“El Perú sigue siendo ‘Un mundo para Julius’”
Entrevista y fotografía por Gianmarco Farfán Cerdán
La escritora, directora de cine y
docente (de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y la Pontificia Universidad
Católica del Perú) nacional Rossana Díaz Costa (Lima, 1970) ha destacado en los
últimos lustros gracias a las películas “Viaje a Tombuctú” (2014, obtuvo
premios en festivales de Francia, Uruguay, Colombia y Perú) y “Un mundo para
Julius” (2021, ganadora de los Premios Luces a Mejor Actriz, Mejor Actor y
Mejor Película). Asimismo, publicó artículos de crítica de cine en la revista “Butaca
Sanmarquina”. Y su cortometraje “En camino” ganó una mención honrosa de la BBC
en 1997.
En la siguiente entrevista, Rossana
detalla sus vivencias, ligadas a la literatura (conoció a Mario Vargas Llosa y Alfredo
Bryce Echenique en España), antes de volverse directora de cine. Por ejemplo,
fue finalista en los años 2001 y 2003 del Premio Copé, así como finalista del
Premio Nacional PUCP 2004, en la categoría narrativa. Además, en el 2000 fue
ganadora del Premio Federico García Lorca, en España, en la categoría cuento.
También cuenta del enriquecedor y
asombroso viaje personal y profesional que significó haber llevado a la
pantalla grande una de las novelas más reconocidas y populares de nuestra
historia: “Un mundo para Julius” (1970). Por ejemplo, en el 2023 ha presentado la
película en la World Intellectual Property Day (WIPO), en Ginebra, Suiza. Así como
también la presentó en el 2024 en The Latino and Iberian Film Festival at Yale
(LIFFY), en Estados Unidos, y en el 2023 en el Festival de Málaga, en España, e
igualmente en la Cinemateca de Bogotá y en la Cinemateca Distrital de Medellín (ambas
en Colombia). Asimismo, en el 2022 la presentó en el May Fair Theatre de Londres,
Inglaterra; en DePaul University, The University of Maine y Lehman College, las
tres en Estados Unidos; en la Cineteca Nacional de Chile, en el Festival
Internacional de Cine de Oriente en Guatapé (FICOG), en Colombia; y en el Festival
du Cinéma Péruvien, en París, Francia. Actualmente, cinco años después de su
estreno, Rossana sigue presentado su excelente film a lo largo del Perú y en el
extranjero.
Antes que nada, mucho gusto de, por fin, conocerte
personalmente. Te agradezco por las películas que has hecho. Las he disfrutado
las dos.
Gracias.
Y, además, he estado siguiendo todo el recorrido que
has tenido desde que estrenaste “Un mundo para Julius”. Y también de “Viaje a Tombuctú”. Después de ya más de diez años de tu primer largometraje. ¿Cómo
sientes que ha evolucionado la Rossana de “Viaje a Tombuctú” hasta “Un mundo
para Julius”?
El cine es un tema complicado
porque tampoco uno puede hacer muchas películas. Son dos películas en el lapso
de catorce años. En realidad, como que te demoras siete años en hacer cada uno
de los proyectos. “Un mundo para Julius” es un proyecto mucho más grande,
empecemos por ahí. Es un proyecto mucho más complejo. Que, además, ha requerido
toda una preproducción y una etapa de desarrollo mucho más compleja que la de
“Viaje a Tombuctú”. Yo he aprendido como guionista, directora y productora más
con “Un mundo para Julius”, en comparación. En “Viaje a Tombuctú” yo era como
más libre. Fue mi ópera prima, estaba contando lo que me daba la gana.
Sin presiones.
Sin presiones. No tenía presiones
ni de tiempo ni tampoco de un público que estaba a la expectativa de algo que
ya conoce. Ese es el grave problema de hacer adaptaciones, en general. Es una
presión fuerte. Una novela tan representativa acá… Entonces, creo que he
aprendido mucho a todo nivel, como cineasta, en estas tres especialidades con
las que he tenido que trabajar. También en el trato con el público, en todo el
viaje que he tenido, en general, con la película, a nivel de poder ir por el
mundo con ella. Me ha hecho aprender mucho acerca de muchas otras sociedades,
la problemática de otros países. Uno piensa que, a veces, todos los problemas
están en el Perú, pero no. Todos los países tienen problemas muy parecidos, en
realidad. Y te das cuenta que te vas a Inglaterra o a Francia o a Alemania y se
reconocen en una película peruana, de pronto. Y se hablan de las mismas
problemáticas, pero dentro de sus propias realidades. Eso me abrió una
expectativa que yo no tenía. Yo pensaba que, en realidad, en Latinoamérica se
iban a identificar más porque tenemos los mismos problemas.
