sábado, 6 de octubre de 2012

"Cuco" Morales


“La armonía y la belleza es lo que siempre me ha llamado la atención”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán


José Antonio “Cuco” Morales Velit (Lima, 1956) pinta maravillosos estados de paz, reflejados en bosques rojos de cuentos de hadas, encantadoras nubes que rodean lejanas montañas, hermosas y delicadas flores sacadas de algún país oriental. Es decir, Morales crea imágenes de ensueño sobre sus lienzos. Uno puede ver un cuadro suyo y reconocer inmediatamente al autor, puesto que ha desarrollado un estilo propio, un sello personal, durante sus más de treinta y cinco años de trayectoria.

Formado profesionalmente en Brasil (Escuela Taller de Comunicaciones Equipe, y Escuela de Artes y Oficios de la Universidad de Sao Paulo) y el Perú (Taller de Cristina Gálvez y Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes), el reconocido pintor siempre se ha mantenido activo, presentando obras nuevas casi todos los años. Individualmente, ha expuesto en Chile, Ecuador, Estados Unidos, Francia, Marruecos, y otros países. Asimismo, ha participado en más de cien exposiciones colectivas en nuestro país y el extranjero. Y, hace tres décadas, formó parte del mítico Grupo Paréntesis, una reunión de talentosos artistas plásticos que, ya separados todos, brillan con luz propia hasta hoy.

Morales, alguna vez, afirmó: “Entiendo el arte como un círculo vicioso: la contemplación me abstrae al punto que me dejo llevar para realizar el acto creativo. Cuando este termina, regreso al plano contemplativo para analizar la obra. Es mi eterno ir y venir”. Además, se siente agradecido de vivir de su pintura, en un país como el nuestro. Y se considera auténtico, a diferencia de otros artistas que han inventado su vida solamente para conseguir más fama.

Ahora que está presentando su última exposición, Equinoccio mágico, en el Museo Pedro de Osma de Barranco (del 5 al 29 de octubre de 2012), quisimos conocer mejor a este creador profundamente espiritual y reflexivo. Así que conversamos en su departamento miraflorino, horas previas al vernissage de su muestra, sintiendo un intenso frío matinal. Nada propio de la primavera que acaba de empezar.

Un serpenteante dragón verde, de larga cabellera dorada, con afilados dientes y garras, flotando sobre un impactante cielo rojo, nos observaba fijamente desde lo alto de una de las blancas paredes de su sala.

Quería empezar la entrevista comentando que todas las pinturas de cualquier artista indican una visión que tiene sobre el mundo. Indican lo que le gusta del mundo y, lo que no está dentro de su pintura, quizá, es lo que no le gusta. ¿Cuál es la visión del mundo que tiene “Cuco” Morales a través de su pintura?
Una aclaración a lo que tú estás afirmando: hay pintores que pintan diferentes cosas, tienen diferentes temas. Hay pintores que no necesariamente pintan lo que les gusta. Hay gente que tiene el arte como una terapia o un asidero de ciertas cosas que necesita botar, sacar de sí, concientizar, verbalizar. Verbalizar en cuanto a imágenes: articular imágenes y crear discurso. De una u otra forma, los artistas somos comunicadores, de un tema o de otro. Desde luego que hay infinitas maneras de manifestar nuestro paso y nuestra vivencia por este mundo. Yo toco un tema muy crucial para mí, y creo que para el ser humano, que es la impermanencia. La impermanencia en este mundo que nos toca vivir en esta dimensión de vida, valga la redundancia. Ese es mi tema. De alguna manera, eso lo convierte en algo místico, en algo interesantemente trascendental para quien lo puede percibir. Trabajar con imágenes y darles un toque místico, reflexivo, a través del paisaje, no es muy fácil. Y desde luego que, con el tiempo, lo he ido desarrollando y ha ido tomando una forma que, me parece, es más objetiva, en cuanto a transmitir la sensación de vida pasajera. Pero con la profundidad y la dulzura que puede tener el transcurso del día en el paisaje, la luz que emite todo el ambiente, el cielo.

Hay mucha búsqueda de la armonía en sus cuadros.
Es un encuentro con la armonía. Es mi búsqueda y mi tema. La armonía y la belleza es lo que siempre me ha llamado la atención. Creo que la belleza despierta en los seres humanos un orden y una calidad de sentimientos que ordenan el espíritu, y a través de esto uno puede retransmitir una carga positiva, calma y tranquilidad. Que es lo que nos debe guiar. Entonces, a través de las imágenes que voy creando busco eso: que la gente entre en un estado de tranquilidad, de observación y auto-observación.

Muchos de sus cuadros, uno podría decir que son sacados de cuentos de hadas. Esos bosques que parecen de alguna película que Tim Burton se pudo inventar, de repente.
Tal vez. Yo esas cosas no las sé. Yo te cuento desde mi cuento. Admiro a muchos artistas, y hay gente que me interesa mucho lo que hace, lo que dice. En el arte hay algo que siempre debe permanecer: lo que uno dice y lo que uno hace siempre es lo que uno piensa. La coincidencia de esas tres cosas debe ser siempre una guía y, además, una conducta a observar para desarrollarte.

Por la frecuente utilización de la naturaleza en sus cuadros, uno podría decir, quizá, que para “Cuco” Morales la naturaleza es el paraíso.
La naturaleza a la que yo evoco es la naturaleza de la soledad. Por eso, cuando tú estás frente a una obra mía, vas a sentir una soledad, pero plácida. Yo hablo de la placidez de la soledad.

En el año 2004, con su exposición De bosque e infinito, había variedad de colores en sus cuadros. Pero desde ese año usted se ha decantado más que nada por el rojo y las variaciones del rojo. ¿Ha estado en una etapa de experimentación de este color durante todas sus exposiciones desde 2004 en adelante?
No. Creo que tengo una paleta austera, pero no es mucho rojo, no es tanto. La verdad que el color es importante, pero no me dejo dominar por ninguna tendencia de colores. Más bien, los colores se van dando en la medida que las pinturas y las obras los necesiten, pero no me arriesgo por ningún “tiene que ser así” o “debe ser así”. No. Lo principal para un artista es ser libre y no autocopiarse, tampoco. Hay una línea que sigo, una línea muy fina que se da en mi trabajo -más allá de lo que es el material-, que es el nivel de percepción que trato de transmitir.

Pero sí hay un personaje protagonista principal -o preferido, al menos- en sus cuadros, que es este árbol frondoso rojo. Permanentemente está en sus exposiciones.
Sí. Eso sí, siempre. Es una constante porque, además, el árbol tiene muchos significados. Aparte de tener tantos significados, es una manifestación de Buda. Para mí, es muy lindo esto. Poco a poco, uno va haciendo y descubriendo qué es lo que significan tus cosas, qué significa lo que tú haces, y vas leyendo y entrando.

En su pintura podemos encontrar que hay un silencio reflexivo, un silencio lleno de emociones y sensaciones para el espectador. ¿Qué es lo que nunca encontraríamos en una pintura suya?
Yo nunca digo nunca. Uno nunca sabe lo que tiene ganas de decir. Uno puede ser muy reflexivo, muy ecuánime, pero nadie es perfecto. Yo no quisiera poner ni violencia ni dolor ni convertirme en un pintor panfletario. No quisiera. No creo que me convierta en panfletario, pero sí podría tocar, alguna vez, el tema de la violencia, como ya lo he hecho. Conservo bastante humor en mis cosas, pero sí puedo ser violento. No tengo la necesidad de tener un discurso violento, pero soy un ser humano, también. Y soy un ser reflexivo: la violencia no conduce a nada, pero hay gente que la usa.

¿Es fácil estar alejado de las modas en la pintura? Mucha gente sigue la corriente de moda. En su caso, usted no sigue ninguna moda. Su pintura es atemporal.
Mi pintura no sigue ninguna moda. Mi pintura puede ser hasta clásica. Y lo que sí, una vez, me dijo (Carlos) Revilla es que estaba un poco molesto porque habían puesto (en la prensa) que era el pintor de moda. Entonces, me dijo: “A mí esto me parece muy malo, porque pasa la moda y pasa el pintor, y los artistas no podemos pasar. Porque el artista que es de moda no es un artista, es una cosa de moda”.

Un producto del mercado.
Claro. Puede que los estilos se desarrollen. Cuando uno está inmerso en un estilo, puede que el estilo se ponga de moda, que esa escuela se ponga de moda, pero no el pintor ni su pintura. El mundo del consumo de arte es bien especial. Puede ser muy sofisticado como puede ser muy popular. Sin embargo, más allá de la moda, el arte permanece.

Claro. El Tao Te Ching de Lao Tsé, mencionaba que “la persona sabia prefiere la no acción y permanece en el silencio”. ¿Esta debería ser una condición para todos los artistas que pretenden hacer una pintura parecida a la suya?
Yo creo que todo es relativo. Así como el silencio es necesario, la voz, también. Así como el que da, recibe, todas las cosas son cíclicas. A veces, nos toca, así como tener un silencio, también, tener una voz. Y una voz de mando o de alerta. Porque el arte es comunicación.

