viernes, 15 de noviembre de 2019

Oswaldo Higuchi




“El pintor usa el color igual que el poeta usa la palabra”


Entrevista y fotografía por Gianmarco Farfán Cerdán


Para todo pintor es un verdadero orgullo llegar al medio siglo de trayectoria profesional y ser reconocido públicamente por ello. Oswaldo Higuchi Onaka (Lima, 1948) ha cumplido esos importantes 50 años de trabajo artístico en este 2019 y para celebrarlo presentó en julio la excelente exposición “Sentimientos, recuerdos, caminos” en el Centro Cultural Peruano Japonés. Fue una de las ocho mejores muestras de arte del año en nuestra ciudad capital, sin ninguna duda.

Higuchi ha sido Mención Honrosa del Salón de Pintura Peruana de la Municipalidad de Lima en 1969. Ese mismo año obtuvo el Segundo premio del Concurso de Pintura y Literatura de la Sociedad Entre Nous. Estudió en el emblemático Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe y en 1965 ingresó a la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú, donde fue alumno de los renombrados Milner Cajahuaringa y Carlos Aitor Castillo. Su obra ha sido expuesta en Chile, Uruguay, Japón, Canadá, Francia y el Perú.

En la siguiente entrevista, el destacado artista explica sus reflexivos conceptos sobre el arte y la vida, sus viajes a Estados Unidos y Chile durante el auge del hippismo, da detalles de su gran amistad con el poeta Jorge Pimentel y nos revela lo orgulloso que se siente como padre de que sus tres hijas y su hijo hayan seguido caminos profesionales relacionados con algún tipo de arte.

Muchas gracias por permitirme entrevistarlo, don Oswaldo. Son cincuenta años ya de trayectoria. ¿Cómo define usted estos cincuenta años en los que ha venido trabajando diversas técnicas?
Yo más lo definiría como un acto de vida, en el pasaje de lo que pasó a ser para mí una manera de expresar, más adelante, mis recuerdos. Porque puede ser la pintura, la escultura, una forma de expresión. Y cuando hablo de expresión, me doy cuenta de que no es hablar solo de expresión. Quieres decir cosas a través de tu experiencia, que vas asumiendo en la vida, entre el dolor, la pasión, la alegría. Y después te das cuenta que eso va también para la libertad. Entonces, todo eso. Es más: a los cincuenta años súmale tus años de niñez, que ya vienen a ser otra carga más, para ir reflejándola a través de tu arte. Y el encuentro mismo con el sentido de esto. Porque, a veces, uno se pregunta ¿por qué, para qué? El por qué puede ser para buscar más humanidad y más sensibilidad. Y después, equilibrio. Para ser más humanos necesitamos un equilibrio en nuestra vida.

¿Y usted cómo siente ser uno de los pintores nikkei más importantes, junto con Venancio Shinki, Tilsa Tsuchiya? ¿Es una responsabilidad para usted? ¿Es un orgullo?
No, yo siempre lo he dicho: me siento doblemente feliz. En el sentido de que, a través de mis ancestros, que son japoneses, y mi vida en sí, como peruano… Yo soy peruano. Son dos culturas y eso, a veces, es una suerte. En este caso, podría ser a través de la vivencia con la cultura de mis ancestros, japonesa, pero es más lo que en la vida se va formando uno. Eso es lo que más ha imperado en mi vida.

Y en su niñez usted vivió en Jauja.
Sí.

¿Cómo lo marcó a usted y cómo siente que ha influido en su pintura esa etapa?
Es parte de lo que uno empieza a ver en sus momentos felices, en la infancia, y cuando uno se va formando. Y los recuerdos que yo tengo de la infancia son felices, porque mi vida fue en el campo. Siempre pegado más a la naturaleza, ahí, en la sierra. Acuérdate que yo soy de una generación que pasó de la radio a la televisión. Es increíble todo lo que se ha ido viendo en el transcurrir. Y en tan corto plazo. ¡Imagínate! De lo que antes era audio, después (vino) lo visual y ahora en qué estamos.

Cada vez son mayores las maneras de expresarse para los artistas.
Sí. Con cierta brújula ahora, con la cuestión de la tecnología y el Internet. Deberían de manejarse con mucho cuidado porque pueden naufragar. Siempre he dicho que, para estar con la tecnología, el Internet y todo esto, hay que manejarse con una brújula, como un buen marino. Porque si no puedes naufragar. Tienes que saber manejarte en este sistema.

Veo que en muchas de sus obras está el color muy presente. Son colores fuertes. ¿Qué significa el color para usted, como artista?
Siempre lo he visto como una forma. El color por sí solo, a veces, puede hablar. Es como una palabra más. Como la poesía. Entonces, a través del color tú puedes generar la belleza, la sensibilidad, el espíritu, el dolor, la amargura. El color tiene su lenguaje. El pintor usa el color igual que el poeta usa la palabra. Yo siempre comparo con la poesía, en el caso de mi trabajo. Yo siempre lo veo así, desde un punto de vista estético también.

Usted está muy relacionado con el Movimiento Hora Zero.
Por generación nos hemos relacionado. Siempre nos encontramos. Incluso, cuando yo andaba en Bellas Artes. A veces, frecuentábamos los bares de ese entonces, como el Munich, y ahí nos encontrábamos con los poetas.

Confluían.
Y fluíamos. Generacionalmente, más con la gente de Hora Zero. En este caso, con Jorge Pimentel, Enrique Verástegui, que ya no está, y así.

Justamente, Jorge Pimentel le ha dedicado un poema.
Sí.

A su trabajo artístico.
Sí, somos grandes amigos. Siempre estamos conversando de todo lo que pasa, de todo lo que no va a pasar y que no queremos que pase. Solemos reunirnos los dos, tomando un cafecito, haciendo un poco de tertulia sana.

Usted, en la visita guiada (de su exposición artística “Sentimientos, recuerdos, caminos”) me comentó algo que me parece magnífico: que “la pintura es poesía”. ¿Es una reflexión a la que usted llegó de manera propia o, de repente, la escuchó de algún otro artista o escritor?
No creo que lo haya escuchado. Yo creo que es no solo la relación que he tenido con los poetas. La poesía me encanta, el uso mismo de las metáforas y que a través de la palabra se puede generar tanta belleza. Y la simplicidad que, a veces, de una o dos palabras te crean un universo. Creo que eso es lo más complicado en la pintura: hay que ingeniárselas para tratar de llegar a ese universo de sensibilidad. Y la sensibilidad no es para uno sino para transmitirla a otras personas. A todos los que tratamos de cumplir una función para que este sistema no se vaya al tacho, que sea más humano.

¿El neoliberal?
Claro. Que sea más humano, más reflexivo. No es solo criticar el holocausto sino que con lo que tú haces, si lo haces con amor, ayudas algo. Lo que tú hablabas enantes, lo del ego y todo eso son cuestiones que uno tiene que ir despercudiéndose con el tiempo. Por eso es que quizá me demoro un poco para hacer una exposición, como Jorge (Pimentel) también se demora mucho para hacer un poema. Lo re-corriges, lo corriges. Yo también. Igual. Redibujo y vuelta dibujo y lo redibujo para lograr eso, lo que uno quiere. Haces el esfuerzo.