Cada país tiene sus propios racismos.
Exactamente. Tienen sus propios
racismos, sus propias desigualdades, sus propios machismos. Es como que
inmediatamente lo llevan a sus problemáticas. Eso a mí me ha hecho aprender
mucho acerca del mundo, en general. Uno puede leer, ver películas, pero cuando
hablas con las personas… He conocido gente de diversos países, he estado en
sitios en los que nunca me imaginé estar. A nivel de público en general y a
nivel académico también, porque la película ha viajado mucho por universidades.
Creo que eso ha sido la evolución principal para mí. Me he enriquecido
muchísimo con el viaje que he tenido con “Un mundo para Julius”.
Estaba viendo en tu Facebook todo ese recorrido que
has tenido por distintos países, en universidades del Perú, del extranjero,
Yale, en Estados Unidos…
Sí. Ha estado en más de 40 países
la película. Acaba de estar en Kenia. Ni lo he colgado porque ya ni me dio
tiempo, pero está en África, en Asia, en todos los continentes, en realidad. El
único sitio en que no he estado es… En Oceanía no he estado.
Pronto.
Algún día, espero.
Este recorrido que has tenido, tan alucinante, tan
extraordinario… En verdad, es como el sueño de cualquier cineasta.
Sí.
Poder llevar tu película a donde se pueda. Y, en
muchos casos, y estoy casi seguro, sin que tú lo solicites. Te pedirán la
película.
Yo no he hecho nada. Todos esos
cuarenta viajes que ha tenido la película yo no los he buscado. Yo lo único que
sí hice, que yo mandé un mail, que es lo único que yo sí busqué… Yo he vivido
en Madrid, yo he vivido en España. La película, lamentablemente…
Doce años viviste en España.
Doce años he vivido en España,
claro. No se puede estrenar en el cine porque era de la Televisión Española y
ellos la querían para la televisión. Además, ellos tienen su propia versión,
que es de… que tiene varios minutos menos y la editaron ellos diferente,
además. A mí no me gusta mucho esa versión. Yo prefiero mi versión para cine.
Esa es mi película, en realidad. Pero, bueno, lamentablemente no se ha podido
estrenar en el cine en España. Entonces lo que yo dije: “Ah, no, esto no puede
ser”. Todo el mundo me decía: “Pero en Casa de América les puede interesar”. Y
escribí a Casa de América y les interesó. Entonces hicimos una función, pero le
fue tan bien a la función, que la gente se quedó afuera, con cola, y dijeron:
“Ya, perfecto, vamos a hacer más funciones”. Entonces, hicimos… después de dos
meses hicimos como dos semanas estuvo en cartelera en Casa de América.
Entonces, en Madrid la pudieron ir a ver sin problema en el cine-cine. Eso ha
sido lo único que yo busqué. El resto, todas las otras cosas que se han hecho,
me han buscado. Han buscado la película. Yo sigo viajando. Cinco años después
sigo viajando con la película. Yo, ahora, en Alemania voy a tener una semana,
voy a estar en Hamburgo, voy a estar en Glensburg,
voy a estar en Berlín, y eso es porque a un profesor le gusta la película y
quiere ponerla y voy a estar leyendo “Un mundo para Julius” y la universidad me
está pagando todo este viaje tan lindo.
¿Y tú sientes que todas estas cosas tan bonitas, todos
estos logros, como cineasta, no te generan alguna presión para la próxima
película que vayas a hacer?
Sí.
¿O por ahora todavía no lo tienes pensado?
Sí y no. En realidad, la presión me
la pongo yo misma. Sí, la gente te pregunta cuál va a ser tu próximo proyecto y
yo les contesto la verdad: “Yo ahorita estoy escribiendo un guion”. Está muy
avanzado el guion, pero de acá a que se pueda hacer todavía. Necesito
coproducción con España, necesito desarrollar todo, conseguir el dinero. De acá
a siete años se podrá hacer esa película, que se desarrolla principalmente en
España.
Lo preguntaba porque la expectativa que va a haber
para tu tercera película va a ser inmensa.
Sí.
Después de “Un mundo para Julius”, yo imagino que…
Es que ya no va a haber otro
proyecto como ese. Pero a nivel también de lo que significó: poder conocer a
Alfredo Bryce, ser amiga de Alfredo, tener su confianza. Esto es como algo
único. Yo nunca he conocido de otros cineastas que han tenido que adaptar...