Usted fue parte del Grupo Paréntesis, a finales de los años setenta. ¿Cuál fue la importancia de este grupo dentro del arte peruano?
Fue una época y una experiencia muy bonita. Creo que había solamente un par de galerías en Lima, todo era un inicio de ciertas cosas y, realmente, éramos protoartistas en proceso. Fue un momento muy especial, donde las cosas se dieron para mucha gente que estaba esperando una identidad de arte, con qué imagen y con qué artistas identificarte.

Ahora está presentando su última exposición, Equinoccio mágico. ¿Cuáles son las novedades en su propuesta pictórica?
Esto es una continuación, pero con más énfasis en la luz, por eso es que se llama equinoccio. El equinoccio es cuando la Tierra está más cerca o más lejos del Sol. Eso da las estaciones. Porque eso crea los ciclos. Entonces, existe el equinoccio de invierno, el equinoccio de primavera, estas cosas. En el equinoccio que es el 21 de setiembre, las sombras y las luces tienen una particularidad de ser muy definidas. Esto crea en la naturaleza una luz muy particular que hay que saber percibir. Y si uno está en un estado de contemplación, puede entender muchas más cosas. Eso por un lado. Por otro lado, existe lo que se llama el equinoccio vernal. El equinoccio vernal es, en astrología, el inicio de cada año. Es el cero grados de Aries. El Sol se coloca ahí para empezar, nuevamente, un año. Eso se llama equinoccio vernal. Tiene que ver con los movimientos astrales, de los signos, de los planetas y todo. Es el Sol quien crea esta situación.

¿Usted se siente, de repente, en un equinoccio? ¿Está empezando algo nuevo, tal vez?
Yo creo que estoy en alguna primavera interior.

Muchísimas gracias por la entrevista y éxitos en su nueva exposición.
Gracias a ti.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Luz Negib


“Lo que quiero transmitir es luz, color, alegría”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán


Luz Negib Torres tiene el gran mérito de haber sido la primera pintora peruana que expuso en Gran Bretaña, durante la revolucionaria década de 1960. Con exactitud, en la Drian Galleries de Londres, en 1965. Ella realizó sus estudios en la Escuela de Artes Plásticas de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) entre 1957 y 1962, obteniendo los primeros puestos de su promoción durante varios años. Luego se fue a estudiar grabado y aguafuerte, becada por el Consejo Británico, al Slade Collage of Fine Arts de la London University. También obtuvo una beca de estudios del Gobierno Italiano en 1963. Al regresar al Perú, se volvió docente de la PUCP.

Negib ha expuesto su pintura (en muestras colectivas e individuales) en Argentina, Colombia, Chile, España, Estados Unidos, Uruguay y Venezuela. Además, colecciones públicas y privadas de Argentina, Bolivia, Colombia, Dinamarca, Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, Suiza y el Perú albergan obras suyas. Asimismo, hace nueve años se realizó la Retrospectiva 1963-2003 de su arte, en la galería Germán Kruger del Instituto Cultural Peruano Norteamericano, con más de cincuenta de sus pinturas.

La primera vez que tuve contacto con el trabajo de esta gran pintora fue en 2009: su exposición Torsos. Estados de ánimo, realizada en la galería ARTCO de San Isidro, me deslumbró. Sobre todo sus cuadros Pechos como palomas y Hay nidos en mi pecho. Desde entonces, quise acercarme mucho más a su labor. En esas búsquedas, descubrí un magnético cuadro suyo que hoy figura entre mis favoritos del arte nacional: Paisaje (1989). Y considero su serie pictórica Las flores del bien (1984) absolutamente exquisita y maravillosa.

Ya el reconocido crítico de arte Silvio de Ferrari ha manifestado, en 1993, sobre la propuesta de Negib: “Sin exceso de cerebralismos, sus pinceladas son un apasionamiento que va cubriendo verticalmente sus lienzos”. Ese mismo año, Élida Román, otra importante crítica de arte, afirmó: “A lo largo de toda su trayectoria Luz Negib ha observado una constante clara: la ambición por desnudar, despojar lo accesorio y encontrar esencias, alcanzar una síntesis veraz y exaltar, al mismo tiempo, cualidades de vida”.

Otro de los aspectos interesantes del recorrido profesional de Negib es que ella siempre está buscando nuevos retos: su perturbadora serie Brotes del recuerdo (2007) no se parece en nada a la serie Travesía dentro de un sueño (2000. Montañas de todos los colores reinando en el horizonte). Y ambas tampoco se parecen a las series Mariposas de Obsidiana (1995. Bello conjunto de cuadros), Selvas (1991. El cautivador e intimidante poder de la naturaleza), ni Las Doñas (1980. La cotidianidad de las mujeres de clase alta). Por tanto, nos encontramos ante una de las artistas más creativamente autoexigentes de la pintura peruana de las últimas décadas.

Para mí, es un gusto enorme estar en su casa. Muchas gracias.
¡Qué ocurrencia! Estoy encantada. Gracias. Siempre me gusta conversar con gente joven, para ver sus puntos de vista.

¿Cómo surge esta pintura onírica? Por ratos, a uno lo transporta a otra dimensión, que uno sabe que existe, pero quizás no la ve tan claramente, como un artista con su sensibilidad (sí) la puede ver.
Te diré que desde chica yo tenía un gran sentido, que viene a ser como un don, del color. Porque dibujar, puedes aprender a dibujar. Yo he sido profesora, también, y te digo que tú puedes enseñar dibujo y aprender dibujo. Pero la paleta con que uno nace, la forma de mezclar los colores, ha sido un don. Para mí, ese era mi don, a pesar de que quise ser música, pero la música no me daba.

¿Qué instrumento le gustaba?
Me gustaban todos. Me gusta el violín, el piano, la guitarra. Pero nunca he sido dotada para eso. Me era muy difícil. Yo pienso que si no hubiera sabido qué otra cosa hacer, entonces, sí. Para mí, la pintura era todo.

Pero usted ha hecho música con su pintura.
Esa interpretación es muy linda (sonríe).

¿Podríamos decir que ha mantenido los mismos conceptos en su pintura desde sus inicios en los años sesenta, hasta ahora, o ha pasado por distintas etapas?
Yo tengo distintas etapas. Siempre con la cosa predominante del color, pero he tenido una época muy figurativa, que comenzó en el sesenta y nueve con La familia Pérez. Después siguieron Las Doñas, Diálogos de Adán y Eva. Primero fue (la serie) Caperucita y los lobos. (Augusto) Tamayo Vargas era un gran crítico. Muy lindo él, hizo varios prólogos míos. Él decía que yo trataba a la figura con un humor amable: no llegaba a ser una cosa irónica drástica. Eso eran Las Doñas: unas señoronas de Lima, reclinadas en sus sofás, sus camas, tomando el desayuno o jugando cartas. Me decía que tenía mucho que ver, quién sabe, con el humor de Bryce (Echenique). Puede ser.

¿Trataba ese mundo porque usted lo conocía directamente o le interesaba hacer algún tipo de ironía al respecto?
En realidad, era parte de mi mundo. Claro que sí. Porque, por ejemplo, cuando hago Los Pérez, hago al abuelo rural, a las tías distinguidas, a la pareja joven medio hippie, con los pantalones de esa época, la de los Beatles. Era con una cierta ironía, pero no una ironía cruel. Era exactamente como lo dijo Tamayo.

No había un toque ácido.
No. Era una ironía amable. Después comencé a entrar al paisaje con una serie que hice, que se llamó Mariposas de obsidiana, por un título de Octavio Paz. Son unas macrocomposiciones de mariposas. Casi son abstracciones del color de la misma mariposa. Después seguí con una trilogía al paisaje peruano. He ido decantando el paisaje. Por ejemplo, inicio Colca (1988) porque tuve la suerte de, mocosa, viajar mucho por el Perú, de arriba abajo, con una familia muy querida: los Solari Swayne. En esa época, no había todos los impedimentos que vinieron después. Cuando recién me caso, con mi esposo recorremos, en un pequeño Volkswagen, gran parte del país.

¿Por un tema turístico o laboral?
Laboral no. Era porque, sencillamente, mi marido, que es suizo, y yo, queríamos recorrerlo, ir a distintas partes. El auto mágico en esa época era el Escarabajo (de Volkswagen).

Muy resistente, por cierto.
Muy resistente. Ya después vinieron mis hijos y cuando comenzaban a ser adolescentes, estaba el terrorismo. Sencilla y llanamente, hubo un bloqueo de no poderlos mandar a ningún lado, no poder ir con ellos a ningún sitio a esa edad. Entonces, como una especie de homenaje, comienzo una trilogía sobre el paisaje peruano, por esa necesidad misma de transmitir lo que yo había sentido. No son paisajes figurativos, son emociones, otra vez: del Colca, de la selva, de la costa.

¿Se podría decir que, de alguna manera, quería mostrarles esos paisajes a sus hijos?
¡Exacto! Esa fue una forma de hacer eso: “Miren, así era la selva”. La selva que yo sentía. Y esa es una de las épocas que siento muy rica en mi pintura.

¿Y en sus hijos tuvo algún efecto? ¿Después quisieron conocer esa selva…
¡Claro!

…que usted les había pintado?
Ahora tengo un hijo ingeniero forestal.

