viernes, 19 de agosto de 2011

Damián Alcázar



“Si no hubiera hambre en nuestros países, no serían violentos”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán


Un admirable camaleón. Así es el mexicano Damián Alcázar (Jiquilpan, 1953), uno de los mejores actores de Latinoamérica. Puede ser un sacrificado villista (Chicogrande, 2010), un exmilitar que se convierte en asesino (Satanás, 2007), un hombre tímido con cierto retardo mental (Cruz, 1998), un narcotraficante que ama a su familia (El infierno, 2010), el presidente municipal interino de un pequeño pueblo con muchos problemas y cero presupuesto (La ley de Herodes, 1999), un sacerdote partidario de la Teología de la Liberación (El crimen del padre Amaro, 2002), y, todo, con una profundidad enorme en sus personajes. El camaleón mexicano no hace distingos en actuar para cortometrajes o largometrajes. Le encanta participar en óperas primas, como una manera de apoyar a talentosos cineastas jóvenes, así como para disfrutar de esa poderosa energía juvenil a la hora de filmar. Asimismo, ha compartido roles con los mejores actores de su país (como Patricia Reyes Spíndola, Ana Ofelia Murguía, María Rojo, Ernesto Gómez Cruz, Alejandro Calva, Bruno Bichir, Joaquín Cosío, Jesús Ochoa, entre otros) y ha obtenido premios por sus interpretaciones en España, Mónaco, Estados Unidos, Colombia, Cuba, México y Perú. Incluso ha actuado en Hollywood, en Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian (2008). También se ha organizado retrospectivas cinematográficas en distintas partes del mundo para difundir su notable trayectoria actoral. Este 2011, vino al Perú para ser homenajeado en la edición número quince del Festival de Cine de Lima y, además, se llevó el premio a Mejor Actor por su papel en Chicogrande -film dirigido por el gran Felipe Cazals-. No obstante, más allá de todos los merecidos premios y reconocimientos que obtiene -y seguirá obteniendo, seguramente-, Alcázar es un hombre reflexivo, con una gran conciencia acerca de la dura realidad social en su país y nuestro continente. Él no se deslumbra con las entrevistas, las alfombras rojas, los flashes fotográficos o los aplausos prolongados. Esta es una entrevista donde podemos identificar, más que a un maravilloso actor, a un ser humano sensible y solidario, el cual mantiene un amor enorme por ese gran país -como él mismo dice- llamado Latinoamérica.


Gracias por estar en el Festival de (Cine de) Lima. Usted que es de Jiquilpan, ¿extrañará su ciudad con tantos viajes que tiene que hacer al exterior por el cine?
Extraño que me digan que soy de Jiquilpan porque solamente nací ahí, pero nunca más regresé. A los tres meses me sacaron de ahí mis padres y he ido dos o tres veces de vacaciones. Siento también que, por cultura familiar, me ha tocado vivir en muchas ciudades. Entonces, no tengo exactamente un lugar. Cuando me preguntan ¿de dónde eres?, siempre dudo mucho decir de dónde. Porque me siento de Veracruz, donde estuve más de veinte años; de repente vivo en San Miguel de Allende, en donde estoy hace ocho años, pero solamente he estado ocho meses. He vivido más en Colombia que en la ciudad donde vivo ahora. En fin, soy errante.

Al menos su acento lo define como mexicano.
A veces. Porque he trabajado en cinco películas colombianas y muchos colombianos todavía creen que soy colombiano.

Sí. Por ejemplo en Satanás, usted el acento lo hace…
Absolutamente.

…perfectamente.
Ahora traemos otra película que se llama García (2010), en donde también hago un “cachaco” (así se dice de una persona bien educada, en Colombia) puro.

