viernes, 20 de julio de 2018

Julio Hevia



La verdadera dinámica de la lengua está en su flujo cotidiano, su fricción permanente”


Entrevista y fotografía por Gianmarco Farfán Cerdán


No hay duda que lo que hablamos dice mucho de nosotros. En nuestro Perú, la jerga -ese lenguaje cotidiano no oficial- que utilizamos a menudo en todos los sectores sociales, transmite nuestra irrefrenable pasión por la comida y nuestras vivencias sobre diversos tipos de discriminaciones, entre otros temas. Para indagar más profundamente en ese amplio espectro de significados, el reconocido Julio Hevia ha publicado este 2008 un libro fundamental: “¡Habla, jugador! Gajes y oficios de la jerga peruana”, el cual podemos definir como un análisis certero e interdisciplinario de nuestra oralidad.
 
Julio Hevia es psicólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, magíster en Comunicación y Cultura por la Universidad Federal de Río de Janeiro, psicoanalista de la Escuela Freudiana de Lima y catedrático en las facultades de Psicología y Comunicación de la Universidad de Lima desde hace más de veinticinco años. Asimismo, es consultor en temas de comunicación, publicidad y marketing. Ha publicado los libros “El limeño como estereotipo” (1986), “Pantallas, frecuencias y escenarios” (1994) y “Lenguas y devenires en pugna. En torno a la posmodernidad” (2002). Atento observador y estudioso crítico de los fenómenos sociales en nuestro país, conversamos con él sobre su último libro, el cual es una reveladora radiografía lingüística y social de cómo nos comportamos los peruanos con nosotros mismos. De cómo nos tratamos diariamente (y no pocas veces nos maltratamos) a través de la nunca bien valorada jerga. Hable, maestro.


Sobre su libro “¡Habla Jugador! Los gajes y oficios de la jerga peruana”, que usted dedica a todos los jugadores y jugadoras de la lengua.
Así es.

¿Cómo materializó algo que está en todos lados, pero nunca lo he visto en el ámbito académico tan trabajado?
Leí alguna vez un texto sobre la obra de (Jacques) Derrida -un texto que escribe Derrida y un discípulo de él, Geoffrey Bennington-, en el cual el discípulo toma el cuerpo principal del libro y en los márgenes escribe Derrida. Pero el libro (de 1991) es sobre Derrida y, en los márgenes, lo que hace Derrida es hablar de sus marcas biográficas, acontecimientos claves en su existencia, preferencias de autores.

Como un comentarista de su propia (vida)…
De sí mismo. O un comentarista del comentarista. Él dice que no hay nada mejor que el margen para observar las cosas. Entonces, podría tomar al pie de la letra ese asunto. Evidentemente, hay un lado marginal en el hecho de hablar jerga. Lo hay. Es definitivo. Y lo hubo más en otras épocas que hoy, en que se habría democratizado en gran medida. Pero también hay una cierta distancia respecto al entusiasmo colectivo, cierto anticuerpo ante los facilismos navideños, una cierta manera de no estar del todo o estar de a pocos. Algunas veces he dicho a los alumnos que quizá lo que es considerado un defecto en otra época termina siendo una virtud. Y ni siquiera en otra época: a veces, simple y llanamente al otro lado de la puerta. Porque el desajuste potencia la capacidad de observación que difícilmente tiene el ajustado. El ajustado está muy ocupado en participar.

El ajustado social.
Exacto. El que está siempre en la ubicación correcta. Voy a caricaturizarlo más: el self made man (expresión norteamericana que se refiere a una persona que se hizo a sí misma) o el que ya realizó “el sueño americano. El otro, lo quiera o no, observa más, marca más su distancia. Me he nutrido harto de eso. Me hizo ir y volver de cantidad de ámbitos. A tal punto que terminé siendo equidistante de todos los lugares en los que anduve, los que aprecio casi de igual manera.

¿Y dónde ha encontrado más cantidad de jergas -calificativas-: de los estratos altos a los bajos o de los bajos hacia los altos?
Últimamente, yo diría que hay un trabajo también de descenso. Pero lo típico ha sido un trabajo en ascenso o un trabajo casi hermético que -en el mejor de los casos- ha circulado más bien horizontal: de barrio a barrio, de nicho a nicho. Y ha habido severas dificultades para hacer transferencias tecnológicas -por así decirlo- en otros periodos. Hoy quizá la tecnología, las nuevas sensibilidades juveniles, la saturación informativa -o lo que (Gilles) Deleuze y (Félix) Guattari llamarían los “devenires menores”-, lo marginal, lo chicha, lo underground, lo siniestro, lo barroco, adquieren un estatus relevante que, paradójicamente, nutre esta idea a veces equívoca de la democracia: todos tenemos lugar, todos tenemos un nicho. Ya nadie podría protestar porque a todos les dan, tarde o temprano, un lugar. Entonces, de este escenario polifacético, multiforme, incluso afín a las mutaciones y distorsiones continuas, la jerga se ha potenciado a sí misma. Y se ha potenciado porque la gente joven tiene, por necesidad o por un oportunismo marketero, un protagonismo que nunca antes tuvo. Lo viene teniendo, tampoco es de hoy día. Pero desde que los rebeldes sin causa o con causa se levantaron en el planeta Tierra, y conforme se fueron sucediendo movidas…

Antes de James Dean.
Claro. Fíjate, una cosa que dice Francois Truffaut, que es interesantísima, es que James Dean revolucionó la actuación cinematográfica porque -entre otras cosas- era miope. Y la miopía lo hacía moverse de una manera que no estaba programada en el guión. Según consigna Truffaut, James Dean es el primer actor en la historia del cine que le da la espalda a la cámara. A eso uno le podría añadir también, en la clase cinematográfica, que la profundidad de campo la inventa Orson Welles porque no tenía más rollos para terminar la película. La creatividad es afín a la necesidad y, en ese sentido, aparece casi por derecho propio el tema del recurso en el Perú. La jerga, en ese sentido, es un recurso.