Un efecto total tuvo.
Un efecto total. Claro. Pero ya ahí, comenzamos a viajar un poco. Me acuerdo que mi hijo quería, al comienzo, ser arquitecto, porque dibujaba muy bonito, pero ya como a los dieciséis años o diecisiete fuimos a Tambopata y había un equipo de ingenieros ahí, en un lodge que había en la selva. Ellos vivían gratis, pero daban asesoría científica a los turistas. Entonces, nos hicieron un recorrido maravilloso y mi hijo dijo: “Ingeniero forestal”, ja, ja…

¿Cuántos hijos tiene?
Tres.

Y de esos tres hijos, ¿alguno ha querido dedicarse a la pintura?
Claudio dibujaba muy bien. Michelle tiene un gusto increíble -la segunda-, para decoración, para todo. Y la tercera, la menor, es arquitecta de interiores. Siempre tuvo mucho sentido del color, también. Pero ninguno (eligió) pintura. Pintura sola, no.

¿Usted tampoco les recomendó?
No creo. No. En realidad, es un camino muy incierto. Nunca sabes dónde estás parado.

Usted decía que era una aventura.
Es una aventura constante porque no sabes a quién llegas. Y si llegas (sonríe).


Una pintora peruana exponiendo en Londres

¿Quiénes han sido sus principales espectadores o, en todo caso, la gente que ha apreciado más su arte?
Siempre hay gente sensible y culta. Este país es la dualidad en todo. Tienes los extremos. Yo creo que he tenido suerte en tener muy buenos profesores: Adolfo Winternitz, Fernando de Szyszlo. Después, tuve la oportunidad maravillosa -porque mi padre no la hubiera podido pagar- de ganar una beca…

Para Londres.
…para Londres. Y con un hombre maravilloso, que era el director del Consejo Británico: Harriman. Un tipo de una sensibilidad increíble. Había muy pocas galerías en esa época. Entonces, teníamos pocas opciones. Una de las opciones era el Británico: nos daban un espacio para exhibir cada año. A fines de año, de la Católica nos ofrecían la sala (del Británico) para presentar a los alumnos destacados.

Usted ha sido primera de su promoción dos años.
Sí, dos años. Después, Mención Honrosa y, después, otro premio más. Entonces, un día Harriman: “¡Qué barbaridad -me dice-, usted todos los años el primer premio!”. “Sí”, le digo. Era un inglés muy simpático, con mucho sentido del humor. Me dijo: “Postula para una beca”. “¿Sí? -le digo-, pero mi inglés no es muy completo”. Yo había estudiado en el (colegio) Roosevelt. Me dice: “A mí me gusta cómo pronuncias el inglés. Postula”. Y gané esta beca maravillosa en el Slade Collage de London University, que es uno de los sitios formidables para ir. La beca fue un año. Después, me las agencié para quedarme otro año trabajando en distintas cosas en la misma pensión donde vivía. Comencé a ayudar en la secretaría. También en la repostería. Gente simpatiquísima me dijo: “No, tienes que quedarte”. Tenía veintidós años y mi meta esencial era hacer una muestra en Londres. Y fui la primera artista peruana que hizo una muestra en Londres.

¡Qué bueno!
No había ninguna peruana antes que yo. Lindo, pues. Hasta que no la hice, decidí que no regresaba. Y me hubiera quedado, pero yo era hija única y mi papá estaba delicado. Para mí, mi papá era lo máximo.

Entonces, si no hubiera estado su padre un poco mal de salud, se hubiera quedado en Londres.
Sí, me hubiera quedado.

Además, como que el cielo de Lima y el cielo de Londres…
Se parecen.

…son bien parecidos.
Sí. La humedad, la neblina. Pero hasta ahí nomás (sonríe). La comida es un desastre. Al menos, lo era en esa época. Felizmente, ha mejorado.


Los orígenes: el abuelo tarambana tras la cupletera española

Usted tiene un apellido egipcio.
Claro. Mi abuelo es Negib Tanus, él es de El Cairo. Era. Yo no lo conocí. Mi papá sí nació en Arequipa. La llegada de mi abuelo al Perú es divertida.

¿Su madre de dónde es?
Mi mamá es peruana de origen colombiano, pero peruana. La familia de mi mamá es Torres González. Pero de mi papá, el abuelo vino y se quedó enamorado de Arequipa. Se casó ahí con la señora Tomasa Chávez Carbajal.

¿Arequipeña?
Más bien, de origen cuzqueño. Mi papá nació en Arequipa, pero vino muy joven a Lima: Santiago Negib. Él era ingeniero en mecánica y electrónica. En realidad, vivió muy poco en Arequipa. Pero el abuelo, al que yo no he conocido, no vino vendiendo alfombras ni nada de eso sino que vino siguiendo a una artista española. Y (la familia de) mi abuelo -porque él estudiaba en Oxford- eran coptos, no mahometanos. En la época de la gobernación inglesa en Egipto, en El Cairo, los coptos eran la élite…

Gobernante.
…dirigente, mandante, y estaban muy en contacto con los ingleses. Una minoría regente eran los coptos en esa época. Además, los coptos son antiquísimos. El bisabuelo era un diplomático que mandaba a sus hijos a estudiar a Londres. Y ahí estaba estudiando Antonio, mi abuelo. Antonio: nombre cristiano, no mahometano. Este abuelo que era un tarambana, muy especial, salía a divertirse, pues. En una de esas que salía a divertirse conoció a una artista española cupletera, muy linda, que cantaba y todo. La comenzó a seguir en su gira hasta Buenos Aires. Así es la historia.

Enamorado totalmente.
Totalmente. Pero cuando se le acabó la plata, ahí se le acabó el amor inmediatamente (sonríe) y, entonces, él se vino. Le gustó Latinoamérica inmediatamente. De Buenos Aires se ha venido a caballo, por Salta, con un grupo de amigos, hasta La Paz. Y de La Paz ha cruzado a Arequipa. Le fascinó y se quedó en Arequipa. Nunca más quiso regresar.

¿Y su abuelo pudo concretar su amor con la española?
Se le acabó la plata, cuando la estaba (enamorando)… Él la sigue en la gira, grandes amores, todo.

Fueron pareja.
¡Lógico! Ya cuando llega a Buenos Aires, él no tenía un centavo. Él era el primogénito de una familia de hacendados acomodados que tenían naranjales y cosas. El abuelo le decía: “Regresa, regresa” cuando estaba en Arequipa. Y nunca quiso regresar. Nunca.

Le comentaba esto porque en esta época hay jóvenes con dinero que hacen algo parecido a lo que hizo su abuelo: siguen a un artista en varios continentes…
Claro.

…y nunca tienen mayor acercamiento, pero los siguen porque sienten admiración.
Por fans. No, esto era por amor. Él estaba como loco por la española. Era un tipazo: alto, con ojos azules. En ese momento él estudiaba en la (Universidad de) Oxford, tenía plata, rentas y todo, pero cuando comienza a hacer esta gira, pues se le va acabando. La española lo dejó plantado y él se vino.

¿Y por dónde le viene el lado artístico?
Él dibujaba muy bonito. Tenía esa caligrafía maravillosa que tienen los árabes. Y era muy bohemio. Dibujaba, escribía, después comenzó a dar clases de árabe a los Farah, a todos estos que…

Son empresarios ahora.
Claro, son empresarios. Es toda una historia divertida. Pero yo nunca he tenido contacto directo con la comunidad árabe. Conozco a muchos, sí. Conozco a los Majluf: una de ellas ha sido alumna mía. Pero no he tenido un gran acercamiento. Mi papá tampoco porque no aprendió el árabe. Si no sabes el árabe es difícil pertenecer a ese ambiente.

Pero usted, ¿siente que hay raíces árabes en su pintura?
No.

Todo es más que nada peruano.
Más peruano, sí. Hace unos cinco años estuve en Egipto: algo alucinante. Sobre todo Karnak, Abu Simbel, el Nilo, todas las pirámides. Pero no tenía ninguna relación directa con pertenecer a ese mundo. Yo miraba atónita, porque es maravilloso todo lo que hay que ver ahí.

Y es parte de su origen, también.
Claro. Pero no me he sentido compenetrada con el mundo egipcio, para nada.


Conceptos sobre arte y crítica a los curadores conceptualistas

Hay muchos de sus cuadros que, si bien tienen una temática -por ejemplo, en Torsos- que se basa en parte de la figura humana, usted menciona mucho este apego al paisaje que ha tenido en los últimos años. Torsos eran paisajes humanos.
Sí.

Si bien eran, aparte, sensaciones, emociones…
Sí, pues.

…eran paisajes de color…
Claro.

…de olor. Eran unas manifestaciones (artísticas) muy poderosas.
Es lo que trato de (hacer). Para mí, hay que enriquecer el elemento que aparezca conceptualmente. Primero, si no es una sensación que se convierta en una idea, o una idea que se convierta en una sensación, no me vale. Tengo que tener los dos feelings tremendos. En los torsos apareció la idea primero, pero después esa idea fue cobrando emoción, sensaciones y, entonces, convertí cada torso en un estado de ánimo. Y así me pasa con todo lo que hago. A veces, es una sensación de querer usar el rojo, por ejemplo. Voy a una tela en blanco -porque la tela en blanco te habla después-: tú haces cualquier cosa en una tela y lo que has hecho ahí comienza a responderte. No es que tenga un boceto, casi nunca hago bocetos. Yo me lanzo sobre el lienzo. Eso es lo que hago. Te cuento porque me acabo de acordar: ¿cómo comienzo la serie Caperucita y los lobos? La comienzo así: en una tela grande agarro rojo y ¡ta, ta!, tiro el rojo a Caperucita, ja, ja, ja… De ahí salieron todos los demás (cuadros). Muy rara vez he hecho bocetos.