¿Es difícil aprender el acento de otro país?
No. Yo creo que es cuestión de adquirirlo. Hay que ir y vivir un poco la vida de la ciudad en la que vas a trabajar. Si yo hiciera de peruano, tendría que venirme a algún lugar del Perú unos dos meses, mes y medio antes, para poder entenderlos. Porque somos muy similares, pero también muy diferentes.

En García tuvo una coprotagonista bella: Margarita Rosa de Francisco.
Sí, bellísima. Y siempre digo que fue una pena que a mí no me tocaran las escenas de cama, ja, ja, ja…

Ja, ja, ja…
Es una gran compañera de trabajo, una excelente actriz. Pero lo mismo te puedo decir también de Fabio Restrepo, que es un excelente, brillante actor. Lo pasé muy bien con ellos, con Margarita Rosa y Fabio como compañeros, y con todos los demás, por supuesto. Pero con ellos tuve mucho más tiempo de trabajo. En general, lo paso muy bien cuando filmo alguna película. Ya sea en México, Ecuador, Costa Rica o Colombia.

Volviendo a Colombia, justamente de Satanás me llamó mucho la atención Eliseo: esta relación edípica que tiene con su madre, siendo un hombre tan mayor. No puede separarse de su madre (hasta que la mata). ¿Cómo así manejar esta historia de una madre tan terrible, tan castradora? Para mí, el momento detonante de la película es cuando justamente (ella) le dice a Eliseo: “Es que eres un soldadito fracasado”. Ahí estalla Eliseo y todo lo que, después, va a hacer.
Sí. Se acerca un poco, pero es una buena historia, una muy buena película, me parece, justo porque toca esos temas. Una madre castradora es capaz de “deshuevar” a su hijo o de hacerlo un brutal asesino o una gente apática. Es una cosa muy fuerte. Y es apenas un toquecito que tiene la película. Pero habla mucho de quien es este señor, qué le pasó. Eso es lo que hace a una película interesante. Me parece que, aunque no se explota mucho ese ángulo de la película, con mi personaje sí asoma un poco cómo fue su vida en casa.

Y es un personaje muy contenido en todas las escenas que aparece.
Muy contenido, sí. A veces pienso -ya reflexionando sobre él, después de ver la película- que lo hice demasiado contenido. Que debería haberlo soltado un poco. Pero tú no puedes hacer más nada. El guión es así, tú tienes que asumirlo. En fin. Yo creo que si volviera a hacer la película le daría un poquito más de relax en el cuerpo del personaje. Que no fuera tan duro. Pero no sé: tendría que ser otro guión.

En el fondo, la película es una historia sobre solitarios y culpables. Solitario, Eliseo, y culpable, el cura. Y la chica (Paola), también.
Y de víctimas de una sociedad siempre hostil, siempre violenta y con necesidades no resueltas en lo social, que genera este tipo de situaciones. Por un lado, el sacerdote: me parece que fue una idiotez al señor que se le ocurrió que no tuvieran relaciones sexuales, que fueran…

El celibato.
…¡célibes! Me parece la cosa más idiota. Pero luego, hace poco, alguien me decía: “¿Sabes por qué se instituyó el celibato?”. “¿Por qué?”. “Pues porque los sacerdotes tenían hijos”. Y al tener hijos tenían que dejarles a los hijos, de alguna manera, resuelto su…

Su futuro.
…su futuro. Por lo tanto, obligan a los sacerdotes a no tener hijos y a ser célibes. Dije: “¡Vaya, la Iglesia, qué inteligente!”, ja, ja, ja…

Para preservar…
Exactamente.

…los bienes materiales de la Iglesia.
Para preservar los bienes materiales y, de repente, también, para pudrir a la gente. Porque un ser humano que no tiene la evolución normal de un individuo, pues evidentemente se vuelve un enfermo. Entonces, resulta que tenemos, seguramente, el 40 % de sacerdotes pederastas. ¡Qué cosa más jodida! Y a lo largo de la historia.


