sábado, 18 de abril de 2026

Rossana Díaz Costa

 


“El Perú sigue siendo ‘Un mundo para Julius’”

 

Entrevista y fotografía por Gianmarco Farfán Cerdán

 

La escritora, directora de cine y docente (de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y la Pontificia Universidad Católica del Perú) nacional Rossana Díaz Costa (Lima, 1970) ha destacado en los últimos lustros gracias a las películas “Viaje a Tombuctú” (2014, obtuvo premios en festivales de Francia, Uruguay, Colombia y Perú) y “Un mundo para Julius” (2021, ganadora de los Premios Luces a Mejor Actriz, Mejor Actor y Mejor Película). Asimismo, publicó artículos de crítica de cine en la revista “Butaca Sanmarquina”. Y su cortometraje “En camino” ganó una mención honrosa de la BBC en 1997.

En la siguiente entrevista, Rossana detalla sus vivencias, ligadas a la literatura (conoció a Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique en España), antes de volverse directora de cine. Por ejemplo, fue finalista en los años 2001 y 2003 del Premio Copé, así como finalista del Premio Nacional PUCP 2004, en la categoría narrativa. Además, en el 2000 fue ganadora del Premio Federico García Lorca, en España, en la categoría cuento.

También cuenta del enriquecedor y asombroso viaje personal y profesional que significó haber llevado a la pantalla grande una de las novelas más reconocidas y populares de nuestra historia: “Un mundo para Julius” (1970). Por ejemplo, en el 2023 ha presentado la película en la World Intellectual Property Day (WIPO), en Ginebra, Suiza. Así como también la presentó en el 2024 en The Latino and Iberian Film Festival at Yale (LIFFY), en Estados Unidos, y en el 2023 en el Festival de Málaga, en España, e igualmente en la Cinemateca de Bogotá y en la Cinemateca Distrital de Medellín (ambas en Colombia). Asimismo, en el 2022 la presentó en el May Fair Theatre de Londres, Inglaterra; en DePaul University, The University of Maine y Lehman College, las tres en Estados Unidos; en la Cineteca Nacional de Chile, en el Festival Internacional de Cine de Oriente en Guatapé (FICOG), en Colombia; y en el Festival du Cinéma Péruvien, en París, Francia. Actualmente, cinco años después de su estreno, Rossana sigue presentado su excelente film a lo largo del Perú y en el extranjero.

 

Antes que nada, mucho gusto de, por fin, conocerte personalmente. Te agradezco por las películas que has hecho. Las he disfrutado las dos.

Gracias.

 

Y, además, he estado siguiendo todo el recorrido que has tenido desde que estrenaste “Un mundo para Julius”. Y también de “Viaje a Tombuctú”. Después de ya más de diez años de tu primer largometraje. ¿Cómo sientes que ha evolucionado la Rossana de “Viaje a Tombuctú” hasta “Un mundo para Julius”?

El cine es un tema complicado porque tampoco uno puede hacer muchas películas. Son dos películas en el lapso de catorce años. En realidad, como que te demoras siete años en hacer cada uno de los proyectos. “Un mundo para Julius” es un proyecto mucho más grande, empecemos por ahí. Es un proyecto mucho más complejo. Que, además, ha requerido toda una preproducción y una etapa de desarrollo mucho más compleja que la de “Viaje a Tombuctú”. Yo he aprendido como guionista, directora y productora más con “Un mundo para Julius”, en comparación. En “Viaje a Tombuctú” yo era como más libre. Fue mi ópera prima, estaba contando lo que me daba la gana.

 

Sin presiones.

Sin presiones. No tenía presiones ni de tiempo ni tampoco de un público que estaba a la expectativa de algo que ya conoce. Ese es el grave problema de hacer adaptaciones, en general. Es una presión fuerte. Una novela tan representativa acá… Entonces, creo que he aprendido mucho a todo nivel, como cineasta, en estas tres especialidades con las que he tenido que trabajar. También en el trato con el público, en todo el viaje que he tenido, en general, con la película, a nivel de poder ir por el mundo con ella. Me ha hecho aprender mucho acerca de muchas otras sociedades, la problemática de otros países. Uno piensa que, a veces, todos los problemas están en el Perú, pero no. Todos los países tienen problemas muy parecidos, en realidad. Y te das cuenta que te vas a Inglaterra o a Francia o a Alemania y se reconocen en una película peruana, de pronto. Y se hablan de las mismas problemáticas, pero dentro de sus propias realidades. Eso me abrió una expectativa que yo no tenía. Yo pensaba que, en realidad, en Latinoamérica se iban a identificar más porque tenemos los mismos problemas.