¿Alguno de sus cuadros podría decir que es “el cuadro” que usted ha logrado o todavía siente que ese cuadro va a llegar?
No creo. A veces, ni con los hijos se puede hacer eso. Crees que ahí terminó. No. De repente, tienes una relación muy dolorosa en cierto momento. Su rebeldía. O tú actúas mal con tus hijos, entonces tienes que… Parte de (ser) un ángel protector. Así como yo fui con mi padre, rebelde, que esto, que el otro, entonces ahora me toca a mí. Me tocó en un momento ser más protector, ahora ya no. Ahora, ellos (sus hijos) ya se dan cuenta, porque pasan a ser también ángeles protectores. Esa es una metáfora, la de los ángeles, en el sentido no religioso ni nada. Es una metáfora de lo que encuentro a través de esa actitud que tiene la gente sobre los ángeles. Es una reflexión, nada más, en el sentido de que se entienda más lo de ser ángeles protectores.

Y, justamente, en varios de sus cuadros se ven personajes que parecen estar flotando en un ambiente onírico, como si fueran ángeles.
Eso es porque estamos flotando, pues. ¿Sí o no? Lo único que nos hace no flotar es sentir que somos terrenales, que somos seres humanos y estamos pegados a la tierra. Para mí, esa es la relación que hay entre la pintura y la poesía.

Usted ha tenido apoyo de sus padres cuando quiso ser artista. Y ahora que usted ya es un artista con nombre, su hija -no sé si sus demás hijos también- le hace la curaduría (de la exposición). También está ahí con usted. El tema familiar es muy fuerte para ustedes.
Sí.

Hay un tejido familiar muy fuerte para poder ser artista, en su caso.
Claro. Mi padre, una persona que se esforzó para poder apoyarnos, siendo migrante, gente de trabajo de campo más que todo. Porque la familia de allá, de Japón, venía de dedicarse a la agricultura y el sembrío de té en la zona de Fukuoka. Entonces, él con su humildad, acá me dijo: “Bueno, tú escoges eso, pero acuérdate que los pintores se mueren de hambre. Pero ya tú verás”. Eso ya fue parte de un apoyo, el de no oponerse, pero sí decírtelo: “Aquí te vas a morir de hambre”. En lo otro, de repente, salí ganando, porque no me he muerto de hambre, porque estoy lleno de espíritu.

Claro.
Y eso es lo importante, ¿no?

¿Y cómo fue cuando su hija Patssy le dijo que quería ser artista profesional?
Yo creo que para ella fue más fácil. No solo mi hija, mi otro hijo también.

¿Todos sus hijos son artistas?
Los cuatro siempre han estado ligados al arte. Mi hija, la mayor: la fotografía. En un momento lo dejó. Mi hija, la última, es profesora de danza. Patssy es artista plástica. Mi hijo también es artista plástico. Y él es más desprendido, incluso. Es de pura adrenalina. Es artista urbano.

Grafitis.
Sí. Ya se hizo muy conocido. Es tan desprendido, que trabaja con un seudónimo, que es “Pésimo”. Aparte de eso, pinta en las calles y hace bien sus trabajos. Pero mañana viene un (agente) municipal o lo tapan todo para poner una propaganda política. Entonces, es increíble ese desprendimiento que él tiene con sus trabajos.

Aunque sepa que es efímero.
Sí. Para él está bien claro que su pintura es efímera. Ahora último, poco a poco, va entrando al trabajo de galerías.

¿Podría contarnos un poco cómo fue su experiencia en los Estados Unidos durante la época hippie? ¿Cómo le amplió la visión del mundo?
Esa fue una tremenda y gran experiencia. Yo tenía que salir del país, porque si no perdía el premio que me habían otorgado. El premio era un pasaje de ida y vuelta a Estados Unidos y con un travel check, que era de la Grey House. Una chequera increíble. Esas cosas yo no sé si en Estados Unidos mismo lo tendrá cualquiera. Era una chequera con seis tickets, pero imagínate 50 hojitas con una chequera. Y cada ticket era una subida a la Grey House. Yo llegué a Los Ángeles y me crucé todo Estados Unidos. Ida y vuelta hasta Los Ángeles, para regresarme al Perú. Todo ese trayecto era con el boleto de la Grey House. Yo tenía problemas con el idioma, pero me familiaricé con la Grey House. Ahí era mi bus cama. Caminaba en un pueblo de Estados Unidos y en la noche ya me embarcaba y seguía. Así llegué hasta Nueva York. Hay un montón de anécdotas que me han pasado, anécdotas de vida. Un festival de rock que se hizo en Monterrey, cruzando el puente San Francisco: yo qué iba a saber que eso después era el segundo festival (en importancia) y uno de los más grandes, como Woodstock. El problema era la libertad, la vida y empecé a familiarizarme con trabajos de la gente que hacía pop art y que nunca había visto acá. Eso también me llamó la atención mucho. Y después conocí personajes que eran Andy Warhol, Frank Stella, Robert Indiana y más atrás. Gente con mucha experiencia. Empecé a ver a Robert Rauschenberg, a toda esta gente. No solo eso sino la acción misma del por qué estaba yo ahí y por qué eran todas las protestas con respecto a Vietnam. Eso empezó a moldearme. Eso era parte de mi vida, porque yo no estaba consciente de lo que era esa bendita guerra, pero sí veía que ahí, para ellos, sí repercutía. Aquí, como peruanos, no nos dábamos mucha cuenta de lo que realmente era eso. Después, por (las películas de) Hollywood, ya es otra cosa. Pero ahí, por la gente, la actitud.

Estaba muriendo mucha juventud en Vietnam, los enviaban…
Claro.

…por miles.
Por eso que cuando ya regresé, hice una muy buena relación con un amigo que estuvo en Vietnam, que era norteamericano, casado con una peruana. Y cosas así. Uno se da cuenta de eso. Lo mismo que mi solidaridad contra las acciones de Pinochet en Chile.

(Año) 73.
Claro. Yo pasé por Chile también.

¿Justo en ese año?
Antes. Apoyé a un grupo de jóvenes, me quedé en Antofagasta, trabajando con ellos, porque iba a llegar Salvador Allende a dar un…

Discurso.
…para que salga (elegido) Salvador Allende.

Haciendo campaña.
Haciendo campaña.

Usted llegó antes que lo (mataran) en La Moneda.
Sí. Y después me dio tanta tristeza lo que pasó en La Moneda. Entonces, todas esas cosas, generacionalmente, son fantásticas, por un lado. La invasión de la Unión Soviética a Checoslovaquia. Todos esos recuerdos están volcados acá (en su exposición individual de arte). No es solo una acción de lo que pasaba en el Perú, porque todo eso repercutía. Los actos de corrupción: siempre estamos tratando de liberarnos de eso, pero si ahora se han acentuado es porque esto tenía que venir así. Eso ya venía de los países con mucho poder.

Pero a pesar de todo, si bien usted tiene conciencia política, no se siente tanto esa carga política (en su arte). Más es una carga onírica.
Claro. Mi pintura no es un panfleto. Ese es un discurso. ¿Correcto? Mi pintura tiene que hacer lo que, supuestamente, yo debo hacer, que es poesía.

