lunes, 25 de junio de 2018

Irma del Águila



“Me interesa mucho explorar aquello que no se nombra”

Entrevista y fotografía por Gianmarco Farfán Cerdán

Un ojo casi cuadrado y morado, y otro llamativamente rojo, ambos bien abiertos, nos invitan desde la portada del libro de relatos “Mínima señal” (Fondo de Cultura Económica, 2017), de la peruana Irma del Águila (Lima, 1966), a introducirnos en sus breves e inquietantes historias. Un fragmento del cuadro “Abendliche Figur” (1935) del famoso pintor suizo Paul Klee ocupa esta portada y llama la atención de cualquier lector que se acerque, por primera vez, a este interesante libro que es “Mínima señal”.

No hay ninguno de sus relatos, durante sus 71 páginas, que nos deje indiferentes. Nos muestran cosas del ser humano que no queremos ver, nos llevan a visitar temores que solemos evitar, nos llevan a ver al otro (al supuestamente gentil prójimo) como alguien de quien debemos cuidarnos.

Desde hace años, Irma tiene un lugar ganado en la narrativa peruana contemporánea. Suele asistir, como escritora invitada, a las diversas ferias del libro que se realizan en Latinoamérica. Además, el año pasado presentó su novela “La isla de Fushía” en París. Sus relatos han sido traducidos al inglés y al francés. También ha publicado las novelas “Moby Dick en Cabo Blanco” (2009), “El último capítulo” (2001) y “El hombre que hablaba del cielo” (2011, III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro). Y en 2005 ganó el II Concurso Internacional de Cuentos de Lan.com y el diario “La Tercera” de Chile gracias a su relato “Primera travesía”. El premio fue un viaje a Nueva York.

Como socióloga de la Pontificia Universidad Católica del Perú, con una maestría de la Universidad de Nueva York y una importante experiencia como observadora electoral en Derechos Humanos de la ONU y la OEA, Irma tiene muchos intereses en todo lo social y político que acontece en nuestro Perú y en los países vecinos. También ha sido docente en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Sin embargo, ella se considera escritora, fundamentalmente. Conversamos, a profundidad, sobre ese potente artefacto literario que es su “Mínima señal”.

 
Muchas gracias por esta oportunidad para “Entrevistas desde Lima”.
Yo quería, primero, agradecerte a ti, Gianmarco, por la invitación. Siempre es un placer poder conversar con un lector tan atento como tú.

Muchas gracias. Lo último que has publicado es el libro de cuentos “Mínima señal” y es muy interesante, dado que es sobre cuentos que, por momentos, no parecen cuentos. Son relatos muy observadores, muy detallistas. ¿Tu intención, cuando empezaste hace quince años (porque leí que eran quince años que habías estado trabajando este libro), fue así? ¿Que fueran pequeñas escenas de momentos en la vida de distintas personas?
En realidad, no son quince años de largo sino que hay relatos que sí comencé a trabajar hace quince años. El de “Luces de las sombras”, por ejemplo, que está ambientado en Haití, tiene que ver con la misión de derechos humanos en la que participé en los años noventa. Tiene que ver con los casos de linchamientos populares que se produjeron luego de la intervención militar norteamericana que pone fin al régimen de facto, con el aval de Naciones Unidas. Expulsan a los militares, que a su vez habían dado un golpe de Estado al presidente Jean-Bertrand Aristide, pero en esos días que se desmoviliza el ejército haitiano, que se desmoviliza la policía haitiana, hay un vacío de poder. Y se producen linchamientos, saldando cuentas. Ese relato fue escrito hacia finales de los noventa. Hay otros que son más recientes, como la “Pared medianera”, que está ambientada en la Lima contemporánea, en algún lugar del cerro El Agustino, donde se lleva a cabo programas para construir una pared que separe las viviendas de un solo ambiente, para separar a los adultos de los niños, a los adultos de las adolescentes. Entonces, como te digo, son relatos que se han ido construyendo, algunos hace quince años y otros más recientes.

Justamente ese que has mencionado, “Pared medianera”, (fue) el que más me conmovió. ¿Por qué? Porque no solamente cuentas la historia del papá que vive con su familia y quiere darle su independencia a la hija separando el espacio dentro de la casa sino que, además, muestras la solidaridad que hay entre la gente de El Agustino.
(Irma asiente con la cabeza).