Derrumbar las fronteras latinoamericanas

Claro. Uno puede pensar que esta historia es -de repente, por lo mismo que se desarrolla en Colombia- mayormente colombiana, pero en el fondo es una historia muy latinoamericana. Todo el conjunto es reflejo de Latinoamérica.
Absolutamente. Creo que porque somos el mismo país. Hay unos señores que se empeñaron en separarnos desde hace tiempo y pusieron ahí unas líneas fronterizas, pero deberíamos tirarlas. Deberíamos derrumbarlas porque seríamos una gran nación, con una riqueza formidable. En todos los sentidos.

Tenemos mucho más potencial que la misma Europa.
Por supuesto. Además, con muchas más riquezas naturales que la misma Europa.

Claro.
Pero se han encargado de separarnos y, al contrario, de estar alimentando el odio y la separación en nuestros pueblos. Cosa bastante idiota que los ciudadanos deberíamos reflexionar y solucionar.


Cinco dólares diarios para mantener una familia

A usted siempre le han interesado estos temas políticos, sociales. Se ve marcadamente, tanto en los personajes como en las películas que elige.
Sí.

¿Cuándo surgen estos intereses en usted?
Yo creo que porque siempre me di cuenta, desde muy chico, de qué ocurría. Conozco la vida del campo, sé de las penurias de nuestros indígenas, por ejemplo; del abandono en el que se encuentran. Sé cuánto gana un obrero y las horas de trabajo que implican para él ganarse cinco dólares diarios, con lo cual tiene que mantener una familia. Lo sé, perfectamente. Entiendo muy bien a la gente. No me voy por el camino fácil. No soy un actor al que le importen la fama, los cocteles, que la pase formidable y diga: “Soy un gran actor”. Y que se levante así, orgulloso. No. Para nada. Soy un hombre pensante y una persona que quiere trabajar por la cultura de nuestros países o de nuestro país -para llamarle de una sola forma-, y que está interesada en lo que ocurre en nuestra historia, nuestra cotidianidad, avizorando un futuro -ojalá- mucho mejor.

Inclusive usted, durante su juventud, quiso unirse a alguna de las guerrillas centroamericanas.
Sí. Yo creo que esas cosas se adquieren, no sé de qué forma. Seguramente porque fui siempre muy introvertido, muy reflexivo. Más que un niño de acciones -porque era bastante enclenque y delgaducho-, seguramente era mucho más pensante. Me acuerdo que prefería la ficción a la realidad. La realidad me parecía espantosa, terrible. Hasta que fui papá. Ya cuando fui papá es que me interesó muchísimo la realidad y tratar de transformarla. Hasta ahora. Hace como un año me he dado cuenta que estoy muy colérico, muy enojado, y que solamente vocifero en contra de las circunstancias sociales y políticas de nuestros países. Desde hace un año para acá estoy pensando en modificar y decir: “Quiero ser mucho más participativo”. Quiero vociferar menos y conducir muy bien mi ira, mi cólera, para producir cosas, para ser mucho más sensato y propositivo.

Sin embargo, pudo concretar este deseo de juventud cuando realizó la película El último comandante (2010).
Ahí también hay una crítica fuerte respecto a esta quimera o utopía de ser comandante sandinista, y darse cuenta de que el ser humano siempre es muy complejo. Y las circunstancias sociales y políticas, más todavía. Fueron hombres que se entregaron a una lucha. Muchísimos murieron. Y los que quedaron no pudieron llevar a buen término todos sus objetivos. Fueron presionados, principalmente por la contra de Ronald Reagan, matando a todos sus jóvenes. Y, finalmente, algunos decidieron -ya que habían luchado por emanciparse- tener mejores condiciones de vida. Entonces, entraron a aquella cosa mal llamada “la piñata”, pero en todas las revoluciones ha ocurrido lo mismo. Tal vez me equivoque y Lenin y Trotsky hayan tenido otro tipo de vida, pero llegaron al poder, a ejercerlo, y a tener realmente dominio sobre las masas y los otros. Y a imponer su ideología, que en aquel entonces era lo mejor que podía ocurrir. Pero siempre es así. Los movimientos siempre son temporales.