Es una pintora emocional.
Emocional, sí. Para mí, es así.

Decía (el crítico de arte) Luis Lama que usted es “una mujer realmente enérgica en lo que cree y en lo que hace”. ¿Así lo siente?
Exagera. A veces, creo en lo que hago, otras veces, tengo grandes dudas.

¿Siente que la pintura peruana está desarrollándose o se ha estancado en los grandes artistas de hasta los años ochenta?
No. Yo creo que tenemos muy buena pintura. Lo que pasa es que ahora la influencia de los curadores conceptualistas es demasiado fuerte. Ya tú sientes que es, más bien, el curador el artista. Hay demasiada imposición de ideas y conceptos en la gente joven. Hay cosas muy panfletarias que ya pertenecen a otra cosa, no pertenecen al arte en sí. De repente, estoy equivocada. De repente, sí habría que ser más conceptualista y mandar mensajes directos. Pero para eso, en otras artes me parece que puede hacerse mejor.

¿Se podría decir que ahora hay demasiado peso de la idea sobre la creatividad?
¡Claro! Te tienes que elaborar toda una trama.

Un marco teórico.
Un marco teórico, todo. Lo que te quita totalmente…

Conexión. No hay conexión.
No hay conexión, no hay esa cosa casual, sensual, con el color, la tela, con lo que hagas. En escultura, cerámica, en todo. Si te vienen con tanta parafernalia en la cabeza ya se convierten (los trabajos artísticos) en una cosa fría. Puede ser que esté equivocada.

Hay, también, cierta influencia de Szyszlo en su manera de usar los colores, si bien no en la temática. ¿Usted lo siente así o le parece que no?
No. Yo creo que para los dos el color es lo máximo, es importantísimo. Pero, en realidad, Szyszlo tiene un solo cuadro. Toda su pintura es un solo cuadro. Cosa que me parece genial porque siempre es reconocido por ese cuadro. Que puede ser en cualquier año o momento. Pero yo no puedo pintar así. Yo siempre estoy buscando una nueva sensación, una nueva imagen. ¿Tú encuentras que hay un hilo conductor en mis cosas? Me dicen que sí. Élida (Román) me dice que sí, que el hilo conductor está ahí, en el trazo, en el color, pero siempre son temas distintos, pues. En ese sentido, toco ideas distintas: paisajes, mariposas. Yo diría: “Caracho, ¿por qué he hecho cosas tan diferentes?”. Como que me aburro copiando mi cuadro todo el tiempo.

Pasa que ahí, como que usted manejara conceptos psicoanalíticos sin, de repente, ser muy consciente. Estos cuadros oníricos… Por ejemplo, acá (señalo varias pinturas de un catálogo suyo).
Sí.

Yo veo una parte del cuadro El grito de (Edvard) Munch en la manera…
¡Ah! En el gesto dramático.

Claro, en el gesto dramático.
Claro, sí. Lo que sí es cierto es que mi pintura es muy gestual. Por ejemplo, acá (me señala un texto de uno de sus catálogos): un comentario muy lindo de Jorge Villacorta sobre que, en cierta forma, como yo trabajo parece pintura zen. Esta cosa del gesto irrepetible, pues. Que si no lo captas y no logras ahí la cosa, se acabó. Imposible de copiarlo igualito. Después es otra cosa. Él habla de eso, de que tengo mucho de cosa zen. Pero yo muy zen no soy.

¿Usted es una pintora abstracta?
Yo creo que sí, que soy una pintora abstracta. No soy una pintora no figurativa. Eso no. Porque la pintura figurativa es una cosa y la pintura abstracta es otra. La abstracta es una abstracción de algo: de una idea, una forma, un objeto, un paisaje. Una decantación de eso, una transformación. La pintura no figurativa son líneas, cuadrados. Es una cosa totalmente no figurativa. Ahí no aparece la figura. Yo sí, en todo, sigue siendo (lo principal) la figura. Mira estos dibujos (me muestra otro catálogo suyo): son a la pluma. He hecho mucho trabajo a la pluma. El uso del espacio, para mí, es muy importante. Uno no debe saturar, debes dejar que el espacio hable. Eso es lo que yo daba en mis clases. He sido profesora varios años.

Usted ha enseñado, aparte de la Católica, en Huamanga.
He enseñado en la Católica, en Art Center, en Miraflores. He enseñado en Huamanga un año, fue una experiencia muy linda.

¿Y cómo sintió los paisajes serranos?
Aparecen en (la serie) Colca, aparecen en otras cosas. Yo los digiero primero. Nunca he sido pintora de caballete en el paisaje, de sentarme a copiar un paisaje.

Los procesa…
Los proceso.

…internamente.
Claro. Esa es la forma como trabajo.

Viendo sus cuadros, es un trabajo interior.
Interior, claro. Fuerte. A veces, tengo unos bloqueos horribles que duran meses y soy totalmente infeliz. Ya después, cuando algo se comienza a abrir, ahí sí, entonces, es la dicha total. Pero no es todos los días.

Hay pintores que se imponen una rutina diaria. Usted no es así.
No puedo. Más bien, pinto por rachas. Totalmente. Todo lo hago así, por rachas. También cocino por rachas, ja, ja, ja… En realidad, es así. Si comienzo a sentir que ya está apareciendo, que estoy sintiendo lo que quiero, entonces, es muy lindo. Porque ahí sí le doy, le doy, le doy. Pero hay épocas en que no aparece esta cosa. Siempre estoy pintando: en la cabeza estoy pintando, estoy pensando qué hago, cómo siento. Pero no una cosa conceptual, sino (que) pienso en un color. Ponte, una gama de azules.

¿Cuál es su color favorito?
El rojo. Pero no solo el rojo. El amarillo. Todos los colores.

¿Y ahora está en algún proceso o está preparando algo?
Sí. Hace rato que tendría que estar preparando más cosas. Lo que pasa es que ya el físico no es el mismo (sonríe) y no puedo trabajar como trabajaba. Mira (me muestra uno de sus catálogos): este es Los Pérez. Este es en el 69, la primera familia Pérez Equis. Acá están todos juntos, y todos después aparecen separados en un cuadro aparte. Los nietos, las tías… Esas tías que te hablé. La pareja: yo y mi marido. Los pantalones de la época. Esto fue en el 69. La gente era muy graciosa porque decía: “¿Han ido a la casa de Los Pérez? (sonríe)”, en una galería maravillosa que tenía Carlos Rodríguez Saavedra, arriba de la galería Trapecio, que ya cerró. Mucho antes que hubieras nacido, estaba la galería de Carlos Rodríguez. ¡Lindísima! Exhibí ahí Los Pérez y la segunda muestra fue Tola, la muestra que siguió. Tola es muy buen pintor. Estos son mis desnudos (me muestra otras pinturas suyas). Este es Adán y Eva.

¿Es usted y su esposo?
No, ja, ja... Ya quisiera. Es cualquiera.

Porque hay pintores que sí son autorreferenciales…
Sí.

…en sus pinturas.
Que se adoran. Pero yo no (sonríe). Yo no me adoro. Este (otro cuadro) sí es un autorretrato que hice hace años en la Católica. Estaba de pelo corto. También ganó un primer premio.

¿Cuáles considera usted influencias directas en su pintura? Hay algunos pintores que dicen que no les influye la pintura (de otros) si no otras artes. ¿A usted la influye solo la pintura?
No. Yo pinto con música. Me encanta Mozart, me alegra. O los Gipsy Kings, también (sonríe). Entro en una dinámica de pintar así (agita rápidamente la mano derecha): ¡chá, chá, chá, chá! Eso me ayuda mucho. ¿A quiénes admiro? Por ejemplo, me aloca Turner.

William Turner.
Me fascina la pincelada, todo. Y lo abstracto que era. Después, Picasso. Un monstruo. Un tipo que siempre se renueva. No hace un mismo cuadro. Esa forma de ver la pintura, para mí, es más interesante. No copiar tu estilo sino que nazca del trazo, en el gesto. Pero que tu temática sea diversa. Yo necesito diversos temas para pintar. Quién sabe no es tan factible económicamente ni nada. A mucha gente le gusta (decir): “¡Ah, ese cuadro!”. Ya sabes de quién es. Aunque la gente dice que sí sabe cuando hago un cuadro, ellos saben que soy yo, pero no. Para mí, no es fácil tener una sola línea.

Es que hay una sensación mística en la mayoría de sus últimos cuadros, y creo que eso es lo que mucha gente percibe.
¿Sí?

De ahí es este aire onírico.
Puede ser.

