viernes, 8 de diciembre de 2017

Joan Alfaro




“Siempre fui un apasionado del tema andino”

Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán

 
Pocas veces ve uno cuadros de un artista relativamente joven y siente que es un talento que ha venido para quedarse, que ha llegado a la escena artística peruana para dejar un sello personal. Eso me ocurrió con el pintor cajamarquino Joan Alfaro, tras ver su estupenda exposición de pinturas “Raíz” el año pasado en la galería Índigo, en San isidro. Precisamente, dicha muestra fue la más relevante del año 2016 en Lima, de un total de 110 (superando a exposiciones de artistas consagrados como Eduardo Tokeshi y Aldo Shiroma, Alejandro Alayza, Carlos Llerena Aguirre, Johanna Hamann, Carlos Runcie Tanaka y Ramiro Pareja). Instituciones como el Ministerio de Cultura y medios de comunicación como “Exitosa”, “Lima Social Diary”, “Dosis”, “Cuenta Artes”, “JC Magazine”, “Perú al día”, “Atrapa tu ruta”, “Sociedad Literaria Amantes del País” y “Perú Informa” publicaron notas periodísticas al respecto.

El presente año ha sido espectacular para Joan: ha participado en la Noche de Arte 2017 con sus obras “Sueño con serpientes” y “Luz de esperanza”. En setiembre dio la conferencia “La importancia del arte en la comunicación” en la Universidad Privada del Norte. Ese mismo mes inauguró la exposición “Surrealismo Andino” en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. También elaboró la estampilla conmemorativa por el Día del Cacao y del Chocolate Peruano (la cual presentó, en octubre, en el parque Kennedy de Miraflores, junto al presidente de DEVIDA, el embajador de la Unión Europea, el alcalde de Miraflores y un representante de LATAM). Además, Operación Sonrisa Perú lo invitó a participar en “Arte por una sonrisa” en el JW Marriott Hotel Lima (presentó la obra “La máscara mágica”, la cual pintó junto al niño Tadeo), en noviembre. Asimismo, sus diseños artísticos ya son vendidos en casacas de cuero. Y su página de artista en Facebook tiene más de 30 870 seguidores hasta inicios de diciembre.

Desde que empezó en el arte, influenciado por los pintores cajamarquinos indigenistas y también por Vincent van Gogh y Gustav Klimt, hasta hoy, la pintura de Joan evolucionó y adquirió una identidad propia y reconocible. En su página web personal se pueden ver las hermosas obras de este artista que pinta catorce horas al día, siempre escuchando música. Cuadros como “Juana sin nombre”, “Nacimiento andino”, “Pueblo jardinero”, “Los Quindes”, “La arpista”, “Colecho”, “Idilio”, “La Candelaria”, “Viento a favor”, “El amor de Bri”, “Mama Killa”, “La confianza”, “Mar adentro”, “Yawar Nina” o “Lluvia” realmente fascinan por su colorido, belleza y originalidad.

En la siguiente entrevista, realizada en la acogedora casa de su representante Juan Pablo Zolezzi, Joan (que es Marca Perú) nos cuenta sobre cómo algunos momentos muy difíciles de su vida lo impulsaron a realizar el arte que hoy asombra a muchos en el Perú y el resto del mundo. También analiza la realidad de la movida artística en Cajamarca y en Lima.

Muchas gracias por esta oportunidad de poder entrevistarte para “Entrevistas desde Lima”. Siendo tú un representante del arte cajamarquino, que ha tenido tan buenos artistas como (Mario) Urteaga, (José) Sabogal, ¿cómo sientes esta herencia en tu arte?
Gianmarco, gracias antes que todo por la visita y la entrevista. Me parece muy grato que estés acá conmigo, al fin nos podemos conocer. Y más que todo, también, (mencionar) el aporte importante que hacemos como ciudadanos, como amantes del arte, tanto tú como yo. Es muy grata tu visita.