Nunca han tenido una relación así con el autor. Bryce ha sido increíble
conmigo, en realidad.
Incluso hizo un cameo en la película.
Hizo un cameo en la película.
Y tú también, al final, estabas.
Yo también he estado en la
película. Claro. La relación con él ha sido muy especial y, en realidad, a mí me
ha facilitado todo. Desde el primer momento, desde el tema con los derechos y
todo, hasta lo último, él ha facilitado todo. Él es muy cinéfilo. Creo que él siempre
quiso ver una de sus novelas en el cine y, claro, no se han adaptado. Bryce
tiene un montón de novelas que son como películas, en realidad. Me las he
imaginado como películas.
Son libros inmensos.
Pero también tiene cuentos. Tiene un
montón de cuentos que pueden ser cortos o pueden ser largos también, si los
desarrollas más.
Es que la gente no conoce mucho los cuentos de Bryce,
en cambio las novelas…
Y tiene cuentos fantásticos.
Te acuerdas al toque de la novela.
El otro día, ha sido el lunes, ha
habido un homenaje a Bryce en un bar que él siempre iba, el bar Olé. Me
invitaron. Me dijeron que invitara al niño que hace de Julius, que ya no es un
niño, tiene un metro noventa y ya está acabando el colegio. Ahí me di cuenta el
cariño que todo el mundo le tiene, pues, también al personaje. Cuando lo vieron
a él ya tan grande: “Ah, se ha convertido en Manongo Sterne”, que es el
personaje de “No me esperen en Abril”. De pronto ya lo ven como… ¿Y por qué no haces una película con “No me
esperen en Abril” y que él salga? Como si el dinero lloviera del cielo y yo
pudiera hacer la película mañana. Y adaptar 600 páginas.
Pero tiene lógica que te lo pidan a ti.
Claro. Todo el mundo me dice.
Lo hiciste tan bonito (el film).
En la agencia literaria, la de Carmen
Balcells, que tiene los derechos, a ellos les gustó mucho la adaptación. Y
varias veces me han escrito diciéndome: “¿Por qué no adaptas otra novela de
Bryce u otro cuento?”.
Yo también te lo hubiera pedido si fuera Carmen
Balcells.
Claro. Es que no es tan fácil todo
el proceso. No es tan fácil. A mí, si adaptara algo de él, me gustaría algún
día adaptar “Con Jimmy, en Paracas”.
Algo más pequeño.
Eso es algo que sí me… Pero, claro,
se puede convertir en un largo, en realidad. Tienes tú que inventar. Ya no
tienes que reducir. Al revés, tienes que aumentar. Pero ese es un cuento que me
parece que es muy actual.
Me parece mágico todo lo que ha pasado con “Un mundo
para Julius”. Entonces, ya no es una presión para ti, sino que, presiento por
tus respuestas que me acabas de dar, que te va a liberar de la presión para la
próxima película. Ya sabes que no va a haber otro “Un mundo para Julius”.
No. Eso es una experiencia única en
mi vida. Yo pienso que ya no va a volver a repetirse una cosa así. Será otro
tipo de película, que tendrá otro recorrido, también maravilloso, de repente,
pero no esta cosa tierna que ha habido con “Un mundo para Julius”. Porque ha
habido toda una experiencia que ha sido muy especial, porque la gente le tiene mucho
cariño a la novela. Entonces hay gente que se ha encariñado también con la
película. Yo sé de gente que la ha ido a ver cinco o seis veces ¡al cine! Ahorita
hay este reestreno, que supuestamente hoy es el último día. No lo sé. Porque,
de repente, mañana me sorprenden y me dicen que queda todavía en una sala, pero
la gente me escribe para decirme: “Esta es la quinta vez que la veo”. Entonces,
tú dices: “Claro, tiene fans”.
Y que la reestrenen después de cinco años es
alucinante, porque eso no le pasa a nadie.
No ha pasado nunca. Y ha tenido
muchas funciones todo el tiempo.
Por todos lados.
Mañana es la función en la
Biblioteca de la Villarreal, además. No la he promocionado mucho justamente
porque estábamos con esta función comercial.
¿Lo has tomado casi como un peregrinaje?
Sí.
He visto las fotos en Puno, te he visto en Trujillo,
en Cusco.
En todas partes. He estado en todo
el Perú.
Te siento casi como una misionera.