Como que te hablan de otra dimensión. Entonces, quizás, uno siente eso.
Claro. Yo pienso que era esencial, para mí, hacer una pintura que transmitiera el gozo de la vida de por sí. Es tan difícil. ¡Para qué incidir en tragedia! No puedo hacer esas cosas. Aunque ahora estoy pensando, también, en una serie que tiene connotaciones con la fugacidad de todo.

Porque hay pintores que se nota que se nutren del dolor, casi a exclusividad.
Claro.

Así hay muchos pintores. Son pocos los que dicen que más tratan de reflejar la alegría de la vida. ¿Es esto un problema de enseñanza en las escuelas o es un mito de los pintores, escritores? El “tienes que sufrir para poder escribir. Tienes que sufrir para poder pintar”.
Uno sufre desde que nace. Se te mueren las personas que amas, se van, se enferman. Se te pasa la juventud, ya no tienes la misma fuerza. El sentimiento trágico de la vida está encima de uno, totalmente. No quiero hacer cuadros así. Ya eso viene, eso está ahí. Entonces, casualmente, lo que quiero transmitir es luz, color, alegría. Aun en mis dibujos en blanco y negro. Eso es, para mí, mucho más importante, muchísimo más. Esto (me muestra uno de sus trabajos), en la primera Bienal de Lima lo expusieron.

Parece un cometa sobre el mar rojo.
Sí. Es un Ícarus (serie pictórica de 1997): Luz que madura hasta ser cuerpo (título sacado de un verso del poema Manantial de Octavio Paz). Mide tres metros cuarenta y dos. Yo siento que el color debe darte algo, debe darte alegría. Acá (abre un catálogo suyo) estoy con mis hijos. Están chiquititos: Claudio es el forestal. Jimena, la menor. Y Michelle. Y mi esposo (sonríe). Con el mismo cuadro atrás. Este cuadro lo tiene el (Centro Cultural) Británico. Ya me lo arregló Inti Quiñones, un cubano restaurador, linda persona.

Quiero agradecerle la entrevista. Para mí, es un gusto enorme, señora Negib, haber podido conversar con usted.
¡Qué lindo! Han sido tus preguntas muy lindas.

Muchas gracias.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Ernesto Reaño


“Ser Asperger en el Perú es doblemente una supervivencia”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán



El compositor alemán Ludwig van Beethoven era un genio de la música y tenía el síndrome de Asperger. Otros genios, como el escritor checo Franz Kafka, el físico alemán Albert Einstein, el compositor austriaco Wolfgang Amadeus Mozart y el físico británico Isaac Newton tenían Asperger, también. De igual manera, el pintor holandés Vincent van Gogh, el cineasta británico Alfred Hitchcock y el inventor estadounidense Thomas Alva Edison. La notable lista es extensa. Sin embargo, para muchos en el Perú, el síndrome de Asperger -una forma leve de autismo- es algo desconocido, todavía. Actualmente, afecta muchas vidas y familias, y no siempre de manera positiva.


El psicólogo y lingüista peruano Ernesto Reaño Carranza es un especialista en el tema. Es fundador y director de EITA (Equipo de Investigación y Tratamiento en Asperger y Autismo) desde el año 2009. Se especializa en el estudio del desarrollo del lenguaje en el niño y en el tratamiento de los desórdenes del lenguaje en el espectro autista. Es licenciado en Psicología Clínica por la Pontificia Universidad Católica del Perú, así como magíster en Ciencias del Lenguaje por la Université Sorbonne-Nouvelle París III. Hizo una especialización doctoral en la Universidad Autónoma de Madrid y es candidato al título de Doctor en Psicolingüística por la Université de Limoges, en Francia. Asimismo, es catedrático de las universidades nacionales Marcelino Champagnat y Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Con él conversamos a profundidad sobre el complejo síndrome de Asperger. Porque es posible que usted viva junto a una persona con esta particular condición de vida y aún no lo sepa.


¿Cómo definimos el Asperger? Si bien hay varios términos, ¿cuál es el más indicado para definirlo: un trastorno, un síndrome, una enfermedad, una discapacidad o simplemente una condición de vida distinta?
Yo creo que, básicamente, es una condición de vida. No es una enfermedad ni un trastorno porque uno nace y muere con ello. Y no es que algo en el camino se transformó o dejó de funcionar. El Asperger es una forma de autismo leve y, como todas las formas de autismo, significa que el cerebro está cableado de manera diferente y estas personas perciben el mundo y la realidad de manera distinta. Ni mejor ni peor: distinta. Por eso hablamos, básicamente, de una condición.

¿Puede haber una persona que tenga Asperger durante toda su vida y no se dé cuenta?
Es probable. Me ha tocado, por ejemplo, diagnosticar personas con cuarenta, cincuenta años que son, de alguna manera, sobrevivientes. Porque una persona con síndrome de Asperger, si bien es cierto que no va a tener muchos problemas en los lados cognitivos -posiblemente vaya a la universidad, vaya a terminar carreras-, tiene problemas en la comprensión de las normas sociales y en la empatía. Pueden acabar una carrera universitaria, después no encuentran trabajo, se pelean con las personas o son vistos como personas excéntricas o raras. Y, algunos, son vistos así hasta el final de sus días: como la persona excéntrica, huraña. Hasta que por ahí, de alguna manera, alguien se entera sobre el síndrome de Asperger y decide hacerse un descarte.

Simon Baron-Cohen (reconocido experto internacional en autismo) comentaba que muchas personas que sufren de Asperger, por el mismo problema que les ocasiona ser conscientes de que padecen de esta condición de vida, terminaban en depresiones, inclusive en suicidios. ¿Es así de grave, a veces, el Asperger?
Sí. Es así de grave, pero no en relación con el Asperger mismo sino en relación con que tú tienes personas que no comprenden bien las normas sociales, que son muy lógicas. Uno de los problemas en los cuales se meten, por ejemplo, es: “Si lo pienso, lo digo”. No tienen mecanismos de mentira social. Entonces, las personas piensan que son pedantes o malcriados o quieren insultar. Esta persona, desde la escuela y todo campo social, siempre es corregida, castigada, señalada, y no sabe muy bien por qué. No sabe la razón exacta. Entonces, lo que tenemos es una gran ansiedad frente a lo social, que posteriormente lleva a la depresión, que puede acabar, sí, evidentemente, en cuestiones de suicidio. Ahora, si la persona logra tener una comprensión oportuna y a una edad temprana sobre lo que es el síndrome de Asperger, puede estar mucho más preparada dentro de su autoestima y saber que hay una serie de normas que “no me son intuitivas, pero me tengo que aprender para poder lidiar en este mundo”.

Lo que me comentabas de que no tienen mecanismos de mentira social, de adecuación social, en una sociedad como la peruana: deben sentir mucho más rápido el rechazo. Porque es una sociedad muy basada en las apariencias, en el eufemismo. Un Asperger en el Perú lo puede sentir más rápidamente que en otros países.
Sí. En realidad, ser Asperger en el Perú es doblemente una supervivencia, porque podemos tener otras sociedades -la europea o la japonesa- donde uno puede ir vestido por la calle como quiera y nadie te va a mirar, nadie te va a señalar. Donde la gente es respetuosa, donde no existe contaminación visual ni sonora, donde las líneas de transporte siguen una pauta establecida a una hora. (Para) una persona con Asperger, en Lima, movilizarse es una cosa espantosa porque tienes el ruido de las combis, el mismo ambiente de la combi -que no es tan agradable-, rutas que no se respetan, no sabes en qué horario (llegan al paradero del usuario) y son personas que necesitan mucha predictibilidad. En una sociedad como la nuestra no la encuentran nunca.

Si un Asperger está en una combi y de pronto el chofer cambia de ruta, se puede alterar.
Sí, claro. Se puede alterar y entrar en ansiedad. La típica que uno conoce: muchas veces el chofer pregunta si alguien se baja en las siguientes diez cuadras y nadie se baja, entonces, se mete por un atajo. Todo eso, por ejemplo, es generarle ansiedad a una persona con Asperger.

¿Y puede provocar que se vuelva violenta, también?
Existen episodios de violencia cuando la persona con Asperger está muy ansiosa y no puede controlar sus impulsos, sí.

¿A la persona con Asperger le cuesta mucho el contacto físico?
Hay algunos que sí. Otros que no tanto. Todo el tema táctil: en ellos hay una serie de hipersensibilidades. Tenemos, por ejemplo, personas que no aguantan determinadas texturas o las etiquetas de la ropa. O que una caricia no les es agradable. Un abrazo más fuerte, quizás sí. Hay otros que no toleran los abrazos, pero sí las caricias. Entonces, el contacto físico para ellos es una cosa difícil, en muchos casos.

¿Y el contacto visual, también?
El contacto visual, también. Pero, básicamente, por una cuestión especial: las personas con síndrome de Asperger no leen los gestos, todo el lenguaje no verbal no les dice mucho. No miran al rostro a la gente o no hacen contacto visual porque la cara no les dice nada.

Si bien tienen dificultad para interpretar emociones, tanto propias como ajenas, ¿cómo manejan sus emociones?
Yo creo que todo esto tiene que ver con un aprendizaje. La Rochefoucauld decía que posiblemente si no existiera la palabra “amor” uno no podría enamorarse. Y creo que es un poco así. Uno tiene una serie de sensaciones y cuando les da nombre ya puede hablar de determinada emoción. Entonces, parte del trabajo, sobre todo con los niños con Asperger, es aprender a nombrar emociones, aprender a conocer emociones que les permitan, sobre todo, volcar su mundo interno.