Gracias.
A mí me parece bien chévere todo este tema artístico. Yo vengo de una zona “cuna de artistas”, como le dicen. Ahí está Cajabamba, donde hay bastantes artistas conocidos hoy en día. Está Sabogal, Camilo Blas, Bagate, muchos artistas antiguos que enriquecieron una época. No se vive tanto hoy ese sentimiento como antes. No hay muchas galerías. Cajamarca es una zona linda para explorar como ciudad, como mestizaje, tradición… Muy bonito Cajamarca, pero el movimiento es lento. El movimiento artístico se ha fracturado un poco con ese tema de la minería, de los conflictos. Como artista plástico independiente, tú sabes que este camino es duro. Me vi obligado a salirme de Cajamarca. Lo he hecho, en realidad, durante todos estos años. Y ha sido muy fructífero llegar a Lima y encontrar bastante movimiento. Un movimiento envidiable, con miles de galerías. Arte para rato.

Y eres representante de la Marca Perú ahora.
Sí, claro. Lo de la Marca Perú fue muy importante como gestión y, también, fue mucho orgullo, por haber estado ya dieciocho años pintando. Estos dieciocho años que sigo de carrera, me di cuenta que tuvieron un por qué en algún momento. Porque yo pintaba bastante indigenismo, por los (artistas) mencionados en Cajamarca, pero gracias a ellos, también, yo tuve una manera más personal de cómo quería ver este indigenismo. Hay bastante mestizaje donde tienen costumbres que no han sido recreadas, a mi parecer, por estos artistas. Yo decía: “¡Qué interesante sería que yo también tratara de recrear!”. Es el caso de mi familia. Incluso, mi abuela, mi esposa de ojos claros. Me parecía interesante explotarlo. Finalmente, escogí pintar a mi esposa como referencia de la raza cajamarquina, para mí. De un sector. Me parecía importante pulir, afinar este tema y cuando empecé me orienté por ese lado. Empecé a hacer este trabajo, pero ya venía de años. Cuando exploré la técnica más intensa fue con lo de mi hija (Amélie), que fallece. Nos trajo mucha pena. Yo decidí entrar en tratamiento con mi arte. El único recurso que siempre me acompañó. Decidí retratarla a ella y juntar un poco el tema andino con los recuerdos que tuvimos un día, en pensar cómo sería cuando fuera más grande. Una ilusión. Yo deseaba que mi hija tuviera los ojos verdes de su mamá, de mi abuela y de mi mamá. Decía: “Pudo haber sido así”. Nos llenábamos de ilusión y en un momento dado de mi vida tenía fuerzas para recrear ese momento. Entonces, empecé por ella. Empecé a crear una técnica más personal, de mi niña, de cómo quisiera que fuera.

Fue un homenaje a tu hija.
Todo un homenaje, pero con otro tipo de sentimientos, otro tipo de cariño. No esa frustración sino representarla con una oda: decir que “para mí, sigues viva, pero de esta manera”. Entonces, le hicimos un tributo, todo esto. Y tengo la ilusión de hacer un libro, incluso. Decía: “Voy a hacer un libro y unas fábulas y con esto voy a recrear episodios de sus mundos surrealistas, donde ella podría estar jugando”. Estoy tratando de concretarlo, pero gracias a esta nueva expresión que hice, muy personal, en el camino me encontré con varios personajes cajamarquinos que quise recrear y decía: “Tengo este estilo para recrearlos. Entonces, voy a usarlo”. Y de ahí empecé con Yma Sumac, que era de Ichocán. Mi esposa, por parte de su papá, es de Ichocán. Su abuelo. Cuando nos íbamos a Ichocán decían: “Oye, aquí vivió Yma Sumac”. Me pareció mágica la historia, mágico el panorama, el bosque y todo, entonces dije: “Voy a recrear a Yma Sumac”. Empecé por ahí una categoría (de pinturas) ya profesional y para venta y dije: “Voy a hacer este trabajo”. Ahí surge el estilo de hacer las niñas, las mujeres, con ojos verdes. Como que se relacionó todo. Fue un trabajo superpersonal. El año pasado se abrió una muestra en abril, que estaba dedicada a Amélie. Y luego de esa muestra se abrieron bastantes puertas. Fue muy mágico, en realidad, el momento. La obra no la quise vender nunca. Caí bastantes veces en tentación, pero no logré despegarme de ella. Hice que llevaran a Cajamarca, nuevamente, la obra.

