Mostrando entradas con la etiqueta Roald Dahl. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roald Dahl. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de mayo de 2011

Fedosy Santaella



“La libertad absoluta lleva hacia la tiranía”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán


El escritor venezolano Fedosy Santaella (Puerto Cabello, 1970) es uno de los nombres más importantes de la literatura llanera actual. Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela y catedrático de la Universidad Católica Andrés Bello, entre sus obras tenemos las novelas Rocanegras (2007) y Las peripecias inéditas de Teofilus Jones (2009); así como los libros de relatos Cuentos de cabecera (2004), El elefante (2005, Premio Certamen Mayor de las Artes y las Letras), Postales sub sole (2006, Premio Bienal Internacional José Rafael Pocaterra), Historias que espantan el sueño (2007), Piedras lunares (2008, Mención de Honor en la Bienal José Antonio Ramos Sucre) y Ciudades que ya no existen (2010). Igualmente, ha sido compilador de libros de relatos, como Cuentos sin palabrotas (2009). También es autor de los títulos de literatura infantil y juvenil Fauna de palabras (2007), Verduras y travesuras (2009), y Miguel Luna contra los extraterrestres (2009). Asimismo, ha sido finalista del concurso de cuentos Cosecha Eñe 2010, mantiene con gran vitalidad su blog Caja Virtual desde 2005, es editor de la revista digital Los Hermanos Chang desde 2006, ha escrito y dirigido para HBO y Cinemax, y en 2009 fue parte del prestigioso Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa. Además, ha sido colaborador de los periódicos El Universal y Notitarde, y de las revistas Imagen, Guayoyo Impreso, Logotipos, Dmente, Ficción Breve y Letralia. Los cuentos de Santaella figuran en Antología de cuentos de humor (2006), Antología del cuento breve en Venezuela (2005), 21 del siglo XXI (2007), y algunos de sus poemas en Desde el patio del limonero. Antología de talleristas (2006). Este interesante autor fue uno de los invitados al Festival Eñe América realizado hace poco en nuestra capital, donde ofreció el taller Posmodernidad y los referentes en la narrativa y, también, el cara a cara La literatura como forma de resistencia con el novelista y poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo.


Mucho gusto. Muchas gracias por la entrevista.
No, gracias a ti.

Usted es de Puerto Cabello.
Sí, así es. Puerto Cabello es…

La llamada Ciudad Cordial de Venezuela.
Sí, Puerto Cabello es el puerto más importante de Venezuela y nací allí hace cuarenta y un años, tal cual.

La ciudad sufrió tanto ataques de piratas como de marinos.
Así es.

Como Francis Drake, John Hawkins…
Sí.

…y Charles Knowles. Me preguntaba si esto había generado mucha literatura en Venezuela. Al menos en esa parte (de Puerto Cabello).
Te puedo decir, particularmente, por mí. A veces, cuando me pregunto o me preguntan las razones por las que empecé a escribir: es una pregunta muy complicada para alguien que escribe. Nunca uno tiene razones muy claras de cómo pasó de ser lector a escritor. Siempre resulta muy complicado responderse eso. Pero creo que una de las razones que están allí es, precisamente, haber nacido en una ciudad muy cercana al mar. La imagen del mar es en sí muy poderosa. Esa imagen se queda siempre por dentro, a lo largo de la vida de uno. Y, luego, la cantidad de leyendas, historias… Hay una parte de la ciudad, incluso, que es colonial. Hay una calle muy famosa llamada Calle Lanceros, llena de historias. Hay una Casa Guipuzcoana, también. El vivir rodeado en la infancia de esa magia de la historia, del tiempo, de algún modo son factores, gérmenes, de lo que lo hace a uno ser escritor. Es algo que se queda por dentro y va conformando el alma del futuro escritor. No sé si, en general, con la literatura venezolana, pero por lo menos con lo que respecta a mí, sí. Tengo un libro que se llama El elefante, de cuentos, que trata sobre historias de la infancia en Puerto Cabello. No es un libro para niños, pero tiene que ver con la infancia porteña. Y allí se habla de todo ese ambiente mágico, sagrado, que tiene la ciudad con respecto a su historia.

¿Se ve a sí mismo dedicándose a escribir literatura para niños siempre o va a probar otros géneros? He visto que ha probado novela y poesía.
Sí, es que las inquietudes van apareciendo, el mosquito me pica de acuerdo a cada circunstancia. Ahorita tengo un extraño asalto de la poesía y ando escribiendo poesía. Soy muy mal poeta, pero me asaltó, de pronto. Y lo mismo ocurre, de repente, de un modo más pasivo, tranquilo, con la narrativa. En circunstancias, aparece alguna historia que uno huele, sospecha, intuye, que pueda ser para niños y surge. No considero que sea exclusivamente un autor de literatura para niños. No considero que sea exclusivamente un autor de literatura para adultos. Simplemente, (soy) un escritor y ya. Va saliendo lo que va saliendo.


Los peligros del chat para los niños

Justamente, en su libro Historias que espantan el sueño del año 2007, uno de sus cuentos es Yoamoatodoelmundo
Sí, Yoamoatodoelmundo dice.