Los padres deben adaptarse a su hijo y concientizarse

¿Qué es lo primero que un padre debe hacer cuando descubre que su hijo tiene Asperger?
En primer lugar, antes de llevarlo a un especialista o antes de llevarlo a terapia, concientizarse bastante. Concientizarse en el sentido de saber que su hijo es diferente, pero no es inferior. Que procesa la realidad de manera distinta y que a ese niño con Asperger siempre le vamos a poder pedir que se adapte a nuestra sociedad, pero que muchas veces -los padres, sobre todo- tenemos que ponernos en los zapatos de ellos. ¿Por qué está gritando en este momento? ¿Por qué hace una pataleta? Quizá no es porque sea un niño berrinchudo sino porque tiene una hipersensibilidad acústica y, en realidad, el sonido de un claxon para él es amplificado y le produce dolor. Ahora, puede ser, también, que haga una pataleta como cualquier niño. Pero ponernos en sus zapatos implica que, al ser ellos una minoría, la gran adaptación debería venir de nosotros.

No debe, entonces, un padre -por (sugerencia y) desconocimiento de los mismos profesores, directora del colegio-, pasarlo a un colegio especial.
No. En teoría, no. Una persona con Asperger no necesitaría una educación especial. Puede seguir en un colegio normal, regular, bajo un sistema de inclusión. El problema, lamentablemente, en nuestro país y en muchos países es que la inclusión educativa no funciona realmente. Tenemos profesores -algunos pueden tener muy buena voluntad-, pero no necesariamente capacitados.


Algunas profesiones tienen una relación positiva con el Asperger

Decía Baron-Cohen que -en el año 2000, en un artículo publicado- el Asperger no necesariamente era una discapacidad sino que, incluso, podría considerarse un talento.
Sí. Si nos ponemos a pensar que las personas con Asperger, a niveles cognitivos, son de una gran capacidad para sistematizar información, gran capacidad de memoria, gran capacidad de pensamiento en detalles, y cuando un tema les interesa se pueden volver expertos. Muchos de los expertos en cosas muy específicas tienen síndrome de Asperger. El 1% de la población mundial tiene, por ejemplo, autismo. Si uno va a Silicon Valley (en California, Estados Unidos. Es una zona donde se encuentran muchas de las empresas más importantes del mundo en tecnología e informática), se dará cuenta que el 10% de los nacimientos son de personas con autismo o Asperger. ¿Por qué? Porque la mayoría de los que trabajan ahí, los ingenieros informáticos, tienen Asperger o autismo.

¿En Silicon Valley buscan gente con este tipo de características para el trabajo específico que van a realizar o no?
En muchos trabajos, sí. Es como parte del perfil. Porque uno sabe que un ingeniero o un especialista con síndrome de Asperger se va a meter tanto en profundidad (sobre un tema) que, probablemente, sea el que dé en el clavo antes que otra persona.

Siendo así, las personas que se dedican a la ingeniería informática o ingeniería de sistemas, por el mismo perfil del Asperger, ¿son las más propensas a tenerlo?
Sí. Hay carreras, sobre todo, donde uno puede encontrar muchas más personas con síndrome de Asperger o con rasgos autistas. Parte de ellas son los ingenieros de sistemas. Va a ser muy difícil que, quizás, en carreras como derecho encontremos personas con autismo. Justamente, por todo el tema social y de decodificar las intenciones de los otros, no se les puede hacer fácil. El perfil de la carrera -como tú dices- muchas veces hace que encontremos personas con rasgos autistas o con síndrome de Asperger, específicamente.


Problemas en la coordinación motriz

¿Hay alguna incidencia del Asperger en grupos étnicos: más en latinoamericanos que en europeos o asiáticos, o no hay ninguna diferenciación al respecto?
No. Esta es una condición totalmente del desarrollo. Entonces, la variable racial, la variable cultural, la variable económica no influyen nada.

¿Cuánto de dificultad implica en la coordinación motriz el tener Asperger?
La mayor cantidad de personas con Asperger tienen problemas de motricidad gruesa y motricidad fina, por eso es que suelen ser no muy aptos para los deportes. Sobre todo deportes de grupo, donde hay que tener mucha coordinación. En deportes como la natación les suele ir mucho mejor. Y en las cuestiones motrices quizás tengan más dificultades, muchas veces, para pequeñas cosas que tienen que hacer, como redactar, cortar con una tijera.


Deportes individuales durante la etapa escolar

¿Un padre de familia debería decirle al profesor de educación física: “Por favor, tenga un poco más de consideración con mi hijo a la hora de hacer un partido de fútbol o de vóley?”. ¿O no le debería pedir nada?
Sí debería pedirle porque, incluso, en muchos casos, para el chico va a ser aversivo jugar un partido de fútbol. Y va a ser aversivo por la cantidad de personas que hay involucradas. También porque no va a entender exactamente. Si hemos dicho hace un rato que, a veces, no entienden el lenguaje gestual o les es muy difícil… Dentro de un partido de fútbol hay mucha gestualidad para que le pasen la pelota o hacer el cálculo “¿a quién se la doy?”. Ellos, simplemente, ese tipo de juego no lo entienden. Entonces, en realidad, es ponerlos dentro de una situación muy tensa y complicada. La cuestión que se podría hacer allí es darles otras rutinas. Por ejemplo, mientras están haciendo el partido de fútbol, ellos pueden hacer gimnasia.

O atletismo y ponerse a correr un par de vueltas (a la cancha de fútbol, por ejemplo).
Claro, atletismo. O, si hay una piscina, pueden hacer natación. Hay la posibilidad de deportes que pueden ser hechos de manera solitaria sin ningún problema.


Los genios y el Asperger

Muchos de los genios de la historia de la humanidad han tenido Asperger. Esto casi podría ser una ironía: tener Asperger para ser un gran genio.
Sí. Hans Asperger, justamente, decía que para tener éxito en las artes y en las ciencias se necesitaba alguna dosis de autismo. Yo creo que sí, en el sentido de que son personas que se hiperfocalizan mucho en un tema. Si uno revisa en la historia de la humanidad a gente que ha hecho grandes cosas, de alguna u otra manera, no ha sido gente, entre comillas, normal. Es en la neurodiversidad -dentro de ella, en el síndrome de Asperger- donde encontramos los mayores aportes.

Los neurotípicos o personas normales tienen muchas más dificultades o, en todo caso, es menos común para (ellos) lograr cosas de trascendencia universal.
Claro, lo que pasa es que la normalidad, finalmente, es una cuestión de estadística que tiene que ver con la media. Y la media tiene que ver con la mediocridad. Entonces, una persona más o menos normal va a llevar una vida en la cual, quizás, no desee hacer mayor innovación. Una persona que se sale de la línea de lo normal, quizás por esa misma salida, tenga otras preguntas, quiera desarrollar otras cosas. Ir un poco a contracorriente de lo que es el día a día.

Si bien Hans Asperger descubrió el síndrome en 1944, ¿por qué ha pasado tanto tiempo y recién en las últimas dos décadas, más o menos, se viene difundiendo con mayor profundidad el síndrome? ¿Por qué ha habido tanto descuido? No sé si de la parte médica, psicológica o de prensa.
Lo que pasó con Asperger fue que publica poco. Publica en el 44 su trabajo fundamental, pero publica en alemán. Mientras al otro lado del mundo, desde Estados Unidos, Leo Kanner fue el que acuñó el término “autismo”, empezó a hacer las investigaciones sobre autismo y publicaba en inglés. Entonces, después de la Segunda Guerra Mundial los trabajos de Asperger fueron olvidados, hasta que en el año 81 la doctora Lorna Wing, psicóloga, traduce el texto de Asperger al inglés. Y allí empieza un poco el boom de conocer más del síndrome de Asperger y utilizarlo como categoría de diagnóstico.

¿Hay algún rango específico de edades en el cual se dé el Asperger? ¿Más siendo jóvenes, adultos o ancianos?
No. Se nace con ello. Uno puede decir que nace y muere con Asperger. Lo que sí, hay una mayor incidencia en hombres que en mujeres.

¿Mucho más?
Cuatro a uno, más o menos. Es mucho menos frecuente encontrar una mujer con síndrome de Asperger.

Muchas gracias por la entrevista, Ernesto, y felicitaciones por tu trabajo en EITA.
No, te agradezco mucho.

Gracias.


Nota: Esta entrevista que hice al psicólogo Ernesto Reaño fue publicada originalmente el viernes 6 de abril de 2012 en Generacción.

jueves, 23 de agosto de 2012

Francisca Gavilán


“Fue genial la Violetita”


Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán


Francisca Gavilán (Santiago, 1973), una de las mejores actrices chilenas, se convirtió en la mítica cantautora, pintora, escultora y folclorista Violeta Parra, en la estupenda película Violeta se fue a los cielos (2011), de Andrés Wood. Su actuación fue tan buena que ya ha ganado los premios a Mejor Actriz en el XVI Festival de Cine de Lima (Perú), el XXVII Festival Internacional de Cine de Guadalajara (México), el XXXVII Festival de Cine Iberoamericano de Huelva (España), el Premio Pedro Sienna 2011 (Chile), y el Premio a las Artes Nacionales Altazor 2012 (Chile). Además, la cinta obtuvo este 2012 el Gran Premio Internacional del Jurado en el Festival de Cine de Sundance (Estados Unidos) y fue nominada a Mejor Película Iberoamericana en los Premios Goya (España).