 

Cada país tiene sus propios racismos.

Exactamente. Tienen sus propios racismos, sus propias desigualdades, sus propios machismos. Es como que inmediatamente lo llevan a sus problemáticas. Eso a mí me ha hecho aprender mucho acerca del mundo, en general. Uno puede leer, ver películas, pero cuando hablas con las personas… He conocido gente de diversos países, he estado en sitios en los que nunca me imaginé estar. A nivel de público en general y a nivel académico también, porque la película ha viajado mucho por universidades. Creo que eso ha sido la evolución principal para mí. Me he enriquecido muchísimo con el viaje que he tenido con “Un mundo para Julius”.

 

Estaba viendo en tu Facebook todo ese recorrido que has tenido por distintos países, en universidades del Perú, del extranjero, Yale, en Estados Unidos…

Sí. Ha estado en más de 40 países la película. Acaba de estar en Kenia. Ni lo he colgado porque ya ni me dio tiempo, pero está en África, en Asia, en todos los continentes, en realidad. El único sitio en que no he estado es… En Oceanía no he estado.

 

Pronto.

Algún día, espero.

 

Este recorrido que has tenido, tan alucinante, tan extraordinario… En verdad, es como el sueño de cualquier cineasta.

Sí.

 

Poder llevar tu película a donde se pueda. Y, en muchos casos, y estoy casi seguro, sin que tú lo solicites. Te pedirán la película.

Yo no he hecho nada. Todos esos cuarenta viajes que ha tenido la película yo no los he buscado. Yo lo único que sí hice, que yo mandé un mail, que es lo único que yo sí busqué… Yo he vivido en Madrid, yo he vivido en España. La película, lamentablemente…

 

Doce años viviste en España.

Doce años he vivido en España, claro. No se puede estrenar en el cine porque era de la Televisión Española y ellos la querían para la televisión. Además, ellos tienen su propia versión, que es de… que tiene varios minutos menos y la editaron ellos diferente, además. A mí no me gusta mucho esa versión. Yo prefiero mi versión para cine. Esa es mi película, en realidad. Pero, bueno, lamentablemente no se ha podido estrenar en el cine en España. Entonces lo que yo dije: “Ah, no, esto no puede ser”. Todo el mundo me decía: “Pero en Casa de América les puede interesar”. Y escribí a Casa de América y les interesó. Entonces hicimos una función, pero le fue tan bien a la función, que la gente se quedó afuera, con cola, y dijeron: “Ya, perfecto, vamos a hacer más funciones”. Entonces, hicimos… después de dos meses hicimos como dos semanas estuvo en cartelera en Casa de América. Entonces, en Madrid la pudieron ir a ver sin problema en el cine-cine. Eso ha sido lo único que yo busqué. El resto, todas las otras cosas que se han hecho, me han buscado. Han buscado la película. Yo sigo viajando. Cinco años después sigo viajando con la película. Yo, ahora, en Alemania voy a tener una semana, voy a estar en Hamburgo, voy a estar en Glensburg, voy a estar en Berlín, y eso es porque a un profesor le gusta la película y quiere ponerla y voy a estar leyendo “Un mundo para Julius” y la universidad me está pagando todo este viaje tan lindo.

 

¿Y tú sientes que todas estas cosas tan bonitas, todos estos logros, como cineasta, no te generan alguna presión para la próxima película que vayas a hacer?

Sí.

 

¿O por ahora todavía no lo tienes pensado?

Sí y no. En realidad, la presión me la pongo yo misma. Sí, la gente te pregunta cuál va a ser tu próximo proyecto y yo les contesto la verdad: “Yo ahorita estoy escribiendo un guion”. Está muy avanzado el guion, pero de acá a que se pueda hacer todavía. Necesito coproducción con España, necesito desarrollar todo, conseguir el dinero. De acá a siete años se podrá hacer esa película, que se desarrolla principalmente en España.

 

Lo preguntaba porque la expectativa que va a haber para tu tercera película va a ser inmensa.

Sí.

 

Después de “Un mundo para Julius”, yo imagino que…

Es que ya no va a haber otro proyecto como ese. Pero a nivel también de lo que significó: poder conocer a Alfredo Bryce, ser amiga de Alfredo, tener su confianza. Esto es como algo único. Yo nunca he conocido de otros cineastas que han tenido que adaptar... Nunca han tenido una relación así con el autor. Bryce ha sido increíble conmigo, en realidad.