Es una venganza, también.
Claro, es una venganza. Y yo diría una cosa que he venido, últimamente, trabajando en clase: es el gran disolvente de las diferencias. En el mismo sentido que los chistes son disolventes, la jerga es un disolvente. Y el fútbol, cuando es exitoso, también lo es. ¡Qué sería de la identidad brasilera sin cinco campeonatos mundiales y unas escuelas de samba galopantes! Soy un ferviente defensor de la idea de que la jerga es un intercambio de figuritas. Ese es el tema. Y tiene todo el sentido infantil que la resonancia del término “figurita” genera.

¿Y qué opina de estos académicos que dicen que la jerga empobrece el lenguaje? ¿Es una afirmación cierta?
Lo primero que digo en el libro es que hay dos grandes prejuicios que se proyectan o tienden a colgarse -por así decirlo- del tórax de este efecto coloquial: uno, que es absolutamente hermético y, por ende, inaccesible. Y otro, que es la pura distorsión, la mejor ilustración de una errancia caótica de la lengua. Sin embargo, no hay lingüista en el planeta -de un tiempo a esta parte, o quizá desde el nacimiento de la lingüística- que no acepte que la verdadera dinámica de la lengua está en su flujo cotidiano, su fricción permanente, en el cruce de todas las fuerzas que la habitan. De ahí que haya trabajado mucho en este libro el tema del devenir, que es materia de un texto anterior. Si tú me preguntaras con que batería he trabajado, hay harta literatura…

Muchas referencias culturales.
Así es.

Mediáticas también.
Así es. Mediáticas y mucho de etnografía urbana, pero lo que me ha permitido entrar y salir de estas coordenadas y procurar su integración -o, por lo menos, su juntura transitoria- es la lectura que he hecho durante dos décadas del pensamiento francés posestructural.

¿Qué diría Ferdinand de Saussure (considerado el fundador de la lingüística moderna) si leyera su libro?
No sé qué diría, pero sí sé lo que dijo (Jean) Baudrillard de Saussure: que en verdad era curioso que le gustaran tanto los anagramas, pero que hubiera tanto del habla como fenómeno heteróclito. Baudrillard sugiere allí la hipótesis de que lo que hubiera querido en verdad Saussure era aproximarse con mayor frescura y menos escrúpulos metodológicos al ámbito de lo coloquial. Sin embargo, apelas a un (Claude) Lévi-Strauss y te das cuenta que no es gratuito que él haya clasificado a las culturas en orales y escriturales, y le haya dado a las escriturales un rango de civilidad de las que carecerían las culturas orales. En un primer texto que publiqué, titulado “El limeño como estereotipo”, yo decía que…

¿Del año (19)86, verdad?
Exactamente. Si hay tres cosas que hacemos acá, esas son, justamente: lorear, tragar y chupar. No solo son tres actividades que se hacen con la boca sino que, por el mismo hecho de hacerse con la boca, mueren en el acto.

Y es en esas actividades donde más jerga se habla.
Exactamente. Entonces, entre lo que he llamado los grandes containers (contenedores, recipientes) de la jerga están: el mundo de la bebida, de la comida, y una serie de prácticas como el fútbol, la juerga nocturna, el “boleto” (estar de amanecida), la violencia citadina, el sexo, que tienen que ser habladas.

Las mujeres son una fuente infinita de jergas.
Claro. Y, últimamente, hay una variante interesante: la mujer se ha venido a sumar en términos activos y no solamente como musas de la inspiración textualizada o verbalizada. Un amigo jura que “forro” como equivalente a “calzón” es un invento femenino. Que él lo escuchó por vez primera en boca femenina. Tú verás que este libro -buscando referencias notables- es un poco como algunas cosas de (Guillermo) Cabrera Infante o de (Julio) Cortázar, en el sentido de que puedes entrar al libro por cualquier lado. No hay una secuencia fija que seguir.

Pero hay temas definidos.
Eso sí. Los temas son autónomos. Eso le permite al lector trazar su propio mapa. O mejor dicho, su croquis, para no hablar en términos tan oficiales.

¿La jerga afianza los estereotipos o ayuda a que no se sientan tanto?
Diría que hacen ambas cosas. Los ratifican en gran medida, pero también los multiplican y, en algunos casos, los debilitan. Por ejemplo, el estereotipo del pendejo se ha ido diluyendo entre el “pendex” y el “pendeivis”, y la variante del reflexivo “pendejear”. Una de las tesis que sostengo en este texto es que desaparecen los personajes para que se afirmen, se abstraigan o adquieran más relieve los atributos, los rasgos. Antaño teníamos un “rochoso”, hoy día solamente hay “roche”. Antaño teníamos un “conchudo” o un “fanfarrón”, hoy solamente hay “floros”, “floreros” y “roches”, a secas. Entonces, empiezan a multiplicarse las entidades y los calificativos son cada vez más situacionales. Por supuesto, en otro sentido, tienes cantidad de personajes a los que tengo especial afecto: el “palomilla de ventana”, el “Tarzán de maceta”, el “gil de combi”.

El “muñeco de torta”.
El “muñeco de torta”, el “galán de piscina”, personajes que están todos como recortados por la cintura. Son casi como los planos medios de la cultura coloquial y, por supuesto, grafican esta tendencia feroz que tenemos al “bajoneo”. La idea es “bajonear” (propiciar el declive del otro, desautorizar) al otro. Hacer de la “noica” (onda persecutoria) un recurso que te obliga a la anticipación continua y, en el camino, acostumbrarse también al “maleteo”. Las figuras del cuero, por ejemplo, tipo “maleta”, “chaqueta” y “cuero” propiamente dicho, dicen mucho de cuánto…

Perdón, “cuero” creo que vino de México primero.
Seguramente.