El título del largometraje, remite directamente a una de las décimas más sentidas de Violeta: Rosita se fue a los cielos. La cantautora la escribió cuando falleció su hija Rosita Clara, a los dos años de edad. Asimismo, la cinta está basada en un libro de memorias homónimo (publicado el año 2006) de Ángel Parra, hijo de la folclorista. Así que esta película es profundamente Parra, por donde se le mire.

Aparte, pocas veces en la vida una actriz tiene la oportunidad de interpretar a un personaje tan emblemático y querido de su país, logrando salir totalmente airosa en ese arriesgado intento. Gavilán no solamente personificó a la talentosa, sufrida y apasionada Violeta sino que cantó, de magnífica manera, todas sus canciones en dicho film. Incluso, hoy da conciertos interpretando sus famosas composiciones.

A continuación, la actriz chilena nos cuenta el exigente proceso que siguió para construir al personaje de Violeta, el gran apoyo que recibió de Ángel Parra antes y durante el rodaje, y en lo que la recordada artista significa históricamente para ella y sus compatriotas. Al final de la entrevista, Gavilán nos relata sobre otro interesante largometraje que, también, protagonizó: Ulises (2010). El cual tiene mucho que ver con los peruanos que buscan un mejor futuro lejos de su tierra natal.

Muchas gracias por la oportunidad. Quería empezar recordando esa frase tan poderosa y bonita que dice Violeta en la película, cuando el periodista le pregunta: “¿Qué te dejó tu padre?”, y ella dice: “Nada”. Y él insiste: “Pero era profesor, te tuvo que dejar algo”. (Violeta respondió que) “¿Para qué? Si la guitarra…
…venía llena de cantos de pájaros”.

Una frase hermosa.
Sí, claro. Eso le dejó su padre: la guitarra con la que ella empezó a tocar. Lo que le gustaba era la música, cantar, recopilar -cuando su hermana la impulsó a que fuera por todo Chile a recuperar el folclore chileno. Ese folclore que se estaba perdiendo porque los abuelos que sabían esas canciones, versos o décimas estaban empezando a morirse. Y si alguien no las reescribía íbamos a perder, todos, esas maravillas-.

En Chile, la figura de Violeta (es sumamente importante, trascendental). ¿Hubo temor de tu parte al momento (de interpretarla)?
Fue muy emocionante. Fue, también, entender que venía una responsabilidad tremenda: hacer a Violeta Parra. Porque, además, mi personaje está en el inconsciente de uno, pero no la conocemos. Hay muy poco material filmográfico de ella. Entonces, había que agarrarse de lo que hubiera para poder enfrentarse a este personaje. Y Andrés (Wood) igual fue muy claro, porque me dijo: “Tú vas a ser Violeta, pero si el primer día del rodaje no das, te vas a tener que ir”. Fue así. Fue como: “Tengo que serlo, tengo que estudiar mucho, tengo que concentrarme mucho para poder hacer a este gran personaje”.

¿Hubo algún hecho o personaje de la historia de Violeta que tú dijiste: este hecho o este personaje (es determinante en su vida)?
Yo, lo que más hice fue tener conversaciones con Ángel. Él vive en París, pero se fue a Chile a estar conmigo casi dos meses. Nos juntábamos todos los días a ver la cosa de la voz y de cantar, pero conversábamos mucho. Yo quería tener su versión de esa mujer que era madre, artista, esposa, amante. Que era todas esas cosas. Creo que ahí me empecé a basar y empecé a estudiar, a leer. Claro, había momentos en que había que enfrentarse a ciertas situaciones, como la parte amorosa de la Violeta con Gilbert (Favre). Lo hablábamos con Andrés, decíamos que íbamos a tener que imaginar ese universo de Violeta, de cómo se enfrenta al sexo, cómo se enfrenta al amor, porque ella cuando escribe -lo dice claramente- es una mujer muy apasionada.

También esa escena bajo la nieve, en París, con su pareja, en que ella se va sacando la ropa y le dice: “Te dije que no me digas más ‘señora’”.
Sí. ¡Increíble! Parece que era una tremenda. No tenía pelos en la lengua, ella iba y decía. Y si se enojaba lo decía. Pero era muy dulce con sus hijos, muy dulce con sus amigos, también. Una mujer tremendamente especial.

¿La considerarías una genio?
Totalmente. Absolutamente. Creo que sí. Ella fue una mujer que pisó muchos escenarios. Además, fue una mujer de avanzada. Totalmente de avanzada. Una mujer muy moderna. Una mujer que al día de hoy hace ruido con sus canciones y sus versos. Claro, fue genial la Violetita.

¿Cuál es la parte de la personalidad de Violeta que más te atrae?
Me atrae su libertad. Si yo definiera a Violeta, creo que es una mujer libre. Una mujer que ama libremente, que dice libremente, que sacó adelante a su familia, a sus hijos. Cuando era una época en que las mujeres solo se dedicaban a estar en la casa, a hacerle el almuerzo al marido y a cuidar a los hijos, ella hizo todo lo que hizo. Incluso, a veces, era mal mirada porque era una mujer que cantaba en la noche, que salía a la peña, que cantaba boleros en un comienzo, que cantaba canciones españolas. Entonces, fue una mujer libre.

Su padre, esa figura tan fuerte…
Tan fuerte, sí.

…para bien y para mal.
Para bien y para mal, sí. Tal cual. Ella tenía su cable a tierra que era su madre, seguramente. Su madre ahí jugó un papel muy importante porque, también, cantaba. Pero no quería que ninguno (de sus hijos) tocara la guitarra. Le daba miedo que pasara lo mismo que con el padre. Sin duda, toda la familia Parra son grandes artistas. Está Nicanor Parra, que está vivo aún. Son (una familia) tremendamente inteligente, tremendamente creativa.

Ángel Parra sale llorando en algunos momentos de la filmación, porque sentía que estaba frente a su madre.
Fue increíble, sí. Ángel jugó un papel bien importante en esta película. De hecho, él cuando vio el cásting, se puso a llorar. “Ella es” (dijo Ángel). No sé qué vio, debe haber visto algo en los ojos. Yo, en ese momento estaba muy concentrada en hacerlo lo mejor posible. Hay una escena en que yo estoy solamente friendo sopaipilla, sin texto, sin nada, y él se tenía que ir llorando. En otras ocasiones, yo salía llorando. Él estaba ahí y me abrazaba. Me decía: “Ya, tranquila”.

De ahora en adelante, y para toda tu vida, vas a ser para mucha gente…
Violeta.

…Violeta Parra. Quizás no es el momento, ahora es de disfrutar más que nada el personaje, pero has pensado, más adelante, pueda ser (que te encasillen con Violeta).
¡Uy! Creo que es y será lo más importante que he hecho en mi vida de actriz. No sé si va a haber algo tan importante como esto. Era muy esperado el hacer esta película, para mí. Lo deseaba mucho. Seguramente, la gente va a asociar ahora el rostro de Violeta conmigo, pero es magnífico, es un honor.

Recuerdo que en alguna entrevista leí (que decías que tu madre se parecía más que tú) a Violeta Parra.
Se desmayaba ella, también. Se hacía la muerta. ¡Increíble! Llegábamos a la casa y ella estaba tirada en el suelo con la escoba. Con mi hermana muy asustada. Lo hizo muchas veces (sonríe).

Porque ya sabía que era parte de la historia de Violeta Parra. O era por una…
¡Ella lo hacía!

Una coincidencia.
¡Sí, coincidencia! Yo le contaba a Ángel que mi mamá, también, hacía lo mismo. Es muy gracioso (sonríe).

Como te dijo tu hijo en la película: “Malos chistes”, ja, ja...
Sí (sonríe). “Malos chistes”, claro.

Cruel.
Sí, cruel.

Ella siempre jugaba con la muerte.
Siempre jugaba con la muerte, jugaba con todo ella. Se hace la muerta cuando llega el alcalde y lo asusta, sí. Es que tenía un sentido del humor muy especial. Los Parra tienen un sentido del humor muy especial. Ángel, Angelito Parra, el nieto de ella, también. Un humor muy refinado. Yo siento que ella, por esa forma de ser tan especial, por esta genialidad que tenía, también, hizo cosas muy torpes. Sola se atrapaba ella y no podía salir adelante. Se equivocó en, por ejemplo, poner la carpa en un lugar al que no llegaba la gente. Y el acalde le decía: “En este lugar no”. Ella quiso que fuera ahí, como una forma de boicotearse ella misma. No sé si inconscientemente. Seguramente. Pero a ella en el extranjero le fue muy bien, en esa entrevista que es una maravilla. Y ella tuvo programas de radio. Es una mujer que hizo muchas cosas.

Aprendiste los gestos y la manera de hablar de Parra.
Sí.