…que es muy impresionante porque al final uno se queda con la pregunta de si en verdad todo este cuento, de repente, era imaginación de Richard (amigo del niño Sebastián, el protagonista).
Ese cuento está basado en una anécdota personal, pero no (de) cuando era niño sino ya de adulto. En cierta ocasión, me encontraba con el Messenger abierto y alguien que se hacía llamar Yoamoatodoelmundo pidió ser mi amigo, entrar a chatear, y le di el permiso. Surgió la ventanita de chat y me preguntó, tal cual: “Hola, ¿tú cómo estar?”.

Como Tarzán.
Sí, como Tarzán. Yo le respondí de inmediato: “Bien, ¿y tú?”, y guardó silencio, no me respondió nada. Al rato me pregunta: “¿Tú ser hombre o ser mujer?”. Entonces: “No, yo soy hombre, ¿y tú?”, y no respondió más. Se quedó allí, online, y no respondió más. Eso me causó cierta inquietud, cierto temor. Y empecé a imaginarme cosas: que del otro lado quizás había un fantasma o era una energía en la red, así como Ghost in the shell, el anime japonés. O que del otro lado de la línea había una niña loca que se había escapado de un manicomio y se había metido en el chat. No sé, fueron como muchas ideas allí.

En el cuento las plasma.
Y las guardé. Guardé la historia y, luego, cuando me puse a escribir este libro de cuentos de miedo para niños y retomé esa historia, salió Yoamoatodoelmundo dice, que tiene mucho de cuento japonés -con respecto a Ghost in the shell, por ejemplo-.

Me generó muchas preguntas cuando lo leí, porque decía: “Esto puede ser una alegoría de los tiempos de Facebook, del chat…
Claro, evidentemente.

…del Messenger”, en los que hay tantos peligros y ha habido tantos niños secuestrados, abusados, por gente extraña que se hace pasar tanto por un amiguito como (por) una amiguita.
Sí. Y también allí -hablando ya de lo que podría decir el cuento a los niños- es que tú recibes lo que das. Sebastián desde el principio trata mal a esta energía que está en la red, que le está escribiendo, y él transforma esa energía que estaba naciendo en algo malo porque él, precisamente, le dio maldad. Y lo que se le devolvió fue maldad.

Pero también estaba picado porque quería conquistar chicas como su amigo Richard.
Claro.

Que escribía menos bien que él, inclusive.
Sí. Solo lo normal. (Quería) que las redes sociales funcionen como herramienta de conquista.


Rocanegras o el fin de una Venezuela afrancesada

Sí. También me llamó mucho la atención que su novela primera, Rocanegras, está basada en el duque de Rocanegras, el personaje de Vito Modesto Franklin, mediante el cual surge el término vitoquismo.
Sí, el vitoqueado, el vitoquismo.

¿El vitoquismo era el vestirse exagerada o extraordinariamente bien para llamar la atención o, en general, era una manera de aparentar siempre las cosas?
Es un término que desapareció. Ya no se usa hoy día en Venezuela. El vitoqueado, no obstante, durante mucho tiempo fue sinónimo de ambas cosas: andar muy bien vestido, muy elegante -en el sentido positivo-, y también podía significar que eras una persona estrambótica, algo alocada -tonta incluso- y ridícula en la manera de vestir. Tenía las dos acepciones, pero, principalmente, andar vitoqueado era que andabas muy bien vestido, muy elegante. El duque de Rocanegras, Vito Modesto Franklin -que se hacía llamar duque de Rocanegras y príncipe de Austrasia- es un personaje que existió realmente, en los tiempos de (el dictador Juan Vicente) Gómez. La historia, de hecho, transcurre en 1924. Era un personaje estrambótico. No era exactamente un dandy, pues el dandy se relaciona más con la figura de Lord Byron, por ejemplo. Éste era más bien un personaje cómico, que fue carnada de los humoristas de la época, y él se dejaba. Le inventaron una novia. Los humoristas Leoncio Martínez o Job Pim (Francisco Pimentel Agostini) le escribían cartas de una novia ficticia que se llamaba Piperazina de Midy -que es un nombre de remedio- y él respondía las cartas. Se prestó al juego de la burla. Es un personaje fascinante de la historia venezolana que fue olvidado y, de alguna manera, humildemente, lo traté de rescatar.

Él había vivido casi en los mismos años que Juan Vicente Gómez.
Sí, así es.

Entonces, esta época dictatorial, junto con este personaje (duque de Rocanegras), hacían una especie de contrapeso muy interesante...
Así es.

…históricamente.
Roberto Echeto -u otro escritor amigo mío, contemporáneo- escribió una nota sobre la novela y dijo algo muy interesante -y no lo digo por mí sino porque lo dijo él-: que esa era la manera de Vito Modesto Franklin de resistir a la dictadura. Como no podía hacerlo desde la lucha o la opinión pública, su disfraz era una manera de resistir una época de represión. Y la única manera, evidentemente, de lograr que pasara por alto el Gobierno tal resistencia era simulando locura, estupidez, tontería. A veces, los gobernantes no son lo suficientemente inteligentes para entender el humor.

Sí, les duele.
Je, je.

En el alma, ja, ja.
A veces lo entienden y les duele, y a veces no lo entienden y lo dejan pasar. Creo que es el caso de Vito: no entendieron.