Además, tiene un estilo propio su pintura.
Claro. Entonces, tienes que remarcar eso. A través de eso mismo puedes estar mostrando el dolor, la soledad. ¿Eso no es duro?

Sí, claro.
Sentirse solo.

Es lo más duro de todo.
Claro. Tengo un dibujo que, incluso, te lo voy a enviar.

Muchas gracias.
Te voy a enviar la foto de cuando estaba en la sierra y lo hice. Que era de un señor que estaba en una cantinita, solo y embriagado. Esa imagen se me quedó grabada. ¡Hace cuántos años! Y te lo voy a enviar el dibujo. O lo voy a colgar en el Facebook en estos días. Porque ya lo desenterré. Necesita estar ahí.

Solo un comentario final antes de cerrar la entrevista. Me encanta su arte, pero me gustaría ver de usted alguna vez más retratos, porque tiene unos muy bonitos, tanto de niños como de su esposa, que están en el otro lado, en el hall (del Centro Cultural Peruano Japonés).
Sí.

¡Qué bonito dibuja usted el cuerpo, el rostro humano!
Gracias.

Ese era un comentario personal, más que una pregunta.
Yo no he dejado todo eso porque sí, sino simplemente es algo ya más íntimo para mí. De no dejar de hacer (retratos) de las personas que amo mucho. Ahí está. Por eso es que no tengo, de repente, muchos.

Muchísimas gracias por la entrevista y le deseo muchos más años de carrera. Y lo felicito. Realmente es un arte valioso, interesante y se nota que hay un concepto atrás. Hay un artista. Ahora se ven tantos cuadros comerciales, pero que no tienen alma. Sus cuadros sí tienen mucha alma.
Gracias a ti también. Fíjate, hace tiempo que no me sentía tan cómodo para una entrevista. Porque siento tu humanidad y el hecho mismo del trabajo que estás efectuando.

Muchas gracias.
Siento que es parecido al mío, que no hay un interés económico…

No, ninguno.
…sino hay un interés, más que todo, de que la mayoría debe darse cuenta de lo que estás haciendo, que es compartir la cultura para mantenernos más sensibles ante toda la adversidad de lo que pasa en el sistema.

Claro. Que seamos una sociedad mejor.
Claro. No solo critiquemos nomás el sistema. En lo que hagamos, hagámoslo bien. Así como tú estás haciendo. Te felicito. Y yo también seguiré haciendo mi parte.

Sí, usted está haciendo una gran labor. Muchísimas gracias, maestro.
Gracias a ti también.

domingo, 17 de marzo de 2019

Mezouar El Idrissi



No quiero perder mi voz de creador

 
Entrevista y fotografía por Gianmarco Farfán Cerdán

 
El poeta, traductor, crítico literario y profesor marroquí Mezouar El Idrissi (Tetuán, 1963) vino a la capital peruana para participar en el II Festival Internacional de Poesía de Lima, en julio del año 2013. A este gran encuentro literario (que reunió a vates de 30 países) también asistieron excelentes poetas como el peruano Arturo Corcuera, el español Juan Carlos Mestre, el uruguayo Rafael Courtoisie, el sueco Lasse Soderberg, la colombiana Piedad Bonnett, la boliviana Paura Rodríguez, la argentina Diana Bellessi y la ecuatoriana Aleyda Quevedo. En aquella oportunidad pudimos conversar ampliamente con Mezouar sobre poesía (lo que más le apasiona) y política, puesto que también manifestaba serias preocupaciones sociales.

Este destacado poeta africano es Doctor en Literatura Árabe, miembro de la Unión de Escritores de Marruecos, miembro fundador de la Asociación de los Amigos de Federico García Lorca de Tetuán, profesor en la Escuela Superior Rey Fahd de Traducción de Tánger, ha sido invitado a festivales de poesía en diversos países (España, México, Emiratos Árabes Unidos, Perú y su país natal) y ha publicado los poemarios “Elegía para una espalda mojada” y “Entre dos aguas”. Asimismo, ha traducido al árabe a numerosos poetas importantes de la lengua española (como Gustavo Adolfo Bécquer, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Luis García Montero, Jorge Guillén, entre otros).

 
Muchas gracias por la oportunidad.
Muchas gracias a usted por invitarme y estoy, de verdad, muy orgulloso de estar aquí, en Lima, y participar en este magnífico encuentro de poesía, que es algo casi único en el mundo. Claro, hay otros encuentros, pero este tiene una peculiaridad…

Es la tierra de los incas.
Claro, es la tierra de los incas. Y, además, es la otra orilla americana. Porque estuve últimamente en México. Nada más cruzar el estrecho uno toca otra tierra, pero llegar hasta aquí es un sueño, para mí. Y tengo la intención de volver a visitar el Perú después.

¡Qué bueno, qué gusto! Usted es poeta, pero también traductor.
Sí.

Quería empezar la entrevista preguntándole acerca de su labor como traductor, que me parece muy interesante, porque ha cubierto a muchos de los poetas más importantes de España: Bécquer, Aleixandre, Salinas, Cernuda. Nombres enormes. ¿Cuál le ha parecido más difícil de traducir?
La traducción siempre es una tarea difícil. Porque uno intenta siempre, según lo que se dice, transmitir el mismo mensaje, con las mismas palabras, pero el traductor no puede vivir la misma experiencia del poeta. Entonces, empezamos el primer paso con una laguna y, a pesar de esto, el traductor debe pensar que las pérdidas estarán seguras en la traducción, pero algo también se ganará. Se ganará un nuevo público, se da a conocer la obra en otra cultura. Entonces, es una tarea que oscila entre lo que se gana y lo que se pierde. Es una tarea de verdad difícil, pero no imposible. Según lo que se dice, todo es traducible en el mundo. Y cada traductor tiene su estrategia. A veces, se dice que la mejor traducción la tiene que hacer un poeta traductor. Es una idea, pero yo no la comparto. Creo que un buen traductor es lo mejor que puede tener un poeta. Si consigue un buen traductor. Porque, al fin y al cabo, la traducción es una interpretación. Traducir y reproducir el mismo texto con la misma palabra, la misma imagen y la misma precisión es inalcanzable.

Sí. Inclusive, un poeta enorme como Octavio Paz decía que un poema traducido ya era otro poema.
Claro. Otro poema. Porque el mismo poema, si lo encargas a varios traductores, cada traductor sacará su traducción, su versión del poema. El poema original queda tal como es, intocable. Se mantiene, pero tendremos variaciones sobre el poema original.

Matices.
Matices, sí. Es decir, estaremos ante interpretaciones del mismo texto. Esta es la realidad de la traducción. A veces, tenemos casos de traducciones que lograron superar el original. Porque el público, en general, piensa siempre que el texto original es sagrado, que está completo, que el poeta ha descrito o ha dicho unas cosas de manera perfectísima. Y resulta que en algunos ejemplos llega la traducción y supera a este original.