(Se habla) en las novelas mexicanas.
Así es. Hay que superar un poco esta temática de que gran parte de lo que se habla viene de otra parte, porque yo en lo que más me fijé es: lo que viene de otro lado también es materia de un marcaje, de una mimesis. Que “brother” se transforma en “broster” o que “sister” se transforma en “cisterna”.

Se peruaniza.
Así es. Y que la “aguja” mexicana, que tiene que ver con el “cuadre”, remite acá más bien a la miseria económica. Tiene un efecto metonímico, que pasa del instrumento amenazante al efecto de una operación probablemente desarrollada como ese instrumento amenazante. Entonces, si algo he perseguido en términos de dispositivos o de operaciones lingüísticas en el libro, es esa transformación continua que hace que la gente no precise de conocer el origen de la genealogía de la expresión para emplearla. Es más, yo diría a la inversa: precisa no conocerla para poder trabajarla con limpieza, sin escrúpulos, sin convertirse en un erudito. La gente que habla jerga no es erudita. Y si lo es, es solamente de la jerga que habla en ese momento. Lo otro se expectora, evacua, renueva o se coloca en un ánfora hasta una próxima reivindicación.



La feminización del sexo

En general, ¿en qué ha cambiado la sociedad peruana que usaba las jergas de los años sesenta a la que se usa hoy en día?
Por ejemplo, en términos de prácticas sexuales, lejos de que todo tenga que ver con la consumación, la penetración, la posesión, hay una especie de feminización de esas prácticas que, a su vez, te reenvían al hecho de que se ha descubierto el valor del proceso, de la mediación.

Los “previos”.
Exactamente. Que no en vano tienen un valor incluso social, y explica lo que alguna gente ha señalado respecto al fenómeno del éxtasis. Por ejemplo, habría menguado un poco la cosa libidinosa obsesa. Y la habría llevado más por una especie de sensualización del contacto, de vínculos más fraternos. Lo que, en clave psicoanalítica, entraría por el lado de la genitalidad. Por ejemplo, en el cambio del “polvo” al “agarre”. El tema del “choque y fuga”, el “agarrón”, en desmedro de lo que se cree, de que todo el mundo está apremiado. La idea es emplear el mínimo tiempo, desde esta perspectiva posmoderna. Ha habido una puesta entre paréntesis de ese productivismo y una revaloración de lo sensual.

A primera vista, uno pensaría lo contrario.
Exactamente. Pero hay más de un indicador que doy en el texto que apunta a este regodeo en la pérdida, en lo que podría ser el preludio, el interludio, la postergación continua, la no búsqueda obsesa de un propósito, de una finalidad. El mero hecho de que el ocio termine siendo en el mundo actual una suerte de desafío al propio ámbito de lo laboral.

¿Ahora hay más “vacilones” de los que había antes? Ese mismo tema del ocio trae los “vacilones”, a las chicas para estar un rato.
Así es. Exacto.

¿Eso se da más ahora?
Cero compromiso. Cortos plazos, experiencias ávidas de… A lo que apuntábamos era a esto: quizá en la medida en que el futuro desaparece, la gente le pierde credibilidad, se caen los grandes referentes, no hay Dios, no hay justicia, todo es corrupción.

Más pragmatismo.
Exacto. Entonces, la gente se apunta mucho en el presente y, aparentemente, ese presente no es un tema de apremio. Al contrario, la idea es estirarlo. Son estructuras que se van deformando, estirando, contrayendo, en función de los intereses de cada cual.

Pero también hay una parte de “carpe diem” (“aprovecha el día”), disfrutar el momento.
Claro. Pero yo digo que una cosa no niega a la otra.



La crueldad es peruana

Hay un tema de su libro que me llama mucho la atención: la crueldad. ¿Cuánto de crueldad tienen los peruanos al hablar jerga?
Creo que la crueldad en el peruano es algo así como la crueldad en el niño. Es un tema estructural.

Inevitable.
La gente no es como debe ser, la gente es lo que le toca. Y yo diría que, en cualquier contexto y coyuntura difícil, la problemática determina un poco el modo de ser de la gente. Hay demasiadas deficiencias.

Propias del tercermundismo.
Sí. Y, además, propias de un país maltratado en términos culturales. Un país al que le cuesta trabajo creer en sí mismo.

¿Maltratado por la Historia?
Y por sus propias élites. Cuesta mucho consolidar las marcas identitarias en este país, mucho más fácil es remarcar las diferencias. Esto me hizo decir en algún momento que, probablemente, nuestra cultura no sea una fábrica de diferencias sino una multiplicación de ellas. No es que estemos parados en el mismo lugar en el que estuvimos hace treinta o cuarenta años, pero todavía tenemos harto trecho por recorrer. El fantasma etnocéntrico sigue siendo un lastre enorme.

Por algo Jorge Bruce escribió “Nos habíamos choleado tanto” (2007).
Está vendiendo como pan. Y siendo un texto…

Psicoanalítico.
Claro. Pero voy a lo siguiente: nuestro nivel de exigencia es bajo, nuestro nivel de competitividad es bajo. Los circuitos tienen dueños. Hay oligopolios, oligarquías que se renuevan, que se transmiten. En un país como este, la existencia de un balneario como Asia, lo dice todo.

¿Qué cree que haya más adelante, con el aumento de los llamados “nuevos ricos”: un balneario de Asia por el cono norte o el cono este?
Creo que hay dos líneas: la de la afirmación de una cultura alternativa, divergente, distinta, pero también el tremendo influjo, la tremenda seducción que suscita la cultura blanca. Hay esas dos tendencias, de cuya coexistencia creo que va a salir una cosa interesante. Apuesto por el tema de la bifurcación, de la multiplicidad.

¿Cuánto de racismo se expresa a través de la jerga en nuestro país?
Es imposible dimensionar el tema de la discriminación en el sentido amplio, de todas las discriminaciones posibles: por razas, clases, generaciones, sexo, sin respaldarme en el espectro lingüístico del caso. Es un espectro lingüístico humorístico, con su filón cruel -en algún caso- y otro que, de repente, pueda disfrazarse de tonalidades más “sweets”.