Eran un contrapeso interesante, como personajes históricos.
Sí. Y era un reflejo también de la época. En esos años ya se había descubierto el petróleo en Venezuela y empezaba a morir una Venezuela que era la de (el tres veces presidente Antonio) Guzmán Blanco. Intentaba imitar los estilos de vida europeos, pero sobre todo el francés, no tanto el inglés. Y, con la aparición -eso se ve en la novela- del petróleo y el comienzo de las relaciones de Venezuela con los Estados Unidos, empieza a entrar el estilo de vida norteamericano. Y Vito Modesto Franklin está en esas dos aguas. Él ve cómo empieza a morir su mundo francés de elegancia, refinamiento, y empieza a ver también cómo el estilo de vida norteamericano, las palabras en inglés, empiezan a sustituir las palabras del francés en el hablar del venezolano. Entonces, él siente que se está muriendo una época con él. Y eso está muy presente en la novela.

Es una metáfora del cambio de…
Es una metáfora de cambio que algunos lectores también lo han relacionado con el presente, con la llegada de la Quinta República de (Hugo) Chávez.


Ironizando sobre la burocracia latinoamericana

Antes de tocar el tema de Chávez, su otra novela Las peripecias inéditas de Teofilus Jones: (hay) momentos de esa novela que están en Internet, muy buenos, porque es toda una crítica y una ironía a la burocracia.
Sí.

Usted dice: “…Por mí firman mil veces, y mil veces yo les digo que esa firma no es igual a la original, que esa firma varía en esta raya, en esta curvita, que no, que no es aceptable. Bajo mi mandato, deben volver a llenar las planillas. La PG-21, la A-1, la B-12, la XXX-18…”
Sí, je, je.

Que es, obviamente, para adultos.
Sí.

“…la R, la TP, la F-16…”, que son aviones de guerra.
Sí.

“…la AK-47…”, que es una metralleta.
Sí.

“…la C-4, la UB-40…”, que es el grupo de música y…
C-4 es un explosivo.

Ah, C-4 es un explosivo.
Sí.

Es una mezcolanza de varias cosas y, en el fondo, es una crítica a esta burocracia tan latinoamericana.
Sí. Una vez más ahí está el humor como forma de resistencia. Tal como decías tú hace rato: el humor le duele a los poderosos. Evidentemente, cuando lo entienden. El humor le recuerda al oído al poderoso que tiene los pies de barro, que no está por encima del resto de los seres humanos y que algún día va a morir.

Él se debe hacia su pueblo.
Claro. Y esta novela está escrita en clave de humor, porque es la respuesta a la desesperanza el humor. Entonces, está allí manejada la parodia, la sátira, en una novela distópica.


La literatura venezolana dependió mucho del Estado

Habiendo creadores literarios tan originales como usted en Venezuela, ¿por qué, de repente, no se conoce más la literatura de su país en Latinoamérica? Porque después de Arturo Uslar Pietri
Sí.

…que es un monstruo a nivel latinoamericano y en toda la lengua española, no se sabe mucho más de Venezuela. ¿Qué ha pasado?
No tengo una respuesta clara para eso. Creo que dependen de muchas cosas, de muchos factores. Durante muchos años quizás la literatura venezolana dependió muchísimo del Estado: era quien sostenía la escritura, por decirlo de esa manera. Eso llevó a que, por ejemplo, las editoriales privadas tuvieran una mínima participación en el mercado. No es una defensa a las editoriales privadas, pero su negocio es vender, y cuando eso sucede, de algún modo se da más oportunidad de que se mueva el escritor en función a la promoción. Cosa que no ocurría con respecto a las publicaciones del Estado, y al escritor en relación con el Estado. Eso hacía que sea un trabajo muy local, que ocurriese un movimiento muy local que no salía. Eso por un lado, y a lo mejor estoy diciendo una burrada. Por otro lado, hay algo de la esencia del venezolano que no (le) permite sentirse orgulloso de lo que hacen sus propios artistas: siempre hay una mirada hacia afuera y no hacia adentro. Cosa que en los últimos años ha estado modificándose, por fortuna. Y si no hay un conocimiento desde adentro de lo que están haciendo los venezolanos es muy difícil que lo haya hacia afuera. También hubo, durante mucho tiempo, una manera de entender la literatura muy cerrada, que quizás no trascendía del propio círculo de escritores y académicos, con cierto desprecio hacia el público mayor. Vamos a estar claros: los escritores se conocen porque los lee la gente, el gran público. Hay muchas razones para ello. No sé si las mías sean las verdaderas.

Por ejemplo, ¿llegar a Alfaguara le costó? ¿Es difícil para un venezolano llegar a un sello internacional?
Sí. En los últimos años, Alfaguara Venezuela está publicando autores venezolanos. El asunto es que las editoriales transnacionales en los países latinoamericanos se mueven internamente. Es decir, Alfaguara Venezuela trabaja para el mercado venezolano; Alfaguara Colombia trabaja para su mercado interno, aunque también tiene un sistema de promoción dado por ese mismo respeto de los propios colombianos hacia sus escritores que han trascendido un poco más. Y ni se diga de los argentinos, que son expertos en promocionarse. Pero, por ejemplo, que tú publiques con Alfaguara o Ediciones B no es garantía de que tus libros van a salir del país. Estamos en ese proceso. Ojalá que algo se dé en algún momento.


Las múltiples influencias del escritor

Usted decía que es una persona de estos tiempos, por sus aficiones: ve Cartoon Network, Boomerang, Nickelodeon, Discovery Kids, las historietas de Frank Miller
Sí.