 

Incluso hizo un cameo en la película.

Hizo un cameo en la película.

 

Y tú también, al final, estabas.

Yo también he estado en la película. Claro. La relación con él ha sido muy especial y, en realidad, a mí me ha facilitado todo. Desde el primer momento, desde el tema con los derechos y todo, hasta lo último, él ha facilitado todo. Él es muy cinéfilo. Creo que él siempre quiso ver una de sus novelas en el cine y, claro, no se han adaptado. Bryce tiene un montón de novelas que son como películas, en realidad. Me las he imaginado como películas.

 

Son libros inmensos.

Pero también tiene cuentos. Tiene un montón de cuentos que pueden ser cortos o pueden ser largos también, si los desarrollas más.

 

Es que la gente no conoce mucho los cuentos de Bryce, en cambio las novelas…

Y tiene cuentos fantásticos.

 

Te acuerdas al toque de la novela.

El otro día, ha sido el lunes, ha habido un homenaje a Bryce en un bar que él siempre iba, el bar Olé. Me invitaron. Me dijeron que invitara al niño que hace de Julius, que ya no es un niño, tiene un metro noventa y ya está acabando el colegio. Ahí me di cuenta el cariño que todo el mundo le tiene, pues, también al personaje. Cuando lo vieron a él ya tan grande: “Ah, se ha convertido en Manongo Sterne”, que es el personaje de “No me esperen en Abril”. De pronto ya lo ven como…  ¿Y por qué no haces una película con “No me esperen en Abril” y que él salga? Como si el dinero lloviera del cielo y yo pudiera hacer la película mañana. Y adaptar 600 páginas.

 

Pero tiene lógica que te lo pidan a ti.

Claro. Todo el mundo me dice.

 

Lo hiciste tan bonito (el film).

En la agencia literaria, la de Carmen Balcells, que tiene los derechos, a ellos les gustó mucho la adaptación. Y varias veces me han escrito diciéndome: “¿Por qué no adaptas otra novela de Bryce u otro cuento?”.

 

Yo también te lo hubiera pedido si fuera Carmen Balcells.

Claro. Es que no es tan fácil todo el proceso. No es tan fácil. A mí, si adaptara algo de él, me gustaría algún día adaptar “Con Jimmy, en Paracas”.

 

Algo más pequeño.

Eso es algo que sí me… Pero, claro, se puede convertir en un largo, en realidad. Tienes tú que inventar. Ya no tienes que reducir. Al revés, tienes que aumentar. Pero ese es un cuento que me parece que es muy actual.

 

Me parece mágico todo lo que ha pasado con “Un mundo para Julius”. Entonces, ya no es una presión para ti, sino que, presiento por tus respuestas que me acabas de dar, que te va a liberar de la presión para la próxima película. Ya sabes que no va a haber otro “Un mundo para Julius”.

No. Eso es una experiencia única en mi vida. Yo pienso que ya no va a volver a repetirse una cosa así. Será otro tipo de película, que tendrá otro recorrido, también maravilloso, de repente, pero no esta cosa tierna que ha habido con “Un mundo para Julius”. Porque ha habido toda una experiencia que ha sido muy especial, porque la gente le tiene mucho cariño a la novela. Entonces hay gente que se ha encariñado también con la película. Yo sé de gente que la ha ido a ver cinco o seis veces ¡al cine! Ahorita hay este reestreno, que supuestamente hoy es el último día. No lo sé. Porque, de repente, mañana me sorprenden y me dicen que queda todavía en una sala, pero la gente me escribe para decirme: “Esta es la quinta vez que la veo”. Entonces, tú dices: “Claro, tiene fans”.

 

Y que la reestrenen después de cinco años es alucinante, porque eso no le pasa a nadie.

No ha pasado nunca. Y ha tenido muchas funciones todo el tiempo.

 

Por todos lados.

Mañana es la función en la Biblioteca de la Villarreal, además. No la he promocionado mucho justamente porque estábamos con esta función comercial.

 

¿Lo has tomado casi como un peregrinaje?

Sí.

 

He visto las fotos en Puno, te he visto en Trujillo, en Cusco.

En todas partes. He estado en todo el Perú.

 

Te siento casi como una misionera.

Sí.