Un humor muy burlón.
Eso es parte de una cultura escolarizada. Habría que ver cuánto del intercambio de figuritas conecta también con un régimen escolar del que nunca salimos acá, en la medida que la idea es burlarse, sistemáticamente, unos de otros y todos de cada uno. Entonces, estas cuestiones que circulan por Internet, tipo “le dicen Nextel porque nunca será Claro” o “negro en la tierra: petróleo” o “negro que corre: llanta” suponen abstracciones más duras porque ya no apuntan a la burla del personaje antropomorfizado sino que ya, directo, es objeto. Ha sido cosificado sobre la base del entendimiento de que se están refiriendo a un sujeto de otra raza. En otras épocas, apelaban también a esta defensa capitalina contra los migrantes o la distancia respecto a la doméstica. Recuerdo: le dicen a una chica de provincia: “¿A dónde vas? A Tengo María”, “¿Tienes plata? No tingo”. Ese es un fenómeno estudiado en los quechuaparlantes. Se llama fluctuación vocálica. Ahí, donde deben decir “tengo” dicen “tingo” y donde deben decir “tingo” dicen “tengo”. No es imposibilidad de decirlo, es imposibilidad de decirlo en el punto correcto.



La interdisciplinariedad es el futuro

Siendo usted psicólogo y comunicador, ¿cómo se explica un psicólogo a sí mismo haber escrito un libro lingüístico?
Tiene que ver con una trayectoria y unas preferencias disciplinares o transdisciplinares.

Después de escribir este libro, los lingüistas lo van a llamar a sus coloquios.
En la misma presentación (Hevia me muestra la solapa de su libro) he hecho una suerte de compendio de mi trayectoria académica. Aparece, en primer lugar, lo que tiene que aparecer por cuestiones cronológicas: la profesión de psicólogo. Pero todo lo demás, incluso los títulos mismos de los libros, no llama a pertinencias psicológicas. Parto de una crítica -que, en mi caso, ya es histórica- a los fundamentos ideológicos de la psicología, a un cierto esquematismo, y al carácter a veces tozudo con el que insisten en un conjunto de reduccionismos. Que, en lo sustancial, van a ser caracterizados por hacer girar toda entrada a fenómenos complejos, a la pura motivación, al puro espectro actitudinal o al perfil de la personalidad. Entonces, la psicología está demasiado descontextualizada en una serie de aspectos. Ha detectado mecanismos interesantes que pueden ser transversales o quizá universales, pero le falta rollo etnográfico, le falta encuadre histórico, le falta respetar variaciones culturales. Mi llegada a las comunicaciones es relativamente temprana. Trabajo en comunicaciones desde los ochenta. Acá, en la de Lima, tengo más de veinticinco años trabajando y desde el primer trabajo que hice, “El limeño como estereotipo”, yo estaba moviéndome en un rollo inter o transdisciplinar. Para muestra un botón: vamos a la bibliografía (empieza a buscar las páginas respectivas).

¿Su estilo barroco (de escribir) va a continuar en futuras obras que se refieran a temas lingüísticos?
Quizá madure más mi estilo, pero lo sustancial va a permanecer. Algunas cosas de estos matices ya los puedes encontrar anunciados más herméticamente en textos previos. Quizá el que más se parece a este puede ser “El limeño como estereotipo”. Pero mira (me enseña la página 345, la primera de la bibliografía): Gonzalo Abril: semiólogo. Pablo Alabarces: sociólogo metido en fútbol. Francesco Alberoni: un filósofo y tratadista de temas de moral. Verena Alberti es una filósofa metida en el tema de lo grotesco. (Arjun) Appadurai: sociólogo. (Philippe) Aries: historiador. (Marc) Augé: antropólogo. (John) Austin: lingüista.

Usted es interdisciplinario.
Sí. Me parece que es casi inevitable hacerlo así (y sigue revisando la bibliografía). (Gastón) Bachelard: esteta. (Elisabeth) Badinter: feminista. (Mijaíl) Bajtin: semiólogo muy metido en el ámbito del marxismo. (Étienne) Balibar: este es el que escribió con (Louis) Althusser “Para leer El Capital” (1965). Roland Barthes: semiólogo. (Jorge) Basadre… Entonces, más que en términos de disciplinas teóricas, te diría que mi búsqueda tiene que ver con bloques temáticos.

Lo último que le quería comentar: “¡Habla, jugador!” es el libro culto de la jerga peruana.
Espero que lo sea. En gran medida, oculto también. Culto y oculto. Como digo en algún momento de la introducción (va a la página 17 del libro)… Esto (lee la parte final del último párrafo): “La jerga, entonces, sería el lugar donde una cultura, menos cool o menos culta, más se muestra cuando más se oculta”. Este tema del secreto… Pero un secreto que termina secretando cosas. De un pretendido hermetismo que, mal que bien, cede a los intersticios y los intercambios. Por ahí va la figura que quizá he rescatado de tiempo atrás en la jerga. Una de las razones por las que demoré su materialización como producto más acabado era que -esto puede sonar a pretexto- todavía no veía condiciones. El SENAMHI no estaba conmigo todavía. Había mucho nubarrón en el horizonte y recién un mundo como el actual, mayormente acostumbrado a una crisis continua, descreído, escéptico -pero todavía suficientemente lúdico-, podía recibir con beneplácito este texto.