…y también lee a (J. K.) Rowling, a Roald Dahl. Entonces, de todas estas influencias, ¿cuál es la que prima en usted: la del anime, el cine, la historieta?
Es fundamental la honestidad. Tú tienes determinados gustos y eres honesto con ellos a la hora de escribir. No hay una diferenciación en la literatura contemporánea con respecto a lo popular y lo culto, pero si tú mantienes ese patrón anticuado de que en la literatura no puede entrar todo aquello que te satisface dentro de la cultura popular sino que lo dejas afuera por falta de honestidad contigo mismo, no se va a ver reflejado en la literatura y, para mí, no va a haber honestidad respecto a uno mismo. Entonces, me gusta el cine, (los) cómics, la novela gráfica, ver televisión, la pornografía, cualquier cosa de la cultura popular. Me gusta lo camp, lo kitsch, las artes plásticas. Y todo eso está en un depósito en tu cabeza que a la hora de escribir sale.

Se nota que es usted honesto porque pocos escritores suelen decir eso en público: “Me gusta la pornografía”, je, je.
¿A quién no le gusta la pornografía? Ja, ja, ja.

Pero pocos lo dicen, ja, ja. Usted dice que escribe en este mundo para divertirse y para divertir a los chamos.
Sí, claro.

A los chiquillos.
Sí. Para divertir al lector y divertirme a mí mismo. Yo no entiendo la literatura como sufrimiento. Por lo menos la narrativa no la entiendo como sufrimiento. Quizá en la poesía me pega un poco más, me pone más intenso y a tropezar más, pero la narrativa no. La narrativa la sudo, por supuesto. Trabajo con la revisión constante y todo eso, pero igual la disfruto.


Nada con panfletos políticos ni libertades tiránicas

Como venezolano: a usted la política -a diferencia de la literatura-, ¿le causa algún resquemor, escozor?
Mis angustias existenciales se ven reflejadas, por ejemplo, en Rocanegras y en Las peripecias inéditas de Teofilus Jones. No creo en el panfleto político, pero sí en el espejo humano.

¿Cree en Chávez?
No creo en Chávez. En Las peripecias inéditas de Teofilus Jones lo digo muy claro. Me preocupa el tema de la libertad en mis novelas. En las dos novelas el tema de la libertad es fundamental y no creo en esa libertad para el pueblo ni en la libertad de las masas ni en esos disfraces de libertad. Creo en la libertad del respeto y del individuo, sí. La libertad absoluta que pregona el socialismo es una libertad tiránica. Eso no es libertad. La libertad absoluta lleva hacia la tiranía.


Un documentalista que conoce bien el Perú

Esperemos que siga disfrutando su estadía en Lima.
Gracias.

Es primera vez que viene, ¿verdad?
No, es la segunda vez que vengo. Estuve aquí hace unos quince años, aproximadamente, trabajando como director de documentales y guionista.

Usted estaba con HBO y Cinemax.
En ese momento estaba haciendo un documental para HBO, sí. Una serie de documentales que se llamaban Nuevas crónicas de América.

¿Crónicas urbanas?
Después vinieron las crónicas urbanas, pero las primeras crónicas eran más que todo un recorrido por los lugares turísticos principales. Estuve en Machu Picchu -allá en Cusco-, Sacsayhuamán, Kenko, Puca Pucara, Tambomachay, todas esas cosas.

¿Qué le pareció?
Una maravilla. Estuve en el lago Titicaca, en la isla de Taquile, en Nazca, en Ica.

O sea que usted conocía el Perú mejor que la mayoría de peruanos.
Je, je. Sí, recorrí bastante. Fue un viaje largo y la pasé muy bien. Yo quedé enamorado de Perú.

lunes, 14 de junio de 2010

Anna Lavatelli



“Lo que tenemos más precioso, más importante en el mundo, son los chicos”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán


Nacida en 1953 en el pueblo de Cameri, en la región de Piamonte -donde nacieron grandes escritores italianos como Cesare Pavese o Primo Levi-, Anna Lavatelli es una autora reconocida de la literatura italiana infantil contemporánea. Estudió Filosofía en Milán, fue profesora de letras en escuelas, colabora con revistas especializadas para niños y jóvenes, y anima encuentros y representaciones teatrales en escuelas y bibliotecas. Ha ganado el prestigioso Premio Andersen (el Nobel de la literatura infantil) para inéditos en 1988, y el Premio Andersen como mejor autora en el 2005, así como también el Premio Pier Paolo Vergerio en 1998, el Premio Valtenesi en 2003 y el Premio Omodei Zorini el 2006. Algunas de sus obras son Paola no está loca (1994), Todos para una (1997), ¿Quién incendió la biblioteca? (2004), Bimbambel (2004), Quieroguerra y Buscopaz (2007). Casada con un peruano, madre de dos hijas y gran admiradora de Mario Vargas Llosa, esta estupenda escritora –a quien le encanta leerle sus historias a los niños y a quien también le hubiera gustado ser actriz- nos explica en la siguiente entrevista cómo es el mundo de la literatura infantil contemporánea y cómo lograr que los niños y jóvenes se acerquen adecuadamente al hermoso e infinito mundo de la lectura y se enamoren de los libros para siempre.

Érase una vez, en la siempre bella Italia, una famosa escritora para niños que amaba leerles maravillosas historias a los pequeños. Un día, ella se fue a Lima, la enorme capital del Perú, para…

Señora Lavatelli: ¿cómo fueron sus inicios en el mundo de la literatura infantil?
Me inicié con una cosa muy pequeña, un cuento que mandé a un concurso. En el concurso gané el primer premio. El premio no era dinero, no era un viaje a las Antillas, je, je, je, más bien era la publicación de un libro, y por ahí empecé.

