domingo, 11 de septiembre de 2016

Jossimar Cavalier Gonzáles




“El poema es como la vida misma”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán


Siempre resulta una magnífica noticia la aparición de nuevos poetas en el Perú. Jossimar Cavalier Gonzáles (Lima, 1989) ha publicado Diseño de interiores (2015), su primer poemario, el cual ha sido presentado en diversos eventos literarios y será reeditado a fines de este 2016. Incluso, fue presentado en el prestigioso Instituto Caro y Cuervo, en Bogotá, Colombia.

Jossimar es corrector y editor de textos de la editorial Vivir sin enterarse, así como jefe de práctica en la Maestría de Antropología Visual de la Pontificia Universidad Católica del Perú. También se encuentra estudiando una Maestría en Literatura Hispanoamericana en la misma universidad. Asimismo, ha sido docente de literatura en el centro preuniversitario de la Universidad Nacional del Callao, en los colegios Alfa y Saco Oliveros, en Lima, y es gestor cultural para la Municipalidad de Amarilis, en Huánuco.

Como poeta ha participado en la Feria Internacional del Libro de Lima 2015, en la Feria del Libro Ricardo Palma 2015 y en el Festival Internacional de Poesía de Lima 2016. Y ya está preparando la publicación de su segundo libro de poemas, cuyo nombre  tentativo es De arena y mar. Para perfeccionar ambos poemarios ha recibido el apoyo y los consejos del poeta colombiano Federico Díaz Granados y  de los poetas peruanos Luis Fernando Chueca y Victoria Guerrero.

El amor, la ironía y la tecnología son tres de los temas preferidos de Jossimar en sus versos. Esto lo podemos apreciar en su poema Quisiera tus puertas de par en par, que es bastante emotivo: Tan solo ayer eras parte de / mis arritmias cardiacas. / Eras posibilidad y sentimientos cuajados en mi vientre. / Eras las letras que escribí / las trasnoches cósmicas / las madrugadas opacas llenas de cafeína, de insomnio. / Fuiste frío, / brisa de mar, / marejada sobre las costas, / estela en lontananza. / Fuiste mis horas transcurridas, / el semáforo en verde. / Eras Neruda en “Crepusculario”. / Tan solo quería que seas ese mundo en actitud de entrega. / Miro el monitor y apago el cigarro: / “ahora eres tan solo un punto verde dentro de mi lista de contactos”.

Sobre el arte de la poesía y su primer poemario dialogamos con Jossimar en el precioso auditorio del colegio San Andrés, frente a todos los atentos alumnos de secundaria y sus profesores.



Jossimar: ¿Quién no ha sufrido una decepción amorosa? Todos hemos sufrido una decepción amorosa. ¿Quién no le ha dedicado poemas a su novia o su novio? Estamos en esa rutina. Les cuento algo peculiar: yo, a veces, me ganaba las propinas de mis compañeros escribiendo cartas de amor hacia sus enamoradas, porque ellos tenían un poco de temor, miedo, de escribir.


Gianmarco: Como Mario Vargas Llosa.
Sí, algo así. Después sus enamoradas, las chicas con las que estaban, se enteraban que yo había escrito la carta y eso originaba problemas. Por ejemplo, la publicación de este poemario me llevó a reencontrarme con amores del pasado. Incluso, me decían: “Ojalá que hayas puesto mi nombre en alguno de los poemas o me hayas dedicado algún poema”.


Te has cuidado de no poner nombres.
¡Ah, no!


“El poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal”. Octavio Paz pensaba esto del poema. Para ti, ¿qué cosa es un poema?
Yo pienso que el poema es como la vida misma. Creo que en cada partícula, en cada elemento de la naturaleza, en cada estructura construida, en cada sentimiento, hay una manifestación de un poema. Un poema en potencia, claro está. Cada uno de nosotros, también, somos un poema en potencia. Como decía Raúl Zurita, el poeta chileno: el amor es como el poema porque está adherido a las rocas, al mar y a las montañas. Eso es un poco el poema, creo yo. Aún el poema sigue siendo una manifestación resistente. Poca gente consume poesía, muy poca gente lee poesía. Leer poesía es como leer filosofía, ciencias sociales, como leer matemáticas. La poesía te apertura a muchas cosas.


Jossimar, tú que estás estudiando una Maestría en Literatura Hispanoamericana en la Católica, estás bien metido en el ambiente literario. Justamente había comentado (al público del auditorio, antes de que llegaras) unas fotos tuyas con otros escritores. Quería preguntarte: ¿cómo ves el panorama de los poetas jóvenes en el país?
Yo tengo referencia de algunos compañeros, amigos, que están en el extranjero, estudiando en universidades. Algunos, terminando sus estudios, van a estudiar a la Universidad de Texas escritura creativa porque, de alguna manera, los profesionaliza como escritores. Pero yo siento que el panorama de la literatura desde hace unos tres o cuatro años, para los jóvenes, se está articulando mucho más. Pienso que ahora no es tan complicado publicar poesía. Uno puede entrar a una red, escribir algo, publicarlo y la gente -depende de su aceptación- le da like o… La mayoría te da like porque son tus amigos. Ni siquiera leen tus publicaciones, a veces. Ahora es mucho más fácil llegar a la gente. Entonces, pienso que la poesía, por este medio, es más vistosa. Y el panorama de la literatura escrita por jóvenes, ahora, pienso que tiene un buen camino, tiene un buen norte. El año pasado, el poemario que publiqué tuvo una buena aceptación, lo sacaron en una de las revistas más importantes de la Católica, en la maestría, y eso fue porque uno, en este camino de la literatura, va conociendo a muchos escritores jóvenes. Un muy buen amigo mío es Christian Reynoso, periodista y también escritor…


