura, finalmente, se reforzaba con el dolor de la muerte de sus hijos, porque sentía que, sobre todo su hijo Carlos estaba siempre con él cuando estaba escribiendo. Lo tomó de la mejor manera. Y fue un hombre que se dedicó en cuerpo y alma (a la literatura). Esa es otra de las cosas. También como Mario Vargas Llosa: (dedicado) en cuerpo y alma a su profesión de escritor, por encima de todo. Por encima del placer, la fama. Trabajaba todos los días con un horario, estando de vacaciones o no. No había vacaciones para él. Como comentabas tú, deja un vacío muy difícil de llenar. Es decir, ni Juan Villoro ni Jorge Volpi ni nadie de los autores más jóvenes tienen ese empuje y, sobre todo, esa ambición y ese talento. También hubo el “factor Carlos Fuentes”. Que estaba, en cierto modo, privilegiado desde su nacimiento: hijo de diplomáticos, aprendió rápido idiomas, tenía la vena literaria -que la pudo ejercer, sin mayor problema, con el apoyo de su padre-. Su conocimiento con Octavio Paz le permitió ascender, leer y saber qué leer. El factor Carlos Fuentes.

Inteligentísimo, además.
Inteligentísimo y te digo que una gran personalidad. Incluso, hasta buenmozo, como Mario Vargas Llosa, también.

Ahora, entrando ya de lleno a su narrativa, me comentaba que ha escrito sobre Yucatán, que es la tierra de su familia, tanto materna como paterna.
Sí.

¿Usted quisiera ser el representante mayor de la literatura en su región?
Vamos a ponerlo de otro modo. Es cierto eso que, se ha convertido en un poco el lugar común, que uno no escoge sus temas sino los temas lo escogen a uno. Yo nací en la Ciudad de México, pero paredes hacia adentro, en mi casa se vivía y se transpiraba el ambiente de la península de Yucatán. Te digo que la península de Yucatán es territorio maya, en contra del territorio azteca, que es el centro de la república. El centro nada más, porque si te vas hacia el norte, hay territorio yaqui, territorio umayo, y si te vas a otro lado están los bistecos y los zapotecas. Pero eso era algo interesante. Mi novela se llama curiosamente Península, península, porque habla de la península ibérica, que fueron los conquistadores, y la península de Yucatán, que fue la conquistada y que era territorio de los mayas. Lo que quiero decirte es que cuando empiezo yo a escribir es precisamente a los treinta años, un poquito antes, el libro que te digo que me publicaron a los treinta y cuatro años, que se llama De Zitilchén (1981). Estaba muy de moda en México la novela urbana, cuyo mayor representante era un escritor que ahora ha sido un poco olvidado, injustamente olvidado, que se llamó José Agustín. Se llama. Vive todavía. También fue un parteaguas en la novela. Después de la novela de Fuentes, el gran parteaguas fue la novela de José Agustín, sobre todo una en particular, que se llama De perfil (1966), pero a lo que voy es que estaba muy de moda, en ese momento, ese tipo de novela urbana. Y Agustín lo hacía muy bien. De hecho, hubo muchísimos imitadores y epígonos de José Agustín, pero el que sobrevive dentro de esa literatura que clasificó Margo Glantz como “la onda” fue él. Fue el gran sobreviviente. Es el fundador, el creador y el sobreviviente de esa escuela, llamémosle la escuela de “la onda”, en la literatura mexicana. Cuando yo me empecé a preguntar -lo que siempre les digo a mis alumnos- sobre qué escribir, parte de mi creencia, de mi convicción, es que un escritor debe escribir sobre aquello que solo él puede decir. Donde está lo máximo de verosimilitud y de espontaneidad. Que nadie más, sin saber, escribe sobre esto. En el sentido de que son partes de sus vivencias, sus experiencias, de lo que has observado, de lo que has digerido, a lo largo de una vida. Entonces, mi propuesta fue esa: voy a escribir un libro, que no sea una novela, pero que parezca una. Yo escribí ese libro, se llama De Zitilchén. Yo le llamaría una colección de cuentos vía novela. Porque eran nueve cuentos que no se repetían. Cada cuento tenía un valor individual, pero mientras ibas tú leyendo le iba dando un pequeño efecto acumulativo. Es un libro de cuentos, pero es casi-casi una novela. Te describe un mundo. Y ese era el mundo que yo conocía, de primera mano, por mis padres y que, después, lo reforcé porque mis abuelos vivían allí. Mis padres nos mandaban de vacaciones y lo que más me llamaba la atención, al principio, de manera inconsciente, era algo que se nota, por ejemplo, en la parte de Machu Picchu: la interacción de blancos, indios y mestizos. Cómo viven de una manera natural. Esta conformación que hace que los latinoamericanos seamos diferentes de los españoles y de los indios. Somos otra cosa. Por ahí empezó mi carrera. Pero no vayas a creer -ahora te voy a obsequiar un libro- que me he limitado a eso nada más. Vamos a decir que es una de mis vetas. La próxima novela que voy a sacar no tiene nada que ver con Yucatán, pero no la podía yo escribir hasta que hubieran pasado ciertos años de distancia. Soy, también, un escritor cosmopolita, en un buen sentido. Mi segundo libro se llamó El mismo cielo (1987) y le puse El mismo cielo aprovechando las experiencias personales, pero no de manera autobiográfica. El mismo cielo porque, según Jung, todos los habitantes del mundo vivimos bajo un mismo cielo. Si vivimos bajo un mismo cielo, qué más da que un cuento ocurra en Inglaterra, que otro ocurra en Francia y otro en Japón o Vietnam. Finalmente, lo que rige para los seres humanos es, más o menos, lo mismo.