Sí.
Que dices: “Voy a hacer el trabajo de una misionera con
mi película”.
Así me la he pasado.
Es fantástico.
Sí. Es fantástico. Para mí, la
experiencia humana que he tenido de conocer a tanta gente también. He estado en
varios festivales. Los festivales son muy bonitos, son muchas películas. Son
bonitos para yo también ver otras películas. Pero cuando te invitan a estas
cosas que son como especiales de la película, todo gira en torno a “Un mundo
para Julius” y todo gira en torno a la novela. Entonces, ahí te puedes centrar
más en hablar. Además, yo he estudiado literatura, entonces para mí es
fascinante poder hablar de la novela también, no solamente de la película. Como
soy filóloga también, me encanta, porque como profesora puedo hablar a nivel
docente y, al mismo tiempo, puedo hablar como creadora. Por eso te digo: eso no
se va a repetir nunca más. Porque es algo que fusiona las dos cosas que más me
gustan en la vida.
Puedes hablar de lo literario y lo cinematográfico.
Exacto. Y puedo explicar la transposición,
cómo se da de la literatura al cine, que ese es un tema que a mí me gusta mucho.
Mi tesis doctoral es acerca de eso. Como te digo, no se va a repetir nunca esa
experiencia.
¿Crees que hubieras hecho “Un mundo para Julius” si es
que no te hubieras cruzado con Bryce en España, en La Coruña?
No lo sé. Es imposible saberlo. A
veces, también me doy cuenta que no solamente ha sido especial todo el proceso
de la película, sino, en realidad, mi relación con Bryce. De alguna manera, yo
era una lectora como cualquier otra, pero he tenido una relación con él curiosa
a nivel de creación, porque yo lo he conocido en La Coruña en una situación que
él estaba dando una conferencia, conversé con él y fue una conversación muy
literaria. Porque yo le hablé de literatura en ese momento y nos hicimos
chistes mutuos literarios, completamente literarios. Y yo de ese encuentro
escribí un cuento, que se llama “Con Alfredo, en La Coruña”.
¿No te intimidó Bryce apenas lo conociste?
No. Mucho respeto. Para mí era una
persona que yo admiraba mucho.
Es como conocer a Vargas Llosa.
También. Bryce me ha dado una
suerte especial. Escribí ese cuento que se llama “Con Alfredo, en La Coruña” y
yo con ese cuento me gané mi primer premio de literatura importante, que me lo
dio Mario Vargas Llosa. Esos fueron tres días que yo estuve en Murcia, en los
premios literarios Vargas Llosa, que le llaman así, el Premio Lituma de Cuento,
que para mí fue… Yo era chibola, yo tenía en esa época 26 años, acababa de
llegar a España, estaba de ilegal, no tenía un sol, ni una peseta en esa época.
Y me saqué ese premio y para mí fue una cosa… Gracias a que conocí a Bryce me
saqué ese premio. Conocí a Vargas Llosa, estuve tres días desayunando, cenando
con Vargas Llosa, y gracias a eso ha sido que él confió también, muchos años
después, en el proyecto de la película. Porque cuando yo le escribí para
decirle que estaba tratando de hacer el trámite para los derechos, él me dijo:
“Tú eres la chica que escribió ese cuento donde salgo yo”. Así. Entonces se
acordó de eso. Confió porque yo estaba en un mundo de la literatura también, no
era solamente de cine. Y le había gustado “Viaje a Tombuctú”. La había visto.
Ese detalle me parece clave para entender lo que
acabas de contar de tu vida: que estabas destinada a algo grande. Si en un solo
evento estás con Bryce y Vargas Llosa, en España, y ganas un premio en España…
Claro. Pero yo estaba… No tenía ni
un sol y estaba de ilegal, hasta las patas, ¿te das cuenta? Y de pronto pasan
estas cosas.
¿Crees en las señales? Para mí, eso es una señal.
Sí, fue una señal, pero yo no la
supe interpretar en ese momento. Yo recién después, de mayor. A veces, estás
destinado a ser algo. Porque esa película se pudo hacer cinco veces antes que
apareciera yo. Cinco veces compraron los derechos y no se hizo la película. Y,
es más, ni siquiera se escribió el guion. Entonces, cuando yo pedí los derechos
a la agencia de Carmen Balcells, lo primero que me dijeron fue: “A ver, se han
pedido cinco veces los derechos, Alfredo está viejo, ya está enfermo. Él no va a
aguantar que otra vez alguien venga a decir que va a hacer la película y no la
haga. En este caso excepcional, vamos a pedirte que tengas una primera versión
de guion o tratamiento de guion”. Nunca piden eso. Tú pides los derechos para
recién escribirlo. Y yo ya tenía el guion. Yo escribí un guion sin tener los
derechos, lo cual es algo que nadie hace. Jamás nadie hace eso.
