sábado, 6 de octubre de 2012

"Cuco" Morales


“La armonía y la belleza es lo que siempre me ha llamado la atención”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán


José Antonio “Cuco” Morales Velit (Lima, 1956) pinta maravillosos estados de paz, reflejados en bosques rojos de cuentos de hadas, encantadoras nubes que rodean lejanas montañas, hermosas y delicadas flores sacadas de algún país oriental. Es decir, Morales crea imágenes de ensueño sobre sus lienzos. Uno puede ver un cuadro suyo y reconocer inmediatamente al autor, puesto que ha desarrollado un estilo propio, un sello personal, durante sus más de treinta y cinco años de trayectoria.

Formado profesionalmente en Brasil (Escuela Taller de Comunicaciones Equipe, y Escuela de Artes y Oficios de la Universidad de Sao Paulo) y el Perú (Taller de Cristina Gálvez y Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes), el reconocido pintor siempre se ha mantenido activo, presentando obras nuevas casi todos los años. Individualmente, ha expuesto en Chile, Ecuador, Estados Unidos, Francia, Marruecos, y otros países. Asimismo, ha participado en más de cien exposiciones colectivas en nuestro país y el extranjero. Y, hace tres décadas, formó parte del mítico Grupo Paréntesis, una reunión de talentosos artistas plásticos que, ya separados todos, brillan con luz propia hasta hoy.

Morales, alguna vez, afirmó: “Entiendo el arte como un círculo vicioso: la contemplación me abstrae al punto que me dejo llevar para realizar el acto creativo. Cuando este termina, regreso al plano contemplativo para analizar la obra. Es mi eterno ir y venir”. Además, se siente agradecido de vivir de su pintura, en un país como el nuestro. Y se considera auténtico, a diferencia de otros artistas que han inventado su vida solamente para conseguir más fama.

Ahora que está presentando su última exposición, Equinoccio mágico, en el Museo Pedro de Osma de Barranco (del 5 al 29 de octubre de 2012), quisimos conocer mejor a este creador profundamente espiritual y reflexivo. Así que conversamos en su departamento miraflorino, horas previas al vernissage de su muestra, sintiendo un intenso frío matinal. Nada propio de la primavera que acaba de empezar.

Un serpenteante dragón verde, de larga cabellera dorada, con afilados dientes y garras, flotando sobre un impactante cielo rojo, nos observaba fijamente desde lo alto de una de las blancas paredes de su sala.

Quería empezar la entrevista comentando que todas las pinturas de cualquier artista indican una visión que tiene sobre el mundo. Indican lo que le gusta del mundo y, lo que no está dentro de su pintura, quizá, es lo que no le gusta. ¿Cuál es la visión del mundo que tiene “Cuco” Morales a través de su pintura?
Una aclaración a lo que tú estás afirmando: hay pintores que pintan diferentes cosas, tienen diferentes temas. Hay pintores que no necesariamente pintan lo que les gusta. Hay gente que tiene el arte como una terapia o un asidero de ciertas cosas que necesita botar, sacar de sí, concientizar, verbalizar. Verbalizar en cuanto a imágenes: articular imágenes y crear discurso. De una u otra forma, los artistas somos comunicadores, de un tema o de otro. Desde luego que hay infinitas maneras de manifestar nuestro paso y nuestra vivencia por este mundo. Yo toco un tema muy crucial para mí, y creo que para el ser humano, que es la impermanencia. La impermanencia en este mundo que nos toca vivir en esta dimensión de vida, valga la redundancia. Ese es mi tema. De alguna manera, eso lo convierte en algo místico, en algo interesantemente trascendental para quien lo puede percibir. Trabajar con imágenes y darles un toque místico, reflexivo, a través del paisaje, no es muy fácil. Y desde luego que, con el tiempo, lo he ido desarrollando y ha ido tomando una forma que, me parece, es más objetiva, en cuanto a transmitir la sensación de vida pasajera. Pero con la profundidad y la dulzura que puede tener el transcurso del día en el paisaje, la luz que emite todo el ambiente, el cielo.

Hay mucha búsqueda de la armonía en sus cuadros.
Es un encuentro con la armonía. Es mi búsqueda y mi tema. La armonía y la belleza es lo que siempre me ha llamado la atención. Creo que la belleza despierta en los seres humanos un orden y una calidad de sentimientos que ordenan el espíritu, y a través de esto uno puede retransmitir una carga positiva, calma y tranquilidad. Que es lo que nos debe guiar. Entonces, a través de las imágenes que voy creando busco eso: que la gente entre en un estado de tranquilidad, de observación y auto-observación.

Muchos de sus cuadros, uno podría decir que son sacados de cuentos de hadas. Esos bosques que parecen de alguna película que Tim Burton se pudo inventar, de repente.
Tal vez. Yo esas cosas no las sé. Yo te cuento desde mi cuento. Admiro a muchos artistas, y hay gente que me interesa mucho lo que hace, lo que dice. En el arte hay algo que siempre debe permanecer: lo que uno dice y lo que uno hace siempre es lo que uno piensa. La coincidencia de esas tres cosas debe ser siempre una guía y, además, una conducta a observar para desarrollarte.

Por la frecuente utilización de la naturaleza en sus cuadros, uno podría decir, quizá, que para “Cuco” Morales la naturaleza es el paraíso.
La naturaleza a la que yo evoco es la naturaleza de la soledad. Por eso, cuando tú estás frente a una obra mía, vas a sentir una soledad, pero plácida. Yo hablo de la placidez de la soledad.