A usted sobre todo le interesan los autores en español.
Sí…

¿Pero ha pensado, de repente, también traducir autores norteamericanos o de otras lenguas?
No. Lo tengo muy claro desde el principio. Pertenezco a una parte del mundo árabe y de Marruecos, que es mi país. El norte de Marruecos estaba siempre en contacto con la cultura española a través de los moriscos, y antes de los moriscos durante la presencia árabe en el Andaluz. Ahora, a través de los contactos directos que tengo, mi terreno es “estrechar el estrecho”, como se dice. Establecer más contacto entre el mundo árabe -a través de la lengua árabe, claro- y el mundo iberoamericano. Especialmente, la cultura castellana.

Por cierto, Marruecos, dada su cercanía con España y Portugal, ¿es el país más europeo de África?
Sí. Se puede decir. Pero Marruecos es Marruecos, con su historia que llegó a dominar y ocupar lo que llamamos nosotros… No lo llamamos ocupación sino una presencia… Ocho siglos de presencia en el Andaluz. Entonces, no hace falta pensar en ser como los europeos. Tenemos nuestro propio modo de vida, pero es muy abierto a todas las culturas, donde conviven todas las religiones y se puede mejorar. Creo que la sociedad marroquí está dispuesta a sacar beneficio de todos los cambios, las innovaciones y los logros que alcanzan las otras sociedades del mundo.

Usted viene de Tetuán.
Sí.

Que significa “los ojos”. De repente, este significado ha hecho que usted esté tan abierto a otros mundos…
Sí.

…como el iberoamericano.
Sí, pues, significa “los ojos de algo”, que son de algo. Eso es. Son las fuentes.

Como un manantial.
Abundan allí los manantiales y, como le conté, casi la misma (extensión geográfica) la tiene Granada, de España. Por eso se instalaron los moriscos en Tetuán. Si hablamos de los ojos son los que tiene uno, que lleva en sí a través de sus lecturas y vivencias. Me parece que mis lecturas y mi admiración hacia la cultura latinoamericana me incitaron a seguir viendo y conocer más. Y volviendo a lo que hemos dicho antes acerca de los poetas que he traducido, esto empezó con un proyecto que llevé con otros compañeros en el Instituto Cervantes de Tánger. Era un proyecto de grupo, pero luego cada uno tenía…

¿2007, verdad?
Sí. Lo sacamos en 2007. Cada uno tenía su propio proyecto y el mío es lo que usted ha relatado. Ahora estoy traduciendo también la narrativa y hasta una obra de teatro de César Vallejo.

¿Qué opina sobre César Vallejo, nuestro máximo poeta aquí, en el Perú?
No puedo decir algo de él, porque lo que aportó al mundo de la literatura, el compromiso, no lo abarcan las palabras. Pero es una de las cimas más importantes de la literatura española o castellana. Y no solamente lo digo yo. He podido leer un poco de su poesía, de su teatro, pero todo el mundo, todos los críticos lo tienen como algo envidiable.

¿Ha podido leer a (José) Watanabe, a Blanca Varela?
A Blanca Varela sí. La leí a través de una de las antologías que tengo. Es una grandísima poeta. Todavía un libro en concreto no he leído de Blanca Varela, igual que Watanabe. Pero he leído a Mario Vargas Llosa. Leí “La ciudad y los perros”: una epopeya, una obra maestra de verdad. Tengo una amiga, en Egipto, que le ha traducido muchos libros.

¿A Vargas Llosa?
Sí. Ella lo ha hecho antes de que gane el Nobel y yo he leído su obra antes de que gane el Nobel, así que no se puede negar su talento y su presencia como gran intelectual y político al mismo tiempo.

Ya que ha mencionado a poetas y narradores, ¿qué le parece a usted más difícil de traducir: una novela o un poemario?
La última que usted ha señalado, que es la poesía. La narrativa no plantea los mismos problemas que la poesía. Tiene una precisión que se debe respetar. Todo se dice condensado y tiene muchas sugerencias. Con un poema puedo sufrir más y pasar más tiempo. Un tiempo multiplicado por tres o cuatro, que es lo que paso con una página, dos, de narrativa. Un poema tiene un ritmo y este ritmo se debe asimilar y reflejarlo en la traducción. Esto es difícil. Hay que dar vueltas constantes al poema. La traducción literal no sirve para nada. Este momento de darle vueltas al poema, traducirlo e interpretarlo, este tiempo requiere un esfuerzo grande. Por eso he optado, últimamente, a no traducir mucha poesía. La narrativa, como he dicho ya, es un poco más asequible que la poesía.

Quería tocar ya su trayectoria de poeta. Usted tiene dos poemarios: “Elegía para la espalda mojada”…
Sí.

…y el otro es “Entre dos aguas”.
Sí, eso es cierto.

“Entre dos aguas” me llamó mucho la atención porque es el título de una canción de Paco de Lucía, de los años 70. ¿Tiene algo que ver la música también con su poesía?
A mí siempre me interesó la música. Pero cuando di el título a este libro, cuando escribí el poema que dio su nombre al poemario, no sabía nada de lo de Paco de Lucía. A pesar de que estoy muy agarrado con la cultura española, no sabía nada de este título. Resulta que hice la traducción del poema “Entre dos aguas” al español y lo enseñé a una amiga, porque mi español no es perfecto para pretender traducir del árabe al español. Lo enseñé a una amiga, profesora de literatura: Carmen Escuiri, de Guadalajara, en España. Le he enseñado el poema y ella…

Hay una ciudad que se llama Guadalajara, en España.
Sí. Y ella, por suerte para nosotros, en el Instituto de Tánger, al leer el título me dijo: “También Paco de Lucía tiene el mismo nombre en una de sus canciones. Lleva el mismo nombre”. Esto me sorprendió, pero no quiere decir que hay un plagio ni nada. Yo estoy convencido y, además, lo he dicho a mis compañeros, los de Marruecos: “Descubrí que viene como título de una canción de Paco de Lucía”. En toda la historia de la literatura hubo algo semejante. En árabe se dice que es “el casco de un caballo”: un casco que viene encima de otro que lo adelantó. Entonces, son coincidencias que no tienen nada que ver con plagio ni nada. La idea es que yo quería interpretar a través de este poema una situación que vivo geográficamente. Ahora me encuentro entre dos aguas, entre el Mediterráneo y el Atlántico, entre dos culturas. Pero yo no quiero dar un significado y empezar a explicar mi texto. En esta vida estamos siempre entre dos situaciones, entre la muerte y la vida… Hay que elegir. Eso es.

¿Y en “Elegía para la espalda mojada” hay una temática distinta?
Es un tema distinto porque, a veces, los títulos que llevan los poemarios no hace falta que sea un tema que comparten todos los poemas sino que uno elige un verso o un poema que da el título a todo el libro. O, a veces, no se encuentra nada de relación entre el título y los poemas. Para mí, “Elegía para la espalda mojada” es el título de un poema, un poco largo, y es una contemplación en la tragedia de los emigrantes marroquíes y clandestinos que cruzaban el estrecho en pateras. En los años 80 y 90 fallecieron centenas ahogados en el estrecho, por las crisis que tenía Marruecos. No tenemos guerra, pero hay una crisis social y económica y la gente…

Migraba.
Migraba. Y, además, España tenía una predisposición para acoger a los trabajadores en el sector de arquitectura y construcción.