Tu exposición, además, fue la mejor del año pasado en Lima.
Sí, gracias. Te agradezco que tuviste mucho que ver, con darte la paciencia de explorar todas las muestras (110) y elegirme. Te lo agradezco ahorita, en vivo y en directo.

Yo solo premié el talento que vi y que era novedoso, en la forma de pintar. Es un estilo Joan Alfaro. No he visto algo parecido.
Sí, eso me gustó, también, del reconocimiento, porque yo me quedaba con una idea de la capacidad visual de mi trabajo. Yo vine aquí como un artista más. Hay un montón buenos. La exposición (“Raíz”) es buena, en realidad, pero no pensé que iba a trascender en bastantes medios (de comunicación).

Rebotó en un montón de medios de Lima.
En bastantes. Dije: “¡Asu, no me esperaba tanto!”. Siempre fui un apasionado del tema andino, pues. Siempre me ha gustado. Yo solamente me dediqué a pulir, nada más, el trabajo. Porque lo tenía en abril y lo había tenido años, en realidad, por lo de Amélie. Luego de las puertas que se abrieron para las muestras siguientes de Índigo, para su aniversario, hubo un poco de desconexión por el tema del espacio, porque era Índigo, era su aniversario. Tenía bastante presión ya solo con eso, pero seguí aceptando y me preparé, pues. Preparé doce obras. En realidad fueron diez, porque ya teníamos cuatro para ese momento. Dije: “Ya están las cuatro” y hubo diez más. Me preparé, me enfoqué bastante. Le puse “Raíz” por ser de Cajamarca y haber comentado la situación actual con mis personajes cajamarquinos. “Raíz”, la muestra.

Y ahora que ya estás con una difusión a nivel nacional, ¿ya te ves como un artista de acá a veinte, treinta, cuarenta, cincuenta años? ¿Esto va a ser lo que vas a hacer toda tu vida? Porque antes del arte has probado comunicaciones, arquitectura… Has probado varias cosas.
Sí. Toda mi vida me voy a dedicar al arte. Me parece que el arte es lo que me ha llevado en todo momento de mi vida. También trabajé un tiempo de paramédico y pintaba, exponía en la mina. Cuando pasó lo de mi hija, me di cuenta que verdaderamente era mi camino porque no me pude desprender del arte. Hasta en las situaciones más difíciles de mi vida, donde yo pude ser más intenso con mi trabajo. Entonces, lo he llevado conmigo por años y lo seguiré llevando. Quisiera que mis hijos crecieran viendo todo un mundo de arte, en todo esto que para mí es un sueño. Llegar un día a hacer una galería en Cajamarca, quizás. Lo más probable es que quisiera hacerlo ahí, quisiera dar un aporte a mi ciudad. Quisiera que creciera y que tuviera un legado.

Joan, tú has sido el primer artista que ha realizado una exposición de arte en el Aeropuerto (Internacional) Jorge Chávez. ¿Cómo ha sido eso para ti?
Importante. Pero yo ya me sentía muy orgulloso con todo lo que habíamos hecho. Cuando apareció lo del aeropuerto y lo aprobaron, yo me preocupaba porque decía: “Soy un artista independiente. No represento a ninguna marca, en realidad”. Tuve el refuerzo de Marca Perú, obviamente, pero yo tenía un trabajo con identidad. Pesó eso y cuando dijeron que sí, que estaba aprobado y querían que sea un espacio por cuatro meses, ¡me pareció increíble! Me sentía muy orgulloso, sinceramente, porque esto era un espacio dedicado a la gente que viene a conocer el Perú. Entonces, la estrategia era ponerlo en el área para extranjeros, para que puedan verlo. Todo el mundo puede ver la muestra. Verdaderamente, es una delicadeza que la gente de afuera la vea. Y ha tenido bastante resultado. Me escriben bastante. Cuando la gente viene a Cajamarca, van a verme, sin ningún tipo de previo aviso. Eso también me parece chévere, porque (tienen) una impresión de un artista de campo, sinceramente.

Joan, te agradezco esta entrevista. Te deseo el mayor de los éxitos. Eres uno de los artistas peruanos, menores de cuarenta años, más talentosos del país.
Muchas gracias, Gianmarco, por esta entrevista. Yo he quedado encantado.

Muchas gracias.

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