Otra señal.
Otra señal. Yo la escribí un verano,
sin tener ningún derecho y ni siquiera pensaba en pedirlo. Fue como que “quiero
escribir el guion”. “Yo sí tengo una primera versión”. “¿Tienes un guion?”. Les
mandé un guion y perfecto, nos pusimos a conversar, ya estaba la mitad del
camino hecho y ahí fue que me contaron que nunca habían hecho un guion. Nunca
les habían presentado realmente un guion. Entonces, por eso te digo, hay
señales.
Son señales.
Hay señales, sí.
De los actores, en verdad, todos me parece que están
muy bien, pero, sobre todo, de los que más me impactaron: Mayela Lloclla.
Mayela, ese papel le vino…
extraordinaria.
Es fantástica. Hay un plano que está ella en el taxi,
cuando se está yendo y está mirando a la cámara: expresa tanto en esa mirada…
Cuando la botan de la casa.
Cuando la botan.
Sí.
¡Qué expresividad!
Sí.
Magnífica actriz. Y luego otro, aunque no aparece en
tantos momentos, es Mathías Spitzer, el que hace de Santiago.
Santiago, claro. Es magnífico.
Sí. Cuando lo insulta al chofer, realmente uno lo
odia.
La idea es que lo odien. Él cuando
hizo el casting… Y él es buenísima persona. Mathías es buenísima gente. En el
cine se transforma en una persona detestable.
Y encima que es alto y tiene aspecto rudo.
Claro, un chico de buena presencia,
efectivamente. Él hizo el casting muchos años antes. Cuando él hizo la película
tenía más de veinte años, pero él lo hizo (el casting) cuando tenía diecisiete,
por ahí. Como pasaba el tiempo… A él sí lo mantuvimos, a los niños pues ya no
podían ser. Pasaron varios chicos, muchos actores muy conocidos, pero él no
había hecho nada en ese momento, todas nos quedamos así, petrificadas, diciendo:
“Él es Santiago”. Estábamos yo con tres chicas más, que me estaban ayudando,
diciendo: “Este, de todas maneras, es Santiago”, porque nos dio entre
fascinación y miedo. Porque es un chico guapo y todo, pero al mismo tiempo
decían: “Dios mío, ¡es malísimo!”. Fue la sensación esa de “¡qué malo eres!” y
al mismo tiempo “eres fascinante”. Tenía que ser algo así.
Le salió muy natural.
Sí, le salió muy natural.
Y luego Fiorella de Ferrari también me pareció…
Perfecta para el papel de mamá.
Sí. Esa manera de transmitir que quería
mucho a su hijo, pero era muy superficial. El día del cumpleaños lo deja…
Pero sí lo quería.
…esperando con su ternito.
Sí.
Dije: “¡Qué superficial, aunque lo quiera!”. Pero hay mamás
que también son así.
Es que prima lo social. Más
importante es tener su posición social.
¿Y también la escogiste en un casting?
Casting. En realidad, acá no había
muchas mujeres que tú dices… Hay varias actrices muy buenas, pero para ese
perfil tiene que ser, pues, muy especial. Susan era hermosa y aparte tenía que
ser alta, cualquier cosa que le pongas de ropa tenía que quedarle maravilloso.
Y yo siempre pensé: “Tiene que ser una actriz que, además de buena, conozca el
mundo”. Y Fiorella lo conoce. Al igual que Mathías. Por ejemplo, él conocía ese
mundo y era muy crítico con ese mundo. Interpretaron su papel, pero ellos eran
muy críticos del mundo de clase alta acá. Yo conozco, ahorita, a varias Susan,
no de los años 50. Entonces, son gente que se comprometió mucho con los papeles,
en general. Por eso te digo, fue un proyecto maravilloso, porque la gente le
tenía cariño a la novela. Estaban como muy contentos de poder interpretar su
papel ahí. Hasta incluso el español que vino, Nacho Fresneda, que hizo de Juan
Lucas. Él se leyó la novela rapidito.
También estuvo antipático en la película.
Y él es maravilloso. Es de esas
personas buenísima gente, pero le hizo de malo también, antipático, patán.