 

Que dices: “Voy a hacer el trabajo de una misionera con mi película”.

Así me la he pasado.

 

Es fantástico.

Sí. Es fantástico. Para mí, la experiencia humana que he tenido de conocer a tanta gente también. He estado en varios festivales. Los festivales son muy bonitos, son muchas películas. Son bonitos para yo también ver otras películas. Pero cuando te invitan a estas cosas que son como especiales de la película, todo gira en torno a “Un mundo para Julius” y todo gira en torno a la novela. Entonces, ahí te puedes centrar más en hablar. Además, yo he estudiado literatura, entonces para mí es fascinante poder hablar de la novela también, no solamente de la película. Como soy filóloga también, me encanta, porque como profesora puedo hablar a nivel docente y, al mismo tiempo, puedo hablar como creadora. Por eso te digo: eso no se va a repetir nunca más. Porque es algo que fusiona las dos cosas que más me gustan en la vida.

 

Puedes hablar de lo literario y lo cinematográfico.

Exacto. Y puedo explicar la transposición, cómo se da de la literatura al cine, que ese es un tema que a mí me gusta mucho. Mi tesis doctoral es acerca de eso. Como te digo, no se va a repetir nunca esa experiencia.

 

¿Crees que hubieras hecho “Un mundo para Julius” si es que no te hubieras cruzado con Bryce en España, en La Coruña?

No lo sé. Es imposible saberlo. A veces, también me doy cuenta que no solamente ha sido especial todo el proceso de la película, sino, en realidad, mi relación con Bryce. De alguna manera, yo era una lectora como cualquier otra, pero he tenido una relación con él curiosa a nivel de creación, porque yo lo he conocido en La Coruña en una situación que él estaba dando una conferencia, conversé con él y fue una conversación muy literaria. Porque yo le hablé de literatura en ese momento y nos hicimos chistes mutuos literarios, completamente literarios. Y yo de ese encuentro escribí un cuento, que se llama “Con Alfredo, en La Coruña”.

 

¿No te intimidó Bryce apenas lo conociste?

No. Mucho respeto. Para mí era una persona que yo admiraba mucho.

 

Es como conocer a Vargas Llosa.

También. Bryce me ha dado una suerte especial. Escribí ese cuento que se llama “Con Alfredo, en La Coruña” y yo con ese cuento me gané mi primer premio de literatura importante, que me lo dio Mario Vargas Llosa. Esos fueron tres días que yo estuve en Murcia, en los premios literarios Vargas Llosa, que le llaman así, el Premio Lituma de Cuento, que para mí fue… Yo era chibola, yo tenía en esa época 26 años, acababa de llegar a España, estaba de ilegal, no tenía un sol, ni una peseta en esa época. Y me saqué ese premio y para mí fue una cosa… Gracias a que conocí a Bryce me saqué ese premio. Conocí a Vargas Llosa, estuve tres días desayunando, cenando con Vargas Llosa, y gracias a eso ha sido que él confió también, muchos años después, en el proyecto de la película. Porque cuando yo le escribí para decirle que estaba tratando de hacer el trámite para los derechos, él me dijo: “Tú eres la chica que escribió ese cuento donde salgo yo”. Así. Entonces se acordó de eso. Confió porque yo estaba en un mundo de la literatura también, no era solamente de cine. Y le había gustado “Viaje a Tombuctú”. La había visto.

 

Ese detalle me parece clave para entender lo que acabas de contar de tu vida: que estabas destinada a algo grande. Si en un solo evento estás con Bryce y Vargas Llosa, en España, y ganas un premio en España…

Claro. Pero yo estaba… No tenía ni un sol y estaba de ilegal, hasta las patas, ¿te das cuenta? Y de pronto pasan estas cosas.

 

¿Crees en las señales? Para mí, eso es una señal.

Sí, fue una señal, pero yo no la supe interpretar en ese momento. Yo recién después, de mayor. A veces, estás destinado a ser algo. Porque esa película se pudo hacer cinco veces antes que apareciera yo. Cinco veces compraron los derechos y no se hizo la película. Y, es más, ni siquiera se escribió el guion. Entonces, cuando yo pedí los derechos a la agencia de Carmen Balcells, lo primero que me dijeron fue: “A ver, se han pedido cinco veces los derechos, Alfredo está viejo, ya está enfermo. Él no va a aguantar que otra vez alguien venga a decir que va a hacer la película y no la haga. En este caso excepcional, vamos a pedirte que tengas una primera versión de guion o tratamiento de guion”. Nunca piden eso. Tú pides los derechos para recién escribirlo. Y yo ya tenía el guion. Yo escribí un guion sin tener los derechos, lo cual es algo que nadie hace. Jamás nadie hace eso.