Mano de obra barata.
La mano barata marroquí busca donde se le ofrece más oportunidades. Entonces, había esta gente que cruzaba el estrecho. Los temas sociales también me preocupan, no solamente los temas estéticos. Por eso he escrito este poema expresando mi preocupación y mi compromiso como poeta.

¿En qué momento se encuentra ahora Marruecos? Ya que ha tenido diversos momentos políticos difíciles.
Sí.

Porque en Tetuán, por ejemplo, tenían reivindicaciones autonomistas.
Marruecos conoce una transición que empezó en la época de Hassan II y (sigue) hasta ahora. Se puede hablar de que es una transición muy larga. Todavía no ha terminado. Antes de que apareciera el monarca Hassan II y hasta ahora parece que estamos todavía viviendo la transición, desde mi punto de vista. Cada político tiene su manera de decir las cosas. Marruecos está cambiando y tenemos instituciones, tenemos voluntad para cambiar la realidad del país. Todas las partes implicadas ya lo están intentando. Es una difícil tarea, pero ya veremos. Tenemos ahora un presidente del Gobierno que es importante, pero la cosa todavía requiere más tiempo.

Lo que nosotros -en Latinoamérica, al menos- recibimos de África siempre son malas noticias.
Sí.

Las noticias de hambre, de guerra.
Sí.

Es un continente desconocido para la mayoría.
Sí. Marruecos, le puedo asegurar que vive una estabilidad social y política, al mismo tiempo. No tiene los problemas que tienen los países europeos, en absoluto. Tenemos un problema del Sahara que tendrá su resolución. Las consecuencias de la ocupación se reflejan en este problema del Sahara también. Tenemos un vecino, que es Argelia, que tiene intereses y nos está metiendo en las ruedas para que no avance la solución. Pero Marruecos, en general, es un país que tiene su peso, a pesar de que no tenga los mismos recursos que Argelia, nuestro vecino, o los demás países árabes. Somos un país que vive de la agricultura, la pesca y tenemos una industria. Tenemos voluntad para cambiar y esto lo reconocen todos los países árabes. Está avanzando. Estamos en el Tercer Mundo, seguro, pero no es el Tercer Mundo del sur subsahariano. Tenemos un Estado de verdad.

Volviendo al tema literario: se ha dedicado a la poesía como a la traducción. ¿Usted se vuelve poeta luego de leer a todos estos poetas españoles o de otros países, o ya era poeta usted desde chico? Inclusive ha publicado tarde. ¿Cómo fue eso?
Empecé poeta. Y, además, poeta tradicional, porque empecé con lo que es más difícil en la poesía árabe, que es la métrica. Me capturé en la métrica árabe. Es decir, escribía al ritmo de los poetas de la época preislámica, y pasé a escribir verso libre y ahora la poesía en prosa. Pasé por estas experiencias y empecé como poeta. Lo que me interesa es mi propia voz. Aportar a la poesía mi granito de arena, estar considerado como poeta. El problema que se plantea ahora es que como he publicado muchas traducciones, la gente me da el…

Estatus.
…estatus de traductor y poeta. Cosa que no me gusta.

Usted quisiera que fuera a la inversa.
Por eso he insistido en muchas ocasiones en que soy poeta. No quiero que se me presente como traductor. Claro, es una labor que hago, pero viene después. Escribo crítica literaria. Ahora lo que me interesa más es escribir mis propios libros de poesía y dar a conocer mi voz. Porque la labor del traductor siempre hace pasar a la segunda fila, detrás del creador. Esto es lo que quiero evitar, porque el traductor se considera siempre como algo secundario.

Sí, pero en el ámbito académico es muy respetado.
Es muy respetado y gana quizá mejor que los poetas. Los que escriben poesía, la mayoría no cobran por su poesía, por publicar libros sino que, a veces, pierden dinero. Pero los traductores sí, cuando traducen cobran. Entonces, el traductor quizás vive mejor que el creador. Y a pesar de esto me interesa mi voz como creador.

Usted es profesor en la Escuela Superior Rey Fahd de Traducción en Tánger, que es de la Universidad Abdelmalek Essaadi, que es la mejor calificada de Marruecos.
Sí.

Tiene un estatus. ¿Pero usted quiere renunciar un poco a ese estatus para darle mucho más poder a su poesía?
Como profesor no. Como profesor es otra cosa. Es una profesión que tengo y a través de esta profesión estoy mejorando mi rendimiento académico.

¿Qué enseña en la universidad?
Enseño la traducción literaria, del español al árabe, de obras literarias. Además de la teoría de la traducción. Tenemos alumnos de traducción que están estudiando esto y es algo interesante para ellos y para mí, personalmente. Saco beneficio de estas dos asignaturas. Y el trabajo de traductor de otros creadores es otra cosa que hago.

Es independiente.
Independiente. Por lo que he dicho antes: no quiero perder mi voz de creador, que es una voz, desde mi punto de vista, que tiene su derecho a estar presente.

En el mercado literario, la poesía es el hermano menor ignorado en muchos países. A pesar de ser consciente de eso, se quiere dedicar a la poesía.
Sin ninguna duda que la narrativa ahora está arrasando, tiene muchos lectores, es una industria y se ve: lo que se traduce, los libros que salen, las presentaciones. Pero la poesía tiene su encanto y siempre tuvo un público fenomenal. Siempre tuvo un público, como se ha dicho, pero no lectores. Esta poesía tendrá siempre su presencia. Estos son ciclos. Ahora la narrativa tiene más presencia, la novela en particular. Ahora está avanzando el microrrelato también. Hay un gran interés por el microrrelato. Esto, en el mundo, en general. Pero en el mundo árabe la poesía siempre tuvo más prestigio y tiene todavía sus seguidores, muchos poetas y se editan bastantes libros de poesía. Es una tradición antigua de nuestra cultura.
Usted, como traductor, ¿ha podido conocer a alguno de los autores que ha traducido? Por ejemplo, ¿a (Vicente) Aleixandre?
Sí, a algunos sí. He traducido a Jordi Virallonga, el catalán. He traducido su libro “Llevarte el día a casa”. Es un amigo. Tengo otros amigos: Luis García Montero. Lo conozco personalmente.

Lo ha traducido.
Lo he traducido al árabe. He traducido su libro “Vista cansada”. Lo conocí personalmente. Es un grandísimo amigo. A Andrés Sánchez Robayna le he traducido “Fuego blanco” e “Inscripciones”. Son dos libros. A Joaquín Benito de Lucas, otro poeta español, le he traducido su libro “Álbum de familia”. Son unos cuantos con quienes tengo una relación directa e intento traducirles al árabe. Pero a otros, como Bécquer, no hay posibilidad para conocerle porque es imposible. A Bécquer le he traducido “Rimas”. No conozco a Antonio Muñoz Molina, pero le he traducido su obra maestra “Sefarad”. La he traducido al árabe. Últimamente, este mismo año se publicó en Egipto. A veces, conozco personalmente a los autores y es una ventaja que me permitió mi trabajo también y el mundo en el que me muevo.
¿Es bueno para el traductor conocer al autor? ¿Es recomendable?
Por supuesto. A veces, si uno tiene algunas dudas acerca de algo que viene en el texto, lo pregunta directamente. Si tiene relación directa con el autor, soluciona este problema. Si no debe recurrir a las fuentes, los diccionarios, las enciclopedias. Es una labor que no es fácil, la traducción.