¿En qué año fue?
Eso fue en 1986. Era una cosa muy pequeña, pero al final me fue muy útil porque ya después cuando llegó a Italia (la editorial) El barco de vapor, se juntó con una editorial italiana que se llamaba -y se llama todavía- Piemme, y fundaron El barco de vapor italiano -que se llama Battelo a vapore-, yo pude con mi primer librito en el bolsillo, mostrárselos, y mandé mi primera novela que es Paola no está loca, y de ahí empecé. Así que eso de promover a los jóvenes autores es muy importante porque a veces los editores no tienen interés en publicar un autor que todavía no sea distinguido en algo, ese es el problema de fondo.

¿Qué busca enseñarles a los niños a través de sus obras literarias?
Lo que me gustaría enseñarles -creo que la literatura juvenil en principio no tiene que enseñar nada, quiero decir nada de enseñanza escolar, y tampoco de moralejas-, una cosa que se les puede enseñar es la belleza de la literatura. Todos los autores contemporáneos -he conocido personas muy interesantes como (María) Cristina Ramos (autora argentina), a Jorge Eslava, Marita Troiano, autores (peruanos) que acá se conocen bien. Por mi cuenta he leído cuentos de (Hernán) Garrido Leca y Oscar Colchado-, todos estamos andando en la misma dirección, la de hacer que los niños se entretengan con cuentos, y lo que les queremos enseñar es eso: la maravilla de la literatura, y punto. Nada más que ello.

Y usted como escritora, ¿cuáles son sus lecturas preferidas, de qué se nutre para escribir?
Un escritor se abastece todos los días con lecturas ajenas. De ahí se empieza. No existe en el mundo un escritor que no sea también un lector. Inclusive más se lee de lo que se escribe. El punto más importante que subrayar es que un autor que escribe para niños no solamente lee libros para niños. Claro, tiene que leer libros para niños porque es importante estar al día con lo que pasa en el mundo -por ejemplo, no solamente autores italianos en mi caso, sino autores de todo el mundo. Y cuando uno tiene la oportunidad de hablar otros idiomas, mejor en su idioma original-.

¿Su preferido, algún autor?
Tengo un par de autores que son mis preferidos y han sido importantes en mi formación como escritora. Un escritor italiano que se llama Gianni Rodari (Piamonte, 1920-Roma, 1980), que ha cambiado para siempre la literatura italiana en el sentido de que no quería enseñarles la moral a los niños, sino hacerles aprender el amor a las palabras, contar historias que tuvieran como protagonistas a niños que resolvían sus problemas a solas. Es decir, no entraba nunca un adulto a corregirles, en el desarrollo mismo de la historia era el niño el que encontraba la salida o entendía dónde había fallado. Eso es lo que hizo Rodari. Además de despertar la fantasía e introducir la ironía en los cuentos para niños. Otro, es el escritor más malvado del mundo (sonríe) -que amo muchísimo-: Roald Dahl (Gales, 1916-Oxford, 1990). Ha sido un genio, porque él no ha tenido miedo a mostrar lo malo que son los adultos. Es un autor inglés que murió años atrás, un autor contemporáneo. Escribió para adultos algunas cosas muy bellas, y también para niños. Pero lo mejor que ha hecho es para niños. Recién salió una película que no sé si han pasado acá en el Perú, que es (Charlie y) La fábrica de chocolates.

Claro.
Es de él.

Hay quienes consideran que la literatura infantil no es tan importante como la que se escribe para adultos. ¿Qué opina usted sobre esto?
En absoluto, no estoy de acuerdo. El autor para niños, aparte de leer otros autores para niños, también lee literatura. Es una mentira o una falta de conocimiento de lo que es la literatura infantil y juvenil ahora en el mundo eso de pensar que sea algo que valga poco. Al contrario, por lo menos en mi caso creo inclusive que vale más, no solamente por el hecho que escribir para niños, muchachos, es un reto muy importante -porque lo que tenemos más precioso, más importante en el mundo son los chicos-: es su formación humana. Entonces, los que se dedican a esto a través de la belleza de las palabras, hacen un trabajo muy importante. Y diría que como hay mala literatura para adultos y hay buenísima, se da igual con los niños. En el mundo de los niños hay mala literatura, bastante basura, igual que en la literatura para adultos, pero tenemos muy buenos autores. En ese sentido, estamos en par.

¿Qué opina de J. K. Rowling?, ¿cree que debió hacer tantas versiones de Harry Potter?
Tal vez no. No me gustan mucho los seriales, tengo que ser sincera. Los libros seriales, al final un poco me aburren, porque llega un momento en que el cliché se repite un poco. No es que no me guste Harry Potter, lo encuentro inclusive una buena idea literaria, una novela que ha hecho una recuperación de los elementos más importantes que tenía la literatura juvenil a partir -por ejemplo- de la figura del huérfano, que es tan importante en toda la literatura de 1800, sobre todo en Inglaterra. Y la magia. Y el hecho de un niño que solo contra todos, sin tener padres, se enfrenta en esa lucha tan importante que es la del bien contra el mal. Esos son temas tópicos de la literatura en general y más aún de la literatura juvenil: eso ha sido lo bueno. Lo malo, en mi opinión, es alargar tanto. Un buen cuento, una buena novela, sólo necesita ser contada una vez.