Sobre Península, península me parece que tenía un antecedente usted en una de sus obras anteriores, en el año 98 cuando escribe Viaje al corazón de la península.
Sí. Este libro ya estaba pensado porque me dio ganas de escribir una crónica sobre la península de Yucatán, precisamente de la zona de mi padre y de mi madre. Entonces, digamos que fue un viaje preparatorio para escribir Península, península. Recorrer la península de Yucatán en calidad de cronista, haciendo alusiones a algunas cosas que han ocurrido en la familia. Si tú vas viendo, la obra se va, otra vez, como sumando. Empiezo con De Zitilchén, que espero que tengamos la oportunidad de presentarlo aquí, en Perú, gracias a la filial del Fondo, porque sale en el Fondo de Cultura (Económica). Lo que en principio fueron nueve cuentos, ahora ya son diecinueve. Creció el libro sin que haya yo modificado -como hace José Emilio Pacheco- ni una coma de lo que escribí, pero he ido incorporando nuevos cuentos que ocurren en el mismo ambiente o entorno. Antes escribí una novela, le puse como título el apodo de un líder sindical independiente que se llamaba Efraín Calderón. Le decían de apodo “Charras”, por lo de Juan Charras.

¿Usted está preparando algún nuevo material?
Lo que pasa es que no me gusta hablar de lo que estoy preparando. Pero espero sacar una novela.

Hay escritores que creen que es de mala (suerte el contar sus planes).
Lo primero, lo que sí ya tengo listo, es un nuevo libro de ensayos, porque yo tengo un libro previo que se llama Contra el ángel, que son reflexiones literarias. Es un género que me gusta, que hago con cierto decoro, y ese libro se va a llamar La prisión del amor y otros ensayos narrativos. Ensayos donde no invento historias, pero el ensayo está construido de tal modo, que tenga un poquito de suspenso y fuego literario. Que tú lo vayas leyendo y no lo lees como si fuera un libro académico sino como un ensayo literario, con los recursos literarios.

Me llama la atención esto que usted menciona, porque veo que en muchos escritores mexicanos hay esta huella cuentística.
Sí.

Y de hacer varios géneros a la vez.
Sí.

Hay ese interés variado en los géneros.
Sí. Más amplio. Aparte que yo, también, estudié letras. Para mí, una de las cosas que mejor me ocurrieron fue haber asumido mi vocación de literato. Yo, primero, estudié ingeniería. Yo estaba estudiando ingeniería…

Como Élmer Mendoza, también (que estudió ingeniería electrónica).
Sí. Y como tantos escritores en México.

¿Hay una relación entre la ingeniería y la literatura?
Pues no la hay, más que en una cosa: yo diría que sí te ayuda a organizar tu mente casi en términos matemáticos, como en una buena ecuación. Tú vas a despejar esto para, finalmente, llegar a x=5, y=3 y z=-1. O lo que tú quieras.

¿Se demora mucho armando la estructura de sus novelas?
Hay muchísimos ingenieros escritores. Pero yo, cuando estaba en ingeniería me sentía, ahí sí, como pez fuera del agua. Y otros decían: “Es que a mí no me interesa…”. Me podían gustar las matemáticas, me podían gustar ciertas materias, así, en abstracto, pero pensar mi vida trabajando en una fábrica me resultaba hasta un poquito chocante. En cambio, en las letras siempre fui... Mi mejor descanso en casa, cuando estoy viendo la televisión y me estoy aburriendo soberanamente: me refugio en un libro y esto sí me descansa y me alimenta. Yo, realmente, me consideraría en este orden: primero, cuentista, después novelista, ensayista y cronista de viajes. Pero están muy relacionados todos. Son casi géneros hermanos. Ni siquiera primos hermanos. Es muy diferente, por ejemplo, la poesía. Escribí una obrita de teatro, también. Salió el 2011. Fue después de El guante negro… Se llama Ah Kin Chi. Profeta maya. Así salió, pero finalmente, como dice Borges, empiezas a hacer un laberinto y de pronto resulta que ese laberinto tiene tu cara. Así, empiezas con una obra y otra obra y, de pronto, dices: “Ah, caray, mira, este rompecabezas ya tiene una piecita acá, tiene otra pieza acá”. Y te felicito por la investigación. Está muy bien documentada.