Muchísimas gracias…
A usted.

…y esperamos que pueda volver en otra oportunidad a nuestro país.
Inshallah, como se dice. Si Dios quiere. Muchas gracias.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Víctor Delfín



“Comprometerse es casi una necesidad”

 
Entrevista y fotografía por Gianmarco Farfán Cerdán

Víctor Delfín (Piura, 1927) es uno de los artistas más importantes y premiados del Perú. Acaba de ser reconocido, en julio de este 2018, como Personalidad Meritoria de la Cultura por parte del Ministerio de Cultura. Este destacado pintor y escultor bellasartino, que tiene una lucidez y energía asombrosas para su edad, realizó su última muestra individual de arte “Del cerro San Cosme al puente Brooklyn” en el Centro Cultural Inca Garcilaso, hasta fines de enero del presente año.

Sus obras han sido expuestas en galerías y museos de Estados Unidos, Brasil, México, Colombia, Ecuador, República Dominicana y el Perú. También hay obras suyas en parques y estaciones de España, Chile y Ecuador. Y su impactante escultura “El beso” (1993), que está en el Parque del Amor de Miraflores, es una de las obras públicas de arte más famosas de todo Lima. Asimismo, ha recibido el Premio Nacional Fomento a la Cultura (1956), el Premio Nacional de Pintura Ignacio Merino (1959), el Premio Bienal Nacional de Artesanía Contemporánea (1967), la Medalla de la Orden Nacional al Mérito en el Grado de Oficial (2000, Ecuador), la Orden del Sol del Perú en el Grado de Comendador (2001), la Condecoración Bernardo O’Higgins (2002, Chile) y el Summa Cum Laude por la Fundación Sebastián A.C. (2016, México).

Esta extensa entrevista -sobre arte, política y su vida familiar- al maestro Delfín fue realizada en su casa taller de Barranco, a principios de año, cuando el presidente era Pedro Pablo Kuczynski, quien había indultado el 24 de diciembre de 2017 al corrupto expresidente Alberto Fujimori (que estaba condenado a 25 años de cárcel por las matanzas de Barrios Altos en 1991 y La Cantuta en 1992, así como por dos secuestros, a un periodista y un empresario, en 1992). La sociedad civil organizó marchas, donde la mayoría eran jóvenes, en las calles para protestar contra este indulto negociado por puros intereses políticos. En las siguientes líneas, Delfín critica duramente el nefasto accionar (desde hace años) de la familia Fujimori en la vida política nacional y, en general, de nuestros pésimos y no pocas veces delictivos representantes políticos. El renombrado artista empezó a acudir a las marchas cuando ocurrió la masacre de los nueve estudiantes y el profesor de La Cantuta por parte del grupo paramilitar Colina. Desde entonces es un acérrimo opositor del fujimorismo.

Muchísimas gracias por la oportunidad. Es un honor poder entrevistarlo. La exposición que ahorita está realizando en el Centro Cultural Inca Garcilaso de la Vega, si bien tiene obras del año pasado, tiene muchas que son antiguas, de los años noventa, ochenta. ¿Es una pequeña retrospectiva esta exposición?
No era la idea. Las ideas cambian, pues, porque el tiempo no es lineal. Hay un tema que me preocupa con los jóvenes, sobretodo: la idea de que si son pintores no pueden hacer escultura, si son pintores no pueden hacer artesanía, si son artesanos no pueden llegar a más. Si pueden ser diagramadores, no pueden hacer grafiti. ¿Qué es eso? No pueden hacer cerámica, no pueden hacer grabado. Ellos mismos se ponen grilletes o límites para realizar una obra. Y eso viene de las academias: que la especialidad en el grabado, especialidad en… ¡Tonterías! La creación es algo… A mí no me gusta hablar de arte. No use esa palabra delante de mí porque la detesto. ¡Creación! La creación es ilimitada. Ya he repetido mil veces que el ejemplo más claro y objetivo -y las obras están ahí- es la época del Renacimiento. Leonardo hacía de todo: retratos, pinturas, armas. Todo. Ofrecía al señor feudal: “¿Qué quiere que le haga? ¿Una pintura de su amada? ¿Una escultura ecuestre? ¿Un caballo? ¿Un puente? ¿Un arma para tirar un puente abajo?". Es decir, un menú bien amplio. Eran escultores, arquitectos y decoradores. Todo a la vez.

Inventores.
Inventor en el caso de él. Y buen cocinero, dicen. Eso es el ejemplo más extraordinario de libertad. Picasso también es otro de los grandes del siglo pasado, que hacía grabado. Incluso hizo una obra de teatro. Pintaba, hacía grabado, cerámicas. Todo. ¿A qué vienen esas limitaciones? Mi idea es demostrar que se pueden hacer cosas. Yo no soy Leonardo ni soy Picasso. Pero dentro de mis limitaciones puedo hacer de todo. Eso lo aprendí cuando salí de la escuela. Aunque el periodo de la escuela en que yo tuve la suerte, la oportunidad, el privilegio de estar, la pedagogía que recibíamos era tan amplia, que hasta nos enseñaron qué libro debíamos de leer, qué película teníamos que ver. Y nos introdujeron al buen cine de los grandes maestros de la época.

Una educación más integral.
Nos introdujeron a la literatura de la época, la poesía de la época. De modo que yo he leído de acuerdo a todo eso, aunque yo he sido un lector desde muy niño. Siempre me ha gustado vivir rodeado de libros. Entonces, cuando llegué me impresionó esa pluriculturalidad que tenían los profesores. Y (la) política, que también es otra cosa que la gente se resiste. No hay derecho que un maestro diga que no le interesa la política. Allí hay un almanaque (señala hacia una de las paredes de su taller) que me acaban de regalar, por suerte…

De dramaturgos.
…y me ha dado gusto ver ahí mencionado al dramaturgo Hernando Cortés.

Peruano.
Uno de los grandes dramaturgos del siglo pasado. Está junto a Brecht, junto a Tennessee Williams. Pero el detalle es este: que todos han incursionado en política de la manera más abierta. Bertolt Brecht, Darío Fo, todos ellos. Tienen una preocupación política.

Usted también.
¡Por supuesto! Que no me vengan a decir que la política no interesa. Si una persona esculpe tiene que interesarse por la política, como se interesa por la naturaleza, por la arqueología. ¡Por todo! Entonces, volviendo al rollo de la exposición, yo quería demostrar varias cosas, pero no te puedes tampoco imponer… Me dijeron: “Le vamos a poner un nombre…”, que me gustó, me pareció muy poético y listo. Pero no era la intención. Incluso, no mandé algunas cosas de artesanía que tenía, algunos grabados. Es así. Tampoco voy a quejarme, porque no es mi estilo. Al contrario, estoy muy feliz porque el montaje ha sido perfecto. Estoy contento porque se han dado el trabajo de mostrar bien las obras. No mucha cantidad. Lo suficiente para que vean la variedad que se puede mostrar.