¿Qué tan importante fue el escritor para niños Gianni Rodari, quien publicó sus dos primeros libros infantiles en 1950 -El libro de las retahílas- y en 1951 -Las aventuras de Cipollino-?
Realmente ha cambiado la forma de entender la literatura juvenil –en Italia, por lo menos-, inclusive creo también en el mundo, porque él ha sido y es uno de los autores italianos más traducidos en el extranjero. Fui a ver una exposición sobre libros de Gianni Rodari editados en el extranjero, en una exhibición en Italia: de Rusia, China, Japón, Estados Unidos, de todas partes del mundo. La cosa más importante es que ha dado a la literatura el primer empuje de cambio radical después de (Carlo) Collodi. Estoy segura que después de Collodi no hemos tenido un autor capaz de darle una nueva dirección a la literatura juvenil. Por ejemplo, ocupándose de temas que ahora están muy de moda y un poco explotados por la literatura juvenil –eso no es bueno-, como la paz, la amistad, la injusticia social, él contaba todo eso a través del humor, de cuentos que hacían reír los niños, que mostraban el absurdo de algunas cosas a través de cuentos divertidos y sin ponerle al final: “entonces hemos aprendido que…”. El niño solo empezaba a reflexionar sobre esos temas a través del esparcimiento, es lo bueno que tenía en su tiempo Collodi. Había entendido eso…

¿El autor de Pinocho, verdad?
Sí, el autor de Pinocho. Cuanto más el tema es delicado, fuerte, tanto mejor el humorismo logra proponer con fuerza el tema. Porque el humor es lo contrario de la moraleja.

¿Se considera usted una sucesora de Gianni Rodari?
Sí, me considero una sucesora de Gianni Rodari, aunque nunca se puede repetir el mismo camino. Pero sería imposible hoy día empezar a escribir libros para niños sin tener en cuenta la lección de Rodari y la de Roald Dahl. Lo que ha pasado con la literatura juvenil después de esos importantes autores –aunque tenemos varios que han marcado etapas importantes, por ejemplo Christine Nostlinger, austríaca, y Anne Fine, inglesa (autora de la novela Mrs. Doubtfire, llevada al cine y protagonizada por Robin Williams)-, los dos, Roald Dahl y Rodari han hecho llegar la literatura juvenil a la madurez. En ese sentido ya no se puede decir que es algo menos importante.

Usted recibió el premio Hans Christian Andersen, que es el Nobel de la literatura infantil, el mismo que Rodari obtuvo en 1970. ¿Qué significa este premio para usted, y que ha recibido su maestro?
Es un premio que de un lado te hace comprender que has llegado a un punto, algo has hecho en tu vida (sonríe) de lo que querías hacer. De otro lado, es una responsabilidad tremenda, porque de ahí para adelante, cuando me pongo a escribir, tengo un sentido de responsabilidad más. No es que me parezca que todos me están mirando, escuchando o leyendo mis libros, pero tengo mayor responsabilidad, tengo que seguir mereciendo este premio. Eso es. Va a ser una cosa de la que tengo también que hacerme cargo en el futuro.

Ya que en su libro ¿Quién incendió la biblioteca? ha trabajado con el reconocido ilustrador Cecco Mariniello: ¿qué tan importantes son las ilustraciones en los libros para niños?
Son muy importantes. La mayor importancia de las ilustraciones en los libros para niños se ve en los libros para niños pequeños. Ahí, me atrevería a decir que las ilustraciones -hablamos de libros para niños que tengan tres, cuatro, cinco, seis, siete años- tienen más importancia que las palabras. Las palabras tienen que ser pocas, muy bien escogidas pero pocas, y las ilustraciones tienen que prevalecer. En cambio, ya cuando los niños son más grandes, la palabra se vuelve más importante. La contribución de la ilustración está, antes que todo, en ofrecer buena calidad, porque las ilustraciones en libros para niños tienen que ser no bonitas, sino maravillosas. De muy buena calidad, hechas por ilustradores que son también artistas. Eso primero. Y eso siempre, inclusive cuando el libro está dirigido a jóvenes. Segundo, tiene que intentar -por eso se necesitan artistas- no narrar lo que se encuentra al interior de la novela, la narración, sino tratar de ampliar lo que está contando la novela. Mostrar lo que el escritor no ha puesto dentro de sus palabras, el entorno, puede ser más amplio a veces. La ilustración va a ser como una narración que sigue el cuento, pero sin repetirlo. En eso se puede apreciar el artista más capaz. Y no es fácil.

Ahora que ha venido al Perú, ¿cómo ha visto la realidad de la literatura infantil peruana?
Tengo una idea más clara. Ha sido muy útil para mí el viaje. Aparte de estar feliz con la invitación por supuesto, ha sido una ocasión para conocer a los autores. En particular, vine con la idea de conocer mejor a los autores peruanos. Porque algo -por ejemplo- de los escritores argentinos se conoce en Italia porque se han traducido bastante, e inclusive se encuentran en editoriales españolas. Viajo de vez en cuando a España y puedo conseguir libros de autores argentinos. Me faltaban los peruanos. Y, hablando de lo que he conocido y leído, Jorge Eslava, Marita Troiano, Garrido Leca y Oscar Colchado me parece que están muy bien dentro de este mundo de la literatura juvenil contemporánea. Es decir, están concientes antes que todo -que es la cosa más importante- de escribir para niños. Están concientes que lo más importante es escribir cuentos bellos, una narración que sea atrapante, y nada, nada de moralejas.