En el año 2004, con su exposición De bosque e infinito, había variedad de colores en sus cuadros. Pero desde ese año usted se ha decantado más que nada por el rojo y las variaciones del rojo. ¿Ha estado en una etapa de experimentación de este color durante todas sus exposiciones desde 2004 en adelante?
No. Creo que tengo una paleta austera, pero no es mucho rojo, no es tanto. La verdad que el color es importante, pero no me dejo dominar por ninguna tendencia de colores. Más bien, los colores se van dando en la medida que las pinturas y las obras los necesiten, pero no me arriesgo por ningún “tiene que ser así” o “debe ser así”. No. Lo principal para un artista es ser libre y no autocopiarse, tampoco. Hay una línea que sigo, una línea muy fina que se da en mi trabajo -más allá de lo que es el material-, que es el nivel de percepción que trato de transmitir.

Pero sí hay un personaje protagonista principal -o preferido, al menos- en sus cuadros, que es este árbol frondoso rojo. Permanentemente está en sus exposiciones.
Sí. Eso sí, siempre. Es una constante porque, además, el árbol tiene muchos significados. Aparte de tener tantos significados, es una manifestación de Buda. Para mí, es muy lindo esto. Poco a poco, uno va haciendo y descubriendo qué es lo que significan tus cosas, qué significa lo que tú haces, y vas leyendo y entrando.

En su pintura podemos encontrar que hay un silencio reflexivo, un silencio lleno de emociones y sensaciones para el espectador. ¿Qué es lo que nunca encontraríamos en una pintura suya?
Yo nunca digo nunca. Uno nunca sabe lo que tiene ganas de decir. Uno puede ser muy reflexivo, muy ecuánime, pero nadie es perfecto. Yo no quisiera poner ni violencia ni dolor ni convertirme en un pintor panfletario. No quisiera. No creo que me convierta en panfletario, pero sí podría tocar, alguna vez, el tema de la violencia, como ya lo he hecho. Conservo bastante humor en mis cosas, pero sí puedo ser violento. No tengo la necesidad de tener un discurso violento, pero soy un ser humano, también. Y soy un ser reflexivo: la violencia no conduce a nada, pero hay gente que la usa.

¿Es fácil estar alejado de las modas en la pintura? Mucha gente sigue la corriente de moda. En su caso, usted no sigue ninguna moda. Su pintura es atemporal.
Mi pintura no sigue ninguna moda. Mi pintura puede ser hasta clásica. Y lo que sí, una vez, me dijo (Carlos) Revilla es que estaba un poco molesto porque habían puesto (en la prensa) que era el pintor de moda. Entonces, me dijo: “A mí esto me parece muy malo, porque pasa la moda y pasa el pintor, y los artistas no podemos pasar. Porque el artista que es de moda no es un artista, es una cosa de moda”.

Un producto del mercado.
Claro. Puede que los estilos se desarrollen. Cuando uno está inmerso en un estilo, puede que el estilo se ponga de moda, que esa escuela se ponga de moda, pero no el pintor ni su pintura. El mundo del consumo de arte es bien especial. Puede ser muy sofisticado como puede ser muy popular. Sin embargo, más allá de la moda, el arte permanece.

Claro. El Tao Te Ching de Lao Tsé, mencionaba que “la persona sabia prefiere la no acción y permanece en el silencio”. ¿Esta debería ser una condición para todos los artistas que pretenden hacer una pintura parecida a la suya?
Yo creo que todo es relativo. Así como el silencio es necesario, la voz, también. Así como el que da, recibe, todas las cosas son cíclicas. A veces, nos toca, así como tener un silencio, también, tener una voz. Y una voz de mando o de alerta. Porque el arte es comunicación.

Usted fue parte del Grupo Paréntesis, a finales de los años setenta. ¿Cuál fue la importancia de este grupo dentro del arte peruano?
Fue una época y una experiencia muy bonita. Creo que había solamente un par de galerías en Lima, todo era un inicio de ciertas cosas y, realmente, éramos protoartistas en proceso. Fue un momento muy especial, donde las cosas se dieron para mucha gente que estaba esperando una identidad de arte, con qué imagen y con qué artistas identificarte.

Ahora está presentando su última exposición, Equinoccio mágico. ¿Cuáles son las novedades en su propuesta pictórica?
Esto es una continuación, pero con más énfasis en la luz, por eso es que se llama equinoccio. El equinoccio es cuando la Tierra está más cerca o más lejos del Sol. Eso da las estaciones. Porque eso crea los ciclos. Entonces, existe el equinoccio de invierno, el equinoccio de primavera, estas cosas. En el equinoccio que es el 21 de setiembre, las sombras y las luces tienen una particularidad de ser muy definidas. Esto crea en la naturaleza una luz muy particular que hay que saber percibir. Y si uno está en un estado de contemplación, puede entender muchas más cosas. Eso por un lado. Por otro lado, existe lo que se llama el equinoccio vernal. El equinoccio vernal es, en astrología, el inicio de cada año. Es el cero grados de Aries. El Sol se coloca ahí para empezar, nuevamente, un año. Eso se llama equinoccio vernal. Tiene que ver con los movimientos astrales, de los signos, de los planetas y todo. Es el Sol quien crea esta situación.

¿Usted se siente, de repente, en un equinoccio? ¿Está empezando algo nuevo, tal vez?
Yo creo que estoy en alguna primavera interior.

Muchísimas gracias por la entrevista y éxitos en su nueva exposición.
Gracias a ti.

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