Fernando Bacilio también.
Casi no dice nada, pero con la
mirada lo dice todo.
Esa forma controlada de mover el cuerpo, pero que
expresa muchísimo.
Sí, expresa mucho. En realidad,
tuve muy buenos actores. He tenido mucha suerte. Fue el casting perfecto. Desde
los niños, los adultos, todos.
La verdad, te felicito. Tengo que confesarte que he
llorado en algunos momentos de la película, porque…
Lo siento, je, je, pero gracias.
…Julius tiene tres o cuatro pérdidas en la película muy
duras y están muy bien graficadas. Resumes, además, muy bien, porque el libro es
más extenso. Pero te felicito. Espero tu próxima película y lo que hagas estoy
seguro que te va a ir superbién porque estás bendecida.
Gracias.
Tu película es una cosa maravillosa y a las personas
que les he comentado, todo el mundo quiere ir a verla. No está por todos lados,
pero hay que ir al cine club o hay que ir a los cines donde está.
Pero ha estado en muchos sitios.
Sí.
Yo, de verdad, dije: “No va a ir
nadie al cine”, pero sigue yendo la gente al cine, a pesar de que ha tenido… Semanalmente
hay una proyección en cada sitio. La próxima semana creo que tengo que ir al
colegio Raimondi, la próxima tengo que ir a otro colegio, después hay un
colegio por Comas también que me ha pedido. Yo me voy desde el Raimondi, Comas,
al Villa María, colegios pitucos, colegios públicos, todo. Me llaman los
profesores para poner la película.
Ese último detalle que acabas de mencionar, que vas al
Villa María: me hiciste recordar que tú has estudiado en el San Silvestre.
Yo he estudiado en el San Silvestre
y fui una niña becada en el San Silvestre. Un detalle importante.
Conoces un poco también ese mundo de Julius.
Por supuesto. Y por eso yo me puse
en el mundo de Cano, el amiguito de clase media, porque ese era mi mundo. Yo
era la niña de clase media en un mundo de gente con mucho dinero.
¿Y te fue difícil estar en el San Silvestre si tu
mundo era el de Cano?
Sí y no, porque, en realidad, tengo
muy buenas amigas en el colegio. Gente muy sencilla, que tiene dinero, pero que
son gente muy sencilla. Son como Julius, de alguna manera. Claro, había otras
personas con las que yo no hubiera podido tener una amistad, en realidad. Pero
felizmente yo tengo un grupo que hasta ahora son mis amigas, que son gente muy
sencilla. Han nacido, pues, en hogares con mucha plata, pero no se comportan
con soberbia. Que ese es el problema de las clases altas muchas veces. La mayor
parte, en realidad, de las clases altas. Y viven desde la Luna, además. Entonces,
he tenido suerte en eso.
Viven en su burbuja.
Sí, hay una burbuja. Pero estas
personas no viven tan en burbuja, han estudiado en la universidad, se han
codeado con gente de otras clases sociales, han conocido otro mundo también. No
se han mantenido como una burbuja para siempre. Yo venía de un hogar de clase
media, pero he estado en un colegio de clase alta y por el trabajo de mi papá
yo conocía pueblos jóvenes cuando nadie todavía conocía. Yo he conocido muchos
pueblos jóvenes cuando nadie había ido. Tienes una casa que era como la de
Julius y de pronto… Mi papá, a veces, me decía que lo acompañe en cosas y
terminaba, pues, en las esteras.
Tu papá trabajaba en temas sociales.
Él tenía un negocio que era como de
productos de limpieza. Pero, aparte, él tenía un tema con problemas sociales
también.
Un trabajador social.
Me llevaba a cosas. Entonces, así
fue como conocí el Perú a nivel de Lima. Y he viajado mucho. Yo de muy chiquita
agarré mi mochila y me fui de viaje. Conoces, pues, los pueblitos que no tienen
nada. Eso te hace abrir los ojos a muchas cosas. Entonces, la novela es
totalmente actual.
Sigue siendo actual.
El Perú sigue siendo “Un mundo para
Julius”.
Seguimos siendo esa Lima de Julius.
Totalmente. Con otros carros, con
otra ropa.
Más tecnología.
Es lo mismo. Y hasta peor todavía.
Creo que es hasta peor.
Muchas gracias, Rossana.
De nada, Gianmarco.
Conocerte es un lujo, un honor. Muchas gracias, de verdad. Te deseo todo lo mejor para el futuro.
Gracias. Voy a regresar con mis
alumnos.
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