Nota: esta entrevista fue publicada, originalmente, en la revista digital “Sociedad Latina” en noviembre del año 2008.

lunes, 25 de junio de 2018

Irma del Águila



“Me interesa mucho explorar aquello que no se nombra”

Entrevista y fotografía por Gianmarco Farfán Cerdán

Un ojo casi cuadrado y morado, y otro llamativamente rojo, ambos bien abiertos, nos invitan desde la portada del libro de relatos “Mínima señal” (Fondo de Cultura Económica, 2017), de la peruana Irma del Águila (Lima, 1966), a introducirnos en sus breves e inquietantes historias. Un fragmento del cuadro “Abendliche Figur” (1935) del famoso pintor suizo Paul Klee ocupa esta portada y llama la atención de cualquier lector que se acerque, por primera vez, a este interesante libro que es “Mínima señal”.

No hay ninguno de sus relatos, durante sus 71 páginas, que nos deje indiferentes. Nos muestran cosas del ser humano que no queremos ver, nos llevan a visitar temores que solemos evitar, nos llevan a ver al otro (al supuestamente gentil prójimo) como alguien de quien debemos cuidarnos.

Desde hace años, Irma tiene un lugar ganado en la narrativa peruana contemporánea. Suele asistir, como escritora invitada, a las diversas ferias del libro que se realizan en Latinoamérica. Además, el año pasado presentó su novela “La isla de Fushía” en París. Sus relatos han sido traducidos al inglés y al francés. También ha publicado las novelas “Moby Dick en Cabo Blanco” (2009), “El último capítulo” (2001) y “El hombre que hablaba del cielo” (2011, III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro). Y en 2005 ganó el II Concurso Internacional de Cuentos de Lan.com y el diario “La Tercera” de Chile gracias a su relato “Primera travesía”. El premio fue un viaje a Nueva York.

Como socióloga de la Pontificia Universidad Católica del Perú, con una maestría de la Universidad de Nueva York y una importante experiencia como observadora electoral en Derechos Humanos de la ONU y la OEA, Irma tiene muchos intereses en todo lo social y político que acontece en nuestro Perú y en los países vecinos. También ha sido docente en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Sin embargo, ella se considera escritora, fundamentalmente. Conversamos, a profundidad, sobre ese potente artefacto literario que es su “Mínima señal”.

 
Muchas gracias por esta oportunidad para “Entrevistas desde Lima”.
Yo quería, primero, agradecerte a ti, Gianmarco, por la invitación. Siempre es un placer poder conversar con un lector tan atento como tú.

Muchas gracias. Lo último que has publicado es el libro de cuentos “Mínima señal” y es muy interesante, dado que es sobre cuentos que, por momentos, no parecen cuentos. Son relatos muy observadores, muy detallistas. ¿Tu intención, cuando empezaste hace quince años (porque leí que eran quince años que habías estado trabajando este libro), fue así? ¿Que fueran pequeñas escenas de momentos en la vida de distintas personas?
En realidad, no son quince años de largo sino que hay relatos que sí comencé a trabajar hace quince años. El de “Luces de las sombras”, por ejemplo, que está ambientado en Haití, tiene que ver con la misión de derechos humanos en la que participé en los años noventa. Tiene que ver con los casos de linchamientos populares que se produjeron luego de la intervención militar norteamericana que pone fin al régimen de facto, con el aval de Naciones Unidas. Expulsan a los militares, que a su vez habían dado un golpe de Estado al presidente Jean-Bertrand Aristide, pero en esos días que se desmoviliza el ejército haitiano, que se desmoviliza la policía haitiana, hay un vacío de poder. Y se producen linchamientos, saldando cuentas. Ese relato fue escrito hacia finales de los noventa. Hay otros que son más recientes, como la “Pared medianera”, que está ambientada en la Lima contemporánea, en algún lugar del cerro El Agustino, donde se lleva a cabo programas para construir una pared que separe las viviendas de un solo ambiente, para separar a los adultos de los niños, a los adultos de las adolescentes. Entonces, como te digo, son relatos que se han ido construyendo, algunos hace quince años y otros más recientes.

Justamente ese que has mencionado, “Pared medianera”, (fue) el que más me conmovió. ¿Por qué? Porque no solamente cuentas la historia del papá que vive con su familia y quiere darle su independencia a la hija separando el espacio dentro de la casa sino que, además, muestras la solidaridad que hay entre la gente de El Agustino.
(Irma asiente con la cabeza).

Cómo entre ellos van subiendo los ladrillos y el cemento. Entonces, me parecía que mostrabas parte de Lima, de un cono, y, además, mostrabas cómo un padre estaba preocupado por su hija.
Claro. Allí hay dos dimensiones. Una, de la que poco se habla, que es la capacidad de construir sobre la roca. Literalmente, sobre la falda del cerro están colgados. Es como una terraza. Como las terrazas que vemos en el Colca, que sostienen la vivienda. Sobre la ladera está recta, se cava un poco por dentro del cerro y el resto se va construyendo. Esa superficie está construida por la intervención de los vecinos. Esta terraza con relleno y todo. Por un lado, se echa mano de técnicas antiguas. Por otro lado, están suspendidos, prácticamente, en el aire. Yo creo que esta figura expresa muy bien la situación de cómo migran millones de peruanos, construyendo en el aire. Y volviendo a tu primera pregunta, me interesa mucho explorar aquello que no se nombra, explorar atmósferas de acechanza, lo inminente que no llega. Son cosas sobre las que no solemos escribir, pero están ahí latentes. Lo que Freud llamaba “lo extraño dentro de lo familiar”. De repente, están ahí y nos perturban por una fracción de segundo y luego volvemos a nuestra cotidianidad. Es eso lo que cruza por nuestra mente mientras conversamos con alguien, las reflexiones que tenemos cuando saludamos a alguien. Son estas cosas que nos invaden, sobre las que no solemos escribir y tienen muchos sentidos. Pensaba escribir sobre lo que no ponemos sobre la mesa, sobre la superficie. Porque también decía Freud que lo que interesa, en una cuestión de psicoanálisis, no es solo lo que el paciente nos dice sino lo que no nos dice. Es decir, los silencios están cargados de sentido, las omisiones también, los actos fallidos también. Esa otra dimensión es la que me interesaba explorar en estos relatos. Y en el caso de “Pared medianera” también. La violencia, la promiscuidad que puede haber de cuerpos entre padres e hijas, entre tíos y sobrinas que están conviviendo en un solo espacio, espalda con espalda, hombro con hombro. Eso, en un momento en que las inhibiciones desaparecen…

Es peligroso.
Puede ser peligroso. De hecho, el programa se hace, sobre todo, con el apoyo de las madres de familia, que son las que han impulsado este tema. De nuevo, por razones que ellas mismas no van a enunciar, pero que todas comparten.