En Argentina había una revista de literatura infantil llamada Cuatrogatos. ¿En Italia también existen revistas para niños?
Antes que todo la conozco. Cuatrogatos, la conozco porque hay varias revistas italianas que se ocupan de literatura infantil y juvenil, entre las cuales una de las más importantes se llama Andersen -¿el nombre justo, no?, para una revista que se ocupa de literatura para niños-, una revista mensual. Cada mes se ocupan de presentar revistas de todo el mundo, y una vez había un informe, una editorial sobre Cuatrogatos, así que fui a visitar el sitio web y descubrí un mundo muy interesante. Como servicio web, portales, Argentina tiene muchísimo. Inclusive muchas de las informaciones que he tenido sobre literatura peruana, antes de llegar, la tuve a través de portales argentinos. Y en Italia, por supuesto tenemos varias, hay una que se llama Pepe Verde –que sería Pimienta Verde-, hay otra que es Andersen, otra que se llama Ensayos de literatura juvenil. Ahora hay otras más pequeñas, pero lo mejor que tenemos en datos sobre literatura infantil y juvenil en Italia se llama Liber, que es un sitio curado (sic) por el Estado donde se puede -tiene también una revista en papel- consultar, no hay que pagar nada, está libre, y se encuentran todos los datos relativos al mercado editorial italiano, también todos los informes relativos a festivales, encuentros en bibliotecas y los eventos más importantes.

En Europa existen ferias internacionales de libros para niños, como la de Bologna (Italia). ¿El mercado literario infantil es tan grande en Europa, es tan grande la demanda?
Sí, es muy grande. Tal vez Italia sigue siendo hasta hoy un mercado menos vital que el resto de Europa, aparte de Portugal y Grecia, porque -por ejemplo- hace tiempo que España nos ha adelantado. Pero claro, si hacemos la confrontación con el Perú estamos más adelante, pero no logramos todavía salir de un porcentaje de lectores. Hay un mercado bien asentado, eso sí hay, y buenas inversiones: la prueba es que en los últimos siete, diez años han salido nuevas editoriales. Todos sabemos que nunca se va a formar una nueva editorial si no hay ganancia. Eso es una buena señal. En el resto de Europa las cosas van inclusive mejor, el mercado es muy rico, movido, interesante, y sobre todo tiene ingresos muy importantes.

Revisando títulos de libros para niños, he podido percatarme que el tema de las bibliotecas es muy utilizado por los autores de literatura infantil. María Fernanda Buhigas con Huelga en la biblioteca (1988), Ambrosio Borsani con Duelo en la biblioteca, Josteine Gaarder con La biblioteca mágica de Bibbi Bokken (2001), y usted, Anna Lavatelli con ¿Quién incendió la biblioteca?. Estos cuatro son sólo algunos ejemplos. ¿Por qué este énfasis con el tema “biblioteca” hacia los niños?
Porque la idea de fondo es hacerles descubrir lo mágico que es una biblioteca, y un cuento es la mejor forma para decirles que es un mundo realmente mágico, lleno de historias bellísimas. La misma biblioteca puede ser un edificio algo mágico en sí. Es el amor a los libros que hace que muchos escritores escriban cuentos sobre bibliotecarios y bibliotecas. Puede parecer al principio un tema que se agota muy rápido ¿no?, uno podría decir “voy a contar sobre una biblioteca”, y muy rápido se agotan los argumentos, las ideas: no, no es así. Fíjate que en Italia teníamos una colección -donde he publicado el libro ¿Quién incendió la biblioteca?- que solamente publicaba libros en torno a temas de bibliotecas, así que la obligación del escritor era escribir algo que tuviese al centro de su narración la biblioteca, y salieron un montón. La colección tuvo un gran éxito. Así que a veces lo que pasa es esto: hay bibliotecas que tratan de lanzar el fomento de la lectura, el amor al libro, y piensan que una buena herramienta puede ser un libro que presente el tema de la biblioteca en narrativa, en forma divertida, alegre, como un cuento cualquiera. Porque de ahí ellos pueden empezar el camino hacia el amor a los libros, es decir, preparar programas al interior de la biblioteca para que (los niños) aprendan a conocer tras los libros los varios argumentos que hay, y de ahí regresen a la biblioteca, que es lo que se quiere.

¿Alguno de los libros de Anna Lavatelli ya es material de lectura obligatoria en los colegios de Italia?
Suerte que no, ja, ja, ja, ja…

Ja, ja…
Suerte que no. Porque una de las cosas que yo siempre he rogado que no sucediera es justamente eso, que alguno de mis cuentos se volviera algo obligatorio. Y peor todavía que tuviese al final unas preguntitas de tarea.