Estuvo acá ayer.
¿Ah, sí? ¿Estuvo acá?


Estuvo acá (y lo entrevisté ante el auditorio lleno).
¡Ah, qué bien! Justo con Christian tenemos este proyecto con la revista de la Universidad Católica, así que estamos trabajando porque pensamos que ahora hay una especie de confraternidad. Antes había una especie de divorcio entre crítica literaria, historia literaria y creación literaria. Ahora estamos más hermanados porque hay más jóvenes que están participando en esas actividades, que están participando en la difusión de la literatura.



Claro, y que, sobre todo, son egresados de la Católica o de San Marcos.
Sí, es así.


Y de la Villarreal.
Y de la Villarreal, claro.


Tu alma mater.
Sí, pues. Tengo grandes recuerdos de mi universidad. Siempre recuerdo a Washington Delgado, a Oswaldo Reynoso, a Augusto Higa, mis profesores. Es como volver a ese espacio donde -como diría la canción de Sui Generis-, de alguna manera, uno fue feliz.


¿Y cómo es tu relación, como joven, con todos esos maestros? ¿A cuál vuelves siempre?
Yo siempre vuelvo a la poesía de Enrique Peña, un escritor vanguardista. Publicó su libro Cinema de los sentidos puros, más o menos en 1930, por ahí -esa es la época de César Moro, Emilio Adolfo Westphalen-, pero no ha sido tan visto. Siempre vuelvo a estos poetas. Vuelvo a César Moro, a poetas jóvenes, también. Yo admiro mucho la poesía de Eduardo Reyme, de Chumbire, poetas jóvenes que están haciendo poesía y no está mal decirlo: son buenos poetas, a pesar de que son contemporáneos conmigo. No hay mezquindad. Pero si ustedes se dan cuenta en la foto (que está tras nuestro, en el ecran del auditorio), yo tengo a dos maestros y amigos míos: uno de ellos es, el de lentes, Maynor Freyre, periodista y escritor, narrador y también poeta. Un amigo que siempre me apoyó en la poesía, que cuando quisieron sabotearme un poco la presentación de mi primera plaqueta en la universidad, me abrió la sala de Ciencias de la Comunicación para poder presentar mi plaqueta. Y el otro poeta que tenemos ahí (en la foto) es José Pancorvo, que, lamentablemente, dejó de existir. Son, de alguna manera, escritores que siempre están apoyando a escritores jóvenes como nosotros, que recién estamos empezando y sabemos que hay un camino muy largo. Uno en la poesía o en cualquier actividad tiene que perseverar mucho. Y, además, lo importante, como dice la canción, no es llegar, lo importante es el camino que uno recorre para llegar a ese momento.


Jossimar, creo que ya no tenemos más tiempo.
Yo quería despedirme -me tomaría un par de minutos nada más-, quisiera leerles un poema. Porque ustedes están esperando que yo lea. No soy mucho de leer, pero igual. Puedo decir que he escrito este poema para una mujer. Cuando está a mi lado le digo: “Sí, lo he escrito para ti”. Me gusta trabajar mucho la temática de la tecnología. Hubo un tiempo en el cual no podía comunicarme con la persona que quiero, entonces, escribí este poema. Se llama Nuestro amor pende de una fibra óptica y dice lo siguiente: Precisamente ahora que nuestro amor pende de una fibra óptica, / que los mensajes de texto no encuentran sus destinatarios habituales / que los gigabites y los discos extraíbles tienen capacidad limitada, busco meter nuestros sentimientos en un eterno loading / y espero escondido detrás de un spam / insertar un nuevo windows o un perantivirus para que nos purifique. / Precisamente ahora que todo está cuesta arriba mi corazón ha optado por traicionar sus principios laicos… / Ya dejó de creer en los likes convencionales, los amenes virtuales, en las fotos sensacionalistas, / dejó de creer en los saludos encartonados en los puntitos verdes. / Mi corazón da vuelta a la esquina, / dicen por ahí que se ha potenciado, que tiene una memoria externa y sin embargo sigue resistiendo… / Y sigue creyendo en los abrazos francos, en los besos sentidos, en las almas enlazadas. / Mi corazón ya no cree en emoticones / pues precisamente que ahora pende de una fibra óptica, sigue creyendo en ti. Gracias, chicos, por esta mañana. (Aplausos del público).


Gracias a ti, Jossimar.

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