Gracias. Usted ha sido editor del Fondo de Cultura.
(Asiente con la cabeza). Y de la universidad.

Y de la UNAM, también.
No lo pongo mucho, pero soy editor, también. Y no malo. Cuando estaba yo en la UNAM, yo creé una colección que se llamó Rayuela Internacional. Logré atraer a muchos escritores después del Boom, que estaban desperdigados. Ahí te va a quiénes pude integrar: César Aira, Luis Britto García, José Balza, Rafael Humberto Moreno-Durán, Ricardo Piglia… Cuarenta autores. Es decir, hice un puente…

Hay nombres importantes.
…y, además, hice que se conocieran entre ellos.

César Aira, inclusive, dicen que puede ser un Nobel más adelante.
Sí. No sé si tiene calidad de Nobel, pero es muy factible que pueda ser un (Premio) Juan Rulfo. Lo que era el Juan Rulfo, que fue un premio internacional muy (importante). Ya varias veces se ha barajado su nombre.

Ahora se llama el Lenguas Romances.
Sí, exacto. A Juan José Saer también lo publiqué.

¿Y usted los buscaba?
Yo los empecé a convocar y todos aceptaron. Y la colección son, por lo menos, cuarenta autores. Todos latinoamericanos. Lo que no recuerdo es a qué peruano… Bryce ya era un poco como del post-Boom y era amigo y todo, pero nunca le pedí nada a Alfredo Bryce Echenique. Debo tener por ahí a algún peruano.

¿Esta colección de Rayuela Internacional venía por la UNAM o por el Fondo de Cultura (Económica)?
Por la UNAM. Ahora, en la UNAM me inventé dos colecciones. Una que se llama Pequeños Grandes Ensayos, que son libritos chiquitos donde están dos o tres ensayos, a veces de un mismo autor y a veces de un mismo tema. Yo les llamo poliédricos. O sea, cuatro lados. Y una (colección) que le puse Licenciado Vidriera, en homenaje a Cervantes, precisamente para rescatar la narrativa hispanoamericana del gran padre, el inventor del cuento, en cierto modo, en español. No fue el inventor, pero el primero que lo ejerce y él lo dice, es Cervantes en sus Novelas ejemplares, que son textos medianos. No son estrictamente cuentos, lo que dicen relato o novela breve. Yo le puse “Relato Licenciado Vidriera” y ahí he rescatado, también, unas joyitas enormes. Primero, puse esta de Rayuela Internacional, hice unas antologías bilingües, hice una colección de autobiografías.

Antología del cuento inglés del siglo XX.
De esa fui yo el recopilador. Y luego fui al Fondo (de Cultura Económica). En el Fondo estuve nada más un año, pero ahí sí peligró muchísimo mi vocación porque era un trabajo de tiempo completo. Yo llegaba a las diez de la mañana, salía a las diez de la noche, exhausto. Firmaba contratos, revisaba textos, hacía todo lo que hace un editor. Es como lo de profesor. Si yo hubiera querido ser profesor nada más, ya era otra historia. Igual editor. Primero, es escritor, después, para sobrevivir, no te queda de otra que buscar otros oficios.

Y en el Fondo de Cultura Económica, ¿tuvo oportunidad de conocer a Blanca Varela, en esa época?
A Blanca Varela no la conocí. Yo creo que estaba en la UNAM cuando le dieron el Premio Octavio Paz a Blanca Varela. La fui a escuchar.

Porque ella, también, trabajó en el Fondo de Cultura Económica.
Sí, como treinta años. Yo creo que ahí la contrató Jaime García Terrés, seguramente. Era una extraordinaria poeta. Pero sí te digo: uno tiene que cuidar la jerarquía de sus oficios. Porque tienes que sobrevivir de algo. Como dijo un amigo mío: “Yo ya no quiero construir pianos para otros, yo quiero tocar mis propias piezas”. Tú construyes el piano y, a ver, te las doy a ti para que tú toques.

Señor Lara, ha sido un placer.
No, Hernán. Dime Hernán. Te felicito por tu (entrevista)…

Gracias.
Te dejo esto (su libro El guante negro y otros cuentos). Te voy a dar el librito de teatro (Ah Kin Chi. Profeta maya).

Para cerrar oficialmente: muchas gracias por la entrevista.
No, gracias a ti. Y por tu cuidado, te felicito, de veras. Es muy interesante que te prepares bien.

Muchísimas gracias.