¿Cuánto tiempo te demoró todo este proceso?
Diez meses. Tuve la suerte de tener mucho tiempo y de tenerlo con mucha calma. Entonces, cerré todas mis puertas y solo me dediqué durante diez meses a Violeta. Aprendí a bordar, a hacer papel maché, de todo. A pintar un poco. Tuve clases de todo para poder enfrentar esta Violeta. Clases de charango, de cuatro venezolano (o cuatro llanero), bastante. Lo que me pasó fue, en verdad, un regalo.

Tus tres hijos, con tantas cosas nuevas (que aprendiste), te dijeron: “Mamá, ¡wow!”.
Ellos están muy contentos. Les encanta. Ahora estoy cantando. Ya he hecho conciertos. He estado en conciertos muy grandes y ellos van. También con otros artistas muy conocidos en Chile.

Si pudieras cantar un poco.
Un poquito (sonríe). ¿Ahora?

Sí.
¡Qué amoroso! Cuando fui para la pampa llevaba mi corazón, contento como un chirigüe, pero allá se me murió. Primero perdí las plumas y luego perdí la voz. Y arriba quemando el sol… (Interpretando esta canción, Y arriba quemando el sol, Francisca ha revivido por unos instantes a Violeta en la sala de prensa del Festival de Cine de Lima. La actriz tiene una voz muy agradable y enérgica, perfecta para cantar folclore latinoamericano).

Gracias. ¡Qué hermoso!
Muchas gracias. No me esperaba esta petición, ja, ja, ja…

En verdad, cantas muy bien.
Muchas gracias.

Hay musicalidad, hay melodía.
Gracias (sonríe).


“¡Si no éramos tan pobres!”

Le comento a Francisca sobre la relación de Violeta con su padre, acerca de lo difícil que debió ser para ella su muerte temprana, cuando era una adolescente. La actriz, reflexivamente, señala: “Uno es un poco lo que fueron tus raíces, lo que fueron tus padres. Yo me veo imitando muchas cosas de lo que es mi padre, de lo que fue mi madre. Tiene que ver, también, con su personalidad tan especial. Porque tenía una hermana que cantaba con ella, pero que no era con esta personalidad tan avasalladora”.

Bastante fuerte (la violencia del padre, en un momento de la película). Destruye su guitarra.
Sí. Y ellos (sus hijos) ahí, todos, abajito del piano.

Escondidos.
¡Terrible! Hay bastante de la poética de Andrés, en el fondo. Yo me acuerdo que había escenas en que Ángel iba a ver las filmaciones y, por ejemplo, en el momento que muere la bebé (Rosita Clara), Ángel me miraba y decía: “¡Si no éramos tan pobres! No. Están superequivocados. ¡Si no éramos tan pobres!”. Yo le decía: “Es una película”. Él lo tomaba con mucho humor. Yo, por eso, agradezco mucho la nobleza y la generosidad de Ángel. Porque es muy difícil ver en la pantalla a tu madre, en todas estas caras de la moneda. Debe ser muy fuerte. No sé qué habrá pasado con el resto de la familia.

Hasta en las más íntimas.
¡Las más íntimas! Debe ser muy fuerte. Hay que enfrentarse de una manera muy grande para poder entender que es una película, que es ficción. Que era lo bonito que nos daba el libro, porque nos dejaba ser muy libres. Porque son los recuerdos de un hijo con una madre. Eso nos daba harta libertad a nosotros de creación.

Violeta Parra: Mercedes Sosa la admiraba.
Creo que la Violeta, sobre todo ahora, tiene importancia para los jóvenes (incluso, compuso el tema Me gustan los estudiantes a inicios de los años sesenta). Los jóvenes se sienten muy valorados en ella, en el fondo. Sienten que tienen ese sentimiento de empoderarse, de decir. Es como una nueva generación que está entendiendo muchas cosas que, tal vez, la generación mía no entendía. Mi generación no se iba a la calle, como estudiante, a exigir sus derechos. Y ahí van, pues, con todas las canciones de Violeta. Nosotros hicimos muchos visionados con alumnos de universidades y colegios. Fue muy increíble. La Violeta tiene esa cosa de que no tiene términos medios: o es odiada o es amada. Hay gente que la detestó y que la detesta por comunista, por comehombres, en fin.

Sí. Sobre todo son motivos políticos.
Sí.

Con la derecha y la izquierda tan marcadas (en Chile).
Claro. Seguramente esa exposición (de veintiséis pinturas, trece esculturas y veintidós arpilleras, en el Museo del Louvre, en 1964) para ella fue un reconocimiento, absolutamente. Era la única chilena que ha estado ahí. ¡Increíble! Nosotros filmando en el Louvre: se nos caían las lágrimas porque era muy emocionante estar ahí, muy emocionante filmar ahí. Y todo fue gracias al nombre de Violeta Parra si no, no nos hubieran dejado entrar. Tuvimos hartos problemas para poder entrar a filmar.

¿Crees que Violeta hubiera podido tener otro final?
No sé. Siempre he pensado que, tal vez, si hubiera habido un doctor, algún psicólogo, algún psiquiatra, si ella hubiera estado bien medicada, tal vez… Es que era una mujer muy intensa y seguramente tenía depresión. Si alguien la hubiera diagnosticado, tal vez… Porque ella intentó suicidarse varias veces antes. Tomó remedios, trató de cortarse venas. Estaba en su cabeza retirarse. No sé. También era una época en que la gente no creía mucho en ir al psicólogo. Esto es más de ahora, en Chile, al menos. Uno no se psicoanalizaba ni nada. Tal vez pudo haber sido bastante fácil, con una pastillita. No sé.

¿Cuál es tu escena favorita de la película?
El cumpleaños. Adoro esa escena, la adoro. Porque ella está ahí, con esa mirada en que está fascinada con este señor (Gilbert Favre).


Ulises: un trabajador peruano en Chile

Otra buena película que Francisca ha protagonizado y que se exhibió en el XVI Festival de Cine de Lima -en la sección La otra orilla- fue Ulises (2010), ópera prima de Oscar Godoy. Esta cinta obtuvo el premio a Mejor Película en el Santiago Festival Internacional de Cine (SANFIC) del año pasado. La historia trata acerca de Julio, un emigrante peruano que viaja a Chile buscando nuevos horizontes laborales. La gran actriz chilena nos dijo sobre esta experiencia que “es una película muy hermosa. Es como una introspección al ser humano. Habla de la soledad del extranjero viviendo fuera de su país. Y siempre está el querer volver, pero algo te ata. ¿Qué será? Tal vez alguna esperanza de que todo pueda ser mejor. No sé. Es la historia del peruano que se va a Chile a vivir”.

Que era profesor.
Que era profesor, que era un ser que sabía muchas cosas. Si me pongo a pensar, creo que tal vez se le murió su mujer o el gran amor de su vida y llega a Chile a ver qué pasa. Se encuentra con puros topes, en el fondo. Con gente que lo trata mal, que no lo reconoce. Y se encuentra con una chica muy simpática y amorosa, que sabe muy poco de la vida, a la que solo le importa pasarlo bien y trabajar. Una mujer muy simple y básica, que es Flavia, mi personaje, que me encantó hacerlo. Un personaje lleno de vida, muy chispeante, gracioso. Pero los dos están muy solos, enfermamente solos.

La comunidad peruana en Chile es abundante, ¿conversaste con muchos de ellos para entender un poco mejor a los peruanos, a la hora de hacer tu personaje?
No. Como yo hacía de chilena, el que tuvo que hacer el gran trabajo era Jorge Román (quien interpreta a Julio), que es argentino. Se vino a Perú a trabajar durante un tiempo con Oscar (Godoy). Se vinieron para ver la forma de hablar, las costumbres, conversar con mucha gente. Y el resto de los actores son chilenos, también, que hacen de peruanos. A ellos les tocó duro porque tuvieron que aprender y estudiar mucho. ¡Qué difícil es el acento de ustedes! ¡Es muy hermoso, además!

Gracias.
Uno ve la parte fea cuando va al centro y ve a la comunidad peruana que está ahí, marcando el paso. Es difícil. Están todos esperando un trabajo en lo que sea. Es duro. No sé cómo será la otra parte: del que llega a trabajar muy bien, se instala y tiene una buena vida.

Muchas nanas peruanas.
Muchas nanas peruanas, sí.

Inclusive la película La Nana tenía un personaje peruano.
Sí. Que la trataban pésimo, ¿te acuerdas? ¡Pésimo! Las nanas chilenas trataban pésimo a la peruana. ¡Tremendo! ¡Es increíble! Tengo amigos que se vinieron a vivir acá, están fascinados de vivir acá y, también, se encuentran con ese doble estándar. En Chile, el peruano es mirado en menos, en el fondo. No así un español o un italiano. Es raro. O un argentino. El argentino es mirado en menos por otras cosas. Estamos muy atrasados en eso, todavía.

Es una sociedad racista, igual que la peruana.
Sí. Enfermamente racista, superclasista.

Muchísimas gracias por la entrevista, Francisca.
No, gracias a ti.

Te vamos a recordar siempre como Violeta.
(Ella sonríe agradecida y relajadamente. Violeta parece haber bajado de los cielos, habitando a Francisca).