En varios de sus cuadros uno puede percibir cierta influencia de los muralistas mexicanos. ¿A usted le interesa esa escuela?
Uno vive lleno de influencias. Acabo de hablar de Tennessee Williams, Faulkner, Picasso. También podría hablar de Gauguin, Van Gogh, Toulouse Lautrec. Los que, en cierto modo, nos han alimentado esta inquietud por la creación. Porque de eso se trata. Hay tanto referente en el universo plástico, cultural, teatral, musical, poético, que uno ve que la vida es una maravilla, pero se la echan a perder estos sinvergüenzas que se dedican a la política barata, la corrupción y el latrocinio. Que van directamente contra los intereses de los más necesitados. Y eso es lo que tiene que ser: una lucha constante de los que pensamos. No permitir que se siga abusando de los seres humanos y enriqueciéndose con patrañas y mentiras.

Claro. Don Víctor, ¿usted se considera un artista comprometido, así como Vargas Llosa es un escritor comprometido o no utilizaría ese adjetivo para definirse a sí mismo?
Pero es que comprometerse es casi una necesidad. No se necesita leer “El Libro Rojo” de Mao Tse Tung ni Lennin ni Marx para (que) cuando vean que están maltratando un niño, actuar. No se necesita tanta literatura ni tanto conocimiento. Es una cuestión, hasta cierto punto, de defensa propia. Cuando están maltratando un niño están maltratando mi infancia y la infancia de otros. No hay distinción política, social. Son los niños del mundo que hay que proteger. Los jóvenes del mundo, no importa lo que piensen, pueden pensar distinto a uno, pero son jóvenes y no hay derecho a quitarles las ilusiones. Para mí, los políticos peruanos del siglo pasado, casi todos, han sido sanguijuelas que han absorbido el élan vital, el compromiso social de los jóvenes. “Bueno -dicen-, ¡para qué me voy a meter en política!”. No es la salida, pero se les alienta. Estos valientes jóvenes que salieron a la marcha de hace tres o cuatro días para protestar porque estaban indignados…

Por el indulto…
…por el indulto.

…a Fujimori.
Y por la trapacería de estas gentes. ¿Hasta cuándo vamos a vivir bajo el estigma de los Fujimori? Hoy día abro el periódico: que “Fujimori tiene tanto (de intención de voto)”… ¡Qué me interesa a mí eso! El titular del diario debe ser: “Se ha resuelto el problema de la escolaridad, el problema de la salud, el problema de los obreros”. Esos deberían ser los titulares. Ya lo dije una vez: esto no es un imperio del Sol Naciente, esto es una república. Ahora están jugando entre quién se queda (Keiko o Kenji), como si fuera esto una chacra, una hacienda de determinados individuos. Además que son corruptos por naturaleza. Son ladrones, sinvergüenzas, criminales. ¿Eso es lo que estamos soportando? ¿Hasta cuándo?

Lo que pasa es que el fujimorismo tiene comprado cierto sector de la prensa desde hace años.
Pero a mí me importan un pepino los venales. A mí me importan los que sufren esa venalidad. Ojalá les dé una peste a todos juntos y acabemos con eso.

Yo le mencionaba el tema del compromiso, en su caso como artista, porque a muchos políticos que usted ha mencionado, del siglo XX y ahora del siglo XXI, les interesa que los jóvenes estén desinformados. Ahora hay muchísima menos oferta cultural, educativa, en los medios de comunicación.
Por eso está ese aparatito…

Los celulares.
¡Los celulares! Es una enciclopedia. Ahí te enteras de todo. Y si no te publican en los periódicos, ahí te publican lo que tú piensas.

En las redes sociales.
¡Claro!

¿Usted las utiliza?
A cada rato. Y me parece excelente y me contestan. Me gusta tener cinco mil y más seguidores. A veces, no puedo porque hasta ponen límites en eso, pero, en fin. Siempre existe la ley de los contrarios. Todo es relativo, nada es absoluto. Dentro de esa relatividad nosotros podemos batallar sin perder el ánimo. Hay que dar la batalla. Hay que salir a la calle. No salir por nosotros. Yo he tenido una vida espléndida, tengo de todo, pero no me gusta el abuso, la injusticia, el desprecio por los demás. Eso es. Estamos viviendo la época del desprecio. Sale la señora (Mercedes) Aráoz a decir que tienen no sé cuántos millones para darles a los…

Deudos.
 …deudos. Eso no es digno de una persona que alguna vez estuvo en la universidad. Es decir, no hay delicadeza. Todo es brutal. Eso es falta de cultura cívica, falta de sensibilidad y viniendo de una mujer todavía es mucho más triste.

Y falta de empatía también.
¡Qué horror!

Terrible.
Y después, toda esa cantidad de sanguijuelas que están allí ganando un sueldo: no me preocupa que defiendan toda esa cobardía que hay. Dicen un día una cosa y mañana otra. Las encuestas: a mí no me ves ni censado en mi casa. En mi vida me han hecho una pregunta sobre el… Entonces, ¿de qué encuestas (hablan)? ¿Yo puedo creer en eso? Son como el SENAMHI, que dicen que va a salir el Sol y llueve ese día.

Es que su casa también es un castillo.
No, es un lugar donde pueden entrar todos. Usted no necesita pedir permiso a nadie. No hay un guardián en la puerta.

Hay unos perritos ahí en la puerta.
No, esos ya están viejos, ni siquiera muerden.

¿Son sus perros?
No son míos. Son de mi hija.

¿Dónde comienza su interés por los temas políticos? Usted ha hablado mucho de su padre Ruperto, que era un hombre inteligente, culto, que tenía muchas virtudes...
Estuvo en El Frontón preso dos años, en la época en que el aprismo era aprismo. En la época en que se luchaba por las ocho horas.

¿Su papá era sindicalista?
En esa época pertenecían a un partido y se peleaban. Mi padre fue despedido de la compañía sin ningún beneficio por revoltoso, pero nunca se quejó. Y tampoco nos dijo, así, como a una secta: “Sean apristas”. Yo no soy aprista. Tenía una simpatía por ellos, por mi padre, pero la he perdido totalmente. No creo ya en esto. Me parecen tan embusteros como los otros. Tan cínicos y tan sectarios como los otros.

Usted debe haber ido a muchas marchas, me imagino.
Tengo 25 años marchando.

Desde el fujimorismo entonces.
Desde el maldito momento en el que desaparecen a los chicos de La Cantuta. Porque hay tantas tonterías que se dicen. Vamos a suponer que los muchachos no eran tan tranquilos…

Pero no era la forma de matarlos tampoco.
Nada explica por qué los mataron así.

Es un crimen.
Es un crimen. No es un error, pues, señor Kuczysnki. ¡No diga tonterías!

Eso no es un error. Para nada.
Ahora resulta que matar a un estudiante y desaparecerlo es un error. ¡¿Qué es eso?!

Puro cálculo político para decir eso.
Pero es mal cálculo, porque es estúpido eso. Nadie le cree.