Es algo tácito ya.
Exacto. Eso es lo que me interesa: no tiene que hablarse. Al final del relato, la madre solo dice: “Prevención”. Y es como una palabra mágica que lo dice todo.

Muestras, justamente en ese cuento, que podría ser que el padre no estuviera de acuerdo, pero él está tranquilo. No es un personaje problemático.
Es un personaje que siente que, al separarse del cuerpo -digamos- de su hija, es un acto de amor. Al final, él se imagina cómo la hija está en otro lado.

Está con sus amigas.
Riéndose, pensando en lo que harán en la calle, porque ya es una adolescente. Es algo que perturba al padre.

Pero no lo puede evitar.
Claro. Que no tenga control sobre esta (adolescente) que, además, se está convirtiendo en mujer y es su hija. Que salga en la noche, una noche oscura, y a un lugar donde él no podrá vigilarla.

Es parte de crecer también.
Sí.

Irma, tú comienzas a publicar a fines de los noventa y has estado trabajando en temas de derechos humanos con la ONU y la OEA. Entonces, quería preguntarte si es que toda esta experiencia tan fuerte de ir a Haití, vivir en Haití, ver todos estos problemas gravísimos de corrupción, falta de todo...
(Irma asiente con la cabeza)

…fue el detonante para que empezaras a publicar. Ya no a escribir, porque tú escribías desde niña. ¿Sentiste que la sociedad o, en todo caso, los lectores de acá deberían saber muchas de estas cosas?
No. Empecé a escribir pequeñas cosas. Y tenía en el cajón… Estos relatos se fueron acumulando durante veinte (años).

Quería comentarte de tus otros cuentos. Por ejemplo, el cuento del señor que trabaja en el colegio con las niñas (“La piscina”). Un anciano y se nota que tiene algo patológico o enfermizo con los fluidos de las chicas. Has tocado ahí, tangencialmente, el tema de las amenazas que siempre hay para las niñas en los colegios. En general, de tus personajes de tus siete cuentos la mayoría son chicas. Solo hay dos (varones), que son Martín de…
“Ecos de la selva”.

…“Ecos de la selva” y el otro señor, de la “Pared medianera”.
Sí.

De ahí todos los demás son mujeres. Aparte de este tema que has tocado, de la amenaza masculina siempre cerca de la mujer, sobre todo de las menores, veo que también tienes un lado muy político, muy social. Tu profesión es socióloga, tienes una columna en “La Mula”, en la que has escrito temas políticos.
Me invitaron a colaborar con “La Mula”. He publicado este artículo, pero no publico regularmente en “La Mula”. Pero sí, evidentemente, he publicado cosas esporádicamente. Además de socióloga, he viajado como observadora electoral en Haití y en Colombia.

¿Sientes que eres una escritora comprometida, en ese sentido?
No me gusta usar la palabra “comprometida”. Simplemente interesada en seguir estos procesos.

No todos los escritores tienen ese interés por la realidad. Ahora, muchos quieren vivir solo en la literatura, como en una burbuja. No es tu caso.
Es su derecho. Cada uno tiene intereses particulares. En ese sentido, no creo que (haya que) imponerle la agenda a nadie. Yo no creo tampoco en la literatura -entre comillas- comprometida. Hay un interés en procesos. Por ejemplo, en la realidad diversa, multicultural del país. Esto se verá reflejado en los personajes y en las tramas que se vayan construyendo, agrega riqueza argumental, pero no creo que la agenda deba imponerse sobre la narración. Aunque, definitivamente, puede existir un vínculo invisible entre la mirada y lo que luego se convierte en un texto narrativo, pero lejos de querer imponerle agendas.

¿Eres una mujer de izquierda?
(Hay) derechos ciudadanos respecto no solamente de sus cuerpos, no solamente de la libertad de expresión, sino también derechos colectivos de pueblos que tienen que ser reconocidos. Creo que hay mucha agenda por construir en este país. Si eso puede ser considerado progresista: sí, definitivamente. Pero se mira con sospecha. Mucha gente nos mira con sospecha. Curiosa y paradójicamente, admiran países como Alemania o Francia y les gusta viajar y está muy bien que así sea, pero no ven el lado de la modernización. Es decir, ven la infraestructura, los puentes, las carreteras, las ciudades modernas, los edificios o la herencia cultural, el patrimonio, pero no ven la modernidad. Es decir, las relaciones sociales que estas sociedades promueven. Sí creo que lo podemos llamar progresismo, aunque tampoco soy partidaria de usar muchas etiquetas. Hablemos de una agenda progresista.

Sí hay algunos escritores que lo tienen como una bandera casi. Por ejemplo, Diego Trelles Paz. Que, evidentemente, se asume como un escritor representante de la izquierda peruana. Y lo manifiesta.
Cada quien tiene el derecho de ubicarse en la posición que desee. Respecto de una literatura comprometida, creo que el texto literario no está sometido a una agenda. Sin embargo, puede transparentar una sensibilidad.