Cómo entre ellos van subiendo los ladrillos y el cemento. Entonces, me parecía que mostrabas parte de Lima, de un cono, y, además, mostrabas cómo un padre estaba preocupado por su hija.
Claro. Allí hay dos dimensiones. Una, de la que poco se habla, que es la capacidad de construir sobre la roca. Literalmente, sobre la falda del cerro están colgados. Es como una terraza. Como las terrazas que vemos en el Colca, que sostienen la vivienda. Sobre la ladera está recta, se cava un poco por dentro del cerro y el resto se va construyendo. Esa superficie está construida por la intervención de los vecinos. Esta terraza con relleno y todo. Por un lado, se echa mano de técnicas antiguas. Por otro lado, están suspendidos, prácticamente, en el aire. Yo creo que esta figura expresa muy bien la situación de cómo migran millones de peruanos, construyendo en el aire. Y volviendo a tu primera pregunta, me interesa mucho explorar aquello que no se nombra, explorar atmósferas de acechanza, lo inminente que no llega. Son cosas sobre las que no solemos escribir, pero están ahí latentes. Lo que Freud llamaba “lo extraño dentro de lo familiar”. De repente, están ahí y nos perturban por una fracción de segundo y luego volvemos a nuestra cotidianidad. Es eso lo que cruza por nuestra mente mientras conversamos con alguien, las reflexiones que tenemos cuando saludamos a alguien. Son estas cosas que nos invaden, sobre las que no solemos escribir y tienen muchos sentidos. Pensaba escribir sobre lo que no ponemos sobre la mesa, sobre la superficie. Porque también decía Freud que lo que interesa, en una cuestión de psicoanálisis, no es solo lo que el paciente nos dice sino lo que no nos dice. Es decir, los silencios están cargados de sentido, las omisiones también, los actos fallidos también. Esa otra dimensión es la que me interesaba explorar en estos relatos. Y en el caso de “Pared medianera” también. La violencia, la promiscuidad que puede haber de cuerpos entre padres e hijas, entre tíos y sobrinas que están conviviendo en un solo espacio, espalda con espalda, hombro con hombro. Eso, en un momento en que las inhibiciones desaparecen…

Es peligroso.
Puede ser peligroso. De hecho, el programa se hace, sobre todo, con el apoyo de las madres de familia, que son las que han impulsado este tema. De nuevo, por razones que ellas mismas no van a enunciar, pero que todas comparten.

Es algo tácito ya.
Exacto. Eso es lo que me interesa: no tiene que hablarse. Al final del relato, la madre solo dice: “Prevención”. Y es como una palabra mágica que lo dice todo.

Muestras, justamente en ese cuento, que podría ser que el padre no estuviera de acuerdo, pero él está tranquilo. No es un personaje problemático.
Es un personaje que siente que, al separarse del cuerpo -digamos- de su hija, es un acto de amor. Al final, él se imagina cómo la hija está en otro lado.

Está con sus amigas.
Riéndose, pensando en lo que harán en la calle, porque ya es una adolescente. Es algo que perturba al padre.

Pero no lo puede evitar.
Claro. Que no tenga control sobre esta (adolescente) que, además, se está convirtiendo en mujer y es su hija. Que salga en la noche, una noche oscura, y a un lugar donde él no podrá vigilarla.

Es parte de crecer también.
Sí.

Irma, tú comienzas a publicar a fines de los noventa y has estado trabajando en temas de derechos humanos con la ONU y la OEA. Entonces, quería preguntarte si es que toda esta experiencia tan fuerte de ir a Haití, vivir en Haití, ver todos estos problemas gravísimos de corrupción, falta de todo...
(Irma asiente con la cabeza)

…fue el detonante para que empezaras a publicar. Ya no a escribir, porque tú escribías desde niña. ¿Sentiste que la sociedad o, en todo caso, los lectores de acá deberían saber muchas de estas cosas?
No. Empecé a escribir pequeñas cosas. Y tenía en el cajón… Estos relatos se fueron acumulando durante veinte (años).

Quería comentarte de tus otros cuentos. Por ejemplo, el cuento del señor que trabaja en el colegio con las niñas (“La piscina”). Un anciano y se nota que tiene algo patológico o enfermizo con los fluidos de las chicas. Has tocado ahí, tangencialmente, el tema de las amenazas que siempre hay para las niñas en los colegios. En general, de tus personajes de tus siete cuentos la mayoría son chicas. Solo hay dos (varones), que son Martín de…
“Ecos de la selva”.

…“Ecos de la selva” y el otro señor, de la “Pared medianera”.
Sí.

De ahí todos los demás son mujeres. Aparte de este tema que has tocado, de la amenaza masculina siempre cerca de la mujer, sobre todo de las menores, veo que también tienes un lado muy político, muy social. Tu profesión es socióloga, tienes una columna en “La Mula”, en la que has escrito temas políticos.
Me invitaron a colaborar con “La Mula”. He publicado este artículo, pero no publico regularmente en “La Mula”. Pero sí, evidentemente, he publicado cosas esporádicamente. Además de socióloga, he viajado como observadora electoral en Haití y en Colombia.