Claro. Lo que pasa es que él quiere quedar bien con la familia Fujimori.
Que quede bien con su abuela, pero a nosotros no nos va a convencer.

Tiene razón. Volviendo al tema artístico, había escuchado…
Al tema de la creación.

Leslie Lee había dicho en un video que usted le daba un rostro al Perú a través de su arte. ¿Usted siente que ha podido reflejar esa multiculturalidad que somos gracias a todas sus obras de escultura, grabado, pintura? ¿Siente que ha podido lograrlo ya?
No logramos nada. Le cuento una anécdota de un pintor que yo amo tanto, que es Pierre Bonnard, uno de la escuela francesa, figurativista como yo: le habían comprado el cuadro, ya lo tenía en un museo y hacía más de veinte años que no veía el cuadro. Se va un día a la ciudad donde está su cuadro. ¿Y con qué va Bonnard a este cuadro? Con su maletita de pintura y un amigo. Y le dice al amigo: “Entretén al celador, al que cuida -un museo con poca concurrencia-, mientras yo hago lo que quiero hacer”. Mientras su amigo y colega artista lo entretenía, conversaba sobre arte con el guardián del museo, él se puso a retocar su cuadro que había dejado de pintar hacía veinte años. Nadie puede decir que ha llegado a la cúspide, porque si no se moriría el arte. Le digo cómo es el mecanismo: el mío. Yo empiezo un dibujito mientras estoy conversando por teléfono, incluso. Como pasa con mis ideas políticas: estoy conversando y están saliendo las ideas, las anoto y después las desarrollo. Es el embrión del asunto. Cojo ese dibujito y digo: “Caramba, ¿qué puede salir?”. Servir para algo: para una joya, un grabado, una escultura o una pintura. Esa es la génesis. Hago el segundo intento hasta que veo claramente que se presta para un grabado o una pintura o tal vez un mural. En ese espacio de tiempo en que la creación me asiste, yo tengo que ejecutar lo que tengo a mi mano. Porque si no tengo una gran tela no puedo hacer el mural en ese momento. No tengo el asistente para la soldadura y todo esto: no puedo hacerlo. Entonces, lo dibujo, lo pinto, hasta allí nomás llega. Pero ya cuando la idea crece más y más y hay una forzosa necesidad de ejecutar esa idea, ya uno manda a preparar la tela grande y todo lo demás porque ya se le ha hecho carne la idea. Es un proceso. En ese proceso, uno está imbuido de todo lo que ocurre en su espacio. No solo el frío, el calor, la lluvia, el verano, el invierno, sino lo que lee en los periódicos, lo que les molesta a los compatriotas. Todo eso es el germen. Ese es el rostro del Perú. Yo no soy francés ni alemán ni norteamericano ni inglés. He vivido muchos años en Estados Unidos, yendo y viniendo, pero soy un cholo del Perú. Tengo que expresarme como tal. Aunque me fuera a vivir a Francia cincuenta años, nunca absorberé la cultura francesa. Tendrían que pasar muchas generaciones. Tal vez mis hijos y mis nietos. Pero yo, esencialmente, soy un cholo del norte del Perú.

De Lobitos.
Me he criado en una compañía petrolera que es un enclave inglés. ¡Un enclave inglés! Y hay manías que he aprendido de esa historia. Ser puntual, por ejemplo. Ser ordenado. Cosas que se quedan de la infancia. Porque en la compañía había orden y puntualidad. Todo se manejaba de esa manera. Ahí no hay que “más tardecito” ni “nos vemos al mediodía”. No. Ni “en un ratito” tampoco. Eso no funciona.

La típica “un minutito”.
O “mañana”, no. No funciona. Así no funcionaba donde yo vivía.

Para terminar la entrevista, Enrique Galdos Rivas había dicho que usted “era un artista de una fuerza telúrica”. Yo le quería preguntar: ¿cuál es la primera motivación que usted siente en la mañana para tener esa energía a los noventa años? Es impresionante, realmente. Yo entro y lo veo trabajando ahí (de pie)…
No es tan nuevo esto. Nos retroalimenta. Ojalá todos hicieran lo mismo. La mayoría de artistas son longevos. Picasso murió cuando le dio la gana. El arquitecto famoso brasilero a los 105 años.

Niemeyer.
Claro, Niemeyer. Chaplin hasta que prácticamente se hartó de los Estados Unidos. Lo trataron mal. Se fue a Suiza y ya no pudo… Si no tal vez hubiera vivido más. En fin. Todos… Porque esto alimenta, es una energía, es una razón de existir. Yo me levanto con una idea de pintar, de escribir. Algo me motiva. No puedo quedarme mucho tiempo holgazaneando. No puedo. No debo. Porque el tiempo hay que emplearlo. En cuanto a lo telúrico, que es una palabra que no le gusta a Vargas Llosa… Yo lo respeto mucho a Mario Vargas Llosa. Al menos, hay muchas cosas en que concuerdo con él. Su disciplina, tiene coraje, el hecho de haberse inmiscuido en la política, demuestra que es un hombre que se motiva por la cuestión social. Para eso no se necesita ser de izquierda, de derecha, ni de un costado ni otro sino meterse, introducirse en el problema. ¡Todo se consigue con coraje! Los cobardes no tienen nada que ver aquí. Los pusilánimes tampoco. Esos son los encuestados (Delfín pone voz de resignación): “¡Ah, está bien! Ya, pues, qué vamos a hacer. Hay que reconciliarse”. ¡Qué manera de manejar las palabras! Reconciliarse es cuando a uno le dan las explicaciones debidas. En fin, muchas cosas. No me voy a reconciliar con los fujimoristas jamás.

Y un cobarde tampoco puede ser un creador.
Claro.

Ningún creador puede ser un cobarde.
De ninguna manera. Es una cuestión de coraje todo. En sí, las cosas con coraje. Ahí está Bertolt Brecht otra vez y está Tennessee Williams dentro de la cosa profunda del ser humano. Eso que se llama “telúrico” es interesarse. ¿Acaso Szyszlo no era un pintor telúrico? No entiendo la amistad con Vargas Llosa (se ríe contenidamente). Para telúricos es Szyszlo: parte de las cosas precolombinas. Lo hace muy bien, magnífico. Lo ha hecho muy bien. Entonces, yo no entiendo por qué le molesta tanto lo telúrico. Lo telúrico es ver nuestra historia. Rainer María Rilke decía: “Afortunadamente, tengo una patria”. Y añade, en algún momento, algo muy grave, muy duro: “Solamente los delincuentes, los criminales y los aventureros no tienen patria”. Pero los que amamos esto (señala el suelo con ambas manos) donde hemos nacido, este lugar hermosísimo que es el Perú, tenemos que defenderlo.

Cierto.
Porque, además, aquí me voy a morir. Y este quiero que sea el lugar donde yo no reniegue. A pesar de todo lo que ocurre, yo me siento muy bien aquí.

Le quiero agradecer mucho la entrevista y gracias por su arte -aunque no le gusta la palabra-, su creación, y por todo lo que usted ha defendido al país siempre, con su opinión y sus comentarios políticos.
Seguiremos haciéndolo.

Muchas gracias, don Víctor.
Es un deber moral.

Gracias.
A usted.