Quería mencionar ese breve cuento de la mujer que está en su cuarto y entra la paloma intrusivamente: “Tu voz existe”. Como dice Carmen Ollé: parece como si estuvieras en un sueño. La protagonista le deja el cuarto al ave, pero yo me preguntaba si eso, de repente, era una especie de sueño surrealista…
Funciona como la metáfora de lo que comentábamos al inicio: lo extraño que irrumpe dentro de lo familiar. Aquello que perturba y que ingresa de manera forzada a trastocar la calma, la tranquilidad del hogar, la rutina. No es literatura fantástica justamente y eso es lo perturbador. No lo podemos considerar literatura fantástica porque es algo que circula fuera del mundo: los seres fantásticos, los elfos, las hadas, los monstruos. No. Lo extraño perturba porque circula dentro de nuestra vida. Nos puede remitir a algo: ¿por qué esa fobia? Justamente una amiga me comentaba lo mismo: que ella sentía una profunda fobia por las aves. ¿Qué hay detrás que nos mueve, que nos perturba, que puede marcarnos un día?

“Los pájaros” (1963)…
Exacto.

…de Hitchcock.
Y no es necesario poner palabras, porque no hay palabras sino esta sensación de estar caído en desgracia durante unas horas.

Irma, tenía una curiosidad final: siendo tú hija de la famosa diseñadora (de modas) Norka Peralta, ¿nunca te ha atraído hacer relatos o, de repente, alguna novela sobre el mundo de la moda?
No. Yo creo que en casa de herrero, cuchillo de palo (sonríe). Mi hermana menor es la que se dedica, la que sigue la tradición, en todo caso.

¿Qué te dice tu madre sobre tu faceta de escritora?
Bien. Que cada día uno se desarrolle como quiere. Felizmente, para ella y para todos, mi hermana menor está siguiendo la tradición del negocio familiar.

Tu próxima novela: leí que va a tratar sobre los desertores.
Sí. Pero acabo de terminar una nouvelle antes, en este verano, y tiene que ver con la enajenación. Ya creo que podré dar la noticia a finales de año.

Para 2019, más o menos, estará publicada.
No lo sé. Vamos a ver. Ya estoy terminando la redacción.

Excelente. Muchas gracias, Irma.
Gracias a ti, Gianmarco.


sábado, 23 de diciembre de 2017

Genaro Urbina




“Mi obra es como un grito pictórico, un grito de libertad”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán

 

Una de las mejores exposiciones de arte en Lima durante este año 2017 vino desde la hermosa Cajamarca, gracias a Genaro Urbina (Cajabamba, 1949). Así como el año pasado el también cajamarquino Joan Alfaro deslumbró con su original muestra “Raíz”, este 2017 Urbina ha impactado muy gratamente con su colorida y magnífica exposición de pintura “El Neoindigenismo de Urbina”. Esta se llevó a cabo, durante todo noviembre, en la Casa O´Higgins del Centro Histórico de Lima.

Radicado en Francia desde hace décadas, en la siguiente entrevista Urbina nos cuenta sobre su visión del arte y su trayectoria como pintor. Él ha logrado ser invitado a exponer su valioso trabajo en diversos países europeos. Asimismo, ha recibido distinciones como la Mención Especial y Honorífica en la Novena Exposición del Chateau de Ferrieres y el Segundo Premio en el concurso de pintura “Lions International”, ambos en Francia. De igual forma, obtuvo el Segundo Premio en el concurso nacional “Inkarri” en Trujillo.

Fue un placer apreciar sus obras “Indio de los Andes”, “Sikuris”, “Perfiles de la vida”, La menina de Cajabamba”, “La menina de Mochicao” y “Menina de Ancash” en su muestra realizada en la Casa O’Higgins. Su amor por las costumbres, vestimentas y bailes del Perú profundo estaba claramente manifestado en cada una de estas obras. Urbina es un artista que siente al Perú en cada trazo que da sobre el lienzo.


Muchas gracias por la oportunidad para “Entrevistas desde Lima”. Esta exposición “El Neoindigenismo de Urbina”, ¿cuántos años de trabajo encierra?
Muy buenos días. Me encuentro en mi exposición en la sala O’Higgins, en el Jirón de la Unión. Los invito para apreciar estas lindas pinturas. En “El Neoindigenismo de Urbina” yo trato de rescatar nuestra cultura, mantener una llamita de nuestra cultura siempre prendida. Podrán apreciar, por ejemplo, el color, el movimiento, lo divino. Pinto, entre comillas, lo divino, el movimiento, las fiestas, las danzas, y trato de hacer que nuestra cultura permanezca siempre viva.

Veo que hay muchas “meninas” de todo el Perú. Usted ha querido reflejar a la mujer peruana, sobre todo a la mujer del pueblo peruano, con mucho color. Mucha inventiva, también.
En “El Neoindigenismo de Urbina” tengo una serie de las “meninas”. ¿Por qué “meninas”? Digamos, inspirándome en el pintor (Diego) Velázquez y para hacer este nombre de “meninas” más universal. Que podía haberse llamado “collas”, pero a las chicas de la costa llamarlas “collas” quizás no era el término apropiado. Las meninas de Urbina son doncellas peruanas que yo propongo y serán 24. Las estoy haciendo, la serie será de 24 meninas. De Cajamarca, de Lambayeque, de La Libertad… Estas meninas representan a cada departamento. Los valores que hay en ese (departamento), la cultura y sus danzas. Por ejemplo (muestra un cuadro), aquí estoy representando la menina de La Libertad: podrán apreciar toda la simbología moche. Vemos las olas de la cultura Mochica, los ojos encontrados en algunos personajes en la Huaca de la Luna. Y acá tenemos unas narigueras de la Señora de Cao, pero yo he recortado esta nariguera para hacer aparecer los labios, para hacerlo un poco más sexy. Es mi manera de pintar. Y también vemos los tatuajes que se han encontrado. Esta representación de esta menina, llena de color, juega también entre lo abstracto. Todo esto es abstracto y figurativo.

Es un poco expresionista, también.
Sí, por supuesto. Por ejemplo, esto (señala otro cuadro suyo) es hecho con espátula. Trabajo de espátula que va formando unos personajes que van subiendo, y el color azul de los costados, por ejemplo, representa el mar, también. Porque esta cultura se desarrolló, prácticamente, en la costa. Podrán apreciar toda la simbología de los Mochica, Chimú.