¿Sientes que eres una escritora comprometida, en ese sentido?
No me gusta usar la palabra “comprometida”. Simplemente interesada en seguir estos procesos.

No todos los escritores tienen ese interés por la realidad. Ahora, muchos quieren vivir solo en la literatura, como en una burbuja. No es tu caso.
Es su derecho. Cada uno tiene intereses particulares. En ese sentido, no creo que (haya que) imponerle la agenda a nadie. Yo no creo tampoco en la literatura -entre comillas- comprometida. Hay un interés en procesos. Por ejemplo, en la realidad diversa, multicultural del país. Esto se verá reflejado en los personajes y en las tramas que se vayan construyendo, agrega riqueza argumental, pero no creo que la agenda deba imponerse sobre la narración. Aunque, definitivamente, puede existir un vínculo invisible entre la mirada y lo que luego se convierte en un texto narrativo, pero lejos de querer imponerle agendas.

¿Eres una mujer de izquierda?
(Hay) derechos ciudadanos respecto no solamente de sus cuerpos, no solamente de la libertad de expresión, sino también derechos colectivos de pueblos que tienen que ser reconocidos. Creo que hay mucha agenda por construir en este país. Si eso puede ser considerado progresista: sí, definitivamente. Pero se mira con sospecha. Mucha gente nos mira con sospecha. Curiosa y paradójicamente, admiran países como Alemania o Francia y les gusta viajar y está muy bien que así sea, pero no ven el lado de la modernización. Es decir, ven la infraestructura, los puentes, las carreteras, las ciudades modernas, los edificios o la herencia cultural, el patrimonio, pero no ven la modernidad. Es decir, las relaciones sociales que estas sociedades promueven. Sí creo que lo podemos llamar progresismo, aunque tampoco soy partidaria de usar muchas etiquetas. Hablemos de una agenda progresista.

Sí hay algunos escritores que lo tienen como una bandera casi. Por ejemplo, Diego Trelles Paz. Que, evidentemente, se asume como un escritor representante de la izquierda peruana. Y lo manifiesta.
Cada quien tiene el derecho de ubicarse en la posición que desee. Respecto de una literatura comprometida, creo que el texto literario no está sometido a una agenda. Sin embargo, puede transparentar una sensibilidad.

Quería mencionar ese breve cuento de la mujer que está en su cuarto y entra la paloma intrusivamente: “Tu voz existe”. Como dice Carmen Ollé: parece como si estuvieras en un sueño. La protagonista le deja el cuarto al ave, pero yo me preguntaba si eso, de repente, era una especie de sueño surrealista…
Funciona como la metáfora de lo que comentábamos al inicio: lo extraño que irrumpe dentro de lo familiar. Aquello que perturba y que ingresa de manera forzada a trastocar la calma, la tranquilidad del hogar, la rutina. No es literatura fantástica justamente y eso es lo perturbador. No lo podemos considerar literatura fantástica porque es algo que circula fuera del mundo: los seres fantásticos, los elfos, las hadas, los monstruos. No. Lo extraño perturba porque circula dentro de nuestra vida. Nos puede remitir a algo: ¿por qué esa fobia? Justamente una amiga me comentaba lo mismo: que ella sentía una profunda fobia por las aves. ¿Qué hay detrás que nos mueve, que nos perturba, que puede marcarnos un día?

“Los pájaros” (1963)…
Exacto.

…de Hitchcock.
Y no es necesario poner palabras, porque no hay palabras sino esta sensación de estar caído en desgracia durante unas horas.

Irma, tenía una curiosidad final: siendo tú hija de la famosa diseñadora (de modas) Norka Peralta, ¿nunca te ha atraído hacer relatos o, de repente, alguna novela sobre el mundo de la moda?
No. Yo creo que en casa de herrero, cuchillo de palo (sonríe). Mi hermana menor es la que se dedica, la que sigue la tradición, en todo caso.

¿Qué te dice tu madre sobre tu faceta de escritora?
Bien. Que cada día uno se desarrolle como quiere. Felizmente, para ella y para todos, mi hermana menor está siguiendo la tradición del negocio familiar.

Tu próxima novela: leí que va a tratar sobre los desertores.
Sí. Pero acabo de terminar una nouvelle antes, en este verano, y tiene que ver con la enajenación. Ya creo que podré dar la noticia a finales de año.

Para 2019, más o menos, estará publicada.
No lo sé. Vamos a ver. Ya estoy terminando la redacción.

Excelente. Muchas gracias, Irma.
Gracias a ti, Gianmarco.


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