Y la gran ironía de El último comandante es que este comandante, que todos pensaban muerto, era un profesor de baile. Muchos que empezaron en la izquierda o tuvieron esa inclinación por causas sociales, revoluciones, en los años sesenta, setenta, luego han terminado en el otro lado: abandonando, totalmente, esta lucha, o volviéndose, inclusive, parte del capitalismo más salvaje que existe.
Pero es por lo que te digo: porque siempre hay un movimiento. Nunca algo puede ser estático. Y es lo normal. Ahora yo estoy muy alejado de las circunstancias que vive el Perú, pero estoy consciente y, desde hace mucho tiempo, atento. Digo: “Creo que no le va a ir peor con este señor que acaba de entrar”. Estoy seguro que no les va a ir peor de lo que ya se alharaquea tanto de las bonanzas del neoliberalismo. Como decíamos en México: “A la chingada el neoliberalismo”.

Ja, ja…
Necesitamos algo que tenga que ver con los ciudadanos. Ojalá que este señor Humala pueda variar y darle un poco a los que están tan desatendidos desde hace muchos años.


Combatir el hambre y, luego, la ignorancia

Alguna vez, usted dijo que el cine reflejaba el tipo de sociedad que cada país era. ¿Qué tipo de sociedad refleja México, según su cine?
Tienes que ver El infierno, ja, ja, ja, ja... Ya te vas a dar cuenta.

El narcotráfico más puro, entonces (es que sí había visto la película: es magnífica, cinematográficamente hablando. Y muestra, con crudeza, la terrible y violenta realidad en la que vive gran parte de la población mexicana).
Ahorita es esta brutal enfermedad que se fue generando como caldo de cultivo de generaciones y generaciones en el abandono y la pobreza. Porque no es gratuita. La gente no es mala de por sí. No se van a hacer delincuentes porque son malas personas o perversos. No. Se van porque no ven otras circunstancias. La gran mayoría de ellos. Estoy hablando del 90% de esa gente, que lo que quiere es elevar su nivel de vida y no ve otras posibilidades más que delinquir. Si tuviéramos lo necesario, si no hubiera hambre en nuestros países, no serían violentos. Primero, si no hubiera hambre podríamos trabajar para que no fuéramos ignorantes. Quiero decir: después de combatir el hambre habría que combatir la ignorancia. No al revés. No se puede tratar de combatir la ignorancia cuando la gente tiene hambre. Primero hay que combatir el hambre. No hay cosa más horrible que regresar a casa con las manos vacías y que tus hijos tengan hambre. No hay cosa más horrible.

Para terminar la entrevista: ahora va a ser homenajeado en el Festival de (Cine de) Lima. Aunque usted ya ha recibido homenajes en otros festivales, ¿cómo se siente con este reconocimiento?
Pues muy honrado. Sé que (Francisco) Lombardi y Edgar Saba, ambos, me han elegido un poco por lo cálidos que son y, seguramente, porque les gusta mi trabajo. Entonces, pues yo estoy feliz de que me hayan elegido. Me da un gusto enorme. Me hace responsable de mis actos y de querer hacer mi mejor esfuerzo en el siguiente proyecto. Porque no me voy a conformar con que me den el Spondylus ahora: quiero ganarme otro, je, je… actuando.

Ya tiene bastantes reconocimientos.
Tengo un Spondylus por Crónicas (2004), una película ecuatoriana de Sebastián Cordero. Y ahora me dan este, je, je, y yo quiero otro todavía, por actor. Si no es este año, vendré por él, prontamente.

Muchas gracias por la entrevista y que siga disfrutando…
Encantado.

…su estadía en Lima. Gracias.

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