“¿Qué comprendiste del cuento?”.
“¿Qué cosa quería enseñarte el autor?”, ay no, por favor, eso no. Lo que pasa es que en los colegios donde hay una biblioteca mis libros entran, pero a veces hago charlas con los profesores, las maestras, en las bibliotecas, en los mismos colegios y les digo: “no es posible pensar que en el fomento de la lectura solamente un libro pueda encontrar el favor de todos los chicos. Eso es imposible. Entonces, libro único, nunca”. Si tengo que enseñarles castellano, italiano, lo que sea, sí, un libro único necesito porque con éste voy a explicarle la gramática y todo lo que se necesita para hablar bien un idioma. Eso sí es imprescindible. Pero, si mi tarea, mi objetivo es el fomento de la lectura, entonces tenemos que operar de otra forma. Hay que hacer una pequeña biblioteca dentro del colegio o el aula donde los chicos están, presentar los libros de diferentes autores, o mis libros con diferentes títulos, para que cada uno de los niños pueda escoger el suyo. Es lo que hacemos nosotros que somos lectores. Un lector adulto formado, que ama la lectura ¿qué hace?: se forma su propia biblioteca. Entonces, es un tema eso, es muy importante lo que me preguntas. Y veo que las personas que están trabajando en ese tema lo han entendido muy bien. Quiero repetir la idea -y subrayar- que tenemos que separar las dos cosas: una es la enseñanza de un idioma, otra es encender el amor. Y el amor no se enciende con un libro único, no se enciende obligando a leer solamente una novela, y peor todavía obligando a hacer tareas. Tiene que ser una cosa libre. Tiene que empezar por el adulto que le lea algo en voz alta. El adulto, los padres de familia, maestros, profesores, tienen que mostrarse enamorados de la lectura, porque es así que funciona. De lo contrario, solamente le hacemos leer a fuerzas un cuento, le obligamos a dar respuestas, y al final, cuando el niño sale del colegio, ya no quiere leer porque el recuerdo de la lectura es solamente de tareas, trabajo.

De evaluación.
De evaluación. Tenemos que hacer lo contrario, dejarle buenos recuerdos de lectura.

¿Con qué obra de literatura infantil deberían empezar los padres a atraer a los niños al mundo de la lectura?
Es una pregunta difícil porque antes que todo habría que formar a los padres para que vayan a las bibliotecas, lleven a sus hijos a las bibliotecas, librerías, y no cometan el error más grave que se hace normalmente, que es leer a sus niños los libros que ellos soñaban cuando eran chicos, porque el mundo va cambiando. También la forma de narrar va cambiando y el libro que yo leía cuando tenía ocho, nueve años, ahora es un libro que puede ser interesante para jóvenes de doce, trece años, porque -por ejemplo, (el Nobel de Literatura de 1907, Rudyard) Kipling o (el escocés Robert Louis) Stevenson- son libros que nosotros leíamos de chicos, pero ahora lo leen los jóvenes porque la narración es con palabras antiguas, y antes hay que hacer etapas para llegar a esos libros. Entonces, lo bueno sería que los padres, profesores, se enteraran de lo que ofrece la literatura infantil de hoy, que lean y escojan, pero antes que lean lo que hay.

¿Cuál de las obras de Anna Lavatelli ha tenido mayor éxito entre los niños?
La obra que hasta ahora se ha vendido más y ha tenido inclusive éxito en el sentido de que ha sido muy apreciada por la crítica, se titula Todos para una, y la otra que está siguiendo el mismo éxito -salió hace muy poco, así que no ha tenido un éxito hasta ahora tan grande en términos de venta pero ya lo ha tenido en términos de crítica- se llama Bimbambel. Es un cuento para niños en que se habla de lo importante que es que un padre, una madre, se siente junto a su hijo y le cuente una historia. Es un cuento para niños pequeños, en el que un papá –he pensado en un padre, porque normalmente son las mamás. Hay que cambiar esa idea de que solamente mamá puede, también papá puede- le cuenta cuentos maravillosos a su hijo, y son las aventuras de su trabajo. Es un papá que viaja mucho alrededor del mundo, regresa a su casa y le cuenta lo que hace, pero no le cuenta lo real, le cuenta lo fantástico, y transforma su vida profesional en la de un héroe maravilloso que hace cosas increíbles, porque así pensamos que son nuestros padres: héroes, personas especiales.

¿Niños de qué edades son sus principales lectores?
Son muchachos de los ocho a los once. Por esa parte de los jóvenes escribí la mayoría de mis libros.

¿Por cuál de sus libros guarda un mayor afecto?
Todos los libros son como hijos, muy difícil escoger. A veces los niños me hacen la misma pregunta y les digo: es como si yo tuviera diez hijos y me preguntaran cuál es el que a mí más... Todos por supuesto. Pero hay uno que me parece ha sido más importante, se llama Cara de cerdo, es sobre el tema de lo que es la literatura juvenil: un niño hace una travesura y por su cuenta aprende que ha hecho una cosa mala, pero trata de solucionarla solo, sin ayuda de los adultos y con el concurso de la magia. Mejor dicho, él cree que es el concurso de la magia. En realidad, es el puro desarrollo de las cosas. Solamente que el niño confunde lo que le pasa por suerte con algo mágico. Y eso me salió muy bien (sonríe).

Qué bueno. Muchas gracias por la entrevista. Esperamos que venga en años venideros para que siga impartiendo lo que conoce, toda la trayectoria que tiene en el mundo de la literatura infantil, con los autores peruanos.
Claro. Mi esperanza ahora, la más grande que tengo es lograr algún libro mío traducido al castellano. Ese es mi reto. Espero que pase, porque con eso podría encontrar niños y leerle mis historias.

Muchas gracias.
A usted.
Nota: esta entrevista fue publicada en marzo de 2008 en la revista digital Sociedad Latina. Además, fue traducida al italiano y publicada en la página web de la escritora Anna Lavatelli, en la sección "Interviste, testi, conferenze...", bajo el título "Intervista in ocassione della Fiera del libro di Lima (2007)".