 

Otra señal.

Otra señal. Yo la escribí un verano, sin tener ningún derecho y ni siquiera pensaba en pedirlo. Fue como que “quiero escribir el guion”. “Yo sí tengo una primera versión”. “¿Tienes un guion?”. Les mandé un guion y perfecto, nos pusimos a conversar, ya estaba la mitad del camino hecho y ahí fue que me contaron que nunca habían hecho un guion. Nunca les habían presentado realmente un guion. Entonces, por eso te digo, hay señales.

 

Son señales.

Hay señales, sí.

 

De los actores, en verdad, todos me parece que están muy bien, pero, sobre todo, de los que más me impactaron: Mayela Lloclla.

Mayela, ese papel le vino… extraordinaria.

 

Es fantástica. Hay un plano que está ella en el taxi, cuando se está yendo y está mirando a la cámara: expresa tanto en esa mirada…

Cuando la botan de la casa.

 

Cuando la botan.

Sí.

 

¡Qué expresividad!

Sí.

 

Magnífica actriz. Y luego otro, aunque no aparece en tantos momentos, es Mathías Spitzer, el que hace de Santiago.

Santiago, claro. Es magnífico.

 

Sí. Cuando lo insulta al chofer, realmente uno lo odia.

La idea es que lo odien. Él cuando hizo el casting… Y él es buenísima persona. Mathías es buenísima gente. En el cine se transforma en una persona detestable.

 

Y encima que es alto y tiene aspecto rudo.

Claro, un chico de buena presencia, efectivamente. Él hizo el casting muchos años antes. Cuando él hizo la película tenía más de veinte años, pero él lo hizo (el casting) cuando tenía diecisiete, por ahí. Como pasaba el tiempo… A él sí lo mantuvimos, a los niños pues ya no podían ser. Pasaron varios chicos, muchos actores muy conocidos, pero él no había hecho nada en ese momento, todas nos quedamos así, petrificadas, diciendo: “Él es Santiago”. Estábamos yo con tres chicas más, que me estaban ayudando, diciendo: “Este, de todas maneras, es Santiago”, porque nos dio entre fascinación y miedo. Porque es un chico guapo y todo, pero al mismo tiempo decían: “Dios mío, ¡es malísimo!”. Fue la sensación esa de “¡qué malo eres!” y al mismo tiempo “eres fascinante”. Tenía que ser algo así.

 

Le salió muy natural.

Sí, le salió muy natural.

 

Y luego Fiorella de Ferrari también me pareció…

Perfecta para el papel de mamá.

 

Sí. Esa manera de transmitir que quería mucho a su hijo, pero era muy superficial. El día del cumpleaños lo deja…

Pero sí lo quería.

 

…esperando con su ternito.

Sí.

 

Dije: “¡Qué superficial, aunque lo quiera!”. Pero hay mamás que también son así.

Es que prima lo social. Más importante es tener su posición social.

 

¿Y también la escogiste en un casting?

Casting. En realidad, acá no había muchas mujeres que tú dices… Hay varias actrices muy buenas, pero para ese perfil tiene que ser, pues, muy especial. Susan era hermosa y aparte tenía que ser alta, cualquier cosa que le pongas de ropa tenía que quedarle maravilloso. Y yo siempre pensé: “Tiene que ser una actriz que, además de buena, conozca el mundo”. Y Fiorella lo conoce. Al igual que Mathías. Por ejemplo, él conocía ese mundo y era muy crítico con ese mundo. Interpretaron su papel, pero ellos eran muy críticos del mundo de clase alta acá. Yo conozco, ahorita, a varias Susan, no de los años 50. Entonces, son gente que se comprometió mucho con los papeles, en general. Por eso te digo, fue un proyecto maravilloso, porque la gente le tenía cariño a la novela. Estaban como muy contentos de poder interpretar su papel ahí. Hasta incluso el español que vino, Nacho Fresneda, que hizo de Juan Lucas. Él se leyó la novela rapidito.

 

También estuvo antipático en la película.

Y él es maravilloso. Es de esas personas buenísima gente, pero le hizo de malo también, antipático, patán.

 

Fernando Bacilio también.