Usted radica en Francia.
Sí, durante muchos años.

Ha venido a Lima para esta exposición.
Es la primera vez que expongo en Lima y estoy aquí, en esta sala O’Higgins, donde el público me alienta, viene mucha gente a conversar conmigo. Yo siempre estoy en esta sala para poder intercambiar con mi pueblo, si se puede decir así.

¿Usted se considera un pintor para el pueblo?
Sí. Ustedes podrán apreciar que mis pinturas vienen del pueblo y van hacia él.

Están llenas de mucho color. Me llamaban la atención estos rostros en los que usted hace una especie de luna de aumento en algunas pinturas.
Sí.

De algunos de sus retratos, de sus meninas o meninos.
Meninas o meninos. Lo que pasa es que en nuestras fiestas, en la sierra, siempre hay máscaras. Entonces, yo descubro la mitad de la máscara y dejo aparecer solamente un ojo, como en este caso (me muestra otra pintura). Por ejemplo, el ojito está acá y el resto ya es la máscara. Además, le agrego toda la simbología que se puede encontrar. Sea de los tejidos, sea de las cerámicas. Y, por ejemplo, en mi pintura, que es un poco estilizada, podrán apreciar que hay, también, un mensaje. ¿Qué mensaje? Este niño cusqueño está cogiendo un rayito de Sol en su poncho. Es algo poético, se puede decir. Imaginario. Calentarse con un rayo de Sol. Es, más o menos, la presentación de este cuadro.

O, también, este menino del Cusco podría verse como que el niño es un pequeño Sol.
¿Por qué no? Sí. Estos niños, cuando están contentos, pueden irradiar mucha alegría, mucho dinamismo, sobre todo, y un espíritu abierto hacia el mundo.

Usted que ha estado tantos años en Europa, ¿cómo ha sido su vida de pintor allá? Cuéntenos un poco, por favor.
Mi pintura en Europa ha sido difícil. El comienzo: difícil…

¿En qué año se fue a Europa?
Me fui en el año 1982. Allá estoy poco más de treinta años. Tengo un recorrido artístico regular, que me ha permitido ser un poco conocido allá. Estoy tratando ya de ser, también, conocido en el país. Ese es mi objetivo. Es por eso que ya he expuesto en el Cusco en dos oportunidades, en Arequipa en una oportunidad y en la ciudad de Trujillo, también. Esta es la primera vez que expongo en Lima.

Y allá, en Europa, ¿en cuántos países ha podido exponer?
En Europa he podido exponer en España, Alemania, Bélgica, Francia.

Y de todos esos países, ¿en dónde ha sentido usted que ha podido desarrollar mejor su arte?
Yo pienso que es Francia. Me ha dado bastante. He logrado mucho en París, ya que he podido exponer en el Grand Palais, el Gran Palacio de París, un sitio magnífico, donde exponen pintores de todo el mundo. Y esa es la suerte que he tenido. Y como es con jurado, yo pienso que, también, hay calidad, para que me hayan permitido exponer en ese lugar mítico.

Entonces, usted tiene su taller en Francia.
Sí, yo tengo mi taller en la ciudad de París, desde hace muchos años.

¿Y piensa tener un taller acá, en Perú, en algún momento, o solo ha venido de visita?
Me parece que no. Va a ser un poco difícil tener un taller aquí. Mis pinturas van a ser concebidas, creo, en la ciudad de París para venir a regalar al Perú estos colores que ustedes podrán apreciar.

Ahora hay un pintor joven y, también, de Cajamarca, como usted, que se llama Joan Alfaro y también está lleno de color. Es muy claro en los cajamarquinos el amor por el color. Un color fuerte, vivaz. Colores cálidos.
Pero no solamente en los pintores cajamarquinos. Más que todo, en los pintores latinoamericanos. En Europa se remarca el pintor latinoamericano por los colores, sobre todo. Esa es la base. Tenemos nosotros, en nuestros genes, el color. Es por eso que, inmediatamente, el pintor latinoamericano destaca por el color. Para terminar, quisiera decirles que mi obra es como un grito pictórico, un grito de libertad. Se puede decir que “Perú, tú que me has prestado tus colores y han atravesado los Andes, ahora he venido con todas estas obras a devolverte en imágenes, mi amor por ti. He pintado la alegría, tus fiestas, tus danzas. Gracias, Perú”.

¿Cuáles son sus influencias más inmediatas, sus influencias pictóricas más visibles?
Influencias hay muy pocas. Lo que me ha influenciado a mí es, en realidad, toda esa diversidad cultural que hay en nuestro Perú. Esa es la base. Es la influencia que yo he tenido y, además, agregando que yo he nacido en la sierra. Tengo vivencias de la sierra. Yo he vivido con las lluvias, el trueno, el relámpago, el canto de los pájaros. De tal manera que yo llevo dentro todo ese espíritu andino.

Yo me refería un poco más al lado técnico: ¿algún o algunos pintores de alguna corriente, escuela, que a usted le hayan interesado en el principio de su carrera o no ha habido alguno?
Se puede decir que no tengo una influencia completamente definida de algún pintor. No. Yo sé que hay grandes pintores, pero ninguno me ha influenciado. Porque tengo técnicas propias. Y pienso que el 80% o 90% es algo personal. Pero siempre un pintor tiene ciertas influencias de una manera inconsciente.

Que es algo normal.
Por supuesto. Es algo normal. Lo único que podría decir es que tomé “meninas” considerando a este pintor conocido, Velázquez, para universalizar el nombre de “meninas”.

Señor Urbina, le agradezco la entrevista y deseo que tenga muchos más visitantes en su exposición, que está muy bonita.
Gracias. Te agradezco mucho también, Gianmarco.