Casi no dice nada, pero con la mirada lo dice todo.

 

Esa forma controlada de mover el cuerpo, pero que expresa muchísimo.

Sí, expresa mucho. En realidad, tuve muy buenos actores. He tenido mucha suerte. Fue el casting perfecto. Desde los niños, los adultos, todos.

 

La verdad, te felicito. Tengo que confesarte que he llorado en algunos momentos de la película, porque…

Lo siento, je, je, pero gracias.

 

…Julius tiene tres o cuatro pérdidas en la película muy duras y están muy bien graficadas. Resumes, además, muy bien, porque el libro es más extenso. Pero te felicito. Espero tu próxima película y lo que hagas estoy seguro que te va a ir superbién porque estás bendecida.

Gracias.

 

Tu película es una cosa maravillosa y a las personas que les he comentado, todo el mundo quiere ir a verla. No está por todos lados, pero hay que ir al cine club o hay que ir a los cines donde está.

Pero ha estado en muchos sitios.

 

Sí.

Yo, de verdad, dije: “No va a ir nadie al cine”, pero sigue yendo la gente al cine, a pesar de que ha tenido… Semanalmente hay una proyección en cada sitio. La próxima semana creo que tengo que ir al colegio Raimondi, la próxima tengo que ir a otro colegio, después hay un colegio por Comas también que me ha pedido. Yo me voy desde el Raimondi, Comas, al Villa María, colegios pitucos, colegios públicos, todo. Me llaman los profesores para poner la película.

 

Ese último detalle que acabas de mencionar, que vas al Villa María: me hiciste recordar que tú has estudiado en el San Silvestre.

Yo he estudiado en el San Silvestre y fui una niña becada en el San Silvestre. Un detalle importante.

 

Conoces un poco también ese mundo de Julius.

Por supuesto. Y por eso yo me puse en el mundo de Cano, el amiguito de clase media, porque ese era mi mundo. Yo era la niña de clase media en un mundo de gente con mucho dinero.

 

¿Y te fue difícil estar en el San Silvestre si tu mundo era el de Cano?

Sí y no, porque, en realidad, tengo muy buenas amigas en el colegio. Gente muy sencilla, que tiene dinero, pero que son gente muy sencilla. Son como Julius, de alguna manera. Claro, había otras personas con las que yo no hubiera podido tener una amistad, en realidad. Pero felizmente yo tengo un grupo que hasta ahora son mis amigas, que son gente muy sencilla. Han nacido, pues, en hogares con mucha plata, pero no se comportan con soberbia. Que ese es el problema de las clases altas muchas veces. La mayor parte, en realidad, de las clases altas. Y viven desde la Luna, además. Entonces, he tenido suerte en eso.

 

Viven en su burbuja.

Sí, hay una burbuja. Pero estas personas no viven tan en burbuja, han estudiado en la universidad, se han codeado con gente de otras clases sociales, han conocido otro mundo también. No se han mantenido como una burbuja para siempre. Yo venía de un hogar de clase media, pero he estado en un colegio de clase alta y por el trabajo de mi papá yo conocía pueblos jóvenes cuando nadie todavía conocía. Yo he conocido muchos pueblos jóvenes cuando nadie había ido. Tienes una casa que era como la de Julius y de pronto… Mi papá, a veces, me decía que lo acompañe en cosas y terminaba, pues, en las esteras.

 

Tu papá trabajaba en temas sociales.

Él tenía un negocio que era como de productos de limpieza. Pero, aparte, él tenía un tema con problemas sociales también.

 

Un trabajador social.

Me llevaba a cosas. Entonces, así fue como conocí el Perú a nivel de Lima. Y he viajado mucho. Yo de muy chiquita agarré mi mochila y me fui de viaje. Conoces, pues, los pueblitos que no tienen nada. Eso te hace abrir los ojos a muchas cosas. Entonces, la novela es totalmente actual.

 

Sigue siendo actual.

El Perú sigue siendo “Un mundo para Julius”.

 

Seguimos siendo esa Lima de Julius.

Totalmente. Con otros carros, con otra ropa.

 

Más tecnología.

Es lo mismo. Y hasta peor todavía. Creo que es hasta peor.

 

Muchas gracias, Rossana.

De nada, Gianmarco.

 

Conocerte es un lujo, un honor. Muchas gracias, de verdad. Te deseo todo lo mejor para el futuro.

Gracias. Voy a